Diáspora africana. Luis Palés Matos (Puerto Rico, 1898-1959)

 

 

 

 

 

 

 

 

Luis Palés Matos (Puerto Rico, 1898-1959)

 

 

Pueblo negro

 

Esta noche me obsede la remota

visión de un pueblo negro...

—Mussumba, Tombuctú, Farafangana—

es pueblo de sueño,

tumbado allá en mis brumas interiores

a la sombra de claros cocoteros.

La luz rabiosa cae

en duros ocres sobre el campo extenso;

humean rojas de calor las piedras,

y la humedad del árbol corpulento

evapora frescuras vegetales

en el agrio crisol del clima seco.

 

Los aguazales

cuajan un vaho amoniacal y denso.

El compacto hipopótamo se hunde

en su caldo de lodo suculento,

y el elefante de marfil y grasa

rumia bajo el baobab su vago sueño.

Allá, entre palmeras,

está tendido el pueblo...

—Mussumba, Tomboctú, Farafangana—,

caserío irreal de paz y sueño.

 

Alguein disuelve perezosamente

un canto monorrítmico en el viento

pululado de úes  que se aquietan

en balsas de diptongos soñolientos

y de guturaciones alargadas

que dan un don de  lejanía al verso.

 

Es la hembra que canta

su sobria vida de animal doméstico.

Es la negra de las zonas soleadas

que huele a tierra, a salvajina, a sexo.

 

Es la negra que canta,

y su canto sensual se va extendiendo

como una clara atmósfera de dicha

bajo la sombra de los cocoteros.

Al rumor de su canto

todo se va extendiendo,

bajo la clara atmósfera de dicha

bajo la sombra de los cocoteros.

Al rumor de su canto

todo se va extinguiendo.

Y sólo queda en mi alma

la ú profunda del diptongo fiero,

en cuya curva maternal se esconde

la armonía prolífica del sexo.

 

 

 

 

Majestad negra

 

Por la encendida calle antillana

va Tembandumba de la Quimbamba

–rumba, macumba, candombe, bámbula˗

entre dos filas de negras caras.

Ante ella un congo –gongo y maraca–

ritma una conga bomba que bamba.

 

Culipandeando la Reina avanza,

y de su inmensa grupa resbalan

meneos cachondos que el gongo cuaja

en ríos de azúcar y de melaza.

Prieto trapiche de sensual zafra,

el caderamen, masa con masa,

exprime ritmos, suda que sangra,

y la molienda culmina en danza.

 

Por la encendida calle antillana

va Tembandumba de la Quimbamba.

Flor de Tortola, rosa de Uganda,

por ti crepitan bombas y bámbulas,

por ti en calendas desenfrenadas

quema la Antilla su sangre ñáñiga.

Haití te ofrece sus calabazas;

fogosos rones te da Jamaica;

Cuba te dice: ¡dale, mulata!

Y Puerto Rico: ¡melao, melamba!

 

¡Sús, mis cocolos de negras caras!

Tronad, tambores; vibrad, maracas.

Por la encendida calle antillana

–rumba, macumba, candombe, bámbula–

va Tembandumba de la Quimbamba.

 

 

 

 

Danza negra

 

Calabó y bambú.

Bambú y calabó.

El Gran Cocoroco dice: tu-cu-tú.

La Gran Cocoroca dice: to-co-tó.

Es el sol de hierro que arde en Tombuctú.

Es la danza negra de Fernando Poo.

El cerdo en el fango gruñe: pru-pru-prú.

El sapo en la charca sueña: cro-cro-cró.

Calabó y bambú.

Bambú y calabó.

 

Rompen los junjunes en furiosa u.

Los gongos trepidan con profunda o.

Es la raza negra que ondulando va

en el ritmo gordo del mariyandá.

Llegan los botucos a la fiesta ya.

Danza que te danza la negra se da.

 

Calabó y bambú.

Bambú y calabó.

El Gran Cocoroco dice: tu-cu-tú.

La Gran Cocoroca dice: to-co-tó.

 

Pasan tierras rojas, islas de betún:

Haití, Martinica, Congo, Camerún;

las papiamentosas antillas del ron

y las patualesas islas del volcán,

que en el grave son

del canto se dan.

 

Calabó y bambú.

Bambú y calabó.

Es el sol de hierro que arde en Tombuctú.

Es la danza negra de Fernando Poo.

El alma africana que vibrando está

en el ritmo gordo del mariyandá.

 

Calabó y bambú.

Bambú y calabó.

El Gran Cocoroco dice: tu-cu-tú.

La Gran Cocoroca dice: to-co-tó.

 

 

 

 

 

Luis Palés Matos (Guayama, Puerto Rico, 20 de marzo, 1898-Santurce, Puerto Rico, 23 de febrero de 1959). Escritor, poeta, y periodista puertorriqueño. De familia literaria, sus padres y hermanos escribieron poesía. De adolescente, con 16 años, publica su primer libro de poemas «Azaleas», con gran influencia del nicaragüense Rubén Darío, el argentino Leopoldo Lugones y el uruguayo Julio Herrera Reissig. Este título forma parte del primer periodo de los inicios del movimiento Modernismo en Latinoamérica.

También trabajó como actor, y tuvo gran éxito interpretando el papel protagonista de «El Grito de Lares», del autor puertorriqueño Luis Llorens Torres, en 1929. En la última década de su vida, estuvo vinculado con la Universidad de Puerto Rico, como poeta en residencia. Con 20 años escribe «Versos para Natividad y Cuaderno del Bebé», recogidos por Margot Arce en la antología de los poemas de Luis Palés, vol. I (1984) que están dedicados a su primera esposa y a su hijo. En 1937 publica «Tuntún de pasa y grifería» que consiguió el primer premio de literatura del Instituto de Literatura Puertorriqueña. «Litoral», novela inacaba se publicó en el semanario de la Universidad de Puerto Rico y en el periódico el «Diario de Puerto Rico». En 1954 aparece su primera antología, realizada por Federico de Onís con los poemas escritos entre 1915 y 1956.

Visita Nueva York en 1950, en un programa de conferencias, lecturas y coloquios literarios, recibiendo diplomas y certificados de las instituciones culturales y universidades que visitó, destacando el homenaje que el Instituto Hispánico de la Universidad de Columbia le ofreció. Luis Palés está considerado uno de los máximos exponentes de la poesía afroantillana y junto a  José Isaac de Diego y Padró, fundó el «diepalismo», movimiento vanguardista basado en la musicalidad y sonoridad de los versos.

 

 

 

 

Un comentario en "Diáspora africana. Luis Palés Matos (Puerto Rico, 1898-1959)"

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *