Breve recorrido de Rafael Lapesa (1980) sobre los orígenes e influencias en el español. Por Yordan Arroyo Carvajal

 

 

 

 

 

 

Breve recorrido de Rafael Lapesa (1980) sobre los orígenes e influencias en el español

 

Yordan Arroyo Carvajal

 

 

 

Docente universitario e investigador académico

yordan.arroyo@ucr.ac.cr

 

 

Pueblos aborígenes, inmigraciones y colonias

 

La historia de la península ibérica antes de la conquista romana encierra una serie de problemáticas, las cuales se han ido resolviendo poco a poco, sin embargo, mucho de los datos son hipotéticos. Un punto a destacar, debido a los diversos estudios realizados para entender los cambios lingüísticos que han sufrido las lenguas romances hasta hoy, es que la cultura de los iberos sea muy probablemente de origen norteafricano.

Dentro de las mezclas culturales que hubo, se encuentra la permanencia de la civilización tartesia o turdetana en la actual baja Andalucía y el sur de Portugal, cuya civilización se ha relacionado con los etruscos de Italia. No obstante, los fenicios de quien viene el término Hispania (tierra de conejos) y los griegos lucharon por la adquisición de la civilización tartesia. Además, en el siglo VI se tiene por dato la llegada también a Andalucía y Portugal de los celtas, aunque, no hay certeza de si fueron los preceltas, los protoceltas o los paracélticos, pero aquí lo importante es ir viendo la mezcla de culturas que se iban formando, lo cual, tiene que ver mucho en la formación de la lengua, que a su vez es cultura.

Por otra parte, existe una hipótesis que indica la llegada de una inmigración ligur. De ello, cabe mencionar la propuesta que la presencia del sufijo “asco” a la mitad septentrional de España se debe a los ligur y los ilirios. Lo mismo sucede con el sufijo “ona” de Barcelona, Badolona, Ausona, Tarazona, entre otros. También se tienen toponímicos como corconte y Corcuera y los derivados de carau. Aunado a ello, se tienen las influencias de los ambrones y esto se observa en los toponímicos Ambrona, Ambroa, Hambrón, de Soria, Coruña y Salamanca. Además, muchas ciudades tienen nombres de origen guerrero celta, estas son las compuestas por “briga” que significa (fortaleza) o “sego” que significa (victoria), por ejemplo, Mundo Briga, Segontia, entre otros. Enseguida, se tiene pueblos como Bedunia, hoy llamado Bedonia y que vienen del celta “bedus”. También, debido a que los celtas adoraban los ríos y les hacían cultos, se encuentran los ríos compuestos por el celta “deva”, cuya raíz indoeuropea es la misma del latín “deus, divus”. Coruña y Coruña del norte son resultado del celta  “clunia”. En fin, en Occidente, abundan los nombres de origen celta.

 

 

El vascuence y su expresión primitiva:

 

Mientras el resto de la península aceptó el latín como lengua propia, olvidando sus idiomas primitivos, la región vasca conservó el suyo y cabe decir que no hay esfera material o espiritual que no esté llena de latinismos. El vasco es de procedencia africana y recibió influencias indoeuropeas como las precélticas y célticas, además acogió latinismos y voces románicas. No obstante, antes de los siglos VI y VIII surgen ciertos cambios en la lengua tienen que ver con los indígenas.

De otra parte, el vascuence posee un morfema “en” (“ena” con el artículo “a”, variante enea) para formar derivados de apelativo, ejemplo Ibarrena de Ibar. Nombres latinos antiguos como Manciena, entre otros.

Grosso modo, los indoeuropeos preceltas y celtas como iberos se impusieron a habitantes previos cuyas lenguas pudieron tener conexión con el vasco e influir como substrato en la de sus dominadores. Sin lugar a dudas, debe reconocerse la influencia del factor indígena en la formación de los romances.

 

 

Sustratos lingüísticos prerromanos en la fonología española:

 

Sin lugar a dudas, debe reconocerse la influencia del factor indígenas en la formación de los romances, los siguientes casos explican ello: La /f/ latina pasó a castellano a /h/ aspirada, que en una etapa más avanzada ha desaparecido, ejemplo de ello fagea-- [haya] --- [aya]. Tanto en el español como en el vasco el sistema de las vocales está constituido por cinco fonemas, repartidos en tres grados de apertura.

