Sur: Antología de la Poesía Nariñense Contemporánea. Julio César Goyes (Ipiales, Nariño, Colombia). Selección Jonathan Alexander España Eraso

 

 

 

Presentamos un nuevo índice de poesía hispanoamericana, Sur, bajo la curaduría del poeta Jonathan Alexander España Eraso (Pasto, Nariño, Colombia), quien ha seleccionado a 30 poetas de la región de Nariño, Colombia para la entrega decenal a la Revista Literaria Taller Igitur. La selección comprenderá un breve comentario crítico y 5 poemas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tejedor de instantes

 

 

 

Acercarse a la poética del escritor Julio César Goyes Narváez (Ipiales, Nariño, 1960) es transitar por los elementos que configuran el milagro. Su interiorización, entre los signos y las cosas, puebla y despuebla la memoria. La condición del poema adquiere hondura, más allá del símbolo, ya que es su trazo, su cosmos de la infancia, el que dice y calla.

En Goyes el yo poético es la biografía de las palabras, el recurso de la intensidad, que indaga en el subsuelo las raíces del ahora en las que «la poesía puede ser una casa al filo de los cerros / donde se ejecutan tambores mientras llueve, / o un balcón con geranios en el barrio antiguo / donde alguien hace gárgaras de sueño». Pensada así, esta escritura nos impregna de la fuerza que erige nuestra casa, se hace de la luz que la alumbró, deviene tierra con un temblor indefinido: la frontera llama «una y otra vez, a la herida del mundo».

Cuando el pasado decanta el presente, agrieta el adentro, las entrañas del sujeto de la experiencia, para que, en los que leemos, el tiempo con sus aguaceros labre la profundidad del río que no es sino el vuelo del quinde. Si queremos descender en el verdadero territorio del que partimos, en lo que anuncia el sueño, en el espejo de los días, en la fugacidad que salta de espaldas al patio, entonces está ahí Guáitara (2020), antología personal de Julio César Goyes, publicada por Caza de Libros Editores, bajo la dirección general de Pablo Pardo, que reúne 30 años de trasegar poético en el que la creación se expone en plena desnudez.

Un camino, el de Goyes, se sacude en el silencio y mientras se aleja hace posible todo pacto que señala que, en el fondo de lo escrito, la trama, hecha de torrentes y de transparencia, nombra «un dolor que no alcanza el vuelo». En esta dimensión, se convoca la nostalgia que lleva el rostro del conjuro. En su movimiento se registra la invención inagotable, una sustancia viva, donde los poemas de Guáitara permanecen suspendidos como piedras en el aire. 

«¿Qué rama se mueve en lo hondo de este delicado viaje de los dos sin nosotros?», se pregunta Goyes en uno de sus versos y es que en él están contenidas las cuatro palabras que se levantan como columnas de lo que aquí se agita: Rama, hondoviaje y otro. En torno a ellas, al movimiento que de esas palabras brota, es que gira la continuidad última del origen en las aguas del verso.

Dirigirnos hacia las orillas supone contemplar señales de espejo que se abisman en la fragilidad de lo que acontece, por eso «somos guáitara de ciudad honda y dolorida». Y es que mirar el Guáitara es atisbar el lugar de la página en blanco, excavar en él y desenterrar lo que lo habita: «un patio lloviendo y haciendo sol», «la tortuga asombrada por el alba», «los ojos de una esquiva estrella», «la Virgen de Las Lajas alumbrada por una veladora que no se acaba nunca», «los cuyes y la hierba de sus contados días» y «la casa (…) techo sin puertas / donde escampan las caricias, las ruinas / y el misterio».

La poesía de Julio César Goyes es la forma del Guáitara en el cuenco de las manos de su madre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Julio César Goyes (Ipiales, Nariño, Colombia)

 

Guáitara 

(Caza de Libros Editores; 2020)

 

 

 Selección Jonathan Alexander España Eraso

 

 

 

Aguaviva tres

 

Hiciste lo posible por recordar la primera fuga en

los senos del amor. Imaginaste que aún después del

olvido te recibían como cántaros rotos por la plenitud

del deseo. Rebobinaste el cuerpo hacia los juegos

de infancia, hacia la lucha de tus parientes por la vida,

hacia las mujeres gráciles de tu pueblo pasmadas de

celos.

 

En el cruce de una esquina el flash back, el bus

repleto, los pelagatos asistiendo a un parto debajo

del puente. Alguien canta otro mete la mano, mientras el

olor menstrual de una joven sin patria golpea el vidrio

de la ventana sin encontrar salida. El andar no agota

sino recobra el aliento –dices, escucha mía– entrando

en el video clip del Parque Nacional, en la Cinemateca,

en la calle del Agrado, en un domingo sepia en la

Candelaria con una mujer fantasma que te conduce

por mansiones heredadas, por cromatismos colosales

donde Rubens, Velázquez y Goya hurgan las vísceras

imaginarias.

 

Un artista, escucha mía, dona la sensibilidad de una

vida intensa, su saber de pueblos y de siglos; un poeta

riega su misterio en la boca como un vino.

 

El eco y la mirada (2001)

 

 

 

 

La rapsodia del gordo móvil

 

En los ojos del mulo está el delfín,

en los ojos del delfín mi cuerpo ya sin ojos,

descomponiéndose pausada y lentamente.

 

Desde la otra orilla repiten mi nombre,

Ulises –dicen– desátate, ven a jugar,

no rías, sostén por siglos la mirada.

