Jetsun Milarepa, (Tíbet, 1052-1135): Los cien mil cantos (fragmentos). Traducción de José Luis Galván

 

 

 

 

 

 

 

La presente selección de poemas está publicada en la Alforja. Revista de Poesía, número XVII, verano, 2003pp. 94-99.

 

 

 

 

 

 

 

 

Jetsun Milarepa, (Tíbet, 1052-1135)

 

 

Los cien mil cantos

(fragmentos)

 

 

Traducción de José Luis Galván

 

 

 

¡Te rindo homenaje a ti, gurú mío! Sólo

después de estricta disciplina te he encontrado.

Y ahora estoy en el lugar de tu profecía:

 

Un delicioso valle rodeado de colinas, toda

la tierra tapizada de pasto y flores con árboles

que danzan en armonía con las direcciones que

toma el viento. Lugar de juego para los monos.

Las aves trinan en coro. Zumban las abejas.

Entre el día y la noche vienen y van los arcoíris.

 

Las lluvias endulzan al verano y al invierno. En

primavera y otoño pasean las neblinas. Aquí,

yo, Milarepa, encuentro la alegría de la soledad

porque medito con la mente vacía y me ilumino.

 

¡Las miríadas de cambios me dan felicidad! Mi

alegría aumenta con el aumento de los trastornos.

Sin Karma, el cuerpo vive la profunda felicidad.

Percibir el caos infinito, ¡en verdad!, es mi dicha.

Ante cada gran miedo; igual de grande es mi alegría.

En mí murieron apegos y pasiones, razón por la

que esta plena felicidad que vivo ¡es tan patente!

 

 

***    ***     ***

 

 

Milarepa entona “El canto de la Certeza Perfecta” ante

los fantasmas que lo provocan poniendo en duda su

certeza del Dharma:

 

¡Rindo homenaje a mi maestro Marpa, El Perfecto!

 

Soy un yogui que encontró la Verdad Absoluta.

La certidumbre alcancé al llegar al origen de

lo no-nacido. Poco a poco, por el camino de la

no-extinción, mi poder se fue afinando. Y ahora

canto, desde donde absolutamente reina el Dharma,

con palabras y símbolos fluyendo de mi Compasión

para expresar los significados de la plenitud.

 

El mal karma de ustedes, fantasmas, los ha llevado

a una ceguera tan densa que nada pueden percibir

del significado de la Verdad Absoluta, no obstante,

de ella hablaré, ¡escuchen!

 

¡De la eterna verdad del karma, innumerables veces,

todos los Budas han hecho advertencias en los Sutras,

Sagradas Escrituras en la pureza!

 

Todos los seres sintientes estamos relacionados,

esta es una infalible verdad eterna. ¡Escuchen,

muy atentamente, fantasmas, la enseñanza de la

Compasión!

 

Soy un yogui que ha evolucionado con la disciplina,

y sé que todos los obstáculos para lograrla son

sombras; y que el mundo fantasmal es un simple

juego de ilusionismo que hace la mente increada.

 

Al observar la interioridad de la mente uno encuentra

su naturaleza, carente de sustancia y esencialmente

vacía. La meditación, en la soledad, otorga la gracia

de encontrar la sucesión de los gurús para aprender

de las enseñanzas del grandioso maestro Naropa.

El objeto de nuestra meditación debe de ser

La Interna Verdad del Buda.

 

La complejidad del Tantra se volvió clara luz

con la guía misericordiosa de mi gurú. La yoga,

que da luz y perfección, genera el poder vital y

hace ver las trabazones internas del microcosmos.

Es por eso que yo no me amedrento frente a

los ilusorios obstáculos del mundo exterior.

 

Estoy entre el número infinito de yoguis, tantos

como los astros del firmamento, soy parte de

ese linaje divino.

 

Al estar meditando en el estado original de la

mente, se disuelven los pensamientos ilusorios

del reino del Dharmadjatu [Mera Uniersalidad];

y así, no existe la aflicción ni el afligido. Esto

puede enseñarnos el cuidadoso estudio de los

Sutras.

 

 

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Una niebla envolvió la atmósfera toda y, durante

nueve días y nueve noches, entre bruma caía la

nieve. Luego vinieron dieciocho días y dieciocho

noches en que aumentó la tempestad.

 

La nieve caía como gruesas borlas de algodón

o como parvadas de blancas aves volando del

cielo a la tierra o como enjambres oscilantes o

como briznas de la rueda del huso…

 

Todo límite fue rebasado por esta nieve que

cubrió completas las montañas y parecía alcanzar

al mismo cielo. Las frondas de los árboles se

vencieron con tanta pesada nieve. Otrora

negras, las montañas blanquísimas se tornaron.

