Poesía andalusí: Ben Zaydun (Córdoba, España, 1003-1070). Traducción de Emilio García Gómez

 

 

 

 

Ben Zaydun (Córdoba, España, 1003-1070)

 

 

Traducción de Emilio García Gómez

 

 

 

 

Fragmentos de la “Qasida en Nun”

 

Alejados uno de otro, mis costados están secos de pasión por ti, y en cambio no cesan mis lágrimas…

Al perderte, mis días han cambiado y se han tornado negros, cuando contigo hasta mis noches eran blancas…

Diríase que no hemos pasado juntos la noche, sin más tercero que nuestra propia unión, mientras nuestra buena estrella hacía bajar los ojos de nuestros censores:

Éramos dos secretos en el corazón de las tinieblas, hasta que la lengua de la aurora estaba a punto de denunciarnos.

 

 

 

 

Desde al-Zahra

 

Desde al-Zahra te recuerdo con pasión. El horizonte está claro y la tierra nos muestra su faz serena.

La brisa desmaya con el crepúsculo: parece que se apiada de mí y languidece, llena de ternura.

Los arriates me sonríen con sus aguas de plata, que parecen collares desprendidos de las gargantas.

Así fueron los días deliciosos que ya pasaron, cuando, aprovechando el sueño del Destino, fuimos ladrones de placer.

Hoy solo me distraigo con las flores, imán de los ojos, en las que la escarcha juega vivaz, inclinando sus tallos:

Son como pupilas que, al ver mi insomnio, lloran por mí, y por eso el irisado llanto resbala por su cáliz.

En los soleados rosales brillan los rojos capullos, aumentando la luminosidad de la mañana.

Aromáticas bocanadas se trasmiten el pomo del nenúfar, dormilón cuyas pupilas entreabrió el alba.

Todo excita el recuerdo de mi pasión por ti, que nunca abandona mi pecho, por mucha que sea su estrechura.

Si la unión contigo, por la que suspiro, se lograse, ese día sería el más noble entre todos.

¡No conceda Dios la calma al corazón que desista de recordarte y que no vuele a tu lado con las alas trémulas del deseo!

Si el céfiro, cuando sopla, consistiera en llevarme, depositaría a tus pies un doncel extenuado por la pena.

¡Oh mi más precioso joyel, el más sublime, el preferido de mi alma, cuando los amantes compran joyeles!

Pedirnos uno al otro deudas de puro amor era, en otros tiempos, la pradera feliz donde corríamos como libres corceles.

Pero ahora yo soy el único que puede jactarse de leal. Tú me dejaste, y yo me he quedado, triste, amándote.

 

 

 

 

ABU AL WALID AHMAD IBN ABADIA (IBN ZAYDUN) (Córdoba, 1003-1070). Fue ministro de varios príncipes, entre ellos Al Mutamid. Estuvo aposentado en Sevilla y cantó a su Córdoba natal; su poesía es humana, pero sobre todo fue el poeta del amor: célebres fueron sus relaciones con la princesa Wallada, rivalizando con Ibn Abdus, ministro en Córdoba. Ibn Zaydun compuso contra éste poemas amenazantes y lo ridiculizó, valiéndole ello la prisión y el exilio. Durante su cautividad y su alejamiento envió a su bien amada y a sus amigos excelentes poemas. Apenas se conocen datos sobre su vida hasta que conoció a la atractiva princesa y poetisa Wallada, encuentro trascendental, pues de él arranca la revitalización de la poesía amorosa árabe, que adquiere un tono un tono personal inusitado hasta su obra. Hasta entonces el tratamiento del amor en la poesía árabe estaba determinado por la reelaboración de tópicos basados en una reflexión sobre el aspecto espiritual de la relación amorosa que evitaba tratar el amor carnal, y que es conocido como "amor udrí"(amor cortés) . Tras su obra, se reúnen los conceptos del amor platónico con la descripción de experiencias físicas de un modo natural. Recorrió distintas cortes (Sevilla, Badajoz, Valencia), para instalarse por último en 1049 en la corte de Al Mutadid como secretario, cargo que desempeñará hasta su muerte ya con Al Mutamid como rey. En este periodo escribirá poesía áulica al servicio de sus nuevos protectores, los abbadíes sevillanos, renovando el panegírico, sobre todo en los destinados al joven príncipe y poeta, Al Mutamid, por quien sentía un cariñoso afecto y respeto a su calidad como lírico.

 

 

 

Emilio García Gómez. (4 de junio de 1905-31 de mayo de 1995, Madrid). Filólogo, arabista, traductor español, académico de la Lengua y director de la Real Academia de la Historia, galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 1992. Estudia Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid con especialidad en árabe. Le conceden el Premio Rivadeneyra en 1925, doctorándose un año después. En 1927 consigue una beca de la Junta de Ampliación de Estudios para estudiar unos manuscritos en Egipto, Siria e Irak donde completa sus estudios en las universidades de El Cairo y Bagdad. En 1930 la Real Academia Española le concede el Premio Fastenrath, y también oposita a la cátedra de árabe de la Universidad de Granada, ocupando esta plaza hasta 1935. Durante este periodo se crea la Escuela de Estudios Árabes de la misma ciudad, de la que fue su primer director hasta 1935, año en que se traslada a Madrid, sucediendo a Miguel Asín Palacios en la cátedra de Lengua y Literatura de la Universidad Complutense de Madrid.

Durante esta etapa, García Gómez dirige el Instituto Miguel Asín Palacios (CSIC), y la revista de investigación literaria sobre lengua árabe «Al Andalus». En 1943 ingresa en la Real Academia de la Historia y en 1945 en la Real Academia Española, con el discurso «Un eclipse de la poesía en Sevilla: la época almorávide». En 1958 preside el Comité Consultivo de la UNESCO para el proyecto Mayor Oriente-Occidente y durante más de una década (1958-1969) es embajador de España en Bagdad, Beirut y Ankara y ministro sin residencia en Afganistán. Participa y representa a España en diferentes reuniones y conferencias en misiones a diferentes países árabes y forma parte de las comitivas de los estados árabes que visitan España.

Traduce a los clásicos de la literatura árabe, destacando «Los días», autobiografía de Taha Husayn, y «Diario de un fiscal rural» de Tawfiq al-Hakim, también «Poemas arabigoandaluces», «El collar de la paloma», «El libro de las banderas de los campeones», y «Las jarchas romances» entre otros. En algunos artículos publicados en la «Al-Andalus» utiliza el seudónimo de Ángel Ramírez Calvente. En 1992 fue nominado al Premio Cervantes, año que le otorgaron el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades «por la profunda significación de su obra en el campo de la edición y estudio de textos fundamentales para la compresión de la literatura y la cultura islámica».

 

 

 

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