Diótima. Encuentro Nacional de Poesía: Poemas de Mariana Bernárdez

 

 

 

Presentamos la serie Diótima en la cual publicamos algunos poemas de Mariana Bernárdez, invitada al Segundo Encuentro Nacional de Poesía a realizarse los días viernes 17, sábado 18 y domingo 19 de mayo en la Biblioteca General del H. Congreso de la Unión, en el Centro Cultural de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y en el Museo Nacional de las Culturas del mundo, respectivamente.

 

 

 

Mariana Bernárdez

 

Don del Recuerdo

(Fragmento)

 

 

Hace un par de días te hablaba de la hybris

la desmesura que se castiga con desmesura

Cuando el hombre franquea su límite

rompe un equilibrio básico que se recompone

a través del exceso de los dioses tyke

¿Habrá sido mi hybris-tyke aprender lo diverso?

¿por ejemplo

la luz titilante en la juntura de tu cuerpo con el mío?

¿Me conmueves o me conmueve lo que somos?

 

Cómo no desear tener el corazón limpio

aunque mi incomprensión

             hacia tu resquemor

                         habría sido mayor

             mayor también mi miedo

             a no agradar tus sentidos

            al ganar la noche su batalla

cuando el cansado pone palabras amargas en los labios

e incapaces de deslavar la hiel que ronda las horas

                          dejan atrás el signo de los días

Y pronuncio el rezo del levante

“no me lleves por los vericuetos de la negrura”

¿Quizá por eso necesito abrazarte al trasluz”

                          de las luces de la ciudad?

No lo sé

Pocas cosas sé.

 

 

Miro a través de la ventana

el viento en cielo plomizo aguarda el caer de la tarde

Mis árboles…

Un día nos internamos en la sierra

árboles y nubes

cielo y árboles

un lago quieto

                     vence el sigilo del miedo.

 

 

Hay días donde dejas de mirarme

pareciera que mi cuerpo

            se diluye en un aire intangible

            Miras. Mirar. Miro

Me desasosiega este volverme etérea

¿acaso tan adentro

                 ya no necesitamos mirarnos?

¿de la misma forma

como no mirarnos las manos cuando se rozan

                                        pero se presienten?

 

 

Me devuelves el mar

uno distinto al que acompañó la infancia

¿vivir será sólo ese alcance?

Queda en mí tu risa

la marisma en la piel

lo inmemorial de ese golpe de agua que mece

y la luminosidad de su transparencia

el pájaro picoteando en la arena

o la bruma sin levante

Reconocerse en la desposesión de ser

para ser otra siendo la misma

y me arrodillo ante lo inmenso

en una plegaria que inicia ajena a mi labio

como si pudiera

             de tan perdida

             hallarme aquí

                            en un rostro cifrado por la sal.

 

 

Amanece

seis y media

la silueta del valle perfila el contraste de su negrura

y el naranjo hace un tajo en la entraña del cielo

El calor irrumpe sin sofoco

todavía el ajetreo no entra por la ventana

Cierro los ojos y me siento en tu cuerpo

escucho su latido cuando apoyo mi cabeza

Sosiego

quisiera alargar los minutos

un momento para retomar las fuerzas

y lanzarme a vivir

tu mano en mi espalda

o sufriendo por el perfil de mi cuello

tus ojos negros fijos

y a la par

la insistencia de todo por lo hacer inunda y jalones…

Primero habrás de levantarte

es lunes

la ciudad aún calla

Te abrazo desde el “29”

Es domingo

caminamos la lluvia que nos bautiza

                   para una vida más alta

Pronto habrás de irte

pareciera que en ese movimiento

rescatas algo de ti que desconoces

Tanto girar nos confunde

Al punto de no saber

             en qué momento

                              dejamos de ser un nombre

Nos rendimos

los cuerpos hablan

                            se acoplan

                                       se enlazan

                                                     a pesar de no tocarse.

