Ciclo de letras inglesas. Mensajes: Ursula K. Le Guin (Estados Unidos). Traducción de Maythé Estrada

 

 

Empezamos un ciclo de traducción de letras inglesas, coordinado por Juan Manuel Esquivel. Las traducciones son realizadas por distintos autores que actualmente están cursando el Diplomado en Formación de Traductores Literarios en la ENALLT.

 

 

 

 

Sobre la obra

 

Mensajes (Texts, por su título en inglés) originalmente formó parte de una compilación de historias publicada en 1991 llamada Searoad. The Chronicles of Klatsand, perteneciente al género de la ciencia ficción y publicada en 1991. Este libro es una colección de cuentos protagonizados por mujeres en su mayoría; también son testimonios de los habitantes de Klatsand, Oregon, lugar al que muchas personas solían llegar para pasar una temporada, o incluso para quedarse indefinidamente; ahí reflexionaban acerca de sus vidas, sueños, tristezas y recuerdos.

 

 

 

 

 

Mensajes

Ursula K. Le Guin

 

Traducción de Maythé Estrada

 

 

Los mensajes llegaban, pensó Johanna, por lo general con años antes de que pudiera descifrar su código o de siquiera haber aprendido el idioma en el que estaban. Aun así, llegaban cada vez con más frecuencia y eran tan insistentes y convincentes en su exigencia de que los leyera, de que hiciera algo, que la obligaron a finalmente protegerse de ellos. Rentó, durante el mes de enero, una casita sin teléfono en un pueblo costero que no tenía servicio de correo. Ya se había quedado en Klatsand varias veces en verano; el invierno, como lo había esperado, era aún más tranquilo. Podía pasar un día entero sin que escuchara o pronunciara una sola palabra. No compraba el periódico ni prendía la televisión y la única mañana en la que pensó que debía escuchar algunas noticias en la radio, se topó con una emisión de Astoria en finés.  Pero los mensajes seguían llegando. Las palabras estaban por todas partes.

Las prendas ilustradas no eran un verdadero problema. Recordó el primer vestido que vio de este tipo, años atrás, un vestido auténtico y estampado que tenía tipografía en el diseño: verde sobre blanco, maletas, flores rojas y los nombres Riviera, Capri y Paris, todo esto repartido como si estuviera salpicado desde la costura del hombro hasta el dobladillo, a veces al derecho y a veces al revés. En ese entonces, como dijo la vendedora, era algo poco común. Después era difícil encontrar una camiseta que no instara a la acción política o que no tuviera una cita enorme de algún físico muerto o que al menos no mencionara la ciudad en la que estaba a la venta. Todo esto lo había enfrentado, incluso lo había usado.

Pero demasiadas cosas se estaban volviendo legibles.

Se había dado cuenta años antes de que las líneas de espuma que dejaban las olas en la arena después de una tormenta a veces formaban curvas que parecían líneas cursivas trazadas a mano entrecortadas por espacios, como si fueran palabras, pero no fue hasta que pasó más de quince días sola y caminó muchas veces hasta Wreck Point ida y de vuelta que descubrió que podía leer lo que estaba escrito. Era un día tranquilo, casi no había viento, por lo que no tenía que caminar con prisa, sino que podía pasear entre las líneas de espuma y la orilla del agua donde la arena reflejaba el cielo. De vez en cuando, una silenciosa ola de invierno que rompía en la playa la empujaba a ella y a unas cuantas gaviotas hacia la arena más seca. Luego, cuando la ola retrocedía, ella y las gaviotas la seguían de regreso. No había otra alma en la extensa playa. La arena era firme, tanto como un cuaderno de papel café claro y sobre él, la marca de una ola que llegó a su punto más lejano y dejó una complicada serie de curvas y restos de espuma. Las franjas, los espirales y los restos blancos se asemejaban tanto a la letra escrita con gis que se detuvo, como lo haría para leer con desgano lo que la gente escribía en la arena durante el verano. Lo usual era un «Jason + Karen» o iniciales dentro de un corazón. Una vez, de manera misteriosa y memorable, aparecieron tres iniciales y las fechas 1973-1984; la única inscripción que hablaba sobre una promesa rota, sin cumplir. ¿La duración de un matrimonio? ¿La vida de un hijo? Lo que sea que hayan sido esos once años se habían ido y las letras y los números también habían desaparecido cuando regresó allí, a donde la marea subía. Se preguntó si quien las escribió lo habría hecho para que fueran borradas. Pero estas palabras de espuma que ahora yacían en la arena café las había escrito el mismo mar que las borraba. Si pudiera leerlas, tal vez le darían una sabiduría mucho más profunda y amarga de lo que podría soportar. «¿Acaso quiero saber lo que escribe el mar?» pensó, pero al mismo tiempo ya estaba leyendo la espuma, que, aunque en manchas vagamente cuneiformes en lugar de letras de algún alfabeto, era perfectamente legible mientras caminaba por ahí.  «Sí,» decía, «esse hes hetu tokye to’ ossusess ekyes. Seham hute’ u». (Cuando lo escribió más tarde, utilizó el apóstrofo para representar algún tipo de pausa o clic como el último sonido de «¡Sip!»). Cuando volvió a leerlo, retrocediendo algunos metros para hacerlo, seguía diciendo lo mismo, así que lo recorrió varias veces y lo memorizó. En ese momento, conforme las burbujas estallaban y las manchas comenzaban a encogerse, algo cambió aquí y allá, para leer: «Sí, e hes etu kye to’ ossusess kye. ham te u». Pensó que no había sido un cambio significativo, sino una mera pérdida, así que se quedó con el texto original en mente. El agua de la espuma se filtró en la arena y las burbujas se secaron hasta que las marcas y las líneas se redujeron a un tenue entrelazado de puntos y rayas más o menos legibles. Se parecía tanto a un delicado trabajo de fantasía que se preguntó si también se podría leer el encaje o el crochet.

Cuando llegó a casa escribió las palabras de espuma y así no tener que estar repitiéndolas para recordarlas y después observó, sobre la mesita redonda del comedor, el mantel de encaje Quaker hecho a máquina. No era difícil de leer, pero como podría esperarse, sí bastante aburrido. Logró descifrar la primera línea de la orla como un «pith wot pith wot pith wot» interminable, con un pliegue cada treinta puntadas donde el patrón del ribete se acababa.

Pero el cuello de encaje que había comprado en una tienda de segunda mano en Portland era de un material completamente distinto. Estaba hecho a mano, escrito a mano. El trazo era pequeño y uniforme. Al igual que la caligrafía Spencerian que le habían enseñado hacía cincuenta años en primer grado, tenía muchos adornos, pero era sorprendentemente fácil de leer. «Mi alma debe irse», decía la orla repetidas veces, «mi alma debe irse, mi alma debe irse», y el frágil entretejido que estaba hacia dentro decía «hermana, hermana, hermana, enciende la luz». Y ella no sabía qué iba a hacer, ni cómo iba a hacerlo.

 

 

Ursula Kroeber Le Guin (Berkeley, California, 1929-Portland, Oregon, 2018) fue una escritora de ensayos, novelas, poemas y cuentos infantiles. También fue traductora y académica. En sus obras se entrecruzan las delgadas líneas de los géneros literarios. Podría decirse que escribía ciencia ficción y fantasía. En sus textos, también se ve plasmado el interés que tenía por temas como el respeto al medioambiente, la relación entre éste y el comportamiento humano, la cultura, la sociedad e incluso algunas cuestiones de género. Un mago de Terramar (1968) y La mano izquierda de la oscuridad (1969) son dos de sus obras más reconocidas.  En el 2014 obtuvo el reconocimiento The National Book Foundation Medal for Distinguished Contribution to American Letters.

 

 

 

 

Maythé Estrada (Ciudad de México, 1995). Estudió la Licenciatura en Interpretación y Traducción y actualmente cursa el Diplomado en Formación de Traductores Literarios en la ENALLT, donde ha traducido narrativa y poesía. También se desempeña en el campo audiovisual haciendo subtitulaje y adaptación-traducción de guiones para series de televisión de lengua inglesa y francesa.