Entrevista

Wafi Salih: La maestra del verso breve en Venezuela. Por Violeta Villar Liste

 

 

 

 

Wafi Salih: La maestra del verso breve en Venezuela

Violeta Villar Liste

 

 

 

¿Quién es Wafi Salih? Leí hace algún tiempo una especie de crónica, del poeta Ender Rodríguez, en la que decía:

 

“Yo Wafi Salih

un haikú con espinas

sobre el mundo”.

 

“El texto a continuación trata de ser un aproximado espejo que se asoma a la multi-versa poética como indagación de la vida en Wafi Salih.  No pretende ser un estudio, cronológico, en todo caso, sería más exacto decir que intenta apenas dejarse tocar profundamente por el aleteo de la lírica y el aullido prolongado de lo más vívido en su literatura. Y es que Wafi (Valera, 1965), es una escritora líbano/venezolana complejamente inclasificable, no representa ella una limitada bandera dedicada solo al registro de versos sobre los dolores de una confrontación armada en el espectro árabe, ni es la pura belleza y absoluta del canto/ haikú, ni tampoco una única ensayista amante de la espiritualidad aborigen venezolana en María de La Onza, menos aún es solamente una pedagoga de la  larga carrera y “maestrías experienciales” o quien solo ha generado “guiones para teatro” montados en más de 300 oportunidades por el país; es decir, no es así, porque Wafi son todas las Wafi Salih que la naturaleza integradora del “Todo” le ha obsequiado ser desde la multiplicidad  demiúrgica que la configura, su “otredad vital” que comulga en ella y se interrelaciona en mediación con el mundo.

 

 

¿Estás de acuerdo?

 

Celebro que traigas esta parte del texto, especie de crónica que escribió el poeta Ender Rodríguez, hace un tiempo. Pues, sabes de mi casi fobia a las entrevistas. Es que sin imposturas, el hablar de mí, me aterra. Prefiero saber que opinan los otros, de la práctica de vida que me sostiene. Meditada por ojos ajenos, observada en mi quehacer obsesivo, me devela algo de la vibración de las palabras que habito.

Siguiendo con la imagen de los rostros que recrea el poeta Ender, confirmo: que con la misma urgencia que escribo, enseño, o pretendo hacerlo. Cara o cruz de la misma moneda, de mi estar. “Todo es un acto de aprendizaje” Por eso, cuando me preguntan: Quién soy, sin titubeos, respondo: Una maestra de pueblo, que le gusta escribir.

Prosigue el poeta Ender Rodriguez, ahora refiriéndose a la deuda de los recuerdos. Lleva la poeta consigo el olor en su memoria del cedro, la flor del azahar, los dátiles, la voz genética al fondo de sus palabras; parte de su infancia y juventud, criada en la Costa Oriental del lago, en el Zulia, Venezuela y esa otra patria de sus parientes de sangre, evoca, también su escritura, el arrullo de los balancines que con su seco chirrido, como un lamento, succiona el negro oro, que es el petróleo.

Lo vivido se ha convertido en sus obras literarias, ella es lo que escribe. Algunos haikús o poesía breve, como prefiere llamarlos, tienen un dejo en su tono, de pureza infantil. Etérea, en ese maravillarse ante los elementos, fluye en una cosmogonía de lo que existe y puede vivirse tanto hacia adentro como hacia afuera. Conocida como la maestra del poema breve, borra las fronteras, los límites, de las realidades, en esos rayos de luz que son sus versos, siendo afuera, adentro, y viceversa. Pienso que estas poéticas tan sucintas, son una manera de sobrellevar el acto de vivir, huir de las puertas de la desolación. Son un método para encenderse el alma desde el enchufe esencial: el verbo.

 

La Vía Láctea

en mi taza de té

cada mañana”

 

 

Y tu Wafi. ¿Cuánto pesa el pasado en la escritura de un autor?

 

Escribimos lo que hemos vivido. Le debemos todo, a lo ya ido. Todo es pasado fabulado, configuraciones del pensamiento guardada en la memoria, que sólo recreamos.

 

 

¿Algún libro en especial evoca otros tiempos?

 

El Dios de las Dunas, Con el Índice de una Lágrima, Cantos de la noche, Las horas del aire, son el recuento y encuentro con la suma de mis partes. Estamos hechos de los otros, de los que caminan silenciosamente por nuestra sangre. Mi prima que enloqueció cuando supo que una bomba racimo, esparció a mi abuela por el patio de jazmines de su casa. Mi otra abuela, niña huérfana, también por la guerra, me dejó por heredad esa alarma en el cuerpo, esa urgencia de vivir, que es la angustia. Mi padre, encarnado y reencarnado en el mapa del dolor, que es el viaje forzado, para un hombre de 16 años, a otro continente.

Yo viajera insomne, dejo que transiten, en procesión, hincando como espuelas sus presencias. Ellos mis ancestros de sangre, y los otros, de la nueva patria que por adopción, también son míos. Sus lamentos son el agua vidriosa empozada al fondo de mis ojos.

 

 

¿Para qué sirve la escritura, Wafi?

 

Tomaré la respuesta, tal cual, del 2000 de un periódico donde tuve el honor de tener las puertas abiertas y varias entrevistas gracias a tu  atenta y noble  labor con todos los artistas, que trataste como familia, en la ciudad de los Crepúsculos, donde tu nombre es evocado con cariño.

El arte sirve: “Para recordarnos nuestra dimensión humana. El arte nos regresa a nosotros mismos, en estado de pureza, activa la esencia divina, creadora.

Ese regreso conduce a la meditación profunda: Somos lo que no se puede clonar, eso que nos diferencia de la máquina y del animal, eso que nos define “almados”, capaces de conmocionarnos, frente a un cuadro, escultura, película. El arte nos lleva a esa experiencia espiritual, que es siempre emancipadora.

