David Oliva López (México): Minificciones

 

 

 

David Oliva López (México)

 

 

 

—Fotofobia—

 

A Estefanía

 

A diferencia de las demás niñas que conozco, Wanda le teme a la luz en vez de a la obscuridad. Ella no le tiene miedo al trueno, sino al relámpago. Wanda mira detenidamente los faros del alumbrado público a través de la ventana, horrorizada, como si el poste se derritiera cual cera. Por eso cuando tiene miedo se aferra a mí y cierra fuertemente sus ojos, para no ver más que la mansa negrura de sus tensos párpados.

A veces Wanda tiene pesadillas, se sueña en medio de un bosque, rodeada de diminutas luciérnagas y estrellas en plena noche; despierta siempre llorando.

“A veces las lámparas deben cumplirse sus propios deseos, y frotarse con su luz para quitarse el frío”. Eso fue lo mejor que pude decirle cuando me habló del origen de su miedo. De aquella lámpara que se enciende sola en su habitación.

 

 

 

 

—Extravismo—

 

A Leslye

 

Madeleine es una niña muy curiosa, de esas que nunca se quedan quietas y cuando parece que lo están comienzan a mecer las piernas, a marcar el paso con el pie derecho o a parpadear más seguido de lo normal, agitando las pestañas largas y rizadas como alas de mariposa. Sus ojos son oscuros, grandes y muy expresivos, tan castaños como su cabello ondulado.

Es además la niña más despistada del mundo, siempre está extraviando sus cosas. De milagro no ha perdido la vista. Ayer tuve que ayudarla a encontrar su lapicero, antier olvidó su nombre en una hoja, y de pura suerte lo encontramos; y qué pesada fue la semana pasada: Lunes de buscar su sabor en la heladería. Martes  de buscar su aroma en la dulcería. Miércoles de buscar su voz en el parque. Jueves de buscar su miedo a los gatos. Viernes de buscar al sábado. Sábado de buscar su equis—todavía no puede pronunciarla—. Domingo de buscar qué buscar.  Puro buscar.

Pero aún voltea a todas partes siempre, como si buscara algo que jamás encontraremos. Y aquí está otra vez a mi lado, mirando los árboles desde la ventana. Con su mirada perdida. ¿Y si al buscar tanto sólo perdemos el tiempo? Ya estamos buscando la respuesta.

 

 

 

 

—Aposemática—

 

Para Disa

 

No—respondió el hombre de paja—a  lo que

le tengo miedo es a una cerilla encendida.

 

LYMAN FRANK BAUM—El mago de Oz

 

Esmeralda sale a caminar todas las tardes, le gusta  andar por las orillas de la acera, tiene buen equilibrio; susurra palabras incomprensibles, estira los brazos hacia su izquierda y derecha y mira fijamente el borde del color de los dientes de león; entrecierra los ojos para que no le entren basuras, pero no parpadea. El viento mece su cabello cobrizo, a la par que su vestido blanco y  azulado. Descubrió que el secreto está en dar el paso con la punta, asentar lentamente el talón y  tener firme y recto el torso. Y en no dudar del paso ya dado.

Camina hasta que el horizonte comienza a volverse rojizo, entonces es hora de volver a casa. Retornando sobre sus pasos, Esmeralda pasa frente a un hombre que pinta de amarillo su casa trepado en una escalera. El hombre se limpia el sudor con el dorso de la mano y al bajarla golpea ésta contra el bote de pintura. Cae de manera horizontal, con la parte superior hacia la carretera, apenas unos diez pasos frente a Esmeralda. El golpe salpica la calle de pintura, que escurre creando una bifurcación en el camino de la niña.

De pronto el semáforo se torna ámbar para teñirse después plenamente de rojo, como el cielo. Ya es demasiado tarde.

 

 

 

 

 

David Oliva López es egresado de la Facultad de Letras Españolas de la Universidad Veracruzana. Ha colaborado con las revistas La Palabra y el Hombre y Marabunta y fue seleccionado para el Curso de Creación Literaria para Jóvenes de la Fundación para las Letras Mexicanas en 2015 y 2017.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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