Charles Baudelaire (París, 1821-1867): Traducción Luis Martínez de Merlo

 

 

 

Tres poemas en el segundo centenario de su muerte

 

 

Charles Baudelaire (París, 1821-1867)

 

Traducción: Luis Martínez de Merlo

 

 

 

 

 

 

 

 

Himno a la belleza

 

¿Bajas del hondo cielo o del abismo surges,

Belleza? Tu mirada, infernal y divina,

Confusamente vierten crímenes y favores,

Y por esto podrías al vino compararte.

 

En tus ojos contienes la aurora y el ocaso;

Cual tormentosa noche tú derramas perfumes;

Tus besos son un filtro y un ánfora tu boca

Que al niño envalentonan y acobardan al héroe.

 

¿De negra sima sales o de los astros bajas?

Tus enaguas, cual perro, sigue hadado el Destino;

Vas al azar sembrando desastres y alegrías.

Y todo lo gobiernas y de nada respondes.

 

Caminas sobre muertos, Beldad, de quien te mofas;

El Horror, de tus joyas, no es la que encanta menos,

Y entre tus más costosos dijes, el Homicidio,

En tu vientre orgulloso danza amorosamente.

 

La cegada polilla vuela hacia ti, candela,

Crepita, brilla y dice: bendigamos tal llama

Jadeando el amante sobre su hermosa, el aire

Tiene de un moribundo que acaricia su tumba.

 

¿Qué vengas del Infierno o del Cielo, qué importa,

¡Belleza! ¡Monstruo enorme, ingenuo y espantoso!

Si tus ojos, tu risa, tu pie, me abren la puerta

De un infinito al que amo y nunca he conocido?

 

De Satán o de Dios, ¿qué importa? Ángel, Sirena,

¿Qué importa, si tú –hada de ojos de terciopelo-

Vuelves –ritmo, perfume, luz, ¡oh mi única reina!-

Menos horrible el mundo, los instantes más leves?

 

 

 

 

Una carroña

 

Recuerda, alma querida, el objeto que vimos

Esta mañana de verano:

Al torcer un sendero una carroña infame

En un riachuelo pedregoso,

 

Las piernas por el aire, cual lúbrica mujer,

Ardiente y sudando venenos,

Abría descuidada y cínica su vientre

De exhalaciones lleno todo.

 

Irradiaba sobre esta podredumbre el sol, como

Para cocerla al punto justo,

Y devolver el céntuplo a la Naturaleza

Lo que reunido ella juntara;

 

Y el cielo contemplaba la osamenta soberbia

Igual que si una flor se abriese.

Tan fuerte era el hedor que creíste que fueras

Sobre la hierba a desmallarte.

 

Bordoneaban las moscas sobre ese vientre pútrido,

Del cual salían negras tropas

De larvas, que a lo largo de estos vivos jirones

-Espeso líquido- fluían.

 

 

Todo, igual, que una ola subía o descendía,

O burbujeante remontaba;

Diríase que el cuerpo, de un vago soplo hinchado,

Multiplicándose vivía.

 

Prodigaba este mundo una música extraña,

Tal viento y tal agua al correr,

O el grano que en su harnero con movimiento rítmico

Mueve y agita un cribador.

 

Las formas se borraban y no eran más que un sueño,

Un bosquejo lento en llegar,

Sobre el lienzo olvidado, y que acaba el artista

Únicamente de memoria.

 

Detrás de los roquedos una perra nerviosa

Como irritada nos miraba,

Esperando el momento de volver al pedazo

Del esqueleto que soltó.

 

-Tú serás, sin embargo, igual que esta inmundicia,

Igual que esta infección horrible,

Tú, mi pasión y mi ángel, la estrella de mis ojos,

Y el sol de mi naturaleza!

 

¡Sí! Así serás, oh reina de las gracias, después

De estar ya bien sacramentada,

Cuando bajo las yerbas y las flores carnosas

Te pudras entre las estatuas.

 

 

¡Entonces, oh mi hermosa, le dirás al gusano,

Que a besos os devorará,

Que he guardado la esencia y la forma divina

De mis amores descompuestos!

 

 

Traducción de Luis Martínez de Merlo

Corregidos especialmente para esta ocasión

17 de abril de 2021

Hospital de “La Beata” Madrid

 

 

 

 

Lesbos[1]

 

De los deleites griegos y los juegos latinos,

Madre tú, donde, lánguidos o gozosos los besos

Calientes como el sol, frescos cual las sandías,

Ornan días y noches gloriosas; ¡oh, tú, madre

De los deleites griegos y los juegos latinos,

 

Lesbos, donde los besos son como las cascadas

Que sin temor se arrojan en abismos sin fondo,

Y corren, con sollozos y espasmódicas risas,

Hormigueantes, hondos, tormentosos, secretos;

¡Lesbos donde los besos son como las cascadas!

 

Lesbos, donde se atraen una a la otra Friné,[2]

Donde nunca un suspiro sin eco se queda,

De igual forma que a Pafos[3] las estrellas te admiran,

¡Y Venus con razón envidiar puede a Safo![4]

Lesbos, donde se atraen una a la otra Friné,

 

Lesbos, tierra de noches langorosas y cálidas,

Que hacen que en sus espejos, ¡delectación estéril!,

Muchachas de hondos ojos, que sus cuerpos adoran,

De su nubilidad acaricien los frutos;

Lesbos, tierra de noches langorosas y calidad!

 

Deja fruncir el ceño del austero Platón;

Tú obtienes el perdón de exceso de besos,

Reina del dulce imperio, amable y noble tierra,

Y de refinamientos por siempre inagotables.

Deja fruncir el ceño del austero Platón.

 

Tú obtienes tu perdón del eterno martirio,

A los pechos ansiosos infligido sin tregua,

Que aleja de nosotros la sonrisa radiante

Vagamente entrevista al borde de otros cielos.[5]

¡Tú obtienes tu perdón del eterno martirio!

 

¿Cuál, Lesbos, de los dioses osaría juzgarte

Y condenar tu frente pálida en los trabajos,

Si sus áureas balanzas no han penado el diluvio

De lágrimas que al mar tus arroyos vertieron?

¿Cuál, Lesbos, de los dioses osaría juzgarte?

 

¿Qué nos quieren las leyes de lo justo y lo injusto?

Vírgenes de alma excelsa, honor del archipiélago,

Cual otra religión es augusta la vuestra,

¡Y el Amor se reirá del infierno y del cielo!

¿Qué nos quieren las leyes de lo justo y lo injusto?

 

Pues Lesbos de entre todos me ha elegido en la tierra

Para cantar la flor secreta de sus vírgenes,

Y fui en el negro arcano desde niño admitido

De las desenfrenadas risas y el llanto oscuro;

Pues Lesbos de entre todos me ha elegido en la tierra.

 

Y velo entonces en la cumbre del Léucato,[6]

Tal centinela de ojo penetrante y seguro,

Que otea noche y día brick, tartana, o fragata,

Cuyas formas lejanas el azul estremece.

Y velo desde entonces en la cumbre del Léucato

 

Para saber si el mar es indulgente y bueno,

Y si entre los sollozos que en la roca resuenan

Conducirá hacia Lesbos, que perdona, una noche

El cadáver de Safo que partió, la adorada,

¡Para saber si el mar es indulgente y bueno!

 

De Safo la viril, la poeta, la amante,

Más hermosa que Venus con su triste blancor

-¡Al ojo azul derrota el negro ojo que mancha

El tenebroso cerco que trazan los dolores

De Safo la viril, la poeta, la amante!

 

—Más hermosa que Venus sobre la tierra alzándose,

Vertiendo los tesoros de su serenidad

Y de su juventud el rubio centelleo

Sobre el viejo Océano que ha encantado su hija;

¡Más hermosa que Venus sobre la tierra alzándose!

 

—De Safo que en el día murió de su blasfemia,

Cuando, insultando al rito y al inventado culto,

Su cuerpo tan hermoso dio, cual pasto supremo

A un patán cuyo orgullo castigó la impiedad

De aquella que en el día murió de su blasfemia.[7

 

Y Lesbos se lamenta desde esos tiempos mismos,

Y, a pesar de la gloria que le da el Universo,

Se embriaga cada noche del grito de tormenta

Que hacia los cielos lanzan sus desiertas orillas.

¡ Y Lesbos se lamenta desde esos tiempos mismos!

 

 

 

 

 

 

 

Hymne à la beauté

 

Viens-tu du ciel profond ou sors-tu de l'abîme,

Ô Beauté ? ton regard infernal et divin,

Verse confusément le bienfait et le crime,

Et l'on peut pour cela te comparer au vin.

 

Tu contiens dans ton œil le couchant et l'aurore ;

Tu répands des parfums comme un soir orageux ;

Tes baisers sont un philtre et ta bouche une amphore

Qui font le héros lâche et l'enfant courageux.

 

Sors-tu du gouffre noir ou descends-tu des astres ?

Le Destin charmé suit tes jupons comme un chien ;

Tu sèmes au hasard la joie et les désastres,

Et tu gouvernes tout et ne réponds de rien.