Escribir es entrar a un laberinto interior buscando el infinito, el cúmulo de identidades que somos a través de lo que creamos, “El sapo/acerca la charca/ cuando croa”, (del libro “Las horas del aire”) escribo principalmente, para sanar, yo leo para sanar.  En este sentido, el quehacer literario exorciza, conjura y repara  la herida cardinal, que es la vida, su desgarradura. Porque todos estamos heridos de estar aquí”. Rafael Cadenas cavila con nosotros en frente: "Qué se espera de la poesía sino que haga más vivo el vivir. Yo escribo, por la necesidad, de escribir, porque no sé vivir, sin hacerlo, no sé de donde viene esa necesidad, en voz de Rubén Darío: “quise encerrarme dentro de mí mismo, y tuve hambre de espacio y sed de cielo desde las sombras de mi propio abismo”.

 

 

Wafi ¿Crees que la poesía aporta algo a la vida práctica?

 

Para hacer poemas, tienes que estar vivo, para pretender el absoluto, que es lo no tangible, está Dios, el amor, la poesía. En épocas de decadencia, en épocas oscuras, se las trata de separar. Esa necesidad de fusión, con lo intuido, con lo no palpable, eso de nosotros que está fuera, pero sentimos en cada poro, somos hijos de una memoria que nos trasciende y hace capaces de nuevas formas, de pensamiento, esto no es la expresión poética, que al igual que el amor es la unión entre todas las partes.

 

 

Una de tus experiencias ensayísticas, “Más allá de lo que somos” (Zócalo Editores/ Lp5) ¿Qué somos más allá de los que somos?

 

Volveré a hacer trampa, y me apoyaré en lo que dicen los otros, no sé, si es extrema  pedantería o timidez, sólo alivia el compromiso de hablar de mí, y de paso convoco a algunos de los muchos, que tan generosamente consideran mi obra. Más allá de lo que somos, es un grupo de ensayos sobre identidad, en qué me planteo estas reflexiones.

Uno de los ensayos lleva por nombre  “El lugar de encuentro” con un epígrafe  de (Ricoeur) Únicamente en virtud de la fuerza suprema del presente, tenéis el derecho de interpretar el pasado.

Y esta interpretación en gran medida la proporcionan los artistas,  sus obras. Ellos palpan con los sentidos la historia, semilla de lo que somos. La oscilación pasado-presente complica la cuerda del péndulo de las tensiones dialécticas; lo interpretable-el intérprete, innovación-herencia se mueve en un mismo trazado en el que la búsqueda de la “verdad” es trampa y promesa pues se cuela por los tragaluces de las contradicciones aparentes, donde condenar el pasado desde el presente es reactualizarlo,

“La historia en el discurso narrativo” (pag58)

En palabras de Carlos Puertas quien presenta el libro con una forma inusual a manera de    exordium, señala: Wafi no está pensando en una sociología de la historia, su intención no es especulativa apunta, más bien a una poética de la historia. En sus ensayos abunda la ironía y el ingenio, basado en la observación espiritual y su grandeza. Juguetea entre sombras y claridades, se agita y se aquieta como el carcaj y la flecha, otras veces su luz tiembla a través del follaje.

Vidente como todo gran poeta, escudriña la realidad interior, y desde ahí, la fuerza telúrica de su territorio escritural. Por otra parte tenemos ante nosotros una importante pieza de ensayo creativo una valiosa reflexión cuyo contenido subyacente nos plantea profundizar los procesos de etnicidad y revitalización de lo que somos como pueblo y continente, a través de las manifestaciones artísticas, en este caso de la literatura. La fantasía es a veces la forma más honesta de acercase a la realidad, y en este libro se evidencia.

Con el segmento del libro, y las enunciaciones del poeta y antropólogo Carlos Puerta, se abre un dialogo con los lectores, sumo, a lo dicho, que es el discurso inacabado de esta pretensión de libro, su más grande valor. Y reitero mi gratitud por quienes escudriñen sus páginas, y rebatan mis opiniones, nada más placentero que la respuesta acuciosa de un lector, que rebata con pasión mis argumentos. La contradicción genera pensamiento, si eso ocurre, me daré por satisfecha.

 

 

¿Nos pesa la herencia del realismo mágico o hemos logrado reinventarnos?

 

Cito: “Nuestra mirada crece robusta en las letras que fecundan infinitos y nuestra esencialidad se reescribe inventándola como universo” ¿Viven las letras de América Latina una nueva independencia?

Para responder a estas dos preguntas, me gustaría citar fragmentos de uno de mis ensayos del libro “Más allá de lo que somos”, este ensayo se titula: Modernismo: piel sensible de américa:

A la piel sincrética de “nuestra América” como diría Martí, todo llega con demora, para reflejarse en la policromía de un espejo que no siempre atiende a la inversión de la figura, sino que da la versión de unos ojos que miran en muchas ocasiones desde el tragaluz de la desesperanza, pero que en otras imprimen el sello particular de este punto saciado de inmensidad que une porvenir y pasado en un presente prolongado. En el reino de mi aurora no hay ayer, hoy, ni mañana; danzo las danzas de ahora con la música pagana. Se trata de un presente de ahora, de respuestas, que combinan el lamento africano, el torrente bravío del aborigen americano con la raza de hierro que fue de España. Presente de resistencia al colonialismo, de coqueteos y espadas, de guerra y paz para más guerras; presente plagado de accidentes, de incidentes. Una danza al interior de un mapa en cuyas fronteras la búsqueda es capitana de deseos y pasiones, es la llave de un mar que la anega. A mitad de los nubarrones de polvo que se levantan en los acomodos y reacomodos de las jóvenes repúblicas americanas, cobra fuerza un halcón con garras de hierro: el positivismo, tomado como el guardagujas que guiará la empresa civilizadora, la punta de una lanza que se hunde en el pecho para raspar el alma con la vana promesa del progreso. La razón práctica, la modernidad, establece con gozo su señorío en las entrañas de un mundo que se desdibuja de tanto esbozar la identidad. Un gran Apocalipsis horas futuras llena. ¡Ya surgirá vuestro Pegaso blanco!

