Cuento policíaco latinoamericano: Espectáculo para avestruces, de Imanol Caneyada. Selección de Atzin Nieto

 

Nuestro editor de contenidos, Atzin Nieto, inicia una curaduría de cuento latinoamericano del género policíaco.

 

 

Espectáculo para avestruces

Imanol Caneyada

 

 

Una habitación de un hotel sin nombre. La noche parece un paraguas abierto a un sol que amenaza con despuntar en el oriente de la ciudad. Son las cinco de la mañana. Una mujer duerme a su lado. Al igual que el hotel, tampoco tiene nombre. Recuerda haberla levantado en una esquina del centro porque era barata y bella. En el contorno de sus fosas nasales se distinguen aún destellos blancos, visibles por la pálida luz de neón que entra por la ventana. Después de haber eyaculado en su ano sigue siendo hermosa. Y ello es prueba infalible de belleza. De todas formas al hombre le gustaría que se largara ya. La despierta de un codazo.

            –Vete.

            El fajo de billetes aletea bajo el viento que un ventilador arroja sin gracia. Antes de coger, el hombre siempre pone el dinero sobre el buró. Es una forma de establecer las reglas del juego. Imagina que ellas también prefieren el pago por adelantado. Le excita observar los billetes apilados con mimo sobre la mesa. Hace un rato tuvo que concentrarse especialmente en el montón de manoseados pesos para sostener la erección. La belleza tipo heroinómana de esta puta lo inhibe. Su palidez, la piel adherida a los huesos sin mediar un gramo de grasa, el brillo demencial de sus ojos grises... no es una mujer, es un fantasma que desaparece dejando un enredo de silencios.

            La habitación, más vulgar que barata, tiene una cama, un buró, una cómoda y un espejo. Un baño con cucarachas gordas que dejan un concierto de tripas cuando las aplasta. El hombre orina sin fijarse si moja el piso o la taza.

Las cinco treinta de la mañana. Demasiado temprano para caminar las calles, demasiado tarde para dormir. Por el tragaluz del baño se cuelan los destellos rojos y azules de los códigos de una patrulla. Al cabo escucha un grito. Un golpe seco y otro grito. Camina hacia la ventana del cuarto. Se asoma oculto tras una cortina raída con olor a jabón de familia numerosa. Un policía sujeta de los brazos a la mujer mientras el otro le arranca la minifalda de cuero. Van a violarla. El hombre comienza a vestirse con parsimonia. Nunca le han gustado las prisas. Las palabras obscenas de la mujer trepan por los muros ciegos de la ciudad al tiempo que, imagina, es penetrada por los agentes de la ley. Se faja la Beretta en el cinto. Abandona la habitación y desciende los tres pisos hasta la calle que recién nace al mundo. Dobla en una esquina y alcanza el callejón donde el otro policía, el que sujetaba a la mujer, ahora se la tira. Resopla como un asqueroso cerdo. Tiembla como un asqueroso cerdo. La mujer, aprisionada por el abdomen del poli contra el cofre de la patrulla, es un manojo de abandono. Observa obstinada un punto en el cielo amanecido, una pálida luz que lame sus ojos grises. Es hermosa, estremecedoramente hermosa, confirma el hombre una vez más. Se acerca a los policías que ya se abrochan los pantalones. Las mandíbulas en sus rostros fatigados de eyacular, de patrullar la noche, son un arco en tensión que a duras penas mascullan palabras. A unos cuantos pasos, la mujer se acurruca entre dos tambos de basura.

            –Páguenle por sus servicios, es lo justo –grita el hombre desde las sombras.

–¿Y tú quién eres, pendejo? ¿Su padrote?

Falla el disparo. En lugar de acertar en el hocico, la bala entra por el cuello. El policía se tambalea, apoya la espalda en el muro del callejón y se desliza hasta quedar sentado. No ha dejado de oprimir la herida con ambas manos, empapadas en sangre. ¿Por qué a los hombres les cuesta tanto creer que van a morir? Los ojos del policía son dos planetas negros que se extinguen a medida que se desangra. ¿Por qué este saco de mierda en uniforme agoniza sorprendido como un niño? El otro policía comete el error de desenfundar. El hombre sólo tiene que desviar el brazo un metro a la derecha y disparar. El proyectil se aloja en el pulmón izquierdo. En unos segundos la hemorragia le impedirá respirar. Registra a los polis hasta encontrar sus carteras. La mujer, desde el nudo de brazos y piernas en que se ha convertido (un feto anciano), contempla al hombre alucinada.

            –No traen mucho dinero encima –murmura el hombre–. Entre los dos, mil quinientos pesos.

            Apila los billetes con mimo, simétricos, junto al cabello de la mujer que flota en un charco.

–Hijos de puta –susurra ella.

–Me molesta que la gente no pague por el trabajo de los otros –dice él.

            El hombre no sabe si acariciar las mejillas de la mujer, tal vez su frente. Pronunciar una palabra de consuelo que nunca le enseñaron. Mejor da media vuelta y se aleja. La ciudad ha recobrado su rostro, recuperado sus ruidos.

 

Imanol Caneyada es un narrador y periodista de origen vasco pero mexicano por adopción. Nacido en San Sebastián en 1968, radica desde hace 30 años en México, país del que ha adoptado la nacionalidad y en el que ha desarrollado su trabajo periodístico y literario. Como narrador ha publicado los libros de cuentos La nariz roja de Stalin (Premio Nacional de Cuento Efrén Hernández 2011), La ciudad antes del alba (Premio Regional de Cuento Ciudad La Paz 2009), Los confines de la arena (Premio nacional de Cuento Gerardo Cornejo 2008) e Historias de la gaya ciencia ficción;  y las novelas Un camello en el ojo de la aguja, Espectáculo para avestruces, Tardarás un rato en morir (premio Concurso del Libro Sonorense 2008), Las paredes desnudas, Hotel de arraigo, novela premiada con el Premio Nacional de Literatura José Fuentes Mares para Obra Publicada 2015; La fiesta de los niños desnudos y 49 cruces blancas. Cuentos de su autoría han sido incluidos en diversas antologías, tanto nacionales como internacionales. En la actualidad es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte.

 

Un comentario en "Cuento policíaco latinoamericano: Espectáculo para avestruces, de Imanol Caneyada. Selección de Atzin Nieto"

  • el junio 14, 2020 a las 5:50 pm
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    ¡Qué buen cuento de Imanol! Me impactaron las atmósferas , la narración que avanza afilada como un cuchillo cortando carne, la frialdad y conducta ambigua del personaje masculino. Quedé encantada, gracias a Ígitur y al autor.

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