 

 

Huellas prerromanas en la morfología española:

 

En español se conservan algunos sufijos derivativos nominales de abolengo prerromano. De ellos, los que tienen hoy mayor vitalidad son los despectivos: -arro, –orro y -urro (buharro, machorro, baturro), de origen mediterráneo primitivo. Por los siglos XI y XII subsistían –ieco y –ueco, procedentes de –eccu y –occu no latinos. Hoy se encuentran con pérdida total de significado en palabras como muñeca o morueco y en nombres de lugar como Barrueco. En peñasco, nevasca, parece sobrevivir un sufijo lijur –asco. Acaso tenga el mismo origen del patronímico español en z (Sánchez, Garciaz, entre otros).

Del precéltico o céltico –aiko, -aecu, muy atestiguado en inscripciones hispanas, proviene –iego, bastante activo en otro tiempo, pero apenas empleado hoy fuera de los derivados antiguos como: andariego, mujeriego, labriego. A veces solo se conoce la forma derivada y no la primitiva, así sucede en ráfago, bálago y otros. El sustantivo páramo es indudablemente prerromano y probablemente lo es también légamo o légano, parece tratarse de un hábito heredado de las lenguas peninsulares anteriores al latín.

 

 

Vocabulario español de origen prerromano:

 

Hay palabras de periodos más antiguos que la romanización, entre ellas se encuentran: abarca, artiga, aulaga o aliaga, barda, barraca, barro, cueto, charco, galápago, manteca, perro, rebeco, samarugo, silo, sima, tamo, toca, tojo.  “Vega” tenía en el siglo X y XI las formas baica y vaiga, semejantes al vasco ibaiko que significa ribera.

El léxico de origen precelta o celta comprende sustantivos referentes al terreno, nombres de árboles y plantas. El calzón era prenda característica del vestido celta, y el término correspondiente, “braca”, ha dejado al español  “braga”

Hay ciertos asuntos interesantes que se deben de mencionar, Tito Virgilio Varrón afirma que lancea que en español significa lanza, no era voz latina, sino hispana, por ende, podría ser un celtismo peninsular. Plinio recoge  “arrugia” –conducto subterráneo-, antecedente de arroyo. Da cusculium en español coscojo, coscoja.

La influencia de las lenguas prerromanas en el vocabulario romance de la península, según se puede apreciar hoy, se delimita a términos de significación sumamente concreta, referentes en su mayoría a la naturaleza y a la vida material. No pervive ninguno a la organización política y social ni a la vida del espíritu.

 

 

Celtismos del latín

 

No son prerromanos muchos cultivos que tomados de los galos, adquirieron carta de naturaleza en latín y pasaron a todas o gran parte de las lenguas romances. Así ocurrió con un nombre característico del vestido celta, “camisia” que en español viene a ser “camisa”. Enseguida, la vivienda celda dejó al latín “capanna” que en español es “cabaña”, la bebida típica de los galos se llamaba “cerevisia” que da en español el origen de cerveza. Medidas agrarias de igual procedencia son “arepennis” >arpendi y leuca> legua. Los romanos aprendieron de los galos nombres de árboles, plantas y animales: alauda y salmo son en español: “alondra” y “salmón”. La habilidad de los galos como constructores de vehículos hizo que los romanos se apropiaran de los celtismo “carrus” > carro y “carpentum” que es un carro de dos ruedas. “Carpentarius” que es carrero. Posterior a ello, amplió su sentido hasta hacerse equivalente de “tignarius”, lo cual es el origen de carpintero. Dos términos celtas que adquirieron gran difusión en occidente son: “brigos” que significa fuerza y da origen a “brío” en español, la otra palabra es “vassallus” que da origen a “vasallo” en español, lo cual sirvió para designar una relación social que los romanos desconocían.

 

 

Vasquismos

 

Después de la romanización el vascuence ha seguido proporcionando al español ciertos vocablos. En la onomástica española entraban nombres como Garsea > García, Xemeno > Jimeno.