 

Tu marches sur des morts, Beauté, dont tu te moques ;

De tes bijoux l'Horreur n'est pas le moins charmant,

Et le Meurtre, parmi tes plus chères breloques,

Sur ton ventre orgueilleux danse amoureusement.

 

L'éphémère ébloui vole vers toi, chandelle,

Crépite, flambe et dit : Bénissons ce flambeau !

L'amoureux pantelant incliné sur sa belle

A l'air d'un moribond caressant son tombeau.

 

Que tu viennes du ciel ou de l'enfer, qu'importe,

Ô Beauté, monstre énorme, effrayant, ingénu!

Si ton œil, ton souris, ton pied, m'ouvrent la porte

D'un Infini que j'aime et n'ai jamais connu ?

 

De Satan ou de Dieu, qu'importe ? Ange ou Sirène,

Qu'importe, si tu rends, – fée aux yeux de velours,

Rythme, parfum, lueur, ô mon unique reine ! –

L'univers moins hideux et les instants moins lourds.

 

 

 

 

Une charogne

 

Rappelez-vous l'objet que nous vîmes, mon âme,

Ce beau matin d'été si doux :

Au détour d'un sentier une charogne infâme

Sur un lit semé de cailloux,

 

Les jambes en l'air, comme une femme lubrique,

Brûlante et suant les poisons,

Ouvrait d'une façon nonchalante et cynique

Son ventre plein d'exhalaisons.

 

Le soleil rayonnait sur cette pourriture,

Comme afin de la cuire à point,

Et de rendre au centuple à la grande Nature

Tout ce qu'ensemble elle avait joint ;

 

Et le ciel regardait la carcasse superbe

Comme une fleur s'épanouir.

La puanteur était si forte, que sur l'herbe

Vous crûtes vous évanouir.

 

Les mouches bourdonnaient sur ce ventre putride,

D'où sortaient de noirs bataillons

De larves, qui coulaient comme un épais liquide

Le long de ces vivants haillons.

 

Tout cela descendait, montait comme une vague,

Ou s'élançait en pétillant ;

On eût dit que le corps, enflé d'un souffle vague,

Vivait en se multipliant.

 

Et ce monde rendait une étrange musique,

Comme l'eau courante et le vent,

Ou le grain qu'un vanneur d'un mouvement rythmique

Agite et tourne dans son van.

 

Les formes s'effaçaient et n'étaient plus qu'un rêve,

Une ébauche lente à venir,

Sur la toile oubliée, et que l'artiste achève

Seulement par le souvenir.

 

Derrière les rochers une chienne inquiète

Nous regardait d'un oeil fâché,

Epiant le moment de reprendre au squelette

Le morceau qu'elle avait lâché.

 

- Et pourtant vous serez semblable à cette ordure,

A cette horrible infection,

Etoile de mes yeux, soleil de ma nature,

Vous, mon ange et ma passion !

 

Oui ! telle vous serez, ô la reine des grâces,

Après les derniers sacrements,

Quand vous irez, sous l'herbe et les floraisons grasses,

Moisir parmi les ossements.

 

Alors, ô ma beauté ! dites à la vermine

Qui vous mangera de baisers,

Que j'ai gardé la forme et l'essence divine

De mes amours décomposés !

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lesbos

 

Mère des jeux latins et des voluptés grecques,

Lesbos, où les baisers, languissants ou joyeux,

Chauds comme les soleils, frais comme les pastèques,

Font l'ornement des nuits et des jours glorieux,

Mère des jeux latins et des voluptés grecques,

 

Lesbos, où les baisers sont comme les cascades

Qui se jettent sans peur dans les gouffres sans fonds,

Et courent, sanglotant et gloussant par saccades,

Orageux et secrets, fourmillants et profonds;

Lesbos, où les baisers sont comme les cascades!

 

Lesbos, où les Phrynés l'une l'autre s'attirent,

Où jamais un soupir ne resta sans écho,

À l'égal de Paphos les étoiles t'admirent,

Et Vénus à bon droit peut jalouser Sapho!

Lesbos où les Phrynés l'une l'autre s'attirent,

 

Lesbos, terre des nuits chaudes et langoureuses,

Qui font qu'à leurs miroirs, stérile volupté!

Les filles aux yeux creux, de leur corps amoureuses,

Caressent les fruits mûrs de leur nubilité;

Lesbos, terre des nuits chaudes et langoureuses,

 

Laisse du vieux Platon se froncer l'oeil austère;

Tu tires ton pardon de l'excès des baisers,

Reine du doux empire, aimable et noble terre,

Et des raffinements toujours inépuisés.