Escribir poco

escribir mucho

y la prisa se soslaya por la fascinación que me produces

cuando te veo indeciso

                sin saber cómo acortar la brecha del vacío

dime

                  ¿dónde habremos de vivir?

¿en un árbol?     ¿en una libreta?   ¿en la memoria?

no te vayas enumerando pérdidas

sino los días en alta alegría

don del recuerdo y la gracia.

 

 

El sol se filtra por las persianas

el cuerpo reclama y se siente en trasiego

equivoca la sensación del roce

reposa la caricia que irrumpe sibilina

hasta desconoceré límite

Te abres ante la ventisca

El Ciervo asoma por tus ojos

huerto que atraviesa nervioso

                ante el crujir de una rama

Somos un “cuerpo luminoso” y sólo queda dejarse en su huida.

Tartamudeas ante la vulnerabilidad de la entrega

tomas mi corazón y escudriñas su interior

“no se necesita tomar altura para llenarse de pájaros”

¿Has encontrado una sombra que te libere de ese tremar

                                         en señal de lo previo que hemos sido?

“Que el temblor te acompañe largamente”

 

 

Tu mano es asidero y guía

Y responder “¿Hay algo de equívoco en ese silencio?

¿no sientes cerca de esa línea que es la mirada profunda

la ternura que raya las manos?”

Damos vueltas alrededor de un espiral

            donde se entreteje la vida

En el silencio verdadero no hay distancia

ahí se acopla el soplo y parte hacia el sueño

              donde se amalgaman los cuerpos.

 

Si te contara de la luz iridiscente

de la punzada en el costado al no sentirte

de preguntarme cómo serán los días

-que no serán como los de antes

             pues traigo ya trazada la piel por ti-

del sonido lejano de los pájaros

             y del cuerpo en ramalazo cayéndose

o de la caricia de tus ojos negros

              y de cómo se deslizan por el mundo

hasta detenerte en los míos

Caminamos entre cuartos vacíos y polvorientos

por ventanales

                la luz de la tarde revela las polutas

                                                       de lo inconmensurable

esbozo de un juego antiguo que rebasa lo explicable

Se abren puertas en laberinto imaginario

y traigo en la mano el amuleto

            listón rojo amarrado a una pequeña estrella de seis puntas

qué falso sería decir que lo hallé

               cuando su lisura fue la que se prendió a mis dedos…

“Que siempre entiendas mis silencios en diálogo con tus ojos

que siempre busques ese encuentro de nuestros cuerpos

que la vida te regale los años que te necesito

y a mí que me dé luz para mirarte siempre.”

Tras el contorno de tu espalda

la luz anaranjada se filtra por las cortinas

el canto de la madrugada

¿cómo desprendo mi cuerpo del tuyo?

¿qué hacer con tanto aire entre los dos?

Queda tu rumor alrededor

la fluidez del viento alejándose

tu cuerpo recortado en el elevador

la pregunta insensata de lo que significa despedirse

 

 

Mariana Bernárdez, poeta y ensayista; realizó estudios de posgrado en Letras Modernas y en Filosofía especializándose en el vínculo entre poesía y filosofía; aborda una tradición de autores para quienes la poesía sobrepasa la orilla del lenguaje eficiente y comunicativo. Sus diferentes oficios le han acercado a autores definitivos en la literatura mexicana como Dolores Castro, Ramón Xirau, Raúl Renán, Angelina Muñiz Huberman, entre otros. Su trayectoria enlaza la creación poética con el ámbito académico y el editorial. Es una de las voces más singulares de su generación por su concepción metafórico-simbólica; Ha sido traducida al inglés, italiano, portugués, catalán y rumano; cuenta con más de una veintena de libros publicados entre poesía y ensayo; algunos títulos Don del recuento, 2012. Nervadura del relámpago, 2013. Escríbeme en los ojos, 2013; traducido al portugués por Nuno Júdice, 2015. En el pozo de mis ojos, 2015;  Aliento, 2017, traducido al portugués por Nuno Júdice, 2018. Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte (2018-2021).

Fotografía: Rogelio Cuéllar

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