Poesía argentina: Olga Orozco. Selección de Marta Cwielong

 

La poeta Marta Cwielong (Argentina) prepara una selección de poesía argentina. Nos acerca a sus tradiciones, una de las más destacas de nuestra lengua del siglo XX hispanoamericano.

 

 

OLGA OROZCO (1920 TOAY, LA PAMPA-1999 BUENOS AIRES)

 

Trabajó en el periodismo utilizando numerosos seudónimos, respondió a consultas sentimentales y a cálculos astrológicos fue parte de la generación TERCERA VANGUARDIA

 

 

Con esta boca, en este mundo...

 

No te pronunciaré jamás, verbo sagrado,

aunque me tiña las encías de color azul,

aunque ponga debajo de mi lengua una pepita de oro,

aunque derrame sobre mi corazón un caldero de estrellas

y pase por mi frente la corriente secreta de los grandes ríos.

 

Tal vez hayas huido hacia el costado de la noche del alma,

ese al que no es posible llegar desde ninguna lámpara,

y no hay sombra que guíe mi vuelo en el umbral,

ni memoria que venga de otro cielo para encarnar en esta  dura nieve

donde sólo se inscribe el roce de la rama y el quejido del viento.

 

Y ni un solo temblor que haga sobresaltar las mudas piedras.

Hemos hablado demasiado del silencio,

lo hemos condecorado lo mismo que a un vigía en el arco final,

como si en él yaciera el esplendor después de la caída,

el triunfo del vocablo con la lengua cortada.

 

¡Ah, no se trata de la canción, tampoco del sollozo!

He dicho ya lo amado y lo perdido,

trabé con cada sílaba los bienes que más temí perder.

A lo largo del corredor suena, resuena la tenaz melodía,

retumban, se propagan como el trueno

unas pocas monedas caídas de visiones o arrebatadas a la oscuridad.

Nuestro largo combate fue también un combate a muerte con la muerte, poesía.

Hemos ganado. Hemos perdido, porque ¿cómo nombrar con esa boca,

cómo nombrar en este mundo con esta sola boca en este mundo con esta sola boca?

 

 

 

Espejo en lo alto

 

A Alberto Girri

 

No sé si habrás logrado componer tu escritura

con aquel minucioso tapiz de hojas errantes que organizaba huecos y relieves,

prolijos ideogramas en este desmantelado atardecer;

tampoco sé si alguna vez me hablaste en los últimos meses

con ese congelado tintineo del vidrio, con el rumor del mimbre,

o el apremiante latido del corazón a oscuras;

y quizás tu mirada fuera entonces esa mirada circular del ágata,

que se abre, que se expande, que se amplía de agua en aire

más allá de la piedra y el fulgor y más allá del mundo.

Imposible saber. No consigo abarcar lo que me sobrepasa y te contiene;

no puedo descifrar de pronto las señales que no fueron costumbre.

Porque ahora traspasaste del todo la zona de los delirios y las emanaciones,

donde la selva y las acechanzas de la selva se confunden,

y los días se tiñen con el color de lo que ya no es, de lo que no será,

y entre un cuerpo y su sombra vuelca el viento veinte siglos de historia

y en una y otra mano se multiplican las semillas de la incertidumbre

y a uno y otro pie se anudan las serpientes de la contradicción.

Porque tal es la prueba y tales las maquinaciones de la simuladora, inabordable realidad.

No en vano deshojaste la envoltura del sueño y la vigilia,

palabra por palabra y ausencia por presencia,

hasta el último pétalo, hasta el temblor inmóvil del silencio.

(No revisaste acaso, palpando, escarbando, horadando la trama del poema

el revés y el derecho del destino, los nudos del error, el bordado ilusorio,

sin encontrar la pura transparencia que permita mirar al otro lado?

