Poemas de Eliseo Diego (Cuba, 1920-1994)

 

 

 

Este poema está publicado en la revista El Corno emplumado, editada por los poetas Margaret Randall y Sergio Monfragón, en el número 23, julio de 1967.

 

 

 

Los riesgos del equilibrista

 

Allá va el equilibrista, imaginando

las venturas y prodigios del aire.

No es como nosotros, el equilibrista,

sino que más bien su naturalidad comienza

donde termina la naturalidad del aire:

allí es donde su imaginación inaugura los festejos

el otro espacio en que se vive de milagro

y cada movimiento está lleno de sentido y belleza.

 

Si bien lo miramos qué hace el equilibrista

sino caminar lo mismo que nosotros

por un trillo que es el suyo propio:

qué importa que ese sendero esté volado

sobre un imperioso abismo si ese abismo

arde con los diminutos amarillos y violetas,

azules y rojos y sepias y morados

de los sombrerillos y las gorras y los venturosos

pañuelos de encaje.

 

Lo que verdaderamente importa

es que cada paso del ensimismado equilibrista

puede muy bien ser el último de modo

que son la medida y el ritmo los que guían

esos pasos.

 

La voluntad también de aventurarse

por lo que no es ya sino un hilo de vida

sin más esperanza de permanencia

que el ir y venir de ayer a luego,

es sin duda otra distinción apreciable.

Sin contar que todo lo hace por una gloria tan efímera

que la misma indiferencia del aire

es por contraste más estable, y que no gana

para vivir de los sustos y quebrantos. El equilibrio

ha de ser a no dudarlo recompensa

tal que no la imaginamos.

 

¡ADELANTE!

 

decimos al equilibrista, retirándonos

al respaldo suficiente de la silla

y la misericordiosa tierra: nosotros

pagamos a tiempo las entradas y de aquí no nos vamos.

 

 

 

Calma

 

Este silencio,

blanco, ilimitado,

este silencio

del mar tranquilo, inmóvil,

 

que de pronto

rompen los leves caracoles

por un impulso de la brisa,

 

Se extiende acaso

de la tarde a la noche, se remansa

tal vez por la arenilla

de fuego,

 

la infinita

playa desierta,

de manera

 

que no acaba,

quizás,

este silencio,

 

¿nunca?

 

 

 

 

 

 

 

Eliseo Diego nació en el 2 de julio de 1920 en La Habana 1920. Su padre era asturiano y su madre cubana. Cuando era muy niño viajó con sus padres a Francia y Suiza, lo que sería fundamental para su formación poética. Estudio el bachillerato en el Instituto de La Habana y se graduó en la Universidad de La Habana en Pedagogía. Impartió clases de Literatura Inglesa y Norteamericana en la Casa de las Américas. Eliseo Diego perteneció al grupo de escritores capitaneados por Lezama Lima y fraguado en torno a las revistas Espuela de Plata (1939-1941), Clavileño (1942-1943), Nadie Parecía (1942-1944) y Orígenes (1944-1956), de a que fue fundador junto a Lezama Lima y Cintio Vitier. Publicó su primer libro en 1942 bajo el titulo En las oscuras manos del olvido. En 1948 se casó con Bella Esther García-Marruz Badía. Fue responsable del Departamento de Literatura y Narraciones Infantiles de la Biblioteca Nacional José Martí hasta 1970. Fue redactor de la revista Unión de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. En 1992 fue investido doctor honoris causa por la Universidad del Valle en Cali, Colombia. En 1993 recibió la Distinción Gaspar Melchor de Jovellanos de la Federación de Asociaciones Asturianas de Cuba. En 1993 marchó a México donde impartió conferencias sobre Literatura en la Universidad Autónoma de México. Eliseo Diego falleció el 1 de marzo de 1994, en la ciudad de México. Sus restos fueron trasladados a Cuba, en el cementerio de Colón, en La Habana. Es considerado uno de los más grandes poetas de Latinoamérica.

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