Los elementos terrenales de la poética mística de Eunice Odio. Por Fernando Salazar Torres

 

 

 

 

Los elementos terrenales de la poética mística de Eunice Odio

 

Fernando Salazar Torres

 

Autora de una obra de poesía que se extiende en cuatro títulos, Los elementos terrestres (1947), Territorio del alba y otros poemas (1946-1954), Pasto de sueños (1963-1971) y El tránsito de fuego (1957), dos cuentos fantásticos, distintos ensayos sobre arte, política y literatura, Eunice Odio tuvo una vida contenida de contrariedades y problemas que están asociados a tu postura ética y crítica ante fenómenos políticos, sociales e históricos de su tiempo y momentos continentales. Ella nunca guardo silencio de sus ideas, tampoco le interesaba quedar bien y prestar actitudes para intercambiar favores. Crítica de Fidel Castro y Cuba, su patria original, Costa Rica, la sepultó olvidándola, a la postre, tras ganar un premio de poesía con su primer libro, Los elementos terrestres, se mudó a Guatemala por una temporada para, después y, finamente, en 1955, instalarse en México, donde permanecería la mayor parte del tiempo hasta su muerte.

A partir de su primera obra poética, destacan sus intereses y prioridades como poeta, los cuales se corresponden a la tradición lírica que asume al lenguaje poético como un hechizo, como un extravío metafísico, la quintaesencia de la palabra. Desde antiguo, los clásicos grecolatinos han expuesto el binomio teórico que comprende al lenguaje como un artificio que solo imita convencionalmente las cosas y el lenguaje como un acto natural que, por su origen, es creador. Esta disputa platónica revisada en el diálogo el Teeteto alcanza siglos de sendos estudios y debates teologales hasta pasado el Medioevo entre la teoría de los universales y los nominales. Esta tradición filosófica sobre el lenguaje la retoma el temprano Romanticismo alemán, ya en época moderna, para orientarla hacia la dimensión de la poesía. Especialmente Novalis, en su brevísimo fragmento Monólogo, reflexiona sobre el entusiasmo y espíritu del lenguaje. Poetas de esta estirpe, que fundan su poética en la idea del lenguaje como una instancia adánica, creadora, bíblica, y mítica, se contrapone con la otra tradición que ven en el lenguaje una dimensión directa de comunicación, conversación, énfasis en la realidad para dar testimonio de la Historia y lo histórico. Eunice Odio forma parte de la primera serie, los poetas que, a través del lenguaje nombran el mundo, lo originan y fundan.

Por ejemplo, Los elementos terrenales es un poema de amor carnal y espiritual vinculado con la tradición de amor escrita por Salomón signado en el Antiguo Testamento. El amor como elemento transformador y trascendente. También en este poema se lee Cántico espiritual de San Juan de la Cruz, el misticismo y teología que conciben al cuerpo como la parte material para llegar al éxtasis. El cuerpo y el lenguaje, entonces, son los elementos terrenales que mutuamente están asociados por la poética de Eunice Odio cuyo propósito es la doble transubstanciación, tanto la del cuerpo y como la del lenguaje, pues uno y otro son las vías de metamorfosis en un doble plano, el textual del poema y el trascendental de la existencia. Este dualismo se realiza, por una parte, en el marco textual del poema vía el lenguaje poético y, por otro lado, ocurre en el nivel de la existencia a través de la marginalidad del cuerpo. La autora, por tanto, considera que los elementos terrestres, haciendo alusión al nombre mismo de su poema, son la alianza de dos mundos, en el nivel del lenguaje, el significante con el sentido polifónico de su significado y, en el nivel corporal, el mundo terrenal con el místico. La obra toda de la poeta costarricense hereda una gran tradición de la poesía de amor jamás y mejor escrita.

 

 

 

 

 

 

Fernando Salazar Torres (México). Poeta, crítico literario, ensayista y gestor cultural. Licenciado en Filosofía por la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa (UAM-I). Maestría en Teoría Literaria (UAM-I). Doctor en Literatura Hispanoamericana en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) con estancia de investigación en la Universidad de Salamanca (Usal). Docente en la Escuela de Escritores (Madrid) y Casa Lamm (México). Ha publicado los poemarios Sueños de cadáver (México, 2015), Visiones de otro reino (México, 2018), el libro de artista Ghazhal/Gacelas (Espolones, 2021) en conjunto con el artista plástico y poeta Fernando Gallo, y Divã da Hispânia/Diván de Hispania (Portugal, 2022) con el que obtuvo el XX Premio Literario Naji Naaman (Líbano) en el área de creación. Su poesía y ensayos se han publicado en revistas literarias impresas y electrónicas. Su poesía ha sido traducida al italiano, portugués, rumano, catalán, búlgaro, griego, árabe, bengalí, persa, ruso, coreano e inglés, y publicada en varias antologías. Director de la revista literaria Taller Ígitur. Coordinador en Hispanoamérica del “Dylan Thomas Day”, colaborador organizativo en la Feira do Livro Maputo, Mozambique. Es miembro del PEN Club de México. Forma parte de la Cátedra Hispánica de Estudios Literarios.