El vocabulario español de origen vasco seguro o probable incluye además términos alusivos a usos hogareños como socarrar. Nombres de minerales, plantas y animales como lo son: pizarra, chaparro, zumaya. Prendas de vestir: boina y samarra. Agricultura, tracción y ganadería: laya, narria, cencerro. Navegación: gabarra. Metalurgia: chatarra. Supersticiones: aquelarre, entre otros.

Del vasco buruz que significa -de cabeza, cruzado probablemente con una voz árabe, vienen los españoles de bruzos, de bruces, de bruzas, y el portugués de brucos.  Nuestra chabola es adopción reciente del vasco txabola.

 

 

La lengua latina en Hispania

 

Romanización de Hispania:

 

La segunda guerra púnica decidió los destinos de Hispania, dudosa hasta entonces entre las encontradas influencias oriental, helénica, céltica y africana. La mitología clásica alzó templos consagrados a Diana, Marte o Hércules y pobló de ninfas los bosques hispanos. Aún hoy sobrevive en Asturias la superstición de las xanas, hermosas moradoras de las fuentes, que tejen hilos de oro y favorecen los amores. Xana es evolución fonética y semántica de Diana.

Con la civilización romana se impuso la lengua latina, importada por legionarios, colonos y administrativos. La desaparición de las primitivas lenguas peninsulares no fue repentina, hubo un periodo de bilingüismo más o menos largo, según los lugares y estratos sociales. La toponimia asturiana abunda en derivados de nombres latinos de terratenientes  como por ejemplo: Antoñana, Cornellana, Jomenzana, Terenzana, de Antonius, Cornelius, Diomedes, Terentius, pero la epigrafía de la misma región ofrece nombres indígenas de dioses, individuos, y gentilidades hasta fines del siglo IV por lo menos.

 

 

El latín:

 

Tras un aprendizaje iniciado en el siglo III a.c el latín se hizo apto para la poesía, la elocuencia y la filosofía, sin perder con ello la concisión originaria. Helenizada en cuanto a técnicas y modelos, pero profundamente romana de espíritu, tales ejemplos son: Marco Tulio Cicerón Publio Virgilio Marón, Horacio y Tito Livio, que son los grandes clásicos de la era de Augusto. Por último, cabe decir que Hispania contribuyó rotundamente con el florecimiento de las letras latinas, primeros con retóricos como Séneca y luego con un grupo de grandes escritores como Lucano, Marcial o el mismo Séneca.

 

 

Helenismos:

 

La conquista del mundo helénico familiarizó a los romanos con un mundo superior, eran los griegos una civilización dotada de grandes conocimientos y asuntos culturales, como por ejemplo, el buen amor hacia el arte y la gramática de la lengua. Con el acercamiento a Grecia, llegaron a Roma conceptos generales y actividades del espíritu tales como: idea, phantasia, philosophia, musica, poesis, mathematica, tecnicismos literarios: tragoedia, comoedia, scaena, rhythmus, ode, rhetor. Palabras relativas a danza y deporte: chorus, palaestra, athleta. A enseñanza y educación: schola, paedagogus, en fin, casi todo lo que representa refinamiento material y espiritual.

La lengua se llenó de grecismo más concretos y probablemente más antiguos que los de introducción culta, entre ellos: nombres de plantas y animales como ariganum, sepia (orégano, jibia). Costumbres y vivienda: balneum, camera, apoteca (baño, cámara, bodega). Utensilios e instrumental: ampuray y el diminutivo ampulla (por anphora>ánfora), sagma chorda (ampolla, jalma, cuerda). Navegación, comercio, medidas: ancora, hemina (ancla, áncora, hemina). Instrumentos musicales: symphonia, cithara (zampoña, zanfoña, cedra, citara), etc.