Tu fuerza fue habitar en el Reino del No la casa de los innumerables laberintos,

probando las entradas, rondando las salidas,

acechando visiones contagiosas, insectos y peligros y ratones.

e una casa oscilante, en continuo equilibrio,

justo en el borde de la inmensidad;

y allí viviste alerta, ensayando la ausencia, desasido de ti

-tu primera persona del singular cada vez más allá,

siempre más cerca de algún otro tú-,

siendo a la vez el cazador que descubre la presa y abandona el asedio

y el pájaro que intenta desterrar con las alas su recuerdo en el suelo.

Ya eres parte de todo en otro reino, el Reino de la Perduración y la Unidad,

estás en el eterno presente que huye, que se consume y que no cesa,

y podrás ser por fin el nombre y lo nombrado.

Pero yo sé que casi medio siglo de amistad, permanencia, emociones y amparo,

no me basta para encontrar que una pequeña huella,

una chispa en suspenso, un flotante perfume

son, en medio del anónimo coro universal, de la corriente del acontecer,

tu modo de dictarme lo más justo, lo más bello y lo más verdadero,

como antes, como siempre, con un gesto, con un talismán, con una lágrima.

Y si así fuera, ¿cómo responder?

A partir de mi boca, de mi congoja y mi ignorancia sólo puedo rogar:

"Señor:

Haz que tu hijo sea como el más incontaminado de todos tus espejos

y muéstrale las cosas así como él quería, tales es como son.

 

 

 

Les jeux sont faits

 

¡Tanto esplendor en este día!

¡Tanto esplendor inútil, vacío, traicionado!

¿Y quién te dijo acaso que vendrían por ti días dorados

en años venideros?

Días que dicen sí, como luces que zumban,

como lluvias sagradas.

¿Acaso bajó el ángel a prometerte un venturoso exilio?

Tal vez hasta pensaste que las aguas lavaban los guijarros

para que murmuraran tu nombre por las playas,

que a tu paso florecerían porque sí las retamas

y las frases ardientes velarían insomnes en tu honor.

Nada me trae el día.

No hay nada que me aguarde más allá del final de la alameda.

El tiempo se hizo muro y no puedo volver.

Aunque ahora supiera dónde perdí las llaves

y confundí las puertas

o si fue solamente que me distrajo el vuelo de algún pájaro,

por un instante, apenas, y tal vez ni siquiera,

puedo reclamar entre los muertos.

Todo lo que recuerda mi boca fue borrado de la memoria de  otra boca

se alojó en nuestro abrazo la ceniza, se nos precipitó la lejanía,

y soy como la sobreviviente pompeyana

separada por siglos del amante sepultado en la piedra.

Y de pronto este día que fulgura

como un negro telón partido por un tajo, desde ayer, desde nunca.

¡Tanto esplendor y tanto desamparo!

Sé que la luz delata los territorios de la sombra y vigila en suspenso,

y que la oscuridad exalta el fuego y se arrodilla en los rincones.

Pero, ¿cuál de las dos labra el legítimo derecho de la trama?

Ah, no se trata de triunfo, de aceptación ni de sometimiento.

Yo me pregunto, entonces:

más tarde o más temprano, mirado desde arriba,

¿cuál es en el recuento final, el verdadero, intocable destino?

¿El que quise y no fue?, ¿el que no quise y fue?

 

Madre, madre,

vuelve a erigir la casa y bordemos la historia.

Vuelve a contar mi vida.

Marta Cwielong, nació en Longchamps, Buenos Aires, Argentina. Ha publicado su obra bajo los títulos: Razones para huirDe nadieJadeo animalMorada (Valencia, España), Pleno de ánimasLas vírgenes terrestres, (Observación de poetas latinoamericanas, trabajo de investigación y creación). La orillaMemorias del hambre, (Ediciones POE Guatemala). 2 Poetas de Argentina, publicación compartida con Mariana Vacs, Ediciones Corazón de Mango, Colombia. No esperes que me anuncie, publicación bilingüe catalán-castellano compartida con el poeta valenciano Pere Bessó. Participa en numerosas antologías y festivales de Poesía de Latinoamérica. Su poesía ha sido traducida al catalán, polaco, italiano y francés. Embajadora de La Guacha Revista Nacional de Poesía.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *