Poemas de Cristián Marcelo (Costa Rica, 1970)

 

 

Cristián Marcelo (Costa Rica, 1970)

 

 

12

Las rosas huían por los filos

de las últimas curvas del aire.

Federico García Lorca

 

Fulge en su materia rota

un cocodrilo de luna,

y llora desde su cuna

un blanco duende de jota.

En su voz de verde sota,

Nueva York, Madrid, Granada

pulsan su gitana espada,

que pistila entre la sombra

del zacate que le alfombra

como una rosa quebrada.

 

de Todo es lo mis mismo y no es lo mismo (1994)

 

 

 

FIGÚRESE QUE NADIE VIENE POR ESTE SITIO,

nadie se acerca,

si no es llamado por la luz.

Una lágrima puede brillar en una hoja,

puede destruir al mundo,

mientras el océano es apenas una carcajada.

Figúrese usted,

que un lagarto, una luna y una sierpe

son solo un cristal,

que el mundo es hermoso como una espada

y los labios conocen el aliento

cuando crepita la aurora.

Figúrese que el infierno es un bar,

una bodega de vino,

una llaga puesta en contracielo,

para ahuyentar los fantasmas

y otras pesadillas de los astros.

 

de Entre dos oscuridades (1996)

 

 

 

Recuerdo en pleamar

 

No veré más el mar en denso declive,

El mar que arrulla cuerpos delicados,

Algas panteras,

Juncos carcomidos.

El mar, donde descubrí estrellas disecadas,

Pájaros glorieta

Y pájaros edén;

Donde hallé la flor hincada en arrecifes,

Y un naufragio naciendo de la espuma.

 

El mar, creándose en la nada,

Acariciando las orillas y los puertos,

Creciendo como laberinto,

Crucigrama o nebulosa.

 

No veré su bruma, dulce y sorprendida,

Su multitud en sombra,

Abriéndose y cerrándose,

Su sed de archipiélago y marea,

Los barcos como juguetes infantiles,

Las redes conquistando el fondo y las medusas,

La tarde primigenia en que sus aguas

Sepultan las estrellas.

 

No veré más el mar.

Por eso quiero dejar su tímido recuerdo,

Arañando la costa azul y salpicada.

 

 

 

Testamento al pie del aire

 

Sí, es tarde,

Y yo me voy quedando solo,

−adefesio, lumbrera, laberinto−

Y yo me voy con mi dolor,

Mi ángel que desnudo se acicala.

 

Sufro, entonces, de lluvia bajo herrumbre,

Al pie de árboles o espuma,

Bajo la fuente que teje su ponzoña.

 

El amor se fue por esta calle,

Por este parque, el día trasparente;

La esperanza, aquí, dejó su huella.

 

Ahora,

Sufro del aire y la ventana,

El dolor es lujuria o escorpión,

Quizás, un sueño

Que se quema en una esquina,

En esta puerta,

Donde llueven las violetas.

 

Me duele aquel silencio,

Aquella sala,

Donde crimen y dulzura son lo mismo,

Donde nadie espera más a nadie.

 

de Fragmentos fantasmas (2000)

 

 

 

Prohibido pisar el cielo

 

            Viste azul, azul virgen, azul proscrito, un azul tan profundo, lleno de sus pies, de sus muslos, de sus pechos, de su cuello, que deseo un banquete de azul, y de ser posible lamer azulmente su cuerpo helado, frío, bajo cero. Da gusto un azul así, tanto que el animal, la bestia en flor, desea desflorar tan maravilloso azul, tan perfecto azul, tan tierno. ¡ay, maravilloso sería beber de su pubis lozano, de un azul húmedo y rosáceo! Si fuera posible cada tarde, me hundiría en ese azul profundamente dulce, azul que apenas deja ver el blanco seda, el rosa de los pezones. Un azul proscrito, sin duda, pero tan deseable como una hoguera, una horca o la muerte misma.

 

de Corriente subterránea (2012)

 

 

 

III

 

Juro que esta mujer me ha partido los sesos,

Porque ella sale y entra como una bala loca…

Gonzalo Rojas

 

 

Esta muchacha no es la bala loca de Gonzalo,

No es la bala que entra y sale,

No es la bala que estalla

Y muerde

Y rompe el fruto, la carne, el hueso, la estrella.

Al mirarla,

Es un espejo frío,

Una piel que resguarda un incendio,

el desastre,

la nada.

Esta muchacha me deja nadar en sus aguas,

hundirme en su humedad,

y yo me dejo ir

como un espeleólogo,

como un buzo

que desciende al vacío.

 

de Fábulas de un poeta que lee en un teatro vacío esperando que sus lectores nazcan del polvo de las butacas (2014)

 

 

 

IX

 

Era fácil descubrirlo todo.

−serpiente que serpentea en las venas−

− labio que escapa del gorrión −.

Muy fácil conocerlo todo,

a través de las manos,

de los ojos,

a través de los pájaros que se hundían

en espejos,

pozos,

sombras.

Conocer todo no es lo mismo que conocerlo todo,

no es lo mismo abrirse y abrir el mundo,

sentirlo trémulo tremular,

en los ojos,

las paredes,

la locura,

en todo lo que irrumpe

al mirarse a los ojos.

 

 

 

XXX

 

Los árboles, las calles,

las calles, las nubes,

−la memoria escarba las raicillas del dolor−.

Los amigos viejos

y los viejos amigos

en mi cráneo se reúnen

como imágenes rotas.

 

Todo se acerca o desaparece,

se aleja o tropieza,

figuras larguísimas

ascienden en humaredas,

y forman nubes,

calles,

árboles fantasmas.

 

Todo en mi cráneo,

en mi lóbulo frontal,

en mi sempiterno hueso oblicuo,

se mezcla,

se iguala,

se confunde

como zoológico sangriento

 

de Grado Cero (2015)

 

 

 

RUEDA DE VIDA

 

Entonces, vuelvo a empezar

desde el principio hasta el principio,

mi mano escarba en la hoja que escapa,

que empluma,

que vuela,

que deja todo vacío.

 

Sobre la hoja blanca flota el loto blanco,

la araña salta como si fuera una pista de hielo,

pica el agua,

el pez vibrante que canta.

Vuelvo a empezar desde el principio hasta el final,

toco la hoja blanca, húmeda, flexible,

la música que hace un coro de locos,

un coro de gaviotas,

un coro.

La hoja enturbia el pecho,

lago de nenúfares,

de índigos,

de escorpiones.

 

Vuelvo a empezar desde el final hasta el principio,

la hoja cae al fondo del agua,

al fondo nace lo claro,

lo turbio,

lo que el cielo ilumina con rostros de mujeres

o pesadillas.

 

Vuelvo a empezar desde el final hasta el final,

Somos el uno,

unidad temblorosa que ciega se reconoce

en la tinta que sangra.

 

 

 

POETAS HUÉRFANOS

 

—¡Oh inteligencia, páramo de espejos!

helada emanación de rosas pétreas

en la cumbre de un tiempo paralítico…

José Gorostiza

 

Nuestra orfandad es cierta,

la miramos arder en vestíbulos y escritorios.

Yo sé que es nuestra,

tú sabes que es nuestra,

nosotros sabemos que se viste de nada,

que se arrastra por bares y escuelas,

puertos y universidades,

que su cadáver apesta a vocales y consonantes,

a bibliotecas e imprentas.

Nuestra orfandad asiste al teatro,

a los festivales de poesía,

a los pueblos abandonados de la mano

de Dios o su contrario,

a las cárceles donde bosteza el diente de león.

a los parques donde los transeúntes

escapan de las palabras,

de las voces ebrias que giran en una danza

de girasoles y giralocos.

 

Al abrir nuestros libros y antologías,

nuestra orfandad revela su desnudez,

salta por los ojos

como un fantasma que se evapora,

sabe que el espectáculo debe continuar

con las sillas vacías y el público muerto.

 

de Grimorio del emperador amarillo (2017)

 

 

 

V

 

Cuando escribo, regresan a mí poemas que he olvidado,

las palabras se juntan y hacen rondas,

van formando un corro de ecos y notas musicales.

