Alba Navarro (Málaga, España, 1989)

 

 

Alba Navarro (Málaga, España, 1989)

 

 

Joie de vivre

 

Queríamos bailar con los pies descalzos,

entre risas emancipadas,

ataviados con plumas y lentejuelas,

mostrando nuestros pechos desnudos.

 

Queríamos soñar espacios de color

para que habitaran nuestros noctámbulos deseos,

mientras agitábamos nuestros cuerpos insolentes

hasta ahogarnos en un delirante tumulto.

 

Queríamos descubrir que nuestra carne

podía disfrutar de besos sin nombre,

que elevaban nuestras caderas,

hechizadas por acordes sin duelo.

 

Queríamos vivir en este juego de la vida

de reglas absurdas y desenlaces caóticos,

atractivo, en cualquier caso,

e irremediablemente finito.

 

Queríamos inventar historias extravagantes,

contagiarnos de aromas cosmopolitas,

escribir poesía que convulsionara las calles de París,

posar para los artistas

de las buhardillas de Montparnasse.

 

Queríamos hacer el amor en nuestras danzas,

en nuestras carcajadas,

en la desesperación huida,

en la torpe esperanza de nuestros anhelos.

 

Queríamos ser felices

en estos locos años

de efervescencia transitoria

antes de que la música dejase de sonar.

 

 

 

Cavalcanti, soñador

 

I

 

Cavalcanti, soñador del París de la miseria,

de las calles de adoquines contagiados

del hedor de la muchedumbre.

Se alojan en las aceras retales de la vida mundana,

telarañas de desechos, flores,

pobladores sin careta

y ratas que son hijas del gélido vientre

que se oculta bajo las pisadas vacilantes

y el ánimo consumido.

Recuerdos del celuloide en un trance sin comedia.

 

 

II

 

Has sentido, soñador, la aflicción del viajante,

a la marginación escondida tras las esquinas,

los rugidos en las vías,

la sinfonía de un día que nace

cuando el humo corre por las chimeneas,

huye por los tejados

y se pierde tras la silueta del sol.

 

 

III

 

París, musa.

París, mujer harapienta

que arrastra su endeble figura

casi a ras de ciénaga.

La dócil hija de la absenta

es serpiente de la voraz selva metropolitana.

Solitaria en su tristeza.

 

 

IV

 

Noche, carrusel de infieles propósitos.

 

La violencia se desata en unas manos,

manos traicioneras, manos trapaceras,

manos sigilosas, manos robustas,

manos que nunca tocaron al amor.

 

Mientras…

La música no cesa.

El baile continúa en los salones de neón.

Los amantes se refugian en un hotel sin estrellas.

 

 

V

 

París, años 20.

En ti vive la tragedia retorcida,

la risa acongojada del dolor,

un sigiloso gato negro,

el insaciable ingenio de tus moradores,

la felicidad que tiembla pasajera,

el amor, que nunca se ha marchado.

 

De aquellos años 20, Cavalcanti,

solo las horas quedaron en estampas callejeras.

 

 

 

En las noches de Praga

 

Los rostros de las estatuas de un puente sobre el Moldava vierten a las aguas del río dormido el sudor que las manos intrusas han untado en su piel.

Ginger y Fred interpretan una danza deconstructivista que pasma a los paralelos. El éxito de la coreografía radica en la ruptura de la simetría corpórea.

Kafka escribe cuentos a la lumbre de la luna azul y purga los monstruos de su razón en los papeles tintados de su locura.

Alguien se escurre por un callejón con sabor a caramelo. No sabe que es observado por las criaturas de cristal que pueblan los escaparates.

Las vías del metro se ahogan en la garganta sin voz de la urbe subterránea. Ya no hay peldaños mecánicos que chirríen bajo el peso de los cuerpos alineados.

Las agujas de la Ciudad Vieja trenzan los minutos somnolientos sobre las baldosas huérfanas de pisadas.

Yo me arropo en la litera de un hostal lejano a todo y oigo la lluvia caer sobre las lápidas de piedra.

 

 

 

Bogotá

 

Bogotá nunca calla.

Las vías cantan el delirio de los automóviles

que recorren las avenidas colapsadas.

Cantan los besos de dos adolescentes

en el asiento trasero de un carro,

un último viaje,

unas monedas que resbalan por la ventanilla,

una canción de la radio local.

La lírica se enraíza en las manos

del conductor experimentado.

 

Bogotá no se detiene.

Camino.

Me confundo entre las palomas de la Plaza de Bolívar.

Nadie me conoce.

No me reconocen.

No me intuyen.

Y es mejor así, sin rostro.

Con una máscara de plumas me deslizo

sin interrumpir el ritual de las miradas esquivas.

Cada cual con su propósito, con su ventura, con su paz.

Yo, con tu mano en la mía,

concretando nuestras teorías de felicidad.

Contigo he aprendido a esperar cosas buenas

sin llamarlas tan a menudo.

 

Bogotá nunca deja de soñar.

La poesía está en sus calles,

pintada en sus muros,

entonada en sus aceras.

La risa rueda por sus parques

y entre los árboles se pierde

para trepar a una cometa que, con destreza,

rehúye las nubes en una mañana de domingo.

Ese domingo juega junto al lago una niña

mientras su hermano come maíz tostado.

Ella soñará mis sueños cuando yo me haya ido.

 

 

 

 

Alba Navarro (Málaga, España, 1989) es poeta y doctora internacional en Comunicación cum laude, por la Universidad de Málaga, en la especialidad de cine. A lo largo de su trayectoria académica, ha obtenido el título de licenciada en Comunicación Audiovisual y ha cursado el máster en Desarrollos Sociales de la Cultura Artística. Asimismo, ha realizado una estancia internacional de un año en el Instituto de Medios de la Universidad Técnica de Ilmenau en Alemania y otra de tres meses en la Universidad de París 8. Durante su etapa predoctoral en Francia, fue residente del Colegio de España, institución en la que presentó su poemario En la maraña (Torremozas, 2016). Asiduamente, colabora con revistas y participa en actividades culturales como el ciclo Nuevas Promesas, el ciclo Voces Compartidas de la Asociación Colegial de Escritores de España, el ciclo Museos Poéticos celebrado en el Museo Carmen Thyssen de Málaga, la lectura poética de la ceremonia de clausura del encuentro universitario ISWI 2015-dare to care (Alemania) o los homenajes a María Victoria Atencia y Rosa Romojaro. La autora también ha sido poeta invitada en el ciclo II Versos y canciones para las noches de estío, en el que un grupo de actores realizó una lectura dramatizada de sus poemas en el Museum Jorge Rando de Málaga.

 

 

 

 

5 comentarios en "Alba Navarro (Málaga, España, 1989)"

  • el noviembre 1, 2020 a las 5:45 pm
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    Muchísimas felicidades Alba, es un honor para mí estar en tu círculo de amigos.
    Enhorabuena preciosa.
    Un abrazo😘

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  • el noviembre 1, 2020 a las 6:01 pm
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    Enhorabuena, Alba, por esta invitación que has recibido para participar en esta revista. Me parece una gran revista. Rica en contenidos y colaboraciones de alta calidad. Tú lo mereces por la calidad de tu poesía, profunda, humanista, intelectual, rica en elementos culturales y en dominio de recursos literarios. Muchas felicidades.

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  • el noviembre 1, 2020 a las 11:41 pm
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    La poesía de Alba es voz, sonido y eco.
    Sus poemas tienen muchos adeptos y los versos
    son besos qué llegan a sus lectores.
    Enhorabuena Alba.
    Tú camino cómo poeta llegará muy lejos.

    Respuesta
  • el noviembre 2, 2020 a las 11:02 am
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    La poesía de Alba es voz, sonido y eco.
    Sus poemas tienen muchos adeptos y los versos son besos qué llegan a sus lectores.
    Enhorabuena.
    Tú camino cómo poeta llegará muy lejos .

    Respuesta
  • el noviembre 2, 2020 a las 11:23 am
    Enlace permanente

    La poesía de Alba es voz , sonido y eco.
    Sus poemas tienen muchos adeptos y los versos son besos qué llegan a sus lectores.
    Enhorabuena.
    Tú camino cómo poeta llegará muy lejos..

    Respuesta

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