Rokiñ. Provisiones para el viaje. Entrevista a Liliana Ancalao

 

 

 

ROKIÑ. PROVISIONES PARA EL VIAJE

 

Entrevista a Liliana Ancalao

 

 

El suyo es uno de los nombres que inaugura la literatura indígena contemporánea en Argentina. Aprendiz de su lengua materna: el mapuzungún. Ha sido docente en la escuela secundaria en Chubut. Fue traducida a varias lenguas. Participa activamente en la visibilización del Pueblo Mapuche en el sur argentino –Puel Mapu-. Es reconocida por sus pares en Chile -Gulu Mapu-: Elícura Chihuailaf, Graciela Huinao, David Añiñir. ROKIÑ. PROVISIONES PARA EL VIAJE, es su último poemario, publicado durante 2020, por Espacio Hudson. Pensado desde tiempo atrás, “como drenando la memoria”. En ROKIÑ, se reconfigura una cartografía mapuche de la Patagonia, de este lado de la cordillera, se le restituyen los nombres a la topografía y los lugares a la memoria.

 

Melina Sánchez

 

 

 

Liliana Ancalao es la autora indígena argentina más publicada. Si hubiera que buscar una referencia de este tipo de literatura fuera del país, sería su nombre, sin dudas, el que aparecería al unísono. Su obra se ha traducido a varias lenguas, ha compartido congresos y festivales con poetas y narradores originarios de toda América, fue invitada a diversos eventos culturales en distintas universidades de todo el continente. Hoy se ha convertido ya en una referente para las nuevas generaciones de autores y autoras.

Su poesía empieza en la urbanidad, adonde los mapuches han tenido la necesidad de migrar y tiene como protagonistas a esa misma urbanidad y a los paisanos que allí viven. Esos son los primeros tiempos de la escritura de Ancalao. Pero Liliana emprende el viaje de regreso, que para los originarios es la vuelta a la raíz, a la lengua, a la comunidad, a la memoria. Empieza escribiendo en castellano, sin embargo, con el paso del tiempo recupera el mapuzungún, lengua de sus ancestros, y comienza a traducirse ella misma. ROKIÑ, es de hecho un poemario bilingüe, que se piensa en mapuche, se escribe en castellano –la lengua aprendida, la lengua colonizadora- y que la autora autotraduce al mapuzungún, la lengua ancestral, la lengua madre. Es ese proceso el que están obligados a llevar a cabo, tantísimos autores indígenas del Abya Yala, que han perdido la lengua familiar, y que la están volviendo a recuