Nikolái Stepánovich Gumiliov (San Petersburgo, Rusia,1886-1921). Versos yambos. Traducción: Carlos Maciel Sánchez

 

 

Este poema está publicado en Alforja. Revista de Poesía, XVIII, otoño, 2001, pp. 106-109.

 

 

Del libro Kolchán (que en español significa carcaj).

 

 

Nota de traductor: Para lograr el sentido del poema fue necesario abandonar la métrica y rima originales, y guiarse más por el carácter de los versos, el ritmo, la melodía, sus intenciones semánticas, su carga dramática. Nicolai Gumilov, esposo también de la poeta rusa Ana Ajmátova, fue fusilado por su antisovietismo.

 

 

 

 

Nikolái Stepánovich Gumiliov (San Petersburgo, 1886-1921)

 

 

Versos yambos

Traducción: Carlos Maciel Sánchez

 

a M. Losinsky

 

 

 

Recuerdo, como negra náyade, una noche.

Por aquellos mares, bajo el símbolo de la Cruz del Sur,

yo navegaba; olas furiosas, colosales moles,

reventaban sin esfuerzo los tornillos de las hélices.

Y una nave que venía al encuentro del ojo esperanzado

se perdió al instante en las espesas sombras.

 

Ah, cuánta pena me embargó, qué sentimiento tan extraño,

al pensar acaso en el viajero que retorna,

después de abandonar ayer la paz de la bahía.

Qué pena que Don Juan no halara s Doña Inés,

que Simbad no diera con el monte de diamantes

y que el eterno Rid nunca pudiera conocer la dicha.

 

Así pasaron meses. Ya navegaba de regreso,

y conmigo llevaba colmillos de elefante,

obras maestras de arte abisinio,

pieles de tigre que seducen con sus manchas;

pero también traía algo, antes por mí desconocido,

desprecio por el mundo y rota mi esperanza.

 

Fui ayer joven, severo y ambicioso,

pero el espíritu del mundo enmudeció altanero.

Murieron los sueños deslumbrantes,

Como mueren pájaros y flores.

Mi voz ahora es tranquila y reposada.

Lo sé, la ida no se dio… y tú.

 

Tú para quien busqué en puertos del Levante

los mantos purpúreos y perennes de los reyes.

Yo te perdí como Damaiante

alguna vez perdió a su loco Nal.

Volaron los huesos, sonaron como acero,

Cayeron, y la amargura llegó.

 

Dijiste, tú adusta, pensativa:

Yo creí, amé en demasía.

Parto ahora, ni creyendo o amando,

y de cara a Dios, que todo ve,

asesinado quizás a mi persona,

me alejo de ti ya de por vida.

 

No me atreví a besar tu pelo.

Ni siquiera a apretar tu fría y delgada mano.

Yo mismo era como sucia araña.

Me espantaba y torturaba cualquier ruido.

Y tú fuiste, de negro y con sencillez vestida,

semejante a un viejo crucifijo.

 

Tan intensas tormentas hubo aquel verano,

el calor y el bochorno como nunca,

que desde muy temprano oscurecía.

El corazón marcaba un ritmo lento.

En los campos las espigas derramaban grano,

y era el Sol en la flor meridiana un rojo vivo.

 

Así, entre el estruendo de humanas multitudes,

el rugir de la metralla

y el incesante llamado de clarines a la guerra.

De pronto, escuché una canción de la línea de mi vida.

Corrí hacia donde la gente apresurada se movía

dócilmente repitiendo: arriba, arriba.

 

Los soldados cantaban con fiereza, y la palabra

incomprensible, el corazón arrebataba

“¡De prisa, al frente aguardan nuestras tumbas!

Allí en el reposo la hierba estará fresca.

Nuestras mortajas serán las verdes hojas.

Del lado nuestro está la fuerza de los ángeles.”

 

Dulce y seductora la canción sentía,

y por ellos fui a enrolarme y me aceptaron.

Un fusil y un caballo pusieron en mis manos,

un campo de batalla repleto de enemigos acechantes.

Las bombas silbaban, canturreaban las balas en el frente.

Oscuras nubes relampagueaban en el cielo.

 

Y el alma pletórica de gozo.

Desde aquellos tiempos: dicha plena.

Oh, Dios, qué claridad, cuánta sabiduría.

Con las estrellas el alma en diálogo constante.

Entre la zozobra de la guerra, la voz de Dios se escucha:

Un canto divino hacia su senda.

 

El venerado de los venerados querubines

el glorioso de los gloriosos serafines,

la realización divina de los sueños en la Tierra.

El alma crece por minutos,

advierte en sus palabras llanas

atención, misericordia y bendiciones.

 

Hay en la mar desierta un templo

de piedras blancas y cúpulas doradas.

Inextinguibles glorias lo iluminan.

Fui hacia allá, con la ruindades de la vida sepultadas,

a mirar la vastedad del agua y el cielo ainabarcable,

desde el bordo y blanco monasterio.

 

 

Moscú-Petrogrado, 1916.

 

 

Nikolái Stepánovich Gumiliov (En ruso: Николай Степанович Гумилёв, 1886-1921), poeta ruso. Figura central del movimiento acmeísta junto a poetas como Anna Ajmátova (con quien estuvo casado) y Ósip Mandelshtam . Su poesía conserva siempre un aroma adolescente, por su pasión por el viaje y el exotismo y por su frecuente tono fatalista. Muy popular en vida, ejerció un influjo muy intenso sobre los poetas jóvenes. Fue fusilado en 1921. Durante el régimen soviético su poesía fue prohibida.

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