Poesía en convivencia. Estudios sobre la lírica árabe, hebrea y romance en la España de las tres religiones

 

Bossong, Georg. Poesía en convivencia. Estudios sobre la lírica árabe, hebrea y romance en la España de las tres religiones. Gijon: Trea. 2010, 400 pp.

 

Francisco A. Marcos-Marin (University of Texas San Antonio) (http://home.satx.rr.com/fmarcosmarinl)

 

 

La Bibliotheca Arabo-Románica et Islámica es una excelente iniciativa de la Universidad de Oviedo, que cuenta con una brillante tradición en estos estudios de variación y contacto. En esta ocasión se recogen ocho estudios redactados a partir de principios de los 90, cuatro de los cuales eran inéditos. El resto, que había sido publicado en alemán (tres) y español (uno), ha sido revisado y retocado. De todo ello se da cuenta precisa en la advertencia preliminar. El concepto de la intertextualidad es el hilo conductor de este volumen, cuyo autor es un auténtico maestro. Músico, poliglota, teórico del lenguaje, Georg Bossong presenta una obra de posiciones atrevidas y reflexiones profundas.

En lo lingüístico, se parte de la afirmación de la diglosia como situación lingüística constante en el mundo árabe, con una peculiaridad: solo en Al-Ándalus se produjo una poesía en la lengua B o "dialectal", usada como vehículo de una literatura de valor universal y "de alto rango" (pag. 12). El gran representante de esta corriente poética fue Ibn Quzman (que se analizara en el capítulo VII]. Esta poesía se codifico en el cejel, un tipo de poesía estrófica —otra gran innovación— que hay que comprender desde la renovación de la poesía en lengua clásica árabe. Porque la literatura andalusí no es solo la literatura dialectal. Junto a esta, su gran aportación fue la creación de un modelo literario árabe alternativo a la casida, que es la forma clásica de la poesía árabe. Ese modelo alternativo, basado en la estrofa, es el muwaššaḥa cuyas reglas se fijaron en el occidente andalusí y cuyos principales autores, "el ciego de Tudela", Ibn Baqi, Ibn Ruhaym o Ibn Zuhr fueron quienes crearon una modelo poético que pudo ser codificado y regulado en Oriente por el egipcio Ibn Sana' al-Mulk; pero que no tuvo en la otra orilla del Mediterráneo autores de la calidad de los andalusíes. Bossong usa el término como muwâššaha.

Al-Ándalus fue durante siglos una sociedad bilingüe. El romance andalusí formaba parte del continuum lingüístico que iba desde el árabe, el hebreo clásico hasta el latín. La recuperación del papel del hebreo es otra de las notables aportaciones de este libro. No se quiere decir con ello que todos los hablantes de Al-Ándalus hablaran árabe clásico, andalusí, hebrero y romance, sino que todas esas variedades estaban presentes en el territorio andalusí y que el uso de unas u otras dependía de los individuos más que de los grupos. Dicho de otra manera, había cristianos que hablaban árabe y musulmanes que hablaban romance, todo ello dentro de ese continuum. Por ello hay que rechazar el uso del término "mozárabe" como nombre de una variedad lingüística, como lamentablemente se hace en este libro, porque "mozárabe" es un término religioso cultural, aplicable a los cristianos andalusíes, que, aplicado a las variantes lingüísticas, crea la confusión de que los mozárabes no hablaran como el resto de los andalusíes, sino preferentemente en romance, lo cual es inexacto.

En este mundo andalusí culturalmente complejo, el muwaššaḥa nos permite disponer de una interesante novedad, que corresponde al surgimiento de un tipo de poesía en la que el romance andalusí tiene una presencia fundamental para entender el origen de al menos un tipo de lirica románica. El muwaššaḥa tiene una estrofa final de importancia estructural decisiva, porque es la que impone las reglas a todo el poema. Esta estrofa final, en unos pocos casos, contiene un número destacable de elementos romances andalusíes. Como es la "salida" del muwaššaḥa, se denomina con la palabra árabe que significa "salida" y que se ha hispanizado como jarcha. La mayoría de las jarchas no están escritas en romance andalusí; pero las pocas que lo están constituyen un elemento que prueba que la poesía románica hispánica se originó en un contexto de fuerte influencia de la poesía árabe andalusí. En resumen, el muwaššaḥa se escribía en árabe clásico o en hebreo, excepto los versos finales, la llamada jarcha, o las líneas de cierre imitativas. Por contra, el cejel está escrito casi por completo en alguno de los dialectos árabes andalusíes. El cejel es fundamentalmente monolingüe; la mayoría de las muwassahates, de facto, bilingüe o diglosia. La jarcha es por lo general una cita o una cita parcial de otro poema o canción y contrasta con el cuerpo del muwaššaḥa en varios estratos. Las jarchas romances (aunque fueran vagamente conocidas con anterioridad) fueron descifradas e interpretadas parcialmente en 1948 por el orientalista Samuel Miklos Stern y son un material fundamental para las literaturas románicas por su fecha muy temprana (la más antigua puede retrotraerse al año 1040).

Participa este libro de una visión idílica del Islam andalusí que es difícil compaginar con la realidad histórica y que, como es habitual, arranca de una interpretación inexacta del concepto de morada vital de América Castro. La idea de "convivencia" de don América tiene solo una interpretación etimológica, miembros de las tres religiones Vivían juntos en el mismo territorio y participaban en la construcción de un espacio común; pero ello no significa que ese espacio común fuera igualitario ni que todos participaran de la misma manera. En los supuestamente idílicos siglos X y XI los musulmanes desarrollaban sus campañas de verano (llamadas aceifas por la palabra árabe que significa 'verano') y los mozárabes que podían huían al norte para unirse a los cristianos libres. Entre los años 978 y 1001, Almanzar realizó 52 campañas contra los cristianos. En la aceifa de 997 su ejército asolo la ciudad de Santiago de Compostela, aunque respetó la tumba del apóstol Santiago. Cuenta la leyenda que los prisioneros cristianos cargaron con las campanas del templo de Santiago hasta Córdoba. En el segundo tercio del siglo XIII fueron prisioneros musulmanes los que devolvieron las campanas a Compostela, durante el reinado de Fernando III "El Santo", quien reconquisto Jaén, Córdoba y Sevilla.

La originalidad del libro que se comenta no reside en su interpretación histórica, secundaria y, como se ve, discutible, sino en el análisis de la intertextualidad. Especialmente fecundo es el estudio de la relación entre los modelos culturales islámicos y el modelo bíblico, fundamental en la poesía amorosa, por la vigencia permanente y universal del Cantar de los Cantares. El Islam respeta la Biblia, que reconoce como una parte, espuria, de su fundamento religioso. La convivencia con judíos y cristianos y la participación de estos en tareas culturales en ámbitos varios, creó un ambiente en el que estos intercambios intertextuales eran posibles y se desarrollaron. El encuentro con Dios, la mística y el concepto del "pueblo de Dios", por ejemplo, son elementos que se desarrollan en formas que están estrechamente influidas por la literatura árabe. La interrelación de los contenidos es, por supuesto, mucho menos segura, lo que a Bossong le parece una clara correspondencia con temas que desarrollara posteriormente San Juan de la Cruz (capitulo VIII), a este crítico, que seguramente ve las cosas desde una perspectiva espiritual distinta, le parecen coincidencias superficiales. Estas discrepancias individuales no empatizan el enorme atractivo de la lectura de estos análisis, que se extienden también al erotismo femenino (cap. VI), un terreno en el que el autor se maneja con menos comodidad y conoce peor la bibliografía existente.

La cima del libro, para este crítico, se encuentra en el capítulo III, "Metrica e intertextualidad en la poesía plurilingüe de al-Ándalus", donde se realiza un estudio interesantísimo de comparación entre las formas métricas y las notas musicales, que le parecen el único modo posible de entender realmente el metro. Es un capitulo muy técnico; pero que contiene aclaraciones que permiten entender la relación entre las silabas largas y breves en el verso con un subtipo de compas de tres por cuatro como el de la canción popular "Anda jaleo, jaleo" o la zarabanda (además de interesantes paralelos clásicos. Las notaciones musicales no pretenden ser reconstrucciones científicas, sino modelos de interpretación para facilitar la comprensión, porque "el modelo del metro cuantitativo ofrece una gran libertad para la creación rítmica" (pag. 135). El capítulo V, "Los versos más antiguos en lengua iberorromance" es, junto con el anterior, el núcleo del libro. Aporta la perspectiva de la interpretación a partir de textos hebreos, con alusiones por medio de citas bíblicas, por ejemplo, y, como ya es habitual, une la interpretación de la jarcha al muwaššaḥa que clausura. La interpretación de las jarchas esta irremediablemente vinculada a la elección personal, de manera que lo importante no es eso, sino el desarrollo de todo el sistema de análisis, desde el contexto histórico al formal, pasando por las intertextualidades bíblicas y literarias.

Los anexos contienen la transcripción y traducción de los textos principales del estudio, de manera que no interfieren con la argumentación de los capítulos; pero el lector dispone de ellos en caso necesario. La bibliografía final refleja las fuentes utilizadas, clasificadas temáticamente.

Hay que lamentar, aunque el crítico se sienta incomodo al llamar la atención sobre estos detalles accidentales, que la redacción española del texto contenga una excesiva cantidad de errores lingüísticos. No se comprende muy bien por qué, teniendo en cuenta las revisiones que se explican en las páginas iniciales; pero por poner un límite, se señalarán tres de diverso tipo, solo en las primeras páginas: mal corte en "haberse" al final de línea en la página 13, una extraña expresión léxica, "al punto de perderse" en vez de "a punto", en la 22 y un error de concordancia en la 25: "las vocales ... son pronunciados ... "

Unos estudios de un especialista para otros especialistas no suelen atraer al lector común. En este caso, sería una perdida, porque el libro, aunque sumamente erudito, contiene unas claras explicaciones de aspectos generales y, sobre todo, permite seguir la evolución de un razonamiento que, aunque no se acepte en todos sus extremos, es, sencillamente, magistral.

Francisco Adolfo Marcos Marín (Madrid, 20 de junio de 1946 -) es un lingüista español que es también ciudadano norteamericano. Desde 2004 fue professor of Linguistics and Translation en la University of Texas San Antonio, retirado hoy día como profesor emérito de dicha universidad. De su experiencia internacional puede destacarse que ha sido professore ordinario per chiara fama de la Università di Roma, La Sapienza, catedrático de Lingüística General en la Universidad Autónoma de Madrid y de Historia del Español en la Universidad de Valladolid. Ha sido profesor invitado o visitante en numerosas universidades. Es miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (2001) y de la Academia Argentina de Letras (2002) y Ciudadano Honorario de San AntonioTexas.

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