El agua de los lagos estática, congelada, hasta

el agua entre las rocas era puro hielo. Así,

una meseta plana color blanco era el mundo.

 

Fue tanta la nieve que los bandidos no salieron.

Animales silvestres y domésticos desbalagados

Desfallecían de hambre. Los pájaros hechos hielo

caían de las frondas. Bajo tierra buscaban

escondite las ratas y los ratones.

 

Mientras esa catástrofe estaba sucediendo, yo,

Completamente solitario, me encontraba en lo más

alto de la montaña nevada. Lluvia y ventisca me

atacaban. Yo sólo vestía una túnica de algodón.

Contra ventisca y lluvia luché hasta que se volvieron

suaves brisa y llovizna. Así vencí a esa temeraria

tormenta, hasta que todo en silencio reposó.

Parecía que mi túnica ligera producía calor.

 

Aquel combate fue de vida o muerte, como luchar

sable en mano contra los gigantes. Y yo, el yogui,

triunfé por estar bien preparado. Estas enseñanzas

pueden ayudar a todos los budistas, a los yoguis.

 

 

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Ante Draoug Srinmo, la demonia sabia, Milarepa

entona el canto titulado “El Inmutable”

 

¡Me inclino a los pies misericordiosos del Buda

en cuerpo humano y ante mi padre y gurú, Marpa,

El Traductor!

 

No soy un cantor deseoso de exhibir el arte de

cantar, pero tú, demonia, me obligas a entonar

esta canción sobre la Verdad Esencial:

 

En el cielo se manifiestan rayos, relámpagos, nubes

y, en sus desvanecimientos, al mismo cielo vuelven.

 

Del cielo surgen la niebla, la lluvia, los arcoíris

y, en sus desvanecimientos, al mismo cielo vuelven.

 

De la tierra obtenemos semillas, frutas, mieles

y, en sus desvanecimientos, a la misma tierra vuelven.

 

De la tierra surgen arbustos, plantas, flores, hojas

y, en sus desvanecimientos, a la misma tierra vuelven.

 

En el océano se forman olas, corrientes, mareas

y, en sus desvanecimientos, al mismo océano vuelven.

 

De la Alaya [Memoria] surgen ideas, deseos, apegos

y, en sus desvanecimientos, a la misma Alaya vuelven.

 

Por la mente esencial llegamos la conciencia, la liberación, la iluminación,

y, en sus desvanecimientos, en la mente se disuelven.

 

Del Dharmadata surge lo que no se puede manifestar,

lo inacabable y lo que no se puede describir pero,

en sus desvanecimientos, al Dharmadata vuelven.

 

Al practicar la yoga se producen visiones, fantasmas,

alucinaciones, demonios pero, desvanecientes, vuelven

a su procedencia.

 

Si por el apego uno toma las visiones como si fueran

Realidades, el meditar será todo confusión. Si no se

comprende que los obstáculos sólo revelan el vacío

de la mente, el meditar será todo confusión.

El verdadero origen de la confusión está en la mente…

 

 

***    ***     ***

 

 

Acostumbrado a considerar que mi cuerpo es mi ermita,

olvidé los monasterios donde hay ocio y comodidad.

 

Acostumbrado a meditar las Selectas Verdades Musitadas,

olvidé todo lo que había aprendido en documentos y libros.

 

Acostumbrado a aplicar cada aprendizaje para el desarrollo

de mi espíritu, me olvidé de todos los credos y los dogmas.

 

 

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Reflexión de Milarepa: “Todos los propósitos terrenales no tienen más que una inevitable conclusión: el afligirse. Lo que uno adquiere termina dispersado; las construcciones, destruidas; los encuentros, en separación; los nacimientos, en la muerte. Al tener conciencia de esto, desde el primer momento habría que renunciar a la apropiación, a la construcción y al encuentro. Y luego seguir las enseñanzas de algún sabio gurú, con el propósito de realizar la Verdad (que no nace ni muere). Esta es la mejor ciencia.”

 

 

 

 

Milarepa. Místico y poeta tibetano en el siglo XI de nuestra era. Es uno de los grandes maestros funndadores de la orden budista de los kargyütpa, monjes ermitaños y peregrinos sin monasterios que aún hoy en día se les encuentra en las montañas de los Himalayas. Se le considera el poeta clásico en la lengua tibetana. Se cuenta que con sus cantos (poemas) no sólo enseño el budismo, sino que convertía a su religión a los mismos fantasmas y demonios.

 

 

 

 

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