La identidad mal-tratada es migas sobre un mantel de larga corporeidad, con las marcas del abandono. El lenguaje se condicionó a este abandono, tuvo que tomar un lenguaje prestado para construir su memoria, para hacer productiva su lectura. Reproductivo, de espíritu poseso por las trampas de una nueva fe, trajinó en el dogma de la ciencia, en el clisé de lo axiomático cual pájaro carpintero, holló la corteza de un árbol que no sabía distinguir su cuerpo de árbol: El clisé verbal es dañoso porque encierra en sí el clisé mental, y, juntos, perpetúan la anquilosis, la inmovilidad. En el pórtico de una ciudad construida con los tabiques sobrantes, con los que ayer armaron las manos del tiempo la babélica torre de la razón, con esos tabiques “los nuevos maestros” de lo nuevo, pretenden, y así lo hacen, organizar con “una afluente audacia” que “confunde mal aprendidos nombres y mal escuchadas nociones de vivir de tales o cuales centros intelectuales extranjeros” así, de tosca manera, incomprendiendo el tamiz de los procesos, así penetró el positivismo como discurso vivo y un romanticismo blandengue y bobalicón, denunciado con tino por Rafael María Baralt en un texto costumbrista del siglo XlX que no encajaba pues era la moda tardía engullida por seres que parecían diseños de Rabelais. En este gélido tizón de repúblicas comandadas por intelectuales positivistas, generales del libre comercio monopólico, de ciudadanos vacilantes, aquí “vuestro” “Pegaso blanco” carga en el lomo la respuesta romántica: El modernismo.

A confesión de partes relevo de pruebas, reza un adagio popular. Retumba el eco del tambor cuando la piel viva se encuentra con el cuero muerto, música que resume el sentimiento curtido en la espera. Confesos, los modernistas asumen su romanticismo, la búsqueda encuentra mano, ritmo e instrumento.

Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo, botón de pensamiento que busca ser la rosa, se anuncia con un beso que en mis labios se posa el abrazo imposible de la Venus de Milo. Se postula la heterogeneidad del continente, se ponen en escena todos los factores confluyentes en nuestra cultura, su universalismo globaliza lo regional, tal como los románticos hacen de la finitud un infinito. El modernismo no presume de blanco, de negro, ni de aborigen del continente con cintura minera, piensa y se piensa como mosaico, como filiación de imposibles, fundamenta la búsqueda de la identidad en la armonía de quiebres dolorosos presentes en nuestro programa cultural: “Y muy moderno, audaz, cosmopolita”, canta Darío celebrando la vida y la esperanza.

La conciencia de la modernidad de fin de siglo es actualizadora de un discurso que viene como eco antiguo, esa conciencia de la propia modernidad romántica y rebelde se ve en la tez mestiza, sin complejos de inferioridad, al palpar las mixturas de una originalidad que reelabora el universo de inventos, pues es alentada por los mismos sentimientos.

 

 

¿Qué falta por decir y hacer a los autores latinoamericanos para completar su autonomía literaria?

 

Pese a que las crónicas, las cartas y documentos fundacionales de América, es bastantes ocasiones se huellan de imaginación, de exuberancia, en donde no sabemos que mundo aborda o desaborda lo real o lo ficcional todavía estábamos como: “El Rostro que no se ve” buscando ese  “mi rostro” que nos dona el poeta Rafael Cadenas. La gran necesidad era comunicarnos para eso se reinventa el ensayo que a decir José Miguel Oviedo: “es una forma dialogante, un pensamiento que quiere ser comunicación abierta, tanto con el lector como con el mundo histórico a que pertenece”

Búsqueda y comunicación las señas aladas de la identidad, qué nos une: el sincretismo de armar dos fragmentos titilantes que nos fundan esencia.

El ensayo es la búsqueda, con todos los desvíos, vacilaciones y contradicciones normales en este proceso. Algo más, “es una forma dispersa y fragmentaria, que no sigue un cause retórico previamente establecido, es quizás una hermana del gesto “rapsódico” de Montaigne, que reacciona  las verdades absolutas e inmutables de la ciencia de su tiempo  con un género que no vacila en declarar su carácter no exhaustivo e incompleto –un texto literalmente  abierto- “esta larga cita que es de José Miguel Oviedo expresa el por qué el ensayo es el género que pareciera corresponderse con el semblante de América, atiende al espíritu  del continente, abotona las tres resistencia en una camisa que se prolonga a todo el cuerpo de este, texto, pero además, abre las compuertas de esa “ausencia“ que nos “recoge”. El ensayo es la respuesta escrita al grito clemente de búsqueda de identidad. En América se entiende el poder de la palabra, dicho bellamente por Cadenas: “el mundo está en un borde, se necesitan palabras que golpeen, no necesariamente con estridencia. Pueden ser calladas, dejan una herida profunda”.

En las postrimerías de la colonia, cuando ya el sonido de los escopeteros hablaba en el norte y en la negra Haití, la América española quería dejar de tener apellido europeo, se ensayó para denunciar, se ensayó para perfilar un nuevo cuerpo. De respuestas también se vive, de silencios teníamos la boca llena, entonces se empezó a aprender a vivir en la palabra; Ensayando.

 

Y se levantó, su primer paso fue corriendo.

“Tiempo es que dejes ya la culpa Europa

que tu nativa rustiquez desama

el mundo de Colón su grande escena”

 

El prerromántico Andrés Bello en el poema América (que más que poema es ensayo poético) con claridad es el que levantado sale corriendo en pos de la identidad.

Una identidad que pasa por abandonar europeos modos, poses que nos niegan, que pasa por buscar la esencia del Americano, en América. La exaltación a lo nuestro recorre la obra del caraqueño, exaltación culta al pasado, exaltación al presente exuberante, incertidumbre por un futuro que se escribe en las alas de un gavilán plantado cuyas patas juegan a ser raíces y junto al pico, conforman al trípode que sustenta lo que vendrá.

 

 

Wafi, recientemente has publicado varios libros, entre ellos: una antología de tu obra en poesía breve.

 

José Miguel navas quien es de mis más hondos afectos, llevaba tiempo recomendándome sacar un volumen de mi trabajo, el insistía, ¡aunque sea una selección mínima! que muestre el proceso evolutivo de tus textos.

Yo creo que por vibración, el universo escuchó sus deseos que por ser honestos tuvieron réplica, y puso en mi camino, o mejor dicho  en mis redes, a la  gran poeta, María Gabriela Lovera, hoy entrañable, quien hizo la selección e ilustración de los textos, y nace Serena en la Plenitud, con una brevísima selección, por Lp5. Por este impulso y la gran acogida de esta publicación, Zócalo Editores, se embarcó en el proceso de edición de los once libros en clave de haiku, o poesía breve.

En este punto requerí el escrito que José Miguel  Navas, que desde hacía mucho había preparado,  las no menos generosas palabras del Maestro José Pulido, y del gran poeta y Editor Adolfo Segundo Medina, que, a través de su  Editorial, Zócalo Editores, acompañan, a “Cielo Avaro” . A ellos se  debe la promoción, difusión y  amorosa energía vital, que nutre esta edición.

 

 

Podrías compartir con tus lectores, ¿qué sientes, que piensas de esta situación de pandemia?

 

La “pandemia nos ha expuesto, somos seres frágiles abandonados sobre el mundo. En mi país, la pandemia lleva años, no es el virus COVID 19, es la desidia, que nos zarandea por la calle de la amargura, nos mantiene  en el limbo de la incertidumbre, vamos descalzos y con el andar de los desahuciados. A la intemperie en la más terrible de las orfandades.

Sin ser una mística, tengo mis protectores internos contra ambas pandemias, la literatura mi amuleto mayor, que me libra de mi misma, y de las inclemencias del mundo exterior y aunque Nihilista en muchas de mis aseveraciones, como me definen los que me leen, creo que somos seres almados. Que algo, de mítica esencia contenemos. Y es esa condición la que nos hace reinventarnos, hacer el viaje inverso, replantearnos como individuos y nuestra relación con los otros, y con el entorno, la posición política, y ser en la sociedad. Sin dudas, es la pandemia el discurso del poder .Vedada la respuesta de su creación, a ciencia cierta, nos silencia y consume. Nos entrega el rostro de ellos, los que ostentan el poder, y manipulan a su antojo el destino de la especie humana sin antifaz, nos envían como corderos al matadero en aras de sostener economías. Claro, los más vulnerables, son los de siempre. Los que no entran en el juego del mercado, los prescindibles. “Viejos” “Pobres” “Enfermos de afecciones crónicas, sida, diabetes, etc” los del margen indeseable, de la sociedad perfecta

. Hay una urgencia por conseguir la cura para el COVID 19, pero hay una urgencia mucha, mucha más apremiante, que nos aqueja, y nos lleva agónicos por el planeta. La desigualdad.

12- ¿Escritura femenina, escritura de mujer, escritura con mano de mujer, escritura sin sexo?

 Continuo involucrando a mis amigos, por esto traigo esta respuesta que di, no hace tanto al poeta Juan Guerrero.

−Yo soy una come flores, Juan, discrepo con Guillen, el poeta español que escribió, “el mundo está bien hecho”. A mi juicio, mal dispuesto por los que determinan el orden. Es evidente que los derechos y los deberes son menos laxos, para los que no tienen bienes de fortuna. Yo no soy indiferente ante los prejuicios raciales, sexuales, y de clases sociales, aún me sorprende la actitud de algunas personas que se crean superiores o inferiores, por estas particularidades, que nada tienen que ver a con nuestra naturaleza almada. En este sentido, soy feminista, activista de las causas crísticas. Y prueba de ello es mi libro. “Las imágenes de la ausente” (Monte Ávila Editores 2012) En este largo ensayo, la hembra humana, y su papel dentro del ámbito social y privado ocupan mis páginas. ¿Dónde está ella, cuando se delibera? ¿Es una ejecutante de tareas, o tiene una participación activa a la hora de la toma de decisiones? Como puedes constatar me he pasado el mundo, reflexionándolo, no desde la soberbia intelectual, nada más alejado de mi ánimo, trato de buscar respuesta a las interrogantes que me aquejan, eso me ocupa. Andamos sobre el mundo, Juan, huérfanos de humanidad, la igualdad de oportunidades, y acceso a los bienes materiales es una quimera. En la poesía, cual caja de pandora albergamos la esperanza.

Comparto un fragmento del primer capítulo de este libro, confiando en que se animen con ello a leerlo completo.

 

 

¿Al abordar la literatura escrita por mujeres, al mirar sus personajes y establecer cómo se configuran éstos, no desde la perspectiva del arquetipo viril- masculino, sino desde la percepción de la experiencia vital, no nos arrojamos inmediatamente en las fisuras de las grandes interrogantes? ¿Hay una sensibilidad especial que marca la construcción del personaje femenino cuando éste es hechura del hombre? ¿En qué se diferencia, si este ser- personaje es producto de la experiencia cultural, de la práctica cotidiana del sujeto femenino que se escribe, que se describe y se muestra en el texto?

 

Sería simple  despachar estas interrogantes por vía de las “expresiones históricas” que sujetan al contrapunteo género- sexista las respuestas y el afán hegemónico que cada grupo  reconstruye como discurso sobre la base de distinciones “biológicas”,  sin embargo, abordarlas desde la mujer- en tanto sujeto que aspira ser hembra humana, es decir ser liberto- apuntalada no sólo en la sensibilidad y la  subjetividad, sino orientada hacia la mirada crítica del poder patriarcal, imprime dialogar en medio de las contradicciones específicas que son el rostro de la discusión que intento.

Desde siempre este tema pasa por el trance de hacer irreductibles    bifurcaciones cuyo piso en ocasiones pareciera no contener el peso de una discusión clarificadora: ¿Se mira realmente la presencia de lo femenino o seguimos en el paradigma que contempla el mero arquetipo de lo que es, sin potenciar la necesidad del deber ser que, en voz de una utopía posible, sirva para reconstruir la igualdad en el marco de la diferenciación?

Abundar en los detalles de un enfrentamiento de sexos es un tránsito sin desplazamiento, aunque es necesario recalcar el crudo argumento que redunda en la visión de la mujer como la siempre excluida, la apartada de la autoría de las épocas, la heroína sin epopeya.

Exclusión ésta, marcada al hacerla ajena del espacio público, con lo que a ella no sólo se le condena a vivir en el lugar privado- doméstico, también se adiciona a dicha condena la argumentación de los rituales: el cuerpo como pecado, la debilidad física, la conspiración banal, el desinterés político, alejándola de la posibilidad de ser semejante al varón en la búsqueda del poder.

Echada a un lado, la mujer redimensiona esa consigna aleatoria de toda revolución: “libertad, igualdad, fraternidad”, para  ella  tiene otro sentido,  pues si bien un esclavo puede liberarse y hacerse propietario de su trabajo, un obrero emanciparse y ser dueño del valor social de su producción y de su vida, una nación puede ser edificada, redimida, la mujer  “al dejar el arma” debe regresar a su labor de madre, de esposa, de hija, de propiedad, pero sobre todo, debe ser  devuelta al principio, AL SILENCIO.

La esfera del poder público donde se ubica la autoridad parece ser la zona del silencio femenino, a modo de voces alimentadas de los discursos que representan y simbolizan el poder y eliminadas, por tanto, de una historia atenta principalmente a los hechos de poder público- político para la construcción de la hipótesis histórica. (Luna: 1996, 70)

Silenciada por una historia que pareciera resumir el poder en las competencias estrictamente masculinas, más allá, como si hubieran establecido límites, líneas que fijaran en el hacer del poder un sujeto infrahistórico dado para siempre tanto en el rito “tribal”, tanto en el porvenir. Sujeto de silencio en cuya legislación se conservan incólumes desde los devastadores símbolos de las dependencias casi divinas propuestas en el mito de Eva, hasta la exclusividad de los pecados rehechos mil veces en el tiempo.

La Sujeto-Eva, membrana de un limo secundario, acto de milagrosa piedad del Dios creador, por consiguiente, extensión concedida en gracia a una naturaleza original; ella no es por sí nada, sólo es la Varona que es en otro. Nada, sólo desprendimiento confeccionado en el sopor de la necesidad. Petición, ensoñación de la soledad, idea yuxtapuesta en el texto edénico. La clave de todo este discurso se construye en la ruptura del espacio de acción público y privado, generados como matrices distanciables y/o antagónicas.

La valoración de ambos espacios organiza desde el ejercicio del eje poder-autoridad, las marcas distintivas del hacer legal; señala pertinencias, distribuye capacidades, ámbitos, labores, hábitos, en síntesis, orquesta una práctica cultural en la que los paradigmas de la dominación aparecen como procesos naturales.

El silencio femenino con relación al discurso del poder es en este marco un modelante sustantivo, esencia de una contención que asegura el funcionamiento de la formación económica- social, cultural- patriarcal

 

 

Hablemos de Discípula de Jung,  De tu Narrativa, ¿Quién eres cuando Narras? ¿Vienen otros cuentos?

 

Cuando narro soy una mujer feliz. A diferencia de la poesía, me rio sola, converso con mis personajes, me encuentro con los otros, voy a lugares, circunstancias vividas, recreadas, o deseadas. Es alterar la realidad de un evento, ese poder lo da el cuento, el poema no, ella es el pozo hondo en el que nos adentramos, cada vez es más profundo, y casi siempre, muy doloroso, es una excavación en el espíritu.

Según dos de los amigos, escritores que han disertado de mis textos les dejo estos fragmentos.

Tomás Martínez Sancho.

 El texto de Wafi se inscribirá, no lo dudo, entre los destacados relatos breves de mujeres venezolanas, tales como los de Laura Antillano o Sol Linares.

En primer lugar, evoca el discipulado de una mujer que sólo recientemente fue sacada de su invisibilización.

Voy con el ser mujer. La propia Wafi presta su nombre –y más que el nombre- a la protagonista de un par de cuentos que, con el recurso de la inclusión, abren y cierran la obra.

No son apariciones ingenuas. Su ser mujeres contraviene en muchos casos el discurso patriarcal y moralizante, abriendo horizontes de una discursividad compleja en conflicto con los clichés extendidos. Feministas pueden decirse, con certeza, muchos de estos relatos. De un feminismo –por otra parte- sin ingenuidades, vivido en la tensión interior de discurso y vida concreta, entre ejercicio público y praxis amorosa…

La vida interior de los personajes, su psicología, es el otro eje a que me he referido. La técnica narrativa (con frecuencia relatos en primera persona) permite abundar en ello. Se pone de manifiesto especialmente en los monólogos, casi siempre interiores

El humor -al que se refiere De Nóbrega en su prólogo-, casi siempre finamente irónico, está presente desde el mismo título. La discípula de Jung, Sabina, se hizo amante y luego maestra. Se sabe que tanto Jung como Freud se enriquecieron, sin reconocerlo explícitamente, de los trabajos de Sabina. Ambos le deben una parte de sus conclusiones, el uno sobre el ánima, y el otro sobre la pulsión de muerte. El discipulado no es, por tanto, en minoridad. Ese tal discipulado desbarata los esquemas reproductivos de unas relaciones verticales. Ahí está el humor con trazos de ironía en el mismo título. La ignota discípula se ha revelado maestra.

Termino. Wafi es, en estos relatos y en su pasión por la escritura, una narradora que no deja el poema, ni sus raíces de médano. La intra-textualidad es un recurso para ello.

Juan Carlos de Nobrega, Otro gran ensayista Venezolano, entre otros, comenta.

Heredera pero no copista de Ramos Sucre, en la inclinación por la Prosa Poética susceptible de confundirse con el cuento, Wafi Salih nos ofrece cuerpos vitalísimos como “El lenguaje de los pájaros” y “Metáfora del vuelo”.

Otros cuentos apuntan a la inconformidad con el despliegue impune de los poderes fácticos, sin rehuir la alusión política punzante ni la solidaridad militante con los marginados

 

 

En tu blog, recoges un buen número de ensayos escritos de tu trabajo. ¿Quiénes te estudian?

 

Entre los estudios realizados, nombraré algunos de los investigadores que se han ocupado con más entrega y constancia al acercamiento a mi labor. Tomás Martínez Sancho, poeta e investigador español, en su libro, “Raíz de Médano” (2014), aborda mi escritura como péndulo entre oriente y occidente. El poeta y crítico Carlos Montesinos, crea una categorización, sustentada y cimentada, “El Wafismo”, blindada por referencias y reflexiones filosóficas. Soledad Vásquez Armella, poeta y traductora al inglés de mi obra, escribe “El portal de la luna,” aún en construcción, donde escudriña sobre la simbología y el aspecto espiritual de mi poesía.

 

 

¿Wafismo? categoría, escuela, movimiento. ¿Cuéntanos un poco?

 

Para responder tu pregunta, pondré al poeta Carlos Montesinos, escritor del libro, a hablar de su libro. Quién mejor que él puede responder esta pregunta: Esbozar el wafismo de Wafi Salih, nos obliga a transitar la senda teórica de los “ismos” los cuales tienen su asidero primigenio en el seno silencioso del alma o del Ser cuyo rol, social o artístico, gira en las constelaciones de los sentimientos o en la planicie de la razón como mecanismo lógico de aceptación, bien sea en el ámbito filosófico, literario o de una sociedad que camina como manada de ovejas inconsecuenciales. Es por ello, que Néstor del Prado (2016) manifestó que el “sufijo ´ismo`, en algunos casos, suele enfermar la palabra y la acción”. Y refiriéndose específicamente a las palabras: a) Formalismo frente a Formalidad. b) Conformismo frente a Conformidad. c) Preciosismo frente a Preciosidad. d) Facilismo frente a Facilidad. e) Secretismo frente a Secreto. Otros como el profesor Antonio Izquierdo, sociólogo, quien señala que una situación económica adversa es la posible aparición de brotes de males (refiriéndose a algunos casos de “ismos”) como el racismo, el sexismo u otros tipos de segregación que también surge del no entendimiento de la diferencia y la diversidad, lo que lleva al desconocimiento del “de enfrente”, y a su estigmatización a partir del miedo. Wafismo —xxvii Desde estos dos planteamientos, se puede inferir que los “ismos” han sido luz y oscuridad a los pueblos del mundo cuya acción le ha favorecido, por un lado, el aspecto cognitivo actitudinal desde una perspectiva literaria, filosófica, cultural y artística; y por el otro lado, la triste destrucción de personas y culturas. De modo, que la escritora Wafi Salih desde el “sufijo ismo” ha construido “sobre la roca” su propia casa con una estructura sólida y firme en contradicción a la deshumanizada actitud de algunos “ismos” hechos en “casas sobre la arena” en el contorno de la vida humana y de la cultura, o lo que llamaría José Ortega y Gasset “La deshumanización del Arte”. Wafi Salih en el ser de su poética teje su propio aire, su propia agua, su propio fuego y marca su propio territorio sobre la inmensa alfombra lingüística de unos poemas brevísimos como un chico manantial cristalino de un profundo significado de vida y que al final, hace de sus aguas ríos como palmeras que bifurcan su diversidad en las aguas marinas de un poema. Así, nuestra escritora zurce en su poética un estilo que trasciende lo común, lo usual y se hace mágico maravilloso, persuasivo y dúctil en el tiempo y sobre ella confluyen culturas distantes y contrarias pero encontradas en el sabio lápiz poético de la palabra wafiana en el péndulo del wafismo. El wafismo más que una tendencia o movimiento, es una actitud, un estilo sobre el cual confluyen una serie de corrientes y culturas distantes, arraigadas a elementos similares en el hecho poético wafiano. No obstante, sus realidades son otras, pero en Wafi, las contrariedades sembradas en el corazón de estas culturas, se encuentran y se acercan en el plano de la xxviii— Carlos José Montesinos Viez unicidad. Es un estilo que desteje lo tejido para construir una estética de la imagen y del lenguaje. Cito: “Padre. El agua lee el ébano profundo y vigilante desde la luz suicida, más allá de los cuerpos de atmósfera ardiente. ¿Cuántas tumbas, hay en el pecho del sol? ¿Cuántas cimas se abisman en tu nombre? Mi hermano, hijo de Abraham, enfermo de Dios, esparce Beirut, en el incienso de la aleya, deshoja en el álbum de la sangre el Ramadán, mientras, la casa de los jazmines, sufre la melancolía de los pájaros ciegos…” (El Dios de las dunas. Pág. 9). Es decir, el wafismo desmonta, desconstruye, desmiembra el “todo” en “partes” para edificar una estética de la simplicidad dentro de una semántica profunda de la imagen como un “todo poético” en el soporte de un lenguaje. Así veía poéticamente, Williams William Carlos, la regeneración de la imagen. Cito: “La rosa se desvanece/ y se renueva/ por su semilla, naturalmente/ pero adónde// salvo al poema/ irá/ para que no disminuya/ su esplendor”. Y a lo que también añade nuestra poetisa Pálmenes Yarza, en su poema “Entre las sombras del parque”. Cito: “Tu memoria es hoy la linde entre dos hemisferios…” (Antología Poética. pag. 110-111). Sin embargo, el wafismo en la poética wafiana se expande con mucha precisión en la genérica del poema como traje de la invisibilidad a expensa del acto cognitivo de una estructura lingüística en el lienzo de la imagen, es un estilo que desmonta para generar una forma que en su esencia revela el mundo. Cito: “Templo en ruinas/ sus días recogidos y olvidados/ brotan en la rosa/”. Otro poema dice: “Eco del mundo/ disperso adentro//Totalidad/ de canto/ adherido/ a la nada/”. Es el nacer del morir. Es el “todo” en “parte” para edificar la forma, la unidad del todo nuevamente. Así, funciona el wafismo de Wafi Salih. Y coincide mágicamente con las palabras Wafismo —xxix del gran poeta colombiano, Vargas Vila, cuando dijo: “Aquel que no sabe destruir, no sabrá nunca crear; no hay nada tan fecundo como las entrañas de una ruina”. No es dañar, es mejorar lo fecundo, la vida, desde lo desconstruido o desde lo inexistente. La “ruina” y lo “disperso” no existen como un “todo” se requiere de la “forma” para la unicidad de lo creado, es por ello, que la poetisa utiliza las imágenes de la “rosa” y de la “totalidad” para generar el “todo de la forma” creada. Desde esta perspectiva, Wafi, deja que la imagen florezca, y que ella renazca aun cuando ya ha sido concebida en la imaginación, en la plenitud del poema bañada en su esencia de las aguas cristalinas de la estética y de un lenguaje cónsono en un distante nacimiento de su resplandor. Es una poesía que en la lumbre del poema brilla de lo simple a lo complejo y de lo complejo a lo profundo. Es el wafismo de nuestra Wafi Salih, que se construye desde el método de la hilación o desde la hebra del soplido, o quizás, desde el resplandor de la palabra. Cito: “Sobre mi tumba/ nace un poema/ perfuma la luna/ “. “Acabo/ de llegar/ de mí/”. El wafismo es la irreverencia de una inflexión sucesiva que en su andanza creativa cuestiona o critica realidades que tocan el universo, así como el colibrí bulle en los labios de la flor. Es decir, es el quiebre de estructuras rígidas en su coercitividad codificada por normas insoslayable. Es supresión y omisión de preposiciones, artículos y adjetivos. Es una técnica invertida donde el carácter vertical del texto se hace preponderante. Cito: “…todos los árboles/ crecen hacia dentro/”. En otro, “(…) // Huye/ desnuda/ cruel/ quebrada/”. Como dijera el poeta César Vallejo: “La gramática como norma colectiva en poesía, carece de razón de ser. Cada poeta forja su gramática xxx— Carlos José Montesinos Viez personal e intransferible, su sintaxis, su ortografía, su analogía, su prosodia, su semántica. Le basta no salir de los fueros básicos del idioma. El poeta puede hasta en cambiar, en cierto modo, la estructura literal y fonética de una misma palabra según los casos” (César Vallejo - El Arte y la Revolución). De allí entonces, que el wafismo sea un estilo que busca con delicadez “el peso de cada palabra” y el “justo nombre de las cosas”; es decir, el wafismo es “nada” pero lo es “todo”. Es “nada” porque funciona en base a la brevedad de la lengua, haciendo de la palabra un delgadísimo resplandor sonoro en su implicitud, en su intimidad, en la intimidad de la palabra como si ésta, en su accionar fuera un suspiro o un soplido, y en su efecto, una escritura del silencio o callada. Es decir, hace de la escritura una supresión y omisión respectivamente de algunos artículos, preposiciones y adjetivos. Pero es “todo” Wafi Salih muestrá con sutileza que era el momento de asumir con responsabilidad los cambios en el Haikú, cosas que teóricamente habían sido esbozados por Blyth, Fernando Rodríguez y Jaime Lorente, además de afirmar que la fuente del Haiku es el budismo zen. Por ello, la poetisa presenta esos cambios cuando desafiando la fuente de la estructura dice: Cito: “Alguien quebró/ la estatua de Buda, ahora/ nido de pájaros/ (Sojam. Pág. 54) “Buda infinito/ ¿custodia este templo/ algo de ti? /” (Ibíd. Pág. 83). “Gorrión herido/ hoy también Wafismo —xxxii es el Buda/ entre mis manos/” (Consonantes de agua. Pág. 59). con Wafi y su wafismo aparece en la escena poética una nueva visión de Haiku y un Haiku del cambio. Finalmente, el wafismo resplandece en las alas de una escritura espigada en el canto de la brizna, de una hebra hablada; es una lengua hilada y de concisión profunda. Es una poesía callada que habla desde la hondura del silencio. El wafismo de Wafi Salih se crece en las crestas de las olas del humanismo. Cito: “(…) // Hay que construir/ un corazón para el mundo/ donde el silencio/ no rompa/ los cristales/”. Y tomo las gratas palabras poéticas de Ibn Sina o como se le conoce Avicena, para significar el ser imaginario de Wafi Salih. Cito: “Una paloma hay en ti, noble y orgullosa, caída de lo más alto del cielo. No hay velo que la oculte y, sin embargo, ni la mirada del iniciado la ve”, Carlos José Montesinos Viez. Lima, 2020

 

 

El haiku es una expresión poética vital en su escritura, ¿cómo decir tanto en la brevedad del verso? hablemos de tu experiencia.

 

Te comente soy ansiosa y obsesiva. Ahora te diré cuál es mi mayor obsesión. No perder tiempo. Este rasgo del carácter, lo he amansado con rituales cotidianos,  una paciencia budista,  puedo asegurar me asiste, aunque  mi pensamiento va a mil por hora.

Parece insustancial y desordenado lo que te comento, pero es como me conduzco sobre el mundo.

La economía del tiempo, impregna todo mi accionar, lo mínimo en muebles en casa, en indumentarias y en palabras. “Mi máxima, lo bueno, si breve, dos veces bueno.(Gracian)

Yo contemplo el mundo y me maravillo, pero no me distraigo en sus rincones Me asomo y lo siento en cada poro, y lo traduzco en un poema en clave de haiku, o golpe de luz, las dos formas en que prefiero nombrar mis intentos.

Basho aconsejaba, “No sigan las huellas de los antiguos, busquen lo que ellos buscaron” por esto trato de fijar mi impronta. Eso a mi juicio es lo honesto.

Otra pregunta que ronda, es mi práctica espiritual. ¿Eres Budista?, ¿practicas la filosofía Zen?, El Budismo, y todas sus ramificaciones, incluyendo el Zen, plantean encontrar lo divino en nosotros mismos, en este sentido coincido, una vida sin ostentaciones, plena, pero sencilla, considero el mayor lujo al que puede acceder alguien que pretende desposar la felicidad.

Mi empeño, es engarzar cada palabra en su justo lugar, un anhelo de perfección pero sin aspavientos, simplemente por el placer de llevar al tope la capacidad de crear.

Esta pregunta, da para muchas conversaciones, te dejo estas mezquinas pinceladas.

 

 

Haiku, que podríamos decir, de esa otra manera de trabajar la esencialidad de la palabra poética, como ven y aprecian eso tus lectores.

 

Querida Violeta, en mi antología tres amigos poetas, escriben en el libro su apreciación, traigo de ellos algunas palabras, y aprovecho para volver a darles las gracias. “José Pulido Quizá no es el caso de Wafi Salih porque ella va más allá en su poesía y creo que actúa como una especie de voz sacerdotal, pero sus poemas son de un canto prodigioso, unico.  Leyendo su antología uno se siente como extraviado, como perdido en un bosque interminable rodeado de pájaros que hablan. También es como una borrachera de frases que te hacen cerrar los ojos y te llevan hasta el lugar que la poeta desea llevarte. Hasta el mareo divino.

Wafi Salih ha conseguido un haiku de alta sonoridad, de resonante significado. Ya figura entre las poetas más destacadas en este tipo de expresión.

Una lámpara

un ratón, un hombre

roen las horas

Este poema dice tantas cosas. Es como un libro completo. Y sus páginas surgen del propio lector, de su experiencia, de sus vivencias. Porque Wafi solo ha colocado el botón allí para ser pulsado.

Lo mismo ocurre cuando escribe algo que cualquier ser humano ha percibido, pero que seguramente no ha podido decirlo de esa manera:

Cerrando

los ojos se juntan

todas las noches

 

Wafi Salih atraviesa el tiempo con su poesía, no se queda en el pasado ni se estanca en el presente. Ella ha estado macerando su pensar y su sentir hasta conseguir una esencia que es calor y aroma, que es arquitectura del celaje y sonido de la inmensa quietud. Todo vacío se distancia en sus poemas. Todo vacío se llena. Ella ha superado las normas y los esquemas. Se ha dedicado a sembrar la vida con esas semillas, que indefectiblemente germinan y brotan en el terreno sensible de quienes se asoman y la leen. De quienes descubren su precioso oficio de poeta indefinible”.

Segundo Medina Ontiveiro.

El haiku de Wafi, si es que así debemos llamarlo, es ese estado del espíritu que capta, que captura la brevedad de la vida, que, cual proceso fotográfico, estampa cada instante del transcurrir del todo, cada latido de la existencia, fotograma que se desarrolla en sepia y que adquiere color y movimiento en el lenguaje, en el decirlo y nombrarlo. Ese fulgurante momento de cada paso del tiempo lo atrapa Wafi y lo convierte en poema, diciendo lo que es en su justo momento. Su maestría es única, y trascendente.

va el sol ya declinando y es un anciano que va hacia su tumba, un gato dormita en el alféizar de una ventana y ahí está la paz del alma,

En Cielo avaro, cuya avaricia contradice su naturaleza, Wafi Salih te entrega, a manos llenas, pletóricas y generosas, estas Moras, esta sabiduría inconclusa vestida con la seda de la ancestralidad y la justicia.

José Miguel Navas.

En los noventas esta  atractiva mujer de rasgos árabes  con el encanto del trópico es seleccionada por La Universidad de los Andes para dar vida a su primer poemario "Los cantos de la noche".  Ya en ese primer libro se vislumbra su poder de síntesis, una concatenación de haikus daba estructura a la concreción y lo sucinto, de su poesía. -En el 2011 la vida y sus pasadizos pone ante mí, los libros de la poeta, grata compañía hasta hoy día. Un amigo poeta al conocer de mi interés por la brevedad que Salih logra, me dijó -ella no escribe Haikus pues no siempre cumple la métrica y la intensión de este género. -Yo le conteste -ciertamente, ella creó un mundo inédito, amalgamo  las bases simbólicos de lo japonés, lo perecedero de medio oriente y el mestizaje de lo venezolano, creando una voz de características universales, a mi juicio poesía en estado puro. Esta discusión agudizo en mí la necesidad de seguir escudriñando la luz que irradian sus textos. Wafi Salih, la exponente de un modo de hacer poesía sin macula, es considerada maestra del verso esencial, que atrapa el instante con  tierna elegancia.

 

 

Recuerdo un haiku en su libro Honor al fuego y espero sus palabras :

 

En mi epitafio

escribe esto: sólo buscó

mirar el cielo

 

 

 

 

Wafi Salih (Valera, 1966), es una poeta y escritora nacida en Venezuela de ascendencia libanesa.  Dedicada principalmente la escritura poética, y en menor medida al relato y ensayo. Se le reconoce por el desarrollo del genero poético haiku en Venezuela de la cual es la primera expositora a nivel nacional. Ha publicado 17 libros en diversas editoriales nacionales y del extranjero, 11 enmarcados en el género poético del haiku. En Ecuador se publicó su libro infantil Cielos descalzos, que fue el libro más vendido en 2008 en el ámbito de literatura para niños.También fue fundadora de las revistas literarias: “El Farallón de los Naipes” y la revista: “Lápiz, Papel, y Creación”. En 2017, se celebró: CONCURSO POR UNA VENEZUELA LITERARIA EN HOMENAJE A WAFI SALIH, organizado por la editorial Negro Sobre Blanco.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VioletaVillar Viste