Todo es literatura,

el resto, una araña que teje los sueños,

el resto, ballena blanca,

el resto, el hilo de oro que ríe y solloza.

Pienso en esto, cuando escribo, no en el amor,

sino en ese animal dudoso,

no en el olvido,

sino en esa certeza que muerde las palabras.

Cuando escribo, vuelve a mí ese primer poema,

esa primera palabra que no es canto,

sino susurro,

parpadeo de colibrí.

Todos los poemas –que he escrito− se congregan,

forman solsticios,

trópicos,

latitudes y longitudes

de un mundo que no existe,

que si existiese,

sería como la Vía Láctea.

Cuando escribo, regresan los poemas que he leído,

que he escrito en soledad,

como si la soledad fuera un único poema.

 

 

 

LVI

 

a Alexander Obando

 

Esto no era un paraíso, ni siquiera un violento paraíso,

Por eso huiste al norte,

Te marchaste con tu grasa y tu locura

Al país de los sueños verdes.

Salió Walt Whitman a recibirte con su barba feroz,

Y una horda de leñadores, albañiles, carpinteros,

Náufragos, amas de casa,

Puritanos y pornógrafos,

Jack te recibió en calzoncillos, con una cerveza sucia

Y un cigarro largo,

Te recibieron los lagos inmensos, las montañas,

Y con el viento ácido la primavera abrió todas sus fl ores

Debajo de tu lengua.

Esto no era un paraíso, ni siquiera un paraíso rico,

Te recibió Ginsberg con café y tostadas,

Con jugo de naranja

Y fornicaste con él y su pandilla

Y bebiste en todos los bares de Miami a Nueva York,

De Boston a Louisiana,

De Los Ángeles a Texas.

Sabías que esto no era un paraíso,

Por eso te marchaste,

Te uniste a la Nación,

A la multitud que vomita en la Quinta Avenida,

Porque aquí solo había indios y otras especies innombrables,

Pidiendo limosna frente al Teatro Nacional,

Una limosna a los rubios pasajeros

Que se extravían en las piernas de las muchachas.

72

Cuadernos de alucinaciones

Te fuiste, porque no soportabas a los poetas

Que cantaban a los ángeles de Alberti,

Al demonio burlón de Cernuda.

Esto no era un paraíso, nunca lo fue.

Atrapado en sus fronteras indecibles,

Ahogado en su estupidez de corazones y peluches,

Vivo como un fantasma

Entre los hijos de Dalila,

Entre la descendencia de Amaranta,

Entre los vástagos enloquecidos de Nemrod y Pilatos,

Por eso te marchaste buscando rascacielos,

Buscando a Burroughs en las costas de Liberia,

Trafi cando con Ferlinghetti alucinaciones y naves espaciales.

Te marchaste como se marchan las hojas secas y las

/golondrinas,

Los ataúdes y las estaciones.

Dejaste el Carnaval en manos de los ciegos,

En la prosa burda de los necrófilos,

En las garras y hocicos de los monos aulladores.

Un paraíso por ti está sangrando,

Antes sangraba de otro modo,

Antes sangraba solamente,

Su herida era jugosa y musical,

Aunque nadie la había visto con tus ojos.

 

de Cuaderno de alucinaciones (2018)

Cristián Marcelo (12 de diciembre, 1970) Licenciado en Lingüística y Literatura por la Universidad Nacional. Perteneció al taller literario del Café Cultural “Francisco Zúñiga Díaz”, del que fue director de las publicaciones Semblanza, Frondas y Biblioteca del Café (1989-1996). Ha sido incluido en Voces tatuadas (Crónica de la poesía costarricense 1970-2004); en Poesía del encuentro (2011) y en la antología Voces de la poesía costarricense El eco de la memoria (2018). Ha publicado Todo es lo mismo y no es lo mismo (1994), Entre dos oscuridades (1996), Fragmentos Fantasmas (2000), Corriente subterránea (2012), Fábulas de un poeta que lee en un teatro vacío esperando que sus lectores nazcan del polvo de las butacas (2014), Grado Cero (2015), Grimorio del emperador amarillo (2017), Cuaderno de alucinaciones (2018) Escafandra (2020) y Las esferas de memoria (ensayo, 2004).

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