Cuento de Atzin Nieto: Adiós, Afrodita. Participa en el XI Congreso Internacional de Literatura Medellín Negro

 

 

 

Atzin Nieto, nuestro editor de contenidos, participará en el XI Congreso Internacional de Literatura Medellín Negro. Medio ambiente: realidades, problemáticas, diásporas y resistencias a celebrarse los días 09 y 10 de Octubre del año 2020, en Colombia.

 

Su participación será el sábado 10 de octubre de 11 a 12 horas (Horario Colombia/México), 16-17 horas (Horario España).

 

Mesa 3: Globalización comercial y escasez de recursos
Ponentes: Atzín Nieto, Héctor Fernando Vizcarra, Gabriel Hernández Soto

 

Aquí consulta la programación completa: https://www.medellinnegro.com/

 

 

Medellín Negro es un proyecto académico de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia que tiene como propósito la reflexión crítica en torno a la temática del crimen en las sociedades contemporáneas, tomando como eje la literatura negra.

El Congreso Internacional de Literatura se realiza en el marco de la Fiesta del Libro y la Cultura (septiembre), donde, además, se realiza la exposición y venta de libros y revistas de la Universidad de Antioquia y entrega de material en un stand ubicado en el Hall del Salón Humboldt del Jardín Botánico de la ciudad sin costo para los participantes.

 

Por tales motivos compartimos un cuento de su autoría.

 

 

 

 

Adiós, Afrodita

Atzin Nieto

 

También un hombre indeseable como yo tiene algo de eso que llaman corazón.

Henrik Ibsen

 

 

