Claudio Willer (Sao Paulo, Brasil). Traducción de Adolfo Ruiseñor

 

Fotografía: Emerson M. Martins

 

 

 

 

 

Esta serie de poemas aparecen publicados, únicamente en la versión en lengua española, en Alforja. Revista de Poesía, número XIX, Invierno 2001, pp. 51-53.

 

 

 

Claudio Willer (Sao Paulo, Brasil, 1940)

 

Traducción de Adolfo Ruiseñor

 

 

 

 

 

Llegar allá

 

Y ahora quiero la palabra reducida al sencillo gesto de aferrar alguna cosa, pura denotación, lenguaje referencia, mano extendida apuntando esos pedazos de realidad –o entonces la fiesta con todos sus fantasmas sentados en el sillón de ajenjo mientras sangran los dedos de la memoria, todo en el límite de lo que pueda ser verdad, el cuaderno escrito de atrás hacia delante y el libro leído a partir de la última página, y también podría hablar de las nubes de vapor y cortinas de humo en los cuartos, y narrar la historia completa de las fiebres tropicales– pero solo nosotros dos fuimos capaces de movernos en ese plano intermediario en el que realidad y sueño se confunden, tocados por la sugestión de otra escena o situación. Esencia, ese es el nombre de nuestra transacción. ¡Esencia, esencia!, grita la legión de los Irreales desde el fondo de su existencia probable. Esencia, el verdadero nombre del juego de mutaciones. No es necesario hablar en alucinaciones, es como atravesar una pared invisible, y ya estamos allá. El texto febril. Las luces prendidas. Luces prendidas. Las luces, prendidas. Por ejemplo –pero el número de ejemplos es mayor que toda la existencia– por ejemplo, las luces prendidas, rebotadas un poco torpemente por los azulejos blancos que iluminan nuestros cuerpos, mientras nosotros nos preparábamos para empezar un juego amoroso más. Me acuerdo también de las playas desiertas, recorridas de punta a punta. O cuando descubrimos aquella cascada en medio del mato, aquel salto que debía tener unos 30 ó 50 metros de caída libre, sus salpicaduras heladas nos alcanzaban en la orilla, imposible llegar muy cerca, aquella catarata en el matorral nos inducía a la complicidad. Las luces prendidas. Complicidad. Esencia. Y aquel espejo antiguo –aquel espejo antiguo biselado, patinado, recubierto por el amarillo del tiempo– aquel espejo antiguo nos reflejó durante una tarde. Estaba en el tocador frente a la cama en el cuarto del caserón colonial de la hacienda, con los demás muebles macizos y pesadotes y el olor a polvo de cosa antigua del cuarto. También encontrábamos muchos santuarios religiosos en nuestros viajes, era como si nos impulsase una atracción magnética por lo sagrado. Ciertas tardes insoportablemente calientes, demasiado sofocantes. Hubo un tiempo en que. Las luces. Esencia. Impregnando irremediablemente todo lo que fue hecho después. Como la transgresión es cotidiana e imperceptible, como ser maldito es apenas una especie de indiferencia, lasitud, dejarse llevar. El olor a polvo sobre los tapizados. Yo quiero que todo quede muy claro. No solo las palabras, el texto, sino otro plano, ahora definitivamente llevado a lo real. Quedó un olor extraño, impregnando a la piel. Todo verdadero. Todo. Mas ese gesto de contar historias imposibles, ¿cuál es su significado? ¿Que botón apreté? Y ahora, no dejar piedra sobre piedra. Transformar lo cotidiano en hipérbole, laberinto en donde todos se perderán jugando con despreocupación. La opacidad es casi banal. El juego de la vida y de la muerte es trivial. Despertemos al irascible niño que habita en cada uno de nosotros. No hay misterio. Que no se hable de locura. El lado de allá, el lado de allá, que camina suavemente sobre tus sandalias de suela de hule, el lado de allá disfrazado en arte del plumaje, el lado de allá que sonríe afablemente mientras nos mira de soslayo, el lado de allá es sencillo y está aquí, basta estar abierto y disponible. Somos dioses.

 

 

 

 

Poética

 

1

Entonces es

cuando descubrimos que vivimos extrañas experiencias

la vida como una película pasando

o como chispas saltando de un núcleo

no propiamente la experiencia amorosa

no obstante aquello que la precede

y que es apariencia

concreción cargada de todo:

la ciudad fluyendo hacia su hora nocturna y todos

yendo a casa o señalando entonces encuentros

improbables y absurdos, barullo de la multitud

circulando por el centro y por los barrios mientras

los comercios cerrados todavía tienen luz, los locos

perorando por las esquinas, la unidad de la lluvia

que aún no termina de caer, hasta el mismo recuerdo de

la noche anterior en la alcoba revolviéndonos en caricias

y además nuestro encuentro en la tibia oscuridad de un

bar —hora confesional, mostrando las  sucesivas

secuencias de lo que tiene que observar— donde la cercanía

de los cuerpos confunde todo, palabra en beso, gesto en

caricia

TODO GRABADO EN APARIENCIA

y no hecho por voluntad propia

sino por atavismo

 

 

 

 

2

 

La sensación de estar ahí mismo

en armonía no necesariamente cósmica

en plenitud escasamente mística

con todo mera proximidad

la aberrante experiencia de vivir

algo como el calor

sentido no a gran distancia de una fragua

(tal vez debiera yo viajar, o mejor, todavía, ser llevado

por el viaje, cargar todo junto, dejarse conducir

consigo mismo)

al innternarnos en el opalino acuario

(y eso tiene que ver con que estemos juntos)

y sintamos el mundo de la temperatura del cuerpo

en cuanto allá afuera (lejos, muy lejos) es todo otra cosa

entonces

el poema es despreocupación

 

 

 

 

 

 

 

Chegar Lá

 

E agora quero a palavra reduzida ao simples gesto de agarrar alguma coisa, pura denotação, linguagem referência, mão estendida apontando para esses pedaços de realidade - ou então a festa com todos os seus fantasmas sentados no sofá de absinto enquanto sangram os dedos da memória, tudo verdadeiro no limite do que possa ser verdade, o caderno escrito de trás para diante e o livro lido a partir da última página, e também poderia falar das nuvens de vapor e cortinas de fumaça nos quartos, e narrar a história completa das febres tropicais - porém só nós dois fomos capazes de nos mover nesse plano intermediário em que realidade e sonho se confundem, tocados pela sugestão de outra cena ou situação. Essência, é esse o nome da nossa transação. Essência, essência! - grita a legião dos Irreais desde o bojo de sua existência provável. Essência, o verdadeiro nome do jogo de mutações. Desnecessário falar em alucinações - é como atravessar uma parede invisível, e já estamos lá. O texto febril. As luzes acesas. As luzes acesas. As luzes - acesas. Por exemplo - mas o número de exemplos é maior que toda a existência - por exemplo as luzes acesas, rebatidas meio cruamente pelos azulejos brancos iluminando nossos corpos enquanto nós nos preparávamos para começar mais um jogo amoroso. Lembro-me também das praias desertas, percorridas de ponta a ponta. Ou quando descobrimos aquela cachoeira no meio do mato, aquela cachoeira que devia ter uns 30 ou 50 metros de queda livre, seus respingos gelados nos alcançavam na margem, impossível chegar muito perto - aquela cachoeira descoberta no meio da mata nos induzia à cumplicidade. As luzes acesas. Cumplicidade. Essência. E aquele espelho antigo - aquele espelho antigo bisotado, patinado, recoberto pelo amarelo do tempo - aquele espelho antigo nos refletiu durante uma tarde. Estava na penteadeira diante da cama no quarto do casarão colonial de fazenda, com os demais móveis maciços e pesadões e o cheiro de pó, de coisa antiga do quarto. Também encontrávamos muitos santuários religiosos em nossas viagens, era como se nos impulsionasse uma atração magnética pelo sagrado. Certas tardes insuportavelmente quentes, abafadas demais. Houve um tempo em que. As luzes. Essência. Impregnando irremediavelmente tudo o que foi feito depois. Como a transgressão é quotidiana e imperceptível, como ser maldito é apenas uma espécie de indiferença, lassidão, o deixar-se levar. O cheiro de pó sobre os estofados. Eu quero que tudo fique muito claro. Não só as palavras, o texto, porém outro plano, agora definitivamente grudado ao real. Ficou um cheiro estranho, impregnando a pele. Tudo verdadeiro. Tudo. Mas esse gesto de contar histórias impossíveis, qual é seu significado? Que botão apertei? E agora, não deixar pedra sobre pedra. Transformar o cotidiano em hipérbole, labirinto onde todos se perderão brincando despreocupadamente. A opacidade é quase banal. O jogo da vida e da morte é trivial. Despertemos a irascível criança que habita dentro de cada um de nós. Não há mistério. Que não se fale em loucura. O lado de lá, o lado de lá que caminha suavemente sobre suas sandálias de sola de borracha, o lado de lá disfarçado em arte plumária, o lado de lá que sorri afavelmente enquanto nos olha de soslaio, o lado de lá é simples e está aqui, basta estar aberto e disponível. Somos deuses.

 

 

 

 

Poética

 

1

 

então é isso

quando achamos que vivemos estranhas experiências

a vida como um filme passando

ou faíscas saltando de um núcleo

não propriamente a experiência amorosa

porém aquilo que a precede

e que é ar

concretude carregada de tudo:

a cidade refluindo para sua hora noturna e todos indo para casa ou então marcando

encontros improváveis e absurdos, burburinho da multidão circulando pelo centro e

pelos bairros enquanto as lojas fechadas ainda estão iluminadas, os loucos discursando

pelas esquinas, a umidade da chuva que ainda não passou, até mesmo a lembrança da

noite anterior no quarto revolvendo-nos em carícias e mais nosso encontro na morna

escuridão de um bar - hora confessional, expondo as sucessivas camadas do que tem a

ver - onde a proximidade dos corpos confunde tudo, palavra e beijo, gesto e carícia

TUDO GRAVADO NO AR

e não o fazemos por vontade própria

porém por atavismo

 

 

 

 

 

2

 

a sensação de estar aí mesmo

harmonia não necessariamente cósmica

plenitude muito pouco mística

porém simples proximidade

da aberrante experiência de viver

algo como o calor

sentido ao estar junto de uma forja

(talvez eu devesse viajar, ou melhor, ser levado pela viagem, carregar tudo junto,

deixar-se conduzir consigo mesmo)

ao penetrar no opalino aquário

(isso tem a ver com estarmos juntos)

e sentir o mundo na temperatura do corpo

enquanto lá fora (longe, muito longe) tudo é outra coisa

então

o poema é despreocupação

Claudio Willer  (Sao Paulo, Brasil, 1940). Poeta, ensayista y traductor. Algunos libros publicados: Anotações para um Apocalipse (1964); Dias Circulares (1976); Jardins da Provocação (1981); Volta (1996); Estranhas Experiências (2004); Poemas para leer en voz alta (2008). Traductor al portugués del Conde de Lautréamont, Antonin Artaud y Allen Ginsberg, entre otros. Como crítico y ensayista, ha colaborado en suplementos y publicaciones culturales tales como: Jornal da Tarde, Jornal do Brasil, revista Isto É, jornal Leia, Folha de São Paulo, etc. En varias ocasiones ha sido presidente de la Unión Brasilera de Escritores. Realizó estudios de Sociología, psicología y terminó un doctorado en Literatura Comparada. Co-editor de la revista electrónica Agulha.