Los Mayores de la poesía. El libro de horas: Rainer Maria Rilke (Praga, 1875-1926). Traducción de Fernando J. Palacios León

 

 

"Pregunta publica una nueva edición de El libro de horas, el clásico de Rainer Maria Rilke, con traducción, epílogo y notas de Fernando J. Palacios León. En 1897, el joven poeta Rainer Maria Rilke conoció a la escritora Lou Andreas-Salomé, una mujer casada y catorce años mayor que él. Entre ambos surgió una atracción que derivó en romance, en convivencia y, finalmente, en distanciamiento amistoso, ya que se mantuvieron en contacto hasta la temprana muerte del poeta. Durante los primeros años de esa relación, Rilke escribió los poemas que conformarían El libro de horas, una de sus mayores obras. El libro de horas es el resultado de un intenso proceso de maduración vital e intelectual del autor y relata, de modo simbólico, las etapas de su idilio con Andreas-Salomé. Todo el libro es, asimismo, una conversación con un «Dios» que es Lou, pero no sólo Lou, sino también un destinatario inmanente que hace posible el surgimiento de la propia necesidad de la escritura, la misma soledad que empujó a Rilke a escribir y que lo acompañaría de por vida."

 

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Rainer Maria Rilke (Praga, 1875-1926)

 

El libro de horas (Pregunta Ediciones, 2020)

Traducción: Fernando J. Palacios León

 

 

 

 

 

 

Amo las horas oscuras de mi ser

en las que se sumergen mis sentidos;

en ellas he encontrado, como en cartas antiguas,

mi vida cotidiana ya vivida,

superada y lejana cual leyenda.

 

Por ellas ahora sé que tengo espacio

de una segunda, extensa, eterna vida.

Y a veces soy como ese árbol

maduro y rumoroso que, sobre una tumba,

cumple el sueño que el antiguo muchacho

(en torno a quien se anidan sus cálidas raíces)

perdió en tristezas y en canciones.

 

 

Te quiero reflejar en toda tu figura

y no quedarme ciego o estar tan viejo nunca,

para aguantar tu imagen pesada e inestable.

Yo quiero desplegarme.

No quiero en sitio alguno permanecer torcido;

pues donde estoy torcido, estoy fingido.

Quiero ante ti mi juicio pleno y sano

y quiero ser descrito por mí mismo

como imagen que vi

durante mucho tiempo y muy de cerca,

como palabra que entendí del todo,

como la jarra en la que bebo a diario,

como el materno rostro,

como un barco que a bordo

me llevara

a través de la más mortífera tormenta.

 

 

En ti edificamos con manos temblorosas

y amontonamos átomo sobre átomo.

Pero quién puede terminarte,

catedral.

¿Qué es Roma?

Se derrumba.

¿Qué es el mundo?

Será destruido

antes de que tus torres tengan cúpulas,

antes de que tu frente surja

luminosa de leguas de mosaicos.

Pero a veces, en sueños,

tu espacio por entero

puedo contemplar,

desde lo bajo del cimiento

a la cumbrera de oro del tejado.

 

Y a mis sentidos veo

construir y modelar

los últimos ornatos.

 

 

Apágame los ojos: puedo verte;

tápame los oídos: puedo oírte,

y puedo ir hasta ti sin pies,

y hasta sin boca puedo yo jurarte.

Arráncame los brazos, te asiré

yo con mi corazón como con una mano,

retén mi corazón, latirá mi cerebro,

y si en mi cerebro el fuego desataras

entonces yo te llevaré en mi sangre.

 

 

No debes angustiarte, Dios.

Ellos le dicen mío a todas esas cosas,

que pacientes se muestran.

Son como viento que roza en las ramas

y dice: mi árbol.

 

Apenas se percatan

de cómo arde todo cuanto cae en su mano...;

de modo que ni por el borde más saliente

podrían sujetarlo sin quemarlo.

 

Dicen mío, como quien gusta de llamar de cuando en cuando

al príncipe su amigo al conversar con campesinos,

cuando es un príncipe muy alto y... muy lejano.

Dicen mío de sus desconocidos muros

sin conocer apenas al dueño de su casa.

Dicen mío y nombran posesiones,

si abarcan cada cosa a la que se acercan,

igual que un charlatán sin gusto llama

quizá suyos al sol y al relámpago.

De este modo dicen: mi vida, mi mujer,

mi perro, mi hijo; y, sin embargo, saben

que todo: vida, mujer y perro e hijo

son extrañas imágenes con las que se golpean

a ciegas con las manos estiradas.

Certidumbre, de hecho, sólo tienen los grandes

que añoran tener ojos. Pues los otros

no quieren escuchar que su marcha infeliz

no guarda relación con nada a su alrededor,

que, apartados de sus posesiones,

sin ser reconocidos por sus bienes,

tan poco suya es la mujer como la flor,

que de una vida ajena es para todos.

 

No pierdas, Dios, el equilibrio.

Tampoco el que te ama y que tu rostro

reconoce en la oscuridad, cuando oscila

como una luz al respirar... te posee.