5:45 de la mañana. Te despierta la alarma de tu celular. Aún no abres los ojos pero ya escuchas la agitada respiración que hace tu compañero “el Pumba” al masturbarse. (5:46 am). El frío se te pega al cuerpo y te hace recordar lo que podrías estar haciendo sino la hubieras cagado tantas veces. Habrías podido mentirle como de costumbre, asegurarle que de ahora en adelante todo sería diferente. Hacerla sentir que vale la pena darte otra oportunidad. La última vez por los viejos tiempos. Al final sólo serían palabras hechas promesas (5:49 am). Intentas no pensar en ella. Quizá ahora esté succionando el orgullo de otro hombre, mientras él le acaricia las estrías de su pinche sin esquinas tan sabroso que son como los caminos de su vida y disimuladamente toca ese nudo negro. (5:54 am). Toda la noche otro hombre la hizo sentir una diosa en la cama, la trató como si fuera su puta favorita. Aunque sus padres le pusieron Sabdiely, sabes que para él fue nada más su “linda perrita”. Contigo conoció las mejores suites que hay en cada hotel en cada uno de los cuatro puntos cardinales de la ciudad, claro, le pagabas por noche y no por hora, mientras que, otros, la llevaban a cualquier cuarto de menos de trescientos pesos. 6:00 de la mañana. Los pájaros comienzan a cantar y a lo lejos una sirena anuncia que el mundo indiferente y hostil sigue ahí. (6:01 am) Te levantas lo antes posible porque pronto vendrá tu Comandante y les preguntará si otra vez se han quedado dormidos. (6:03 am). Revisarás los videos de las cámaras de seguridad de las bodegas por si ocurrió algo mientras te echabas un coyotito. 6:10 de la mañana. Relees los mensajes de tu celular con la tonta esperanza de encontrar el momento exacto en que tu relación con Sabdiely se jodió. (6:11 am). Preparas el primer café del día. Aunque la crema en polvo te inflama decides combinar tu Nescafé con las últimas gotas de Carnation. (6:16 am). Buscas en cada uno de tus bolsillos algunas ilusiones marchitas, pero sólo encuentras algo de cambio para salir a comprar un cigarro suelto. Quieres llenar tus pulmones con el humo del Chesterfield antes de comenzar a recibir órdenes y no tener tiempo para ponerte a pensar en ella. (6:17 am). La soledad de la calle te recuerda que es un buen día para no valer madre. (6:18 am). Escuchas a lo lejos las llantas de un carro rechinar contra el pavimento y segundos después el chiflido del Pumba que significa que ya puedes volver. (6:19 am). Cabrón, se chingaron a la Paloma junto con el hombre que fue Jueves, el Comandante Hinojosa no tarda en llegar allá y nos pidió que fuéramos como apoyo, pero tenemos que estar en la López Mateos y Juan Escutia en menos de veinte minutos. “El Colado” ya viene para acá. (6:22 am). Sacas tu celular, ingresas la contraseña y te das cuenta que tienes la mitad de la batería y ningún mensaje. (6:25 am). Tú manejas, pareja. Yo aún estoy crudo. No mames, pinche Paloma, era un cuero de vieja, ¿a poco no? ese chulo pamper ya valió lo que marca el taxímetro. Además, ahora ¿a quién vamos a mandar por las frías?, si al único al que le hacían promoción en los otsos cualquier día de la semana era a ese carnal. Úta, madre, ya son las 6:30. Póngase chingón, Pericles ¿a poco aún sigue agüitado por lo de su vieja? Ni que fuera tan especial esa pompi. Además, ya sabe cómo son de exageradas y total, pieles habrá siempre. Están ahí, nomás esperando que uno llegue y haga su luchita. Que les eche verbo, les diga que qué chulos ojos tienen y les pregunte por qué andan tan solitas, luego les dice que si no quieren que las acompañe y así comienza a trabajarlas poco a poquito. (6:40 am). Escuchas la pendejadas del pinche “Pumba” sin ponerle mucha atención, quisieras mandarlo a chingar a su madre. No sabe nada sobre cómo te sientes. Te gustaría estar en una operación especial con los agentes de investigación y no aquí cuidando bodegas en el culo del diablo. (6:45 am). Hay que pasar a desayunar, ¿no pareja? Total, a esos dos ya se los cargó la huesuda, pero uno qué culpa tiene. Ni modo que nos andemos mal pasando. Ándele, pasamos de carrerita ahí sobre Artículo 123 e Iturbide hay unas buenas guajolotas. Vamos, yo pago. (6:46 am). Mientras conduces por Calzada Vallejo y antes de salir al Eje Central Lázaro Cárdenas te dan ganas ir hasta su casa con el fin de saber si cogió con ese afeminado que le daba clases particulares de inglés, ¿cuántas veces le dijiste que te diera el número de cuenta de ese cabrón?, para depositarle sus buenos putazos Te duelen los huevos y no es precisamente por la fría mañana (7:10 am). Ni siquiera tocas tu torta de tamal, pero te bebes el atole de galleta. Pinches viejas, te repites. (7:18 am). Tu pasado, tu presente y tu futuro transcurren ante ti, cada vez que te pasas un alto y al mismo tiempo “el Pumba” deja de masticar su guajolota de mole para después decirte que no chingues porque él no tiene la culpa que tu vieja sea tan caliente y te haya engañado, si en ese circo hasta los enanos crecen. (7:20 am). ¿Recuerdas la primera