Laisse du vieux Platon se froncer l'oeil austère.

 

Tu tires ton pardon de l'éternel martyre,

Infligé sans relâche aux coeurs ambitieux,

Qu'attire loin de nous le radieux sourire

Entrevu vaguement au bord des autres cieux!

Tu tires ton pardon de l'éternel martyre!

 

Qui des Dieux osera, Lesbos, être ton juge

Et condamner ton front pâli dans les travaux,

Si ses balances d'or n'ont pesé le déluge

De larmes qu'à la mer ont versé tes ruisseaux?

Qui des Dieux osera, Lesbos, être ton juge?

 

Que nous veulent les lois du juste et de l'injuste ?

Vierges au coeur sublime, honneur de l'archipel,

Votre religion comme une autre est auguste,

Et l'amour se rira de l'Enfer et du Ciel!

Que nous veulent les lois du juste et de l'injuste?

 

Car Lesbos entre tous m'a choisi sur la terre

Pour chanter le secret de ses vierges en fleurs,

Et je fus dès l'enfance admis au noir mystère

Des rires effrénés mêlés aux sombres pleurs;

Car Lesbos entre tous m'a choisi sur la terre.

 

Et depuis lors je veille au sommet de Leucate,

Comme une sentinelle à l'oeil perçant et sûr,

Qui guette nuit et jour brick, tartane ou frégate,

Dont les formes au loin frissonnent dans l'azur;

Et depuis lors je veille au sommet de Leucate,

 

Pour savoir si la mer est indulgente et bonne,

Et parmi les sanglots dont le roc retentit

Un soir ramènera vers Lesbos, qui pardonne,

Le cadavre adoré de Sapho, qui partit

Pour savoir si la mer est indulgente et bonne!

 

De la mâle Sapho, l'amante et le poète,

Plus belle que Vénus par ses mornes pâleurs!

— L'oeil d'azur est vaincu par l'oeil noir que tachète

Le cercle ténébreux tracé par les douleurs

De la mâle Sapho, l'amante et le poète!

 

— Plus belle que Vénus se dressant sur le monde

Et versant les trésors de sa sérénité

Et le rayonnement de sa jeunesse blonde

Sur le vieil Océan de sa fille enchanté;

Plus belle que Vénus se dressant sur le monde!

 

— De Sapho qui mourut le jour de son blasphème,

Quand, insultant le rite et le culte inventé,

Elle fit son beau corps la pâture suprême

D'un brutal dont l'orgueil punit l'impiété

De celle qui mourut le jour de son blasphème.

 

Et c'est depuis ce temps que Lesbos se lamente,

Et, malgré les honneurs que lui rend l'univers,

S'enivre chaque nuit du cri de la tourmente

Que poussent vers les cieux ses rivages déserts.

Et c'est depuis ce temps que Lesbos se lamente!

 

 

 

 

 

 

[1] Este poema encabeza el grupo de tres que Baudelaire había dedicado, en la edición de 1857, a la evocación de la homosexualidad. Fue censurado “Lesbos” y el siguiente, “Mujeres condenadas, Defina e Hipólita”. Ates de simbolizar alguna forma de búsqueda de lo absoluto, este tema forma parte de las preocupaciones de la época, como lo demuestra la pintura, campo que Baudelaire conocía muy bien, y las novelas libertinas del siglo XVIII que seguían circulando.

[2] Friné: famosa cortesana griega que, acusada de impiedad, ganó su absolución desnudándose ante los jueces.

[3] Ciudad de Chipre consagrada a Venus.

[4] Poetisa de la isla de Lesbos (siglo VI a. C.) creadora.

[5] La “sonrisa radiante” evidencia que el poeta piensa en una forma refinada de placer, mientras que “el borde de otros cielos” anuncia la simbolización del tema que se está elaborando en la imaginación de Baudelaire.

[6] Léucato: acantilado desde el que Safo se precipitó al mar.

[7] Baudelaire sigue la tradición según la cual Safo blasfemó el día en que aceptó hacer el amor con un hombre. No obstante, otra tradición la da por casada y madre de una hija.

 

 

 

LUIS MARTINEZ DE MERLO (Madrid 1955). Licenciado en filología hispánica, ejerció la docencia en educación secundaria hasta 2016. Poeta y traductor, publicó su primer libro “DE algunas otras veces” en 1975.  Como traductor ha trabajado sobre poesía francesa (Baudelaire, y autores simbolistas y del barroco) e italianos (Dante, Cavalcanti, Leopardi, y poetas renacentistas). También se ha dedicado a otros tipos de creación, como la pintura. Actualmente vive en Madrid-.

 

 

 

 

 

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