Poesía hispanoárabe: Abú `Umar Ahmad b. Muhammad b. Faray al-Yayyáni (Jaén)

 

 

 

 

Abú `Umar Ahmad b. Muhammad b. Faray al-Yayyáni (el de Jaén)

 

Traducción de Elías Terés Sádaba

 

 

 

Castidad

 

Aunque estaba pronta a entregarse, me abstuve de ella,

y no obedecí la tentación que me ofrecía Satán.

Apareció sin velo en la noche, y las tinieblas nocturnas,

iluminadas por su rostro, también levantaron aquella vez sus velos.

 

No había mirada suya en la que no hubiera incentivos

que revolucionaban los corazones.

 

Mas di fuerzas al precepto divino que condena

la lujuria sobre las arrancadas caprichosas del corcel

de mi pasión, para que mi instinto no se rebelase

contra la castidad.

 

Y así, pasé con ella la noche como el pequeño camello sediento

al que el bozal impide mamar.

 

Tal, un vergel, donde para uno como yo no hay

otro provecho que el ver y el oler.

 

Que no soy yo como las bestias abandonadas

que toman los jardines como pasto.

 

 

 

 

*

La primavera te ofrece

vergeles

con los que los días visten túnicas de fino tísú

Los relámpagos arrastran las colas del viento,

que aparecen adornadas de flores blancas y rojas.

Diferentes... por el signo del amor,

unas se asemejan a la amada y otras al amante.

Unas están rojas de pudor; otras, pálidas. Ambas reflejan su pasión,

como la amada y el amante al encontrarse de improviso.

Se diría que sobre sus párpados se ha derramado

el agua de las nubes, en simétricas perlas.

Y cuando el céfiro juega con ellas en el jardín

recuerda el momento de la separación, por el llanto y los abrazos.

 

 

 

 

 

Abú `Umar Ahmad b. Muhammad b. Faray al-Yayyáni (el de Jaén) Poeta y antólogo arábigo-español, sobre cuya biografía tenemos escasos datos. Sabemos que fue cortesano de los califas Abderramán III y Alhaquem II y que murió en la cárcel «por un delito del que se le acusó». Su producción poética, desperdigada en la obra de antólogos e historiadores de la literatura, ha sido recopilada por Elías Terés, el cual ha inventariado 14 fragmentos poéticos consagrados al cultivo de los géneros erótico y floral.

 

 

 

Elías Terés Sádaba (Navarra, 1915–Madrid, 1983). Arabista. Como en el caso de tantos españoles de su generación, la Guerra Civil interrumpió sus sueños juveniles. Reclutado por el ejército republicano, combatió en la guerra y luego fue internado en un campo de concentración. Tras este trágico paréntesis, decidió estudiar Filología Semítica y dedicarse al estudio del mundo medieval árabe que le había fascinado antaño. Nada más comenzar la carrera, Miguel Asín Palacios descubrió que el joven alumno Terés era capaz de descifrar un texto árabe de botánica y le hizo acudir a la Escuela de Estudios Árabes, el centro madrileño del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, sede de la investigación arabística y donde se editaba la revista Al-Andalus. Era el año 1940, no continuó la senda de los estudios de botánica andalusí, posiblemente por la muerte de Asín Palacios, aunque fruto de esta primera actividad sería su edición del texto árabe de la Materia Médica de Dioscórides, y se dedicó a la historia de la literatura de al-Andalus, bajo la dirección de Emilio García Gómez, especializándose en los literatos andalusíes de la época omeya.

Nada más licenciarse, fue nombrado profesor adjunto en la Universidad de Zaragoza (1943-1945); luego volvió a la Universidad de Madrid, donde el 28 de enero de 1946 se doctoró en Filosofía y Letras (Filología Semítica) con una tesis titulada La poesía arabigoandaluza anterior al siglo XI, con un estudio monográfico sobre Ibn Farây de Jaén bajo la dirección de García Gómez y ejerció como profesor adjunto. En 1949, ganó por oposición la Cátedra de Lengua Árabe y Árabe Vulgar de la Universidad de Barcelona y al año siguiente, por el fallecimiento en accidente del catedrático de Literatura Arábiga de la Universidad de Madrid, Ángel González Palencia, ocupó dicha cátedra por concurso de traslado. En su larga actividad docente —murió en activo, pues no llegó a alcanzar la edad de la jubilación—, dirigió cincuenta y tres memorias de licenciatura y treinta y una tesis doctorales.

Durante toda su vida científica, continuó estudiando la literatura de al-Andalus, pero en los últimos años de su vida se interesó profundamente por la toponimia hispano-árabe y fruto de estas investigaciones fueron numerosos artículos y su libro póstumo sobre hidronimia. Además, hizo interesarse por el tema a sus discípulos, a los que repartió muchos de sus materiales, además de introducirlos en el tema en sus cursos de doctorado y con excursiones por diversos lugares de España donde el topónimo resultaba ubicado, gracias a él, en su paisaje histórico. Su afición al flamenco le hizo convertirse en un erudito de su historia, y aunque no publicó más que una conferencia sobre el tema, fue considerado por el “mundillo” flamenco como una auténtica autoridad.