Entrevista

Sucio, seco, terrenal. Entrevista con Ferreira Gullar (Brasil). Por Eleuda de Carvalho

 

 

 

 

La presente entrevista se realizó y publicó especialmente para Alforja. Revista de Poesía, número 40, primavera 2007, Nueva Época, pp. 31-33.

 

 

 

Sucio, seco, terrenal. Entrevista con Ferreira Gullar

 

Eleuda de Carvalho

 

 

Para celebrar los tres decenios de la publicación de Poema sucio, la editorial José Olympio lanzó una edición conmemorativa que incluye, además del texto de presentación del propio autor y del prefacio de Alcides Villa Villaça (“Delante de un poema, nunca estamos solos”), un CD con la lectura original de Ferreira Gullar, aquella hecha en una cinta de cassete, en 1975, en casa del dramaturgo y amigo Augusto Boal, en Buenos Aires, Argentina, cuando todo parecía una noche sin fin sobre América del Sur. El amanecer era todavía un sueño distante. Sobre “la ciudad sucia / de mucho dolor en voz baja”, de “tanta gente humillada / comiendo poco / y aún así bordando flores / en sus toallas de mesa”. El poeta marañense accedió a hablar especialmente sobre Poema sujo (Poema sucio) y otras producciones en el campo del periodismo, literatura, dramaturgia, entre otras facetas de su trayectoria. Respuestas breves e incisivas. Directo. A veces, seco. Pero abriendo espacio también para la ternura. Es posible hasta imaginarlo con una sonrisa para escribir a los amigos, como el cantor y socio cearense Raimundo Fagner.

 

 

 

 

Usted escribe el Poema sucio en otro cielo, distante. Habla de San Luis, de Alcántara. De la ciudad y, aún más, especialmente de las personas. Y el poema llegó a Brasil del extranjero, en su propia voz, en una cinta magnetofónica. ¿Cómo fue el génesis? ¿Cómo surgió la primera idea, la primera palabra?

 

Pasé una noche planeando comenzar el poema por la mañana. Cuando me senté en la máquina, no veía nada. Entonces comencé a escribir palabras que no querían decir nada: “turbio, turbio, turbio…”.

 

 

“La ciudad no está en el hombre del mismo modo que en sus puestos, plazas y calles.” El fervor de las ciudades: ¿fervor de las criaturas?

 

Digo que la ciudad que está en el hombre no es la misma que está en los puestos, plazas, calles. Es otra, inventada, sufrida, tranfigurada.

 

 

Usted salió de San Luis de Marañao, corrió mundo. Atracó en Río de Janeiro. Mas carga consigo a Marañao, incrustado en el pecho. ¿Principio o final?

 

San Luis fue mi comienzo, inicio de todo para mí. Lo traigo conmigo. Con sus sonidos, olores y ventanas. El paraíso perdido.

 

 

Cuente un poco sobre la prisión a su vuelta a Brasil. Glauber Rocha esperándolo en el aeropuerto. Y la policía tras usted. ¿Qué duele aún de aquella época?

 

No duele nada. Lo que pasó, pasó. La verdad, ellos no me aprehendieron cuando desembarqué porque había una multitud de artistas e intelectuales que me esperaban en el aeropuerto. Al día siguiente me mandaron llamar gentilmente, y allí me esposaron, me vendaron y me llevaron para la DOI-CODI (Delegación de Policía Política). Después de un inútil interrogatorio de 72 horas, me soltaron.

 

 

Me gustaría que hable sobre su encuentro con Oswald de Andrade, y con los hermanos Campos [los poetas Augusto y Haroldo de Campos].

 

El día de mi cumpleaños, el 1 de septiembre de 1953, mi casa fue invadida por Oswald de Andrade. Sonó la companita, fui a abrir la puerta, era él. Me llevé un susto… Pasamos la tarde entera conversando él, Oliveira Bastos, que lo había llevado hasta allá, y yo. Nació una amistad que duró poco, pues un año después él murió. Ya con los concretistas, tuve mayor contacto con Augusto de Campos, en el comienzo de 1955, después de publicar La lucha corporal. Fue un libro que nos aproximó. Enseguida nació la poesía concreta y, meses después de eso, rompí con el movimiento. Ellos eran inteligentes, talentosos, pero estaban obsesionados en hacer vanguardia. El problema estaba allí.

