Poemas-no-poemas inéditos de Alberto Blanco (México, 1951)

 

Fotografía: Linda Lasky

 

Poemas-no-poemas

 

 

A pesar de todas las adversidades que afrontamos en estos tiempos la poesía sigue adelante. En mi caso, no sé bien a bien cómo (es un poco absurdo) pero he seguido escuchando y atendiendo el llamado del otro lado del lenguaje.

Después de la publicación hacia finales de 2018 de mi tercer volumen de doce libros de poesía en el FCE, A la luz de siempre, no he publicado nada. Pero sí he escrito. Cuando salió publicado este tercer ciclo (los dos anteriores, El corazón del instante, de 1998, y La hora y la neblina, de 2005, fueron reeditados junto con el tercero), pensé que ya no escribiría más poemas… ¿para qué… para quién? Pero la poesía manda: lleva la voz cantante.

Me comenzaron a llegar nuevos poemas en cascada, como si ya estuviesen escritos. Poemas que constituyen, al menos para mí, algo nuevo. Y sé bien que puedo estar equivocado, que puede ser un espejismo, pero siento que tienen un tono y un espíritu que se avienen bien a los tiempos tan difíciles que estamos viviendo.

Poemas/ensayos/conversaciones/cartas/poemas-no-poemas. Estos nuevos textos comparten un mismo tono: muy directo, coloquial, sin florituras ni rodeos… "nada artificiosos", como los calificó Manuel Borrás, editor de Pre-Textos, que ha leído algunos.

Agradezco a Ígitur la hospitalidad para ofrecer a los lectores y lectoras esta selección de poemas que, quizá, puedan brindarles algún consuelo. Lo dejó dicho Lautréamont: "un poeta es el que consuela a la humanidad".

 

Alberto Blanco

 

 

 

 

Selección del autor

 

 

VACÍO

 

No tiene vuelta de hoja: estamos aquí sólo un momento.

Da igual si este momento dura 10, 20, 30, 40 o 100 años,

de todas formas y en todas formas

se trata de un momento excepcional.

 

La vida es maravillosa, lo sabemos...

muchas veces maravillosa...

pero la impermanencia es la regla.

La impermanencia y la vacuidad.

 

Si no estuviera cambiando todo

nosotros no estaríamos hoy aquí.

 

Y para que la vida siga

nosotros tendremos que pasar también,

como lo han hecho miles, millones de seres humanos,

e incontables seres de toda laya y de toda constitución.

 

Pero la vida sigue.

La mía, la tuya, la de todos.

No estamos separados de nada ni de nadie.

 

Todo está vacío, pero no es inexistente.

Sólo está vacío de una identidad eterna.

Vacío y cambiante: así es la maravilla de la vida.

 

El principio y el final de la vida son los dos grandes misterios.

Y en medio, ¡toda la juguetería es para nosotros!

 

Somos una ola en medio del océano.

 

Por un momento tenemos forma y hasta nombre.

Por un momento nos podemos imaginar muchas cosas…

pero seguimos siendo, todos y en esencia, agua.

 

 

 

CONSERVACIÓN

 

Afirma Borges que no puede lamentar la pérdida

de un amor o de una amistad

sin meditar que tan sólo se pierde

lo que nunca se ha tenido.

Suenan bien las palabras de Borges,

y hasta pueden brindar algún consuelo…

 

Pero si llevamos su meditación

hasta las últimas consecuencias,

no queda más remedio que admitir

que no somos dueños de nada,

puesto que tarde o temprano

todo lo hemos de perder…

incluidos amigos y amores.

 

Siendo así, es válido preguntar:

¿qué es de veras nuestro?

¿O nada es nuestro?

 

Pero si pienso en la primera ley de la termodinámica:

–la energía no se gana ni se pierde, sólo se transforma–

he de reconocer que debe haber algo que no se pierde…

 

Tal vez eso que no se pierde,

que sólo se transforma y se conserva,

es lo que acaso podríamos llamar “nuestro”.

 

Y no es nuestro cuerpo ni nuestro nombre,

nuestra familia ni nuestras posesiones,

nuestro trabajo ni nuestro legado…

mucho menos nuestras opiniones.

 

Es una energía que se conserva.

 

Eso que nos mantiene vivos y conscientes;

eso que nos hacer latir y respirar;

eso que me permite escribir este poema

y te permite a ti leerlo.

 

Lo que se conserva

y se transforma siempre

 

                                                                            es la luz.

 

 

 

PACIENCIA

 

Hay tantas formas

de aproximarse a la obra de arte

–lo mismo en la creación

que en la recreación–

como formas de ver y de ser

concibe el ser humano.

 

Pero todas ellas

–una vez que se ha recorrido

el largo camino de la obra

con atención y oficio–

comienzan a fraternizar

conforme se acercan al centro.

 

Los distintos caminos

–tan variopintos como los artistas,

peronas, especies y demás criaturas–

son los rayos de una rueda.

 

Al centro hay una fogata

y todos los que pueden

se acercan a calentarse las manos,

a beber algo caliente,

escuchar historias,

noticias, planes, música…

 

Platicar un poco

–pero sólo un poco…

que el silencio se impone–

y descansar de la jornada.

 

No ha sido fácil llegar hasta allí.

Además de cualidades se necesita suerte.

Y la buena fortuna no depende

de la convivencia en torno al fuego.

 

Pero la hermandad del centro

es lo que hace posible

que lleguemos a convertirnos

en seres humanos.

 

Ésta es la paradoja:

resulta humanamente posible

llegar al centro

si no hay prisas ni descuidos.

 

Paciencia es el nombre del juego.

El arte de esperar.

 

 

 

BONDAD

 

Día tras día nuestro mundo rueda

gracias a los incontables gestos de bondad

que millones de seres humanos tienen

sin esperar aplausos ni reconocimientos,

sin ofrecer disculpas ni pedir permiso.

Sólo porque sí… porque les nace del alma.

 

La enfermera que prodiga sus cuidados

a altas horas de la madrugada

más allá de lo que son sus obligaciones;

el compa que se detiene en la carretera

para ayudarnos con una llanta desinflada;

la madre que rendida tras las faenas

se sienta a repasar la lección con su hija;

el jardinero que sólo por un comentario

nos regala una planta en flor…

 

Nunca saldrán en las noticias

todos estos gestos de bondad

hechos con una enorme discreción.

 

Ya se sabe que las primeras planas

(y aún las últimas y menos leídas)

están reservadas con toda intención

para las diabluras de los poderosos.

 

¿Cuál es entonces la noticia?

Si con todo hacen negocio…

No hay maldad en el mundo

que no se vea recompensada.

 

Pero no hay un acto bondadoso

que no se vea recompensado también.

O tal vez “recompensa” no sea la palabra…

 

Como decían los viejos alquimistas:

“no se te da lo que te mereces

sino lo que se te parece.”

 

Justicia estética:

bondad, belleza y verdad.

 

En este triángulo equilátero

–inexistente según las malas lenguas–

se cifra lo que resta de salud en el mundo

así como la esperanza de contrapuntear

tantísimo desorden e ignorancia.

 

Si no fuera por la estabilidad de esta forma

simple y sencillamente no podríamos vivir.

Un gesto de bondad cambia el mundo.

 

Es por los gestos de toda esa gente,

que Borges llama “los justos” en su poema,

que la vida nos parece respirable:

 

“El que acaricia a un animal dormido.

El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.

El que agradece que en la tierra haya Stevenson.

El que prefiere que los otros tengan razón.

Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.”

 

 

 

FELICIDAD

 

Nadie más que uno

puede saber cuándo es feliz.

Y la prueba es que no se piensa en ello.

Por eso casi todos los niños son felices sin saberlo.

 

Recuerdo escuchar a los adultos

–cuando yo era niño, en un campo de juego–

comentar entre ellos: ¡qué maravilla

la infancia! Se ven tan felices…

 

Y yo pensar para mis adentros:

si esto es lo que llaman la felicidad,

¡que me devuelvan el boleto de entrada!

 

Cosa muy distinta

cuando no se piensa en ello

y la felicidad sucede.

 

No es tan rara como les parece a muchos

ni tan improbable como la opinión

prevaleciente nos quiere hacer creer.

 

Ni siquiera en la extrema vejez

con sus achaques y limitaciones

es improbable la felicidad.

 

Que la felicidad no es tan rara

lo asevera con pleno conocimiento

y datos duros de observación científica

nada menos que Charles Darwin:

 

“Si los individuos de cualquier especie

estuvieran habituados a sufrir mucho,

se negarían a propagar su especie.”

 

Todos los seres sensibles

nos hemos desarrollado de tal forma

que las sensaciones placenteras

nos sirven como buena guía.

 

Y no es cínico afirmar que

existe más felicidad que sufrimiento,

más plenitud que miseria.

 

Si no fuera así

no estarían los niños aquí.

 

 

 

ACUERDOS

 

Los acuerdos son esos gestos

que lo desconocido tiene con nosotros

y que –como las migas de pan en el cuento de hadas–

nos permiten reconocer el camino de regreso a casa.

 

No dependen de nosotros;

son concedidos por la totalidad

en momentos clave

para que seamos capaces de reconocer

que vamos bien.

 

Pero claro que es posible dejarlos pasar,

o no ser capaces de verlos, oírlos,

sentirlos, atenderlos…

 

Entonces el centímetro cúbico

de suerte concedido

volverá al horizonte abstracto

de donde se desprendió

para encontrarnos.

 

Pero, ¿qué o quién

nos envía esos acuerdos?

 

¿Quién quiere que seamos capaces

de reconocer que vamos a casa?

 

Tal vez somos nosotros mismos

que en el camino hemos ido dejando migajas

desperdigadas como un reguero de estrellas…

 

Una sorprendente Vía Láctea

para recordarnos

que estamos extraviados…

pero no tanto.

 

O tal vez se trata de otra cosa,

y hay algo… o alguien…

que hace lo necesario

para que que regresemos

al punto de partida

hasta cumplir un ciclo.

 

Esas migajas son las letras

del íntimo alfabeto.

 

 

 

MILAGROS

 

Todo es la punta de un iceberg…

 

La razón y la conciencia

son la punta de un iceberg.

No otra cosa vio Freud en nosotros.

 

Mejor aún:

todo es la punta de un misterio…

esto lo saben los niños

sin necesidad de explicaciones.

 

Y todavía mejor:

todo es la punta de un milagro…

 

Picasso –que se cansó de presumir

que no creía en nada ni en nadie–

reconocía sin tapujos

que le parecía un milagro

que no nos disolviéramos

cada vez que tomamos un baño.

 

Los milagros no van

en contra de la naturaleza;

los milagros sólo van

–como decía San  Agustín–

en contra de lo que sabemos

de la naturaleza.

 

Es un milagro que el sol

salga todos los días.

 

Es un milagro que podamos dormir

(más o menos) todas las noches.

 

Es un milagro que los alimentos

lleguen todos los días a nuestra mesa.

 

Es un milagro

que los aviones vuelen.

 

Los milagros suceden.

Pero sólo a quien cree

en los milagros.

 

 

 

CREER

 

Resulta asombroso que un escéptico

de la talla de Marcel Duchamp,

dijera –y no sólo una vez–

que vivir es creer:

To live is to believe.

 

Y lo más asombroso es que es cierto:

es imposible vivir sin creer.

 

Tenemos que creer todos los días,

a todas horas y en cualquier momento

en innumerables cosas para sobrevivir.

 

Creer que los alimentos que consumimos

no están envenenados;

creer que el agua que bebemos

no es tóxica (o no mucho);

creer que el suelo que nos sostiene

no habrá de hundirse en cualquier momento;

creer que el aire que respiramos

no nos ha de asfixiar.

 

Creemos al hacer una cita

para tal día y tal hora

que, en efecto,

ésta habrá de cumplirse.

 

Creemos que las palabras

que decimos y nos dicen

significan sin doblez

lo que significan.

 

Creemos que yo digo lo que digo

y que tú, lector, lectora,

que estás leyendo este poema,

sientes lo que sientes

y piensas lo que piensas.

 

Sin embargo, esto no es

lo que una persona tiene en mente

cuando hace la pregunta:

 

“Y tú, ¿eres creyente?”

 

Mi respuesta sincera

–por insatisfactoria que les resulte–

siempre es la misma:

 

“¡Sí, claro!

Es imposible vivir sin creer.”

 

Creer en lo más inmediato

y en lo más lejano;

creer en la interrelación

de todos los seres;

creer en la existencia de la vida

como una sola unidad.

 

 

 

NADA

 

Todos los paisajes son bellos y significativos.

Todos los sueños son extraños, misteriosos.

Todos los trabajos implican un desafío.

Todas las personas son interesantes.

 

Amamos mucho la vida

–bella, significativa, extraña,

misteriosa y desafiante–

pero la vida nos hace sufrir.

 

Sin embargo, lamantarse porque la fruta

deliciosísima que estamos comiendo

desaparece mientras la dis-frutamos

es no entender ni el A B C del juego.

 

Los frutos no son nuestros,

pero podemos disfrutar de ellos,

–reconocerlos, aceptarlos, agradecerlos–

y darlos a disfrutar a los demás.

 

No hace falta intensificar

las sensaciones ni prolongar

los momentos de placer concedidos.

 

No hace falta tomar alcohol

para que la vida se vea esplendorosa,

para que la velocidad de las transformaciones

resulte vetiginosa y alucinante.

No hace falta fumar nada

ni droga de ninguna especie.

 

Este momento,

por no haber sucedido nunca,

por ser distinto

a todo lo que hemos vivido,

no le pide nada a ningún otro

ni va a repetirse jamás.

 

Nada es igual a nada.

Nadie ocupa el lugar de nadie.

 

No le pidas nada a la vida,

tan sólo acepta lo que te trae.

 

La vida no tiene comparación.

 

 

 

PESIMISMO

 

El pesimismo es un estado de ánimo

y una doctrina filosófica que sostiene

que vivimos en el peor de los mundos posibles;

un mundo donde el dolor es perpetuo

y nuestro destino es tratar de conseguir

lo que nunca obtendremos

o lo que tarde o temprano vamos a perder.

 

Desde el punto de vista psicológico

el pesimismo constituye uno de los rasgos

o síntomas típicos de la depresión.

 

Aunque se suele atribuir a Coleridge

la creación del término,

como postura opuesta al Optimismo

que propuso Leibniz,

en realidad el término nació en una sátira

de Voltaire para atacar a Leibniz

en su Cándido o el optimismo.

 

Se dice que un optimista

es un pesimista sin información.

Y no faltan motivos para aseverar tal cosa.

 

Por dar sólo un ejemplo:

en una de las últimas entrevistas

concedidas por Stepehn Hawking,

el físico Premio Nobel

postulador y descubridor de los hoyos negros

se atrevió a decir:

 

“Los humanos no sobrevivirán otros mil años

en este frágil planeta llamado Tierra.”

 

Stephen Hawking cree que la vida en la Tierra

está en un riesgo cada vez mayor de ser destruida

por un desastre, como una guerra nuclear repentina,

un virus modificado por malicia o por azar,

o la creciente amenaza de la inteligencia artificial.

 

Instó a la gente a interesarse más por los viajes espaciales

y dijo que deberíamos continuar en el espacio

pensando en el futuro de la humanidad

porque no tendremos más alternativa

que escapar de nuestro devastado planeta.

 

¿Pesimismo o información?

La respuesta depende, claro,

de si uno es un optimista o un pesimista.

 

 

 

OPTIMISMO

 

Mientras que el pesimismo

ha disfrutado de cierto prestigio

hasta pasar por una filosofía

–como en el caso de Schopenhauer–

o el fundamento de una práctica

de orden espiritual

–como podría ser el budismo–

el optimismo se sigue viendo

con mucha frecuencia

como una expresión de ingenuidad.

 

A pesar de todo, creo que hoy en día,

en nuestro lugar y en nuestro tiempo,

hay –aunque parezca mentira–

un poco de espacio para el optimismo.

 

Sólo que es un espacio reducido

y bien acotado por la terca realidad.

 

La degradación de todas las formas de vida,

la explosión demográfica y el armamentismo,

el agotamiento de todos los recursos,

y la necedad endémica de los gobernantes,

parecen no dejar ni un hueco

para pensar en el optimismo.

 

Pero, para sorpresa de muchos,

los científicos han descubierto

y comprobado en tiempos recientes

que todo sistema se repara a sí mismo.

 

Los sistemas han existido por millones de años

sin que los humanos interfieran

y se gobiernan sin necesidad de ayuda.

Es sólo cuestión de dejar que la naturaleza

–el cosmos– haga su parte.

Y esa parte es el todo.

 

Es verdad que la intervención del ser humano

puede ser –y ha sido– dañina para el planeta,

pero no se trata de una condena irreversible.

 

Resulta factible recuperar

paisajes que dábamos por perdidos,

y ver cómo reaparecen los bosques,

retornan las especies y florecen las vidas.

 

Además, cualquiera que ame

sabe con todos sus huesos

que la vida es buena.

 

Ni siquiera la vejez y la enfermedad

–como bien señalaba Borges–

se oponen a un cauto optimismo:

“¿Por qué no habría de hacerme ilusión

una buena taza de café con leche?”

 

El optimismo es, pues,

una posibilidad de orden personal,

si bien de corto alcance.

 

Es cierto que todas las vidas

culminan de un modo u otro

en un desastre absoluto…

 

Pero mientras duran,

nada impide el amor,

el juego y la poesía…

 

El placer y el vino,

la visión y el arte…

 

El humor

              la inteligencia

                            y la amistad.

 

 

 

SILENCIO

 

La poesía nace del silencio

vive en medio del barullo

y el tráfago del mundo

y culmina en el silencio.

 

En este sentido la poesía

es el último intento

por comunicarnos…

 

Por poner en palabras

eso que no encuentra más vía

para decir lo que no se puede decir.

 

Antes de que la palabra dicha

vuelva a ser una serie de vibraciones

de partículas de aire sin sentido…

 

Antes de que la palabra escrita

vuelva a convertirse en polvo

para regresar a casa.

 

¿Poemas? ¿No poemas?

Poemas-no-poemas.

Alberto Blanco. Nació en la Ciudad de México, el 18 de febrero de 1951. Poeta, ensayista, narrador, traductor y artista plástico. Estudió Química en la uia, Filosofía en la unam y la maestría en Estudios Orientales en El Colegio de México. Ha sido profesor de tiempo completo en la Universidad de El Paso, Texas (1993-1996), y en la San Diego State University (1998-1999). Fundador, diseñador y miembro del consejo de redacción de El Zaguán (1975-1977); ha coordinado talleres literarios y de traducción literaria en México y Estados Unidos. Su obra ha sido traducida a una docena de idiomas. Realizó el guión para la serie televisiva Las voces del ver (en colaboración con Luis Cortés Bargalló) y el documental La tribu de las palabras. Colaborador de Artes de MéxicoCríticaFractalLa Gaceta del FCE, La Jornada SemanalLetras LibresPautaRevista de la Universidad de MéxicoSemana de Bellas Artes, y Vuelta. Becario del CME, 1977; del inba/fonopas, 1981; del fonca, 1990; de la Fulbright, con residencia en la Universidad de California, 1991; y del Fideicomiso para la Cultura, establecido por la Fundación Rockefeller, la Fundación Cultural bancomer y el fonca, 1992. Miembro del snca en 1994, 1998 y 2004. Beca de Poesía Octavio Paz, 2001. Becario de la Fundación Guggenheim 2008-2009. Premio Bellas Artes de Poesía Carlos Pellicer para Obra Publicada 1988 por Cromos. Premio Nacional de Literatura José Fuentes Mares 1989 por Canto a la sombra de los animales. Acreedor al diploma Honor List 1996 de ibby otorgado en Holanda al libro para niños También los insectos son perfectos. Premio a la excelencia en Traducción Alfonso X el Sabio 2002, otorgada por la San Diego State University. Angel’s Kite/La estrella de Ángel fue seleccionado por el Consortium of Latin American Studies Program como título recomendado para el America’s Children’s and Young Adult Literature Award 1994 y para ser incluido en The Elementary School Library Collection 1996. Sus libros También los insectos son perfectos y A, B, C, fueron incluidos en el Programa Nacional de Lectura de la sep, en 2001 y 2003, respectivamente. Fue un nominado para recibir el premio Hans Christian Andersen de 2010. Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores 2016 por El canto y el vuelo.

 

Fotografía: Dana Blanco

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