Y si uno por la noche te concibe,

de modo que has de aparecer en su oración:

                  Eres el invitado,

                  que se vuelve a marchar.

 

¿Quién puede sujetarte, Dios? Pues eres tuyo,

sin la mano de un dueño que te estorbe,

como ese vino aún sin madurar del todo

que es cada vez más dulce, y a sí se pertenece

 

 

 

 

 

 

Ich liebe meines Wesens Dunkelstunden,

in welchen meine Sinne sich vertiefen;

in ihnen hab ich, wie in alten Briefen,

mein täglich Leben schon gelebt gefunden

und wie Legende weit und überwunden.

 

Aus ihnen kommt mir Wissen, dass ich Raum

zu einem zweiten zeitlos breiten Leben habe.

Und manchmal bin ich wie der Baum,

der, reif und rauschend, über einem Grabe

den Traum erfüllt, den der vergangne Knabe

(um den sich seine warmen Wurzeln drängen)

verlor in Traurigkeiten und Gesängen.

 

 

Ich will dich immer spiegeln in ganzer Gestalt

und will niemals blind sein oder zu alt,

um dein schweres schwankendes Bild zu halten.

Ich will mich entfalten.

Nirgends will ich gebogen bleiben,

denn dort bin ich gelogen, wo ich gebogen bin.

Und ich will meinen Sinnwahr vor dir.

Ich will mich beschreiben

wie ein Bild, das ich sah

lange und nah,

wie ein Wort, das ich begriff,

wie meinen täglichen Krug,

wie meiner Mutter Gesicht,

wie ein Schiff,

das mich trug

durch den tödlichsten Sturm.

 

 

Wir bauen an dir mit zitternden Händen,

und wir türmen Atom auf Atom.

Aber wer kann dich vollenden,

du Dom.

Was ist Rom?

Es zerfällt.

Was ist die Welt?

Sie wird zerschlagen,

eh deine Türme Kuppeln tragen,

eh aus Meilen von Mosaik

deine strahlende Stirne stieg.

Aber manchmal im Traum

kann ich deinen Raum

überschaun

tief vom Beginne

bis zu des Daches goldenem Grate.

 

 

Lösch mir die Augen aus:

ich kann dich sehn,

wirf mir die Ohren zu: ich kann dich hören,

und ohne Füße kann ich zu dir gehn,

und ohne Mund noch kann ich dich beschwören.

Brich mir die Arme ab, ich fasse dich

mit meinem Herzen wie mit einer Hand,

halt mir das Herz zu, und mein Hirn wird schlagen,

und wirfst du in mein Hirn den Brand,

so werd ich dich auf meinem Blute tragen.

 

 

Du musst nicht bangen, Gott. Sie sagen: mein

zu allen Dingen, die geduldig sind.

Sie sind wie Wind, der an die Zweige streift

und sagt: mein Baum.

Sie merken kaum,

wie alles glüht, was ihre Hand ergreift, -

so dass sie's auch an seinem letzten Saum

nicht halten könnten ohne zu verbrennen.

Sie sagen mein, wie manchmal einer gern

den Fürsten Freund nennt im Gespräch mit Bauern,

wenn dieser Fürst sehr groß ist und - sehr fern.

Sie sagen mein von ihren fremden Mauern

und kennen gar nicht ihres Hauses Herrn.

Sie sagen mein und nennen das Besitz,

wenn jedes Ding sich schließt, dem sie sich nahn,

so wie ein abgeschmackter Charlatan

vielleicht die Sonne sein nennt und den Blitz.

So sagen sie: mein Leben, meine Frau,

mein Hund, mein Kind, und wissen doch genau,

dass alles: Leben, Frau und Hund und Kind

fremde Gebilde sind, daran sie blind

mit ihren ausgestreckten Händen stoßen.

Gewissheit freilich ist das nur den Großen,

die sich nach Augen sehnen. Denn die Andern

wollens nicht hören, dass ihr armes Wandern

mit keinem Dinge rings zusammenhängt,

dass sie, von ihrer Habe fortgedrängt,

nicht anerkannt von ihrem Eigentume

das Weib so wenig haben wie die Blume,

die eines fremden Lebens ist für alle.

Falle nicht, Gott, aus deinem Gleichgewicht.

Auch der dich liebt und der dein Angesicht

erkennt im Dunkel, wenn er wie ein Licht

in deinem Atem schwankt, - besitzt dich nicht.

Und wenn dich einer in der Nacht erfasst,

so dass du kommen musst in sein Gebet:

               Du bist der Gast,

              der wieder weiter geht.

Wer kann dich halten, Gott? Denn du bist dein,

von keines Eigentümers Hand gestört,

so wie der noch nicht ausgereifte Wein,

der immer süßer wird, sich selbst gehört.

 

 

 

Rainer Maria Rilke. (Praga, 1875 - Valmont, 1926) Escritor checo en lengua alemana. Fue el poeta en lengua alemana más relevante e influyente de la primera mitad del siglo XX; amplió los límites de expresión de la lírica y extendió su influencia a toda la poesía europea. Después de abandonar la Academia Militar de Mährisch-Weiskirchen, ingresó en la Escuela de Comercio de Linz y posteriormente estudió historia del arte e historia de la literatura en Praga. Residió en Munich, donde en 1897 conoció a Lou Andreas-Salomé, quince años mayor que él, y que tuvo una influencia decisiva en su pasaje a la madurez. Decidido a no ejercer ningún oficio y a dedicarse plenamente a la literatura, emprendió numerosos viajes. Visitó Italia y Rusia (en compañía de Lou Andreas-Salomé), conoció a León Tolstói y entró en contacto con la mística ortodoxa.

En 1900 se instaló en Worpswede, y un año después contrajo matrimonio con la escultora Clara Westhoff, con la que tuvo a su única hija, Ruth, y a cuyo lado escribió las tres partes del Libro de horas. Tras su separación se instaló en París, donde durante ocho meses trabajó como secretario privado de Auguste Rodin. Allí compuso Canto de amor y muerte del alférez Cristobal Rilke, y posteriormente Los cuadernos de Malte Laurids Brigge. Aquejado por una crisis interior, empezó de nuevo a viajar mucho: primero a África del Norte (1910-1911) y luego a España (1912-1913). En 1911 y 1912, invitado por la princesa Marie von Thurn und Taxis, residió en el castillo de Duino (Trieste), escenario en el que surgieron las que denominó precisamente Elegías de Duino.

Durante la Primera Guerra Mundial vivió la mayor parte del tiempo en Munich. En 1916 fue movilizado y tuvo que incorporarse al ejército en Viena, pero pronto fue licenciado por motivos de salud. De esos años es la intensa relación amorosa con la polaca Baladine Klossowska, madre del escritor Pierre Klossowski y del pintor Balthus, presuntos hijos naturales nunca reconocidos por el poeta. Tras la guerra residió en Suiza, y en 1922 vivió en el castillo de Muzot, donde finalizó las Elegías.Tras una larga y dolorosa agonía, Rainer Maria Rilke murió de leucemia en el sanatorio suizo de Valmont.

 

Fernando J. Palacios León (1984, Madrid) es licenciado en Filología Alemana (2009) en la especialidad de Literatura (2011), máster en Enseñanza de la Lengua Alemana y máster en Traducción de Textos Literarios en la especialidad alemán-español (2016) por la Universidad Complutense de Madrid.

En la actualidad es profesor de español en la Universidad de Bamberg, Alemania, ciudad en la que reside y en la que imparte y ha impartido, entre otros muchos, cursos de Expresión Escrita, Teatro, Cultura y Civilización Española y Traducción y versión parafrástica de textos literarios del alemán al español. Ejerce, además, la crítica de traducción literaria en revistas como Estudios de Traducción o Revista de Filología Alemana, de la Universidad Complutense de Madrid y ha publicado artículos e investigaciones sobre la recepción de autores en lengua alemana como Heinrich Böll, Max Frisch o Friedrich Dürrenmatt en la revista TURIA (Premio Nacional al Fomento de la Lectura).

En 2009 publicó su primera novela, Estrella y el olvido. Además, ha publicado microrrelatos, cuentos y poemas en diferentes antologías benéficas y no benéficas, tanto en España como en Latinoamérica. En 2013 su microrrelato El encuentro fue tercer premio de la editorial Artgerust dedicados a la figura del gran Charles Bukowski, entre más de mil participantes. En mayo de 2014 su obra Una hora menos fue galardonada con el XXIX Premio Nacional Ciudad de Zaragoza de Relato, editada por Mira Editores (Zaragoza). Con Los textos de un traidor fue Premio de la Universidad de Ratisbona de Relatos de Nuevos Inmigrantes Españoles, publicado en la antología editada por CICEES (Colección Máquina de las Palabras). Su relato Después de Siberia, sobre los atentados del 11-M, recibió en octubre de ese mismo año una mención de honor en el I Concurso de Cuentos Biblioteca de Letras Latinas de Nueva Zelanda. En abril de 2015 apareció su edición y traducción directa de De las memorias del señor Schnabelewopski (Aus den Memoiren des Herren von Schnabelewopski) de Heinrich Heine en la editorial Escolar y Mayo en Madrid. Sus cuentos y relatos están incluidos en multitud de antologías y forman parte de los planes de estudios de instituciones educativas latinoamericanas y españolas.

Del año 2010 al 2017 el autor mantuvo el blog Las cadenas de Andrómeda (https://lascadenasdeandromeda.blogspot.com). En octubre de 2017, con la intención de aglutinar y reordenar el conjunto de su obra literaria y filológica en una única bitácora digital, da comienzo la andadura de su página web oficial de autor: fernandojpalaciosleon.com, con el sobrenombre de El tintero, en el que se han integrado los textos de Las cadenas de Andrómeda, así como una bio-bibliografía en constante revisión y la posibilidad de una interacción más directa con él.

Borrón y cuenta nueva es una serie de columnas diarias en las que el autor dará rienda suelta al contacto de sus pensamientos con la realidad y viceversa.

 

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