Poesía Vasca: Bernardo Atxaga (Asteasu, España, 1951)

 

 

Bernardo Atxaga (Asteasu, España, 1951)

 

José Irazu Garmendia

 

 

 

 

El erizo

 

El erizo despierta al fin en su nido de hojas secas,

y acuden a su memoria todas las palabras de su lengua,

que, contando los verbos, son poco más o menos veintisiete.

 

Luego piensa: El invierno ha terminado,

Soy un erizo, Dos águilas vuelan sobre mí;

Rana, Caracol, Araña, Gusano, Insecto,

¿En qué parte de la montaña os escondéis?

Ahí está el río, Es mi territorio, Tengo hambre.

 

Y vuelve a pensar: Es mi territorio, Tengo hambre,

Rana, Caracol, Araña, Gusano, Insecto,

¿En qué parte de la montaña os escondéis?

 

Sin embargo, permanece quieto, como una hoja seca más,

porque aún es mediodía, y una antigua ley

le prohíbe las águilas, el sol y los cielos azules.

 

Pero anochece, desaparecen las águilas, y el erizo,

Rana, Caracol, Araña, Gusano, Insecto,

Desecha el río y sube por la falda de la montaña,

tan seguro de sus púas como pudo estarlo

un guerrero de su escudo, en Esparta o en Corinto;

 

Y de pronto atraviesa el límite, la línea

que separa la tierra y la hierba de la nueva carretera,

de un solo paso entra en su tiempo y el mío;

Y como su diccionario universal

no ha sido corregido ni aumentado

en estos últimos siete mil años,

no reconoce las luces de nuestro automóvil,

y ni siquiera se da cuenta de que va a morir.

 

 

 

 

Poema de invierno

 

Así fue como acabó el undécimo mes, Noviembre:

Con el canto de las ocas salvajes

que marchaban hacia el Sur.

Y tú miraste hacia aquel cielo, para decir:

Si tuviera alas, también yo me esforzaría

en busca de nuevas tierras,

también yo levantaría mi campamento

en una playa llena de banderas amarillas;

quizá entonces trabajara mejor el tiempo,

quizá entonces olvidara para siempre

las murallas y la gente de esta ciudad.

Y, recuerda, yo sólo te hice una pregunta:

¿Por qué somos tan infelices?

De morir un mes más tarde

habría visto nieve

en nuestro jardín.

Seguíamos hablando

cuando los oscuros ángeles

que se lo llevaron

se llevaron también la tarde.

Así fue como acabó el undécimo mes, Noviembre:

Con el canto de las ocas salvajes

que marchaban hacia el Sur.

 

 

 

 

 

 

 

Trikuarena

 

Esnatu da trikua habi hosto lehorrez egindakoan,

eta dakizkien hitz guztiak ekartzen ditu gogora;

gutxi gora behera, aditzak barne, hogeitazazpi hitz.

 

Eta gero pentsatzen du: Amaitu da negua,

Ni trikua naiz, Bi sapelaitz gora dabiltza hegaletan;

Marraskilo, Zizare, Zomorro, Armiarma, Igel,

Zein putzu edo zulotan ezkutatzen zarete?

Hor dago erreka, Hau da nire erresuma, Goseak nago.

 

Eta berriro dio: Hau da nire erresuma, Goseak nago,

Marraskilo, Zizare, Zomorro, Armiarma, Igel,

Zein putzu edo zulotan ezkutatzen zarete?

 

Ordea bertan gelditzen da bera ere hosto lehor balitz,

artean ez baita eguerdia baino, lege zahar batek

galerazi egiten baitizkio eguzkia, zerua eta sapelaitzak.