Durante el imperio nuevos latinismo penetraron en el latín vulgar. La preposición katá tenía valor distributivo en frases como kata duo, kata treis (dos a dos, tres a tres), introducida al latín es el origen de nuestro  “cada”. El sufijo verbal izein fue adoptado por el latín tardío en las formas -izare e -idiare, la primera más erudita, sigue hoy siendo en español –izar, utilizada para la formación de verbos como realizar, cotizar, ridiculizar, entre otros. Mientras que –idiare, ha dado el sufijo popular –ear, con el cual se pueden formar verbos como coquetear, guerrear, colorear, entre otros, es este último más espontáneo y prolífico. El adjetivo macarios (dichoso, bienvenido), se empleaba como exclamación en felicitaciones, de su vocativo –macarie proceden el italiano –magari y la antigua conjunción española maguer, maguera, (aunque).

Como el griego poseía fonemas extraños al latín, fueron remplazados por los sonidos latinos más parecidos, la υ, era semejante a la u francesa, pero en latín pasó a la u velar. Las aspiradas θ, φ,  χ, se transformaron en p, t, c. Así  μινθα (pronunciación en griego clásico: mintha), dio minta, que en español da menta. Es frecuente en el latín arcaico y luego en el vulgar que la oclusiva sorda κ se convierta en g, en lugar de c, su correspondiente latina: κμβερναν (pronunciación en griego clásico: kmberan), en latín -gubernare y en español –gobernar. En boca del pueblo la -γ se pronunció como –i, la -ph como –f. -th y -ch como –t, -c.  Las oclusivas sordas –π,- τ,- κ se sonorizaron después de nasal.

Las perífrasis verbales –dicere, -habeo y –scriptum habeo, origen del futuro y del perfecto románicos corresponden exactamente a  εχω ειπειν (pronunciación en griego clásico: ekhɔː eipiein), εχω γεγραμ-μενον (pronunciación en griego clásico: ekhɔː gegraom-menon). Las romances -estoy diciendo, - va y dice, - tomo y me voy, tienen igualmente precursores griegos. En las oraciones subordinadas, las oraciones griegas se apartan del latín y coinciden con el griego en el uso de modos verbales, infinitivo y gerundio. Cabe decir, que la implementación de grecismos, continúo tras la caída del Imperio Romano.  La entrada de θειος, θεια (pronunciación en griego clásico: theis, theia)>latín tardío: thius, thia que reemplazaron a avunculus, patruus, matertera, y amita (en español: tío, tía). Thius era todavía griego para San Isidoro.

Con la entrada de la Edad Media o ya la Moderna el comercio y la navegación trajeron (ε) εαμιτος (pronunciación en griego clásico: eamitos)> xámet, xámed (tela de seda), entre otros.

La ciencia y las filosofías medievales, renacentistas y modernas nutrieron y nutren su terminología con abundante incorporación de helenismos: unos tomados ya por el latín en la antigüedad, otros directamente del griego. Muchos son compuestos y derivados de nueva formación, que ni el griego clásico ni el bizantino ni el griego conocieron (cefalópodo, traumatología, anafilaxia, megalómano, diacronía, tecnocracia, entre otros).

 

 

El cristianismo:

 

El cristianismo ayudó totalmente a la completa latinización de las provincias. Muchos latinismos del vasco se deben esencialmente a las enseñanzas eclesiásticas. El análisis de la propia conciencia, el afán por ver en los actos la intención con que se realizaban, explica el crecimiento de los compuestos adverbiales –bonamente, sanamente. Aunque estos hubieran empezado a utilizarse antes. La doctrina y la organización de la iglesia están llenos de términos griegos que constituye la última capa de helenismo recogidos por el latín, entre ellos se encuentran: evangelium, ángelus, apostulus, diabolus, ecclesia, basilica, episcopus, diaconus, catechumenus, asceta, martyr, eremita, baptizare, monasterium, coemeterium. Muchas de estas voces grecolatinas han tomado un sentido especial al utilizarlas en la iglesia: logos, verbum, charltas, ángelus (en griego: mensajero), martyr (en griego: testigo), entre otras. Especial difusión tuvo parabore, formada sobre el griego parábola (comparación), el vulgo lo tomó del lenguaje eclesiástico y le dio el sentido de –hablar. De -parabola, viene al español –palabra.

 

 

La decadencia del imperio:

 

Con la caída del Imperio Romano aumentaban los latinismos, aparecía la adscripción del hombre a la gleba y se iniciaban formas de relación social que habían de conducir a la servidumbre, encomendaciones y behetrías. –Senior (anciano), adquirió el sentido de –amo, señor, en oposición al junior –mozo, siervo.