 

Pero yo no soy Ulises sino Lezama Lima

presintiendo el sueño de las Sirenas,

pintando apenas la danza del agua

sobre los ojos negros de esta página.

 

                                                                                                      Para Augusto Pinilla

 

Imaginario postal (2010)

 

 

 

 

Subir el corazón para habitarla

 

Una mulata se confiesa a la luz que la retiene,

sus ojos se vigilan mientras olfatea al hombre

que la hace realidad.

 

Bailar en cualquier parte otra música, en el silencio

donde no alcanza la cuerda de la destrucción,

en las discotecas de oscuro resplandor.

 

Bailar y aún sin moverse bailar más allá.

 

¿Qué voces descubren máscaras al día y asustan

con su ternura a contraluz?

Instante a instante se teje la aventura en la calle

cuando la vida agoniza pero no acaba.

 

La poesía puede ser una casa al filo de los cerros

donde se ejecutan tambores mientras llueve,

o un balcón con geranios en el barrio antiguo

donde alguien hace gárgaras de sueño.

 

También puede ser que esté esperando con su luna

que subas el corazón para habitarla.

 

Nubes verdes para una ciudad gris (2010)

 

 

 

 

XXII

 

La innúmera noche aletea en la ventana, rumora que un

colibrí en la ciudad ha muerto.

 

Pensar no es otra cosa que imágenes en vuelo, de allá

para acá, de adelante hacia atrás como guardián invisible de

querencias y olvidos.

 

Chupaflor que vas hacia el mañana que nunca llega, ¿acaso

presientes la hora en que los geranios duermen su silencio

violeta, su gesto de rosas acribillado con sus propias espinas?

No hay nada que calme el afán de fecundar las palabras que

resbalan adentro de la corola, nada que las detenga en su

descomposición de maleza.

 

Es tiempo de ser flor, sol, aroma; es tiempo de arrancarle

al cielo las alas que adeuda, no importa si los alelíes amados

ya no están cuando los ojos se abran a una prolongada visión

de colibríes en estampida.

 

El quinde y los geranios (2013)

 

 

 

 

¿Dónde suenan los tambores y en qué sitio?

 

Vienen desde adentro los cascos sonoros

y en estampida alcanzan lejanía.

 

Las palabras trazan viejas carabelas

y ojos que la piel del mapalé

escuece:

dioses,

retazos,

              goces.

 

Soy el detritus de la memoria

arrojado en la arena.

 

Pausada percusión y otras memorias (2019)

 

 

 

 

 

Julio César Goyes (Ipiales, Nariño, Colombia). Poeta, ensayista y realizador audiovisual. Actualmente es profesor e investigador del Instituto de Estudios en Comunicación y Cultura –IECO– de la Universidad Nacional de Colombia. Es autor de numerosos artículos publicados en revistas especializadas y de los libros de poesía: «Fugaz y Perdurable» (Exedra, 1988); «Tejedor de instantes» (SMD, 1992); «Imago silencio» (Fondo Mixto de Cultura de Nariño, 1997); «El eco y la mirada» (Trilce, 2001); «Imaginario postal» (SMD, 2010); «Nubes verdes para una ciudad gris» (Caza de libros, 2010). «Arrayán: El quinde y los geranios, El eco y la mirada» (Colección Los Conjurados, 2013); «Pausada percusión y otras memorias» (Galáctica, 2019). Libros de ensayo: «El Rumor de la otra orilla, la poesía de Aurelio Arturo» (SMD,1995); «La imaginación poética» (Caza de libros, 2012); «La escena secreta» (2011) y «La mirada espejeante, el cine de Andréi Tarkovski» (2016), Colección Obra Selecta, Editorial Universidad Nacional de Colombia; «Memorias LEM Guaviare» (IECO-Fundalectura, 2018). Director de Quinde audiovisuales: «Morada al sur» (1999), «El pacto» (2003), «Carros alegóricos» (2009), «La semana del diablo» (2011), «Viaje a la claridad» (2012), «Guaviarí» (2016), «El retorno de la memoria» (2018). Ha recibido diversos premios y reconocimientos nacionales e internacionales. En 1990, junto a otros escritores, fundó y fue director de la corporación «Si mañana despierto» para la creación e investigación de la literatura y el arte. Actualmente es miembro de la junta directiva de la asociación cultural «Trama y Fondo» de España.

 

 

 

Jonathan Alexander España Eraso. (Pasto, Nariño, Colombia). Escritor, editor y gestor cultural nariñense. Ha publicado cuentos, poemas y ensayos en diversas revistas impresas y virtuales, tanto colombianas como internacionales. Ha sido incluido en diversas antologías de poesía y minificción. Fundador y coordinador editorial de «Alebrijes | Revista Nariñense de Minificción». Cofundador de «Editorial Avatares». «Travesías», su primera novela, tiene dos ediciones (una colombiana y la otra española). Con el poema «Descienden de las ramas», resultó finalista en el «XIII Concurso Literario Internacional Ángel Ganivet» (2019). Con el poema «Escritura y origen», presentado bajo el seudónimo de Juan del Páramo, fue finalista del Concurso Nacional de Poesía «Decir es mostrar», organizado por la Casa de Poesía Silva (2020). Columnista de los periódicos colombianos «Diario del Sur», «El Quindiano» y del periódico mexicano «Exilio Periódico Binacional».

 

 

 

 

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