 

Baina gaua dator, joan dira sapelaitzak, eta trikuak,

Marraskilo, Zizare, Zomorro, Armiarma, Igel,

Erreka utzi eta mendiaren pendizari ekiten dio,

bere arantzetan seguru nola egon baitzitekeen

 

gerlari bat bere eskutuaz, Espartan edo Corinton;

Eta bapatean, zeharkatu egiten du

belardiaren eta kamio berriaren arteko muga,

Zure eta nire denboran sartzen da pauso bakar batez;

Eta nola bere hiztegi unibertsala ez den

 

azkeneko zazpi mila uneotan berritu,

ez ditu ezagutzen gure automobilaren argiak,

ez da ohartzen bere heriotzaren hurbiltasunaz ere.

 

Bernardo Atxaga (Asteasu, Gipuzkoa, 1951). Es seudónimo de Joseba Irazu Garmendia. Licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad de Bilbao, desempeñó oficios variopintos (maestro de euskera, guionista de radio, librero, economista ...) hasta que, definitivamente, a comienzos de la década de los ochenta, consagró su que hacer exclusivamente a la literatura. Autor, entre otros, de Obabakoak, (1989, Premio Euskadi, Premio Nacional de Narrativa, finalista en el European Literary Award, IMPAC), El hombre solo (1994), Dos hermanos(1995), "Esos cielos: (1997), El hijo del acordeonista (2004, Premio Grinzane Cavour, Premio Mondello, Premio Times Literary Supplement Translation Prize), Siete casas en Francia (2009, finalista en el Independent Foreign Fiction Prize 2012, finalista en el Oxford Weidenfeld Translation Prize 2012) y Días de Nevada (2013, Premio Euskadi). Su obra puede leerse en 34 lenguas, y ha sido llevada al cine por Montxo Armendariz (Obaba, 2005), Aizpea Goenaga (Zeru horiek, 2006) e Imanol Rayo (Bi anai, 2011). Es miembro de la Academia de la Lengua Vasca y director de la Revista Erlea. Desde sus comienzos se reveló como constante y meticuloso trabajador (en 1972 publicó sus primeros poemas en euskera en una pequeña antología; en 1976 vio la luz su primera novela De la ciudad; en 1978 contempló la edición de su poemario Etiopía...). Su manejo exquisito mundo interior, convirtieron a Bernardo Atxaga en excelente e insoslayable referencia de la expresividad y la solidez del euskera como lengua culta.

Pero, más aún, en afinada opinión de Valeria Clompi, Atxaga construye siempre su literatura en paralelo exacto al idioma que la expresa en cada ocasión. Y, en efecto, la brillantez de su tarea ha sido justamente reconocida desde 1989: la edición de Obabakoak (ya presentado en 1988) cosechó el fervor entusiasta de todo el mundo hispánico. La concesión del Premio Euskadi, del Premio de la Crítica, del Prix Millepages y su traducción a más de veinte idiomas han reportado al autor un merecido respeto, revalidado hasta la fecha sin excepción en cada una de sus entregas. La celebrada recopilación poética Poemas e Híbridos (1993), Dos Hermanos (1995) o Esos Cielos (1996) son inmejorables ejemplos, respaldados nuevamente por sus últimas publicaciones (El hijo del acordeonistaSiete casas en Francia o Días de Nevada).

"El mundo está en todas partes", sentencia en una de sus escritos. Su obra, que pulveriza el tópico mostrenco del escritor obligado por un compromiso, supone una defensa a ultranza de la autonomía de la literatura y de su valor específico como vehículo de humanidad por encima de cualquier otra consideración, sea cual sea. La pluma de Atxaga articula realmente un metalenguaje universal sobre coordenadas de una sugestiva sutilísima urdimbre. Las dualidades formales que ocultan un edéntico destino resultan emblemáticas, con reiterada serenidad se nos enfrenta a la tenaz incertidumbre por un presente -no digamos ya por un futuro- inocente en su esencia, abocado a ser destruido- a un exterior incomprensible en relación a la irrebatible hermosura de la vida. En fin, la soberbia transparencia de su estilo, la emocionante sencillez de sus argumentos y la elocuente consideración de sus imágenes configuran a Bernardo Atxaga como uno de los creadores de mayor hondura y originalidad en el panorama literario hispánico actual.

 

 

 

 

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