 

 

Latín vulgar y particularidades del latín hispánico

 

Latín literario y latín vulgar:

 

Durante el Imperio, las divergencias se aumentaron, el latín culto se estacionó, mientras que el vulgar, con rápida evolución proseguía el camino que había de llevar al nacimiento de las lenguas romances. La lengua literaria decayó, y ya en el siglo VII solo la empleaban eclesiásticos y letrados, aunque, su lenguaje presente inseguridades que permiten la integración de vulgarismos, palabras nuevas y numerosas voces románticas o exóticas.

 

 

Morfología y sintaxis:

 

Las construcciones con –de más -ablativo y –ad más –acusativo, invadieron los restantes dominios del genitivo. Por otra parte, la evolución fonética suprimía la  /-m/ final, eliminaba la distinción entre vocales largas y breves e igualaba la /ü/ con la /ō/, con lo que las desinencias de ciertos casos coincidieron con las de otros: el nominativo -rosa, dejó de distinguirse del acusativo -rosam y del ablativo -rosa. En cambio, formas romances como hombre, luz, verdad y ladrón son resultado común de los acusativos -hominem, -lucem, -veritatem, -latronem y de los ablativos -homine, -luce, -veritate, -latrone, pero no de los nominativos -homo, -lux, -veritas, -latro. Debe añadirse que el indoeuropeo tenía nominativos de plural /-as/ y /-os/, conservados en osco, umbro y el celta. Para /-os/ en centibérico. Motivaciones internas del sistema lingüístico se combinaron con la acción del substrato para que inscripciones de diversas zonas del Imperio, entre ellas Hispania, digan abundantes nominativos del plural como: filias, libertas, y para que el latín hispánico hablado /-os/, se generalizase como desinencia del nominativo y acusativo del plural para los temas en /-o/.

También se simplificó la clasificación genérica: los sustantivos neutros pasaron a ser masculinos (mancipium>mancebo, tempus>tiempo) o femeninos (sagma>jalma). Muchos plurales neutros se hicieron femeninos a causa de su –a final: folia>hoja, bracchia>braza, rama>rama, ligma>leña.

En la lengua clásica, los comparativos en –ior, y los superlativos –issimus, alternaban con  perífrasis como- magis dibius, maxime idoneus. El latín vulgar reemplazó -formosior, -grandior, por –magis formosus, -plus grandis, y –altissimus por –multum altus.

La influencia del lenguaje coloquial que daba alto margen al elemento deíctico o señalador, originó un profuso empleo de los demostrativos. A su vez, el numeral –unus,  empleado con el valor indefinido de –alguno, cualquiera o cierto, extendió sus usos acompañando al sustantivo, que designaba entes no mencionados antes, cuya entrada en el discurso suponía novedad o conllevaba carga expresiva.

En la conjugación, muchas formas desinenciales fueron sustituidas por perífrasis. Todas las formas simples de la voz pasiva fueron eliminadas: -aperiuntur, -amabatur, dejaron paso a –se aperiunt, -amatus erat. Se olvidaron los futuros –cantabo, -dicam, mientras cundían –cantare habeo, -dicere habeo, que en un principio significaban – he de cantar, -tengo que decir. Una expresión semejante, -cantare habebam, dio lugar a la formación de un tiempo nuevo, el pospretérito o condicional románico (cantaría, amaría). El verbo –habere, con el participio de otro verbo, servía para indicar la acción efectuada, pero mantenida en sí o en sus consecuencias, como en español –tener (tengo esclavizado el corazón por las letras). Más tarde adquirió el valor de perfecto, y al lado de –dixi, -feceram, surgieron –habeo dictum, - habebam factum.

El desgaste que tuvo el significado de las preposiciones al aumentar sus usos, hizo necesaria la formación de partículas compuestas, como –dex (de- ex), abante, inante, deintro, de trans (español: delante, dentro, detrás).

 

 

Cambios fonéticos:

 

En Hispania, Galia, Retia y casi toda Italia, las diez vocales clásicas, quedaron reducidas a siete.