pelea? Ella te reclamó por llegar tarde, te dijo que te esperaría afuera de Centro Médico y tú debías llegar antes para no hacerla esperar, ya que, la revisión sería dolorosa y quizá no podría caminar como de costumbre. No fue tu culpa, pero ella no aceptó tus razones. Ese día el Comandante Hinojosa te pidió que fueras, personalmente, a visitar a una viuda que vivía por Jardines del Pedregal y por más que trataste, el tráfico, tu patrulla y las arrugas de la sugar mommy no te dejaron llegar a tiempo. (7:25 am). ¿Qué pasó muchachos? Llevo más de una hora esperándolos, ¡no pinches mamen!, están buenos para una mentada emergencia, ya ni la chingan, de veras. Perdón, mi Comandante, es que… (7:27 am). No voy a escuchar excusas, cabrones. Alguien madrugó a sus compañeros y quiero que todos, desde este momento, se pongan a investigar, no me importa de qué sector sean, busquen pronto a esos culeros que con estos dos ya suman diez elementos que se despachan en lo que va del trimestre y casi cincuenta en el año. Al rato la gente va a pensar que nomás estamos de adorno y vivimos de sus impuestos, o lo que es peor, van a decir que el nuevo departamento de policía no sirve. Pónganse chingones, chavos, porque habrá una merecida recompensa a quien me traiga a esos culeros. El reloj marca las 7:47 de la mañana. Te acercas a la patrulla y observas los restos de lo que alguna vez fueron tus antiguos compañeros. A ella, le dieron el tiro de gracia con una beretta 9 mm, a él lo llenaron de plomo y pólvora con una magnum 22. Ni siquiera les dio tiempo de defenderse. Observas los ojos verdes de Paloma, que yacen sin brillo. Sus labios siguen pintados de un tono rojo cereza. Percibes el aroma del bilé y por un segundo recuerdas cuándo fue la última ocasión que Paloma y tú hablaron. (7:55 am). Ella te gustaba, es cierto. Su color de piel, su lunar en la mejilla, sus ojos de color esmeralda, su pelo negro, sus caderas, las ocasiones en que le valía madre y en los casilleros se cambiaba de ropa frente a ti sin dejar de verte, provocando fantasías inefables, sabía que el niño era risueño y por eso le hacía cosquillas. Pero lo que más le gustaba era fintarte con su puño en alto para después guiñar su ojo antes de salir caminando de la oficina ubicada en pleno barrio de la merced, olorosa a cebolla, ajo, sexo y corrupción, para después perderse entre las sucias calles de la ciudad. Mientras ambos estaban aún en la academia, y antes de conocer a Sabdiely, pensabas en invitarla a salir en su día franco o irse juntos a comer cuando les tocara coincidir en cierto sector de la ciudad, sin embargo, a ella la transfirieron como PBI en la línea 1 del metro y a ti te mandaron a cuidar unas bodegas de libros en Tenayuca. (8:10 am). Parece ser que las cámaras grabaron algo, Pericles. Aquí en la esquina y allá hay dos de las cámaras de vigilancia del C5. El comandante ya dio la orden para que le faciliten los vídeos al compañero, amigo y hermano Lustrucru. (8:13 am).  Mientras, vamos a dar un rondín a ver cómo está la zona, ¿no? Apenas son las 12 del día y sigues revisando tu celular antes de que se termine la batería. Te gustaría suponer que si no te ha llamado es porque no tiene crédito, o porque está desayunando con sus papás, o a lo mejor sigue durmiendo e intentas no pensar que seguramente sigue entre las piernas de aquel cabrón que te dijo era “su amigo”, pero que no paraba de verla con cierto morbo y hasta con lujuria. (12:30 pm). Buscas entre los rincones de tu memoria alguna pista, un detalle, o al menos un nombre que Sabdiely haya dicho en alguna ocasión. Intentas relacionar si cambió en algo su conducta de los últimos meses, su manera de vestir, su forma de coger en las noches sin luna, la posición que le gustaba para terminar entregándose a ti. Sonríes, porque si no fueras agente de investigación serías poeta maldito. (12:38 pm). Bastó un mensaje para que el infierno comenzara. Esa madrugada, ella bañándose después de terminar una odisea homérica, dejó su celular debajo de la almohada, sin contraseña y con el volumen alto. Fue la décima pelea antes de su operación. (1:00 pm). Cada noche al lado de ella estuvo hecha de  mordidas, orgasmos, celos y “te amos”, que cabían en una cama King size que nunca usaban para dormir. Ese rebaño de sentimientos se multiplicaba día con día. (1:15 pm). La primera vez que la viste semidesnuda fue un lunes de marzo, lo recuerdas porque ella llevaba una diminuta lencería color rosa pastel y pasaste las primeras 24 horas de tu vida con esa quimérica mujer. Habían ido a tomar a una cantina cerca del metro Isabel la Católica, hasta que los corrieron de ahí. (1:20 pm). Buscaron un Seven para comprar un six de Tecates y continuar bebiendo mientras decidían dónde continuar con su celebración. Caminaron hasta Insurgentes, ella te tomó de la mano y acarició tu entrepierna. (1:39 pm). Tu presupuesto para esa ocasión era de: 1400 pesos, más 500 de los vales de despensa y otros 1000 por andar madrineando. Aunque al final lo que gastaste:

Tres cubetas de coronitas                                     $680

Dos cajetillas de cigarros mentolados                  $95

Una habitación con jacuzzy por 6 horas              $1000

Un lubricante a base de agua                               $70

Un six de Tecate                                                  $80

Dos paquetes de condones Prudence                   $120

Una caja de chicles Clorets                                  $3

Dos de la tarde. ¡Qué pasó, pinche Pericles! Ya quita esa cara, que hasta pareces un hombre que no duerme. Toda la mañana estuviste bien callado y eso que tú hablas hasta por los codos, me cae. De verdad que esa vieja sí te trae bien pendejo, pero, pues, así es esto de las gelatinas, a veces cuajan y a veces no. Así que vámonos de una vez que aún debemos ir al Incifo, y hablar con “la Lupe” para que prepare los cuerpos. Hay que llegar antes de las dos porque se van a comer y no regresan hasta las cinco. (2:20 pm). Oyes sin escuchar y ves sin observar ese interminable camino que surge frente a ti. Desde que ella se fue la vida se volvió un día detrás de otro. Al inicio pensabas que había sido tu culpa. Después, poco a poco te convenciste de que era posible dormir con los ojos abiertos. La soledad se volvió tu mejor compañera debajo de esas sábanas en donde terminabas por hacerle el amor a su recuerdo. (3:30 pm). “El Pumba” te dice que ya ubicaron el vehículo en donde escaparon los supuestos asesinos de tus compañeros. Menciona una dirección que te suena familiar. El lugar queda a pocos metros del departamento de la mejor amiga de Sabdiely. (4:05 pm). Manejas hasta llegar al cruce de Eje 5 sur y Amores. Tu pareja te pregunta encabronado por qué madres te paraste ahí. Le dices que deje de estar chingando, que él qué va a saber de amor si nunca ha besado a un puto y lo dejas en la patrulla mientras entras al edificio. Subes. Tocas. Preguntas. Tu ex no está ahí. Su amiga te dice que lo mejor es no seguir buscándola, porque tú no eres un detective, eres un pinche policía cualquiera, pero Sabdiely no es una mujer cualquiera, y lo sabes, porque antes de ser ella fue... (4:25 pm). Cuando vuelves, “el Pumba” se ha esfumado y no se ve rastro de él. No pudo llevarse la patrulla porque tú tenías las llaves. Si buscas venganza debes de cavar dos tumbas. (5:00 pm). Conduces. Gritas. Fumas. Aceleras. Maldices. Golpeas. Frenas. Desciendes. Caminas. Esperas. Respiras. (5:30 pm). Recuerdas que cierta ocasión, después de discutir, como de costumbre, ella salió azotando la puerta. La seguiste durante todo el día hasta que llegó a ese edificio en la colonia Del Valle. Tres veces más la viste salir de aquel lugar, cuando le preguntaste te dijo que dejaras de seguirla, en primera, porque ahí vivía una de sus primas y segunda, que si no confiabas en ella pues lo mejor era terminar por las buenas antes de mandarse a la chingada. (5:35 pm). Volviste por semanas a ese sitio en donde las únicas tres mujeres que habitaban los departamentos eran:

Una mujer de sesenta años con sus tres perros galgos (5:45 pm).

La novia gringa de un universitario eco-friendly adicto a la marihuana (5:47 pm).

La hija adolescente de un matrimonio de inmigrantes guatemaltecos (5:50 pm)

Ninguna era su prima.

Caminas. Esperas. Piensas. (6:00 pm). El error más común que comete un hombre celoso es suponer y no preguntar. Por un instante piensas en llamarle antes de hacer algo de lo que podrías arrepentirte, sin embargo, tu celular ya no tiene pila pero tú aún percibes una señal.

 

Escupes.

Abres.

Entras.

Subes.

Escuchas.

Sudas.

Preparas.

Tocas.

Saludas.

Sonríes.

 

Sabdiely está desnuda en la cama y desde ahí te insulta. Observas su sexo flácido. Tienes la sensación de que ya no la deseas por amor, sino por odio. Apuntas. Es una lástima que no haya otra salida, que no existan los milagros y está sea la única verdad. Disparas. Primero a él luego a ella. Adiós, muñeca, le dices, mientras observas la hora en el reloj. Son las 6:14 de la tarde. Cuando la conociste, en una sucia esquina, en medio del silencio y el ruido, bajo los efectos del ron y la furia, eran las 6 y cuarto de la mañana, o al menos eso decía la hora del metrobús que abordaste para regresar a tu casa. Meses después comprendiste el significado de la palabra P-L-A-C-E-R, que un hombre metamorfoseado y convertido en mujer es capaz de brindar. Ríes para no llorar. Buscas un lugar dónde sentarte a esperar el futuro mientras fumas un Chesterfield que encontraste en el suelo. Por fin, el reloj ya no marcará más las horas durante el resto del día, y el último tic tac que se escucha es el de los latidos de tu corazón. El mundo sigue ahí, sin moverse, pero tú sí cambiaste, porque su indiferencia no te fue indiferente. Pinches putos, te dices.

 

 

 

 

Atzin Nieto (Ciudad de México, 1991). Escritor e investigador. Pasante de la carrera de Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Algunos de sus textos han sido publicados en las revistas: Letras LibresNexos, PlayboyPunto de PartidaBlanco MóvilYaconic, Isliada (Cuba) y Solo Novela Negra (España). Es becario del programa Jóvenes Creadores del FONCA (2019-2020) en la especialidad de cuento.

 

 

 

 

 

 

 

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