 

 

¿En dónde descubrió o redescubrió, en su estética, la estética de la cultura de nuestro pueblo nordestino? La feria, el cordel, el artesanado…

 

Mi poesía es una invención mía con la colaboración de muchos poetas y mucha gente de todas partes, especialmente del Nordeste. De niño escuchaba cantantes de feria en el Mercado Nuevo, cerca de mi casa, en San Luis. Por eso pude escribir, más tarde, mis historias de cordel.

 

 

Hombre de siete instrumentos. A la palabra, en la poesía, en el teatro, en los guiones para programas de televisión. ¿Da para hacer el trabajo de encargo y la labor del poema?

 

Da, sí. La poesía no tiene nada que ver con el mercado, éste nos da el pan. Ella só- lo viene cuando quiere. Las otras cosas la gente las escribe hasta con fecha marcada y plazo fijo. Fui periodista toda la vida en la redacción de los periódicos y aprendí esa disciplina.

 

 

João Guimarães Rosa, Clarice Lispector, Ernest Hemingway, Nise da Silveira, usted… a todos les es común el arte (de la vida) y el aprecio por los gatos. La medida de lo eterno y el tamaño inmensurable de la belleza. Furia y suavidad. Pero cuente, ¿cómo nació el libro Un gato llamado Gatito?

 

Ese libro nació de un poema que hice un poco en juego contando las gracias de mi gato. A Claudia, mi mujer, le gustó y sugirió que escribiese otros. Escribí, mas no pensaba publicarlos. Una editorial apareció y me propuso su publicación.

 

 

Fagner grabó algunas composiciones con letras y versos suyos. ¿Cómo nació esta alianza?

 

La complicidad con mi querido amigo Fagner nació por iniciativa de él, que puso música a un poema mío. A partir de eso trabajamos juntos un par de poemas míos, que gracias a eso ganaron enorme popularidad.

 

 

Volviendo a Poema sucio, hable un poco sobre esta figura menudita, vestido florido, entre sábanas lavadas y la alquimia del fogón: Bizuza.

 

Bizuza era tía de mi madre y ayudó a criarnos, a mí y a mis hermanos. Se encargaba de la cocina y de todo lo demás. Me acuerdo de ella con enorme ternura y mucha culpa. No sé si le di el cariño que ella merecía. Cuando publiqué me primer libro de poemas y el nombre de ella estaba allí, sonrió feliz. Al menos eso.

 

 

 

 

Ferreira Gullar (José Ribamar Ferreira, Brasil, 1930-2016). Poeta y crítico de arte brasileño. En 1951 marchó a Río de Janeiro, donde entró en contacto con Mário Pedrosa y con un grupo de jóvenes artistas, y comenzó a trabajar como revisor y después redactor en las revistas O Cruzeiro y Manchete, en el Diario Carioca y en el suplemento dominical del Jornal do Brasil. En 1954 publicó Luta corporal, emblema de la poética brasileña, y en 1958 salió a la luz Poemas. Participó después en el movimiento de la poesía concreta de Sao Paulo. En 1959 fundó el neoconcretismo y publicó el ensayo Teoria do não-objeto, referencia obligatoria sobre arte brasileño. A partir de 1961 abandonó la vanguardia y se volcó hacia la cultura popular a través de la creación del Museo de Arte Popular y de la publicación de Romances de cordel (1962-1967). En 1963 fue nombrado presidente del Centro Popular de Cultura (CPC). Con la instauración del régimen militar en Brasil, en 1964, se afilió al Partido Comunista. En 1971 marchó al exilio en Moscú, Santiago de Chile, Lima y Buenos Aires. En 1977 regresó a su país. Poema sucio (1976) es otro hito de su obra. Entre sus restantes obras cabe destacar los libros de poemas Na vertigem do dia (1980), Barulhos (1987) y Muitas vozes (1999), la colección de cuentos Cidades inventadas (1997), los ensayos Indagações de hoje (1988) y Argumentaçaõ contra a morte da arte, y el volumen de memorias Rabo de foguete: os anos de exilio (1998).

 

 

 

 

Eleuda de Carvalho. Periodista cultural, trabaja para el periódico O Povo, de Ceara, Brasil. Originaria de Bahía, reside en la ciudad de Fortaleza. Estudió la maestría en letras y es autora de un libro sobre el santo António Conselheiro.