La separación silábica tuvo un cambio de gran relevancia, surgió un elemento revolucionario llamado yod. La yod, fundiéndose en la consonante que precedía, la palatalizó: muliere> [mulere], filiu > [filu], siendo así como nacieron los fonemas palatales /l/ y /n/, representados con –ll y con –ñ en nuestra ortografía actual.

En latín clásico /ce/, /ci/, sonaban /ke/, /ki/, y el valor de /ge/, /gi/, era el que hoy se le da a –gue, -gui.  Durante la época imperial, las oclusivas /c/, /g/, situada ante /e/, /i/, sufrieron un desplazamiento de su punto de articulación: las vocales palatales las atrajeron hacia la parte delantera de la boca. La /c/, llegó a pronunciarse de tal forma que dio nuestra /ch/. Otros fenómenos de asimilación y absorción: el grupo /ns/, solía pronunciarse como simple /s/: -mensa, -ansa> -mesa, -asa. /rs/, pasaba a /ss/ y aun a /s/: -dorsum>dossum.

 

 

Vocabulario:

 

El léxico del latín vulgar olvidó muchos del clásico, con lo cual se olvidaron diferencias de matiz que la lengua culta expresaba con palabras diferentes, por ejemplo, -grandis, indicaba principalmente el tamaño y –magnus, aludía con preferencia a cualidades morales. El latín vulgar conservó solo el –grandis. –Alius, era –en español: otro, diferente. –Alter era –en español: otro entre dos, el otro. Pero –alter, asumió el papel de –alius. Muchas voces clásicas eran asumidas por otras que no eran su sinónimo.

Muchos vocablos con sufijo átono lo cambiaron por otro acentuado: así que –rotula, pasó a –rotella> -en español: rodilla. La formación verbal fue muy fecunda también, se crearon verbos derivados de nombres, como de –carrus-carricarre (>en español: cargar), y de –follis, follicare (>en español: holgar). Derivados de adjetivos como de –altus-altiare (>alzar) y derivados de otros verbos también. Los frecuentativos formados sobre participios, tomaron tal incremento que en muchos casos reemplazaron total o parcialmente a los verbos de que procedían: -ausare (>en español: osar), sustituyó a –audere, entre otros.

 

 

El latín vulgar de Hispania en relación con el del resto de la Romania:

 

Desecho el Imperio en el siglo V, exactamente en el 476 d.c, las provincias convertidas en Estados bárbaros. Llegó un momento en que la unidad lingüística se quebró y las diferencias locales constituyeron dialectos e idiomas distintos.

En los lenguajes occidentales el ritmo del lenguaje tiende a concentrar la fuerza espiratoria en la vocal acentuada, detrás de la cual no suelen tolerar más de una sílaba. En consecuencia, ha desaparecido o se ha reducido mucho la acentuación dactílica. En Occidente las oclusivas /p/, /t/, /c/, situadas entre vocales se sonorizan por la acción del substrato céltico propicio, sufrieron relajaciones en muchos casos y han desaparecido, por ejemplo: -ripa, -lactuca, -mutare, -spatha, -spica, -catena, -caput, -focus, -amican, dan por ejemplo, -tiba, -lecguga, -mudar, -espada, -espiga, -cadena, -cabo, -fuego, -amiga.

Grosso modo, el español es más lento en su evolución en comparación con el francés, el cual en sus primero textos, ya se encuentran más alejados del latín. En español, la relajación de las sonoras intervocálicas procedentes de /t/ y /c/ latinas no han tenido una pérdida extensa.

 

 

Arcaismos del latín hispánico:

 

El latín de Hispania retiene arcaísmo que en Roma fueron rechazados, por ejemplo, el español –cueva, exige un latín –cova, que es anterior a la forma clásica –cava. En el latín arcaico existía un adjetivo relativo –cuius-a-um, que llega hasta Virgilio, pero que después no se emplea, sino en el Derecho, de allí, llega al español –cuyo-a. Por otra parte, Terencio utiliza en sus escritos –quaerere, con el significado del español –querer. En el latín del siglo II, son normales  -fabulari y –percontari (>en español: -hablar, - preguntar). Más joven que Marrón,  muerto antes que él, se encuentra Lucrecio, famoso por su libro De rerum natura,  aunque nunca estuvo en Hispania, emplea –salire, en la aceptación de –brotar una planta,  solo conservada en el español –salir. Más tarde, Séneca emplea su apego por –aptare (>en español: -atar).

Al desaparecer el clásico –loqui, triunfó –fabulari o –fabellare, que subsisten en el español (hablar). El español y el rumano poseen diversas similitudes. De la metáfora clásica de la caza .Afflare (resollar el perro al oler la presa), (>en español: -hallar). De los adjetivos -pulcher y -formusus, más popular queda en el español hermoso. -Bellus, netamente vulgar, llegó a emplearse en español de manera literaria (bello). -Fervere se mantiene en el español –hervir. –Tricutum, de autores hispanorromanos, solo se ha mantenido en el español y el portugués (>trigo).

Los demostrativos –hic, -iste, -ille, indicaban en latín la gradación de distancia en relación con las tres personas gramaticales, al perderse –hic, el latín peninsular expresó la triple gradación con -iste, -ipse y –eccum ille o atque. Eccum ille (>en español:-este, ese, aquel).

En español, portugués y catalán (sobre todo el antiguo y valenciano), se conserva el pluscuamperfecto latino –amaveram, -potueram, totalmente o parcialmente convertido en subjuntivo (>en español: -amara, -pudiera).

Solo en el Centro y Occidente de la Península, guardó el latín hablado ciertos rasgos de la época clásica que desaparecieron en el uso de las demás provincias. Los numerales de decena mantuvieron la tradición clásica –aginta, (>hoy en español: -sesenta, -setenta).

 

 

Dialectos itálicos en el latín de Hispania:

 

Un caso problemático es el de las reducciones /mb/>/m/, que se da en catalán, aragonés, castellano y gascón (-lumbu>-lomo, -palumba>-paloma).

La evolución semántica de –plicare, -applicare, ha conducido a igual resultado al español: -allegar, -llegar.

 

 

Neologismos en el latín hispánico:

 

Se da la tendencia a eliminar la conjunción –ere, en beneficio de las en –ere o –ire,  reduciendo a tres los cuatro paradigmas verbales (-facere>-hacer, -scribere >-escribir). Se dan también formaciones léxicas como –expergitare (en español: -despertar) por expergiscere. –Appacare (en español: -apagar) por –exstinguere, entre otros.

Se dan cambios de función gramatical como el del participio –calens, -entis, convertido en adjetivo sustituto de -calidus (en español: -caliente). O la extensión del adverbio tarde a uso sustantivo, en vez de –sera (en español: -tarde).

Se dan cambios semánticos como el de –sobrinus (primo segundo), que ocupó el lugar de –nepos (en español: -sobrino), el de –rivus, de agua (en español: -río), propio de –fluvius o –flumen. Y por último el de -cibaria (-alimentos a -cereales) (en español: -cibera).

Se poseen noticias concretas acerca de unas cuantas palabras características del latín hablado en nuestro suelo: -columela usa –vulturnus (viento del sur) (>español:-bochorno). Séneca emplea subitaneus (>español:-supitaño). El mismo Séneca da a –pravus el valor de –duro, -rigoroso o –vionto, conservado en el español como –bravo.

En los albores de la época romance, San Isidoro recoge muchas voces usadas en el habla vulgar de España. Algunas son privativas de ella: -antenatus (>español:-alnado). –Argenteus---blanco (>español antiguo:-arienco). –Catenatus (>español:-candado). Columellus—diente canino (>español antiguo:-colmillo).

 

 

Diferencias regionales en el latín hispánico:

 

En el léxico, los catalanes –menjar, -parlar, -trobar, -voler, -taula, entre otros, muestran preferencias opuestas a los castellanos y portugueses: -comer, -hablar, -falar, -hallar, -achar, entre otros.

 

 

Palabras populares cultas y semicultas:

 

El vocabulario latino ha pasado a las lenguas romances siguiendo diversos caminos, por ejemplo: -filius, -genesta, -saltus, han dado en castellano: -hijo, -hiniesta, -soto, según leyes fonéticas que distinguen el castellano de otras lenguas romances. No obstante –argilla y –ringere se deforman hasta llegar a –arcilla, -reñir. De igual forma, -virgine dio –virgen, no (verzen) y –angelus, dio ángel, en vez de (-año o -anlo). De igual modo: -saeculum, -regula, -apostulus, -episcopus, -miraculum, -periculum, -capitulum, pasaron a: >-siglo, -regla, -apóstol, -obispo, -milagro, -peligro, -cabildo, muy distinto de las soluciones normales.

Los cultismos puros se mantienen con fidelidad  a la forma escrita, por ejemplo: (-evangelium>-evangelio, -voluntate>-voluntad).

Por último, cabe decir que una palabra latina puede originar dos romances, una culta y otra popular, en ocasiones los resultados tienen aceptación (fosa y huesa, frígido y frío, íntegro y entero), pero aún en ellas hay distinto matiz afectivo o conceptual. Por lo general son palabras totalmente independientes, sin más nexo que el de la etimología, olvidado en el uso (laico y lego, signo y seña, fingir y heñir, artículo y artejo, concilio y concejo, radio y rayo, cátedra y cadera). Otras veces la duplicidad entre un derivado culto y un semicultismo (secular y seglar) o entre un semicultismo y una voz popular (regla y reja).

 

 

 

Referencia

 

Lapesa, R. (1980). Historia de la lengua española. Gredos.

 

 

 

 

 

 

 

 

Yordan Arroyo (San Ramón de Alajuela, Barrio Lisímaco Chavarría, 1995)Filólogo graduado de la Universidad de Costa Rica. Docente Universitario e investigador académico. Presidente y Director Literario Nacional de la Unión Hispanomundial de Escritores, Costa Rica. Cofundador del Recital Internacional de Poesía “Ponte un alma” y el Recital “Alas en verso” en conmemoración del Día Nacional de la Poesía en Costa Rica. Compilador de las antologías: “Voces en el aire” (en proceso); “Sin dolor en la garganta” (en proceso); “Primera Antología de Literatura Infantil Ramonense: Niños y Niñas Héroes en Tiempos de Pandemia” (2021) y Los Gritos de Medea: Violencia de Género en la Poesía Feminista Costarricense (2021), donde también realizó el estudio introductorio.

Realizó el prólogo y análisis literarios en la “Primera Antología Poética Puntarenense” (1990-2019). Forma parte del equipo editorial que trabaja actualmente en la próxima publicación de la “Segunda Antología de Poesía Puntarenense” (en proceso). Ha sido publicado en diferentes antologías, entre ellas: Antología de Poesía Joven. Nueva poesía Costarricense (2020); “Siempre un Girasol. Antología Colectiva” (2020) “Mitologías del río: Transformación” (2020) y “Sexta Antología de Escritores y Poetas Latinoamericanos de la Red Némesis en Perú” (2020). Además, posee distintas publicaciones en revistas académicas, literarias (Taller Igitur, Quimera, Cardenal, Atunys Poetry, Santa Rabia Magazine y Liberoamérica) y en periódicos tanto a nivel nacional como internacional.  Editor y jefe de revistas académicas y literarias en España, Perú y Costa Rica.

Ha sido jurado en concursos sobre poesía y cuento. Es integrante de Poetas del Mundo, Colectivo Faro Cultural, Puntarenas y Grupo Literario Poiesis. Ganador del premio Intercontinental de poesía Kairat Duisseno V Parman, 2020. Ganador del Premio Mundial a la Excelencia Cultural y Literaria “César Vallejo” (2020), Certificado de Oro del Ministerio de Educación Pública en Costa Rica por su excelencia académica en estudios de posgrado y distintos premios más por su aporte a la cultura costarricense.

Brinda talleres literarios a niños. Por último, desde el 2017 ha participado como investigador en 35 congresos, simposios y encuentros a nivel nacional e internacional, figuran invitaciones de la Universidad de Murcia; España, Universidad de la Plata; Argentina, Universidad de la Habana, Cuba y la Universidad Nacional Autónoma de México. Además, fue invitado de honor en la Pluma de Oro, Perú, 2020. Pronto a publicar su primer poemario e iniciar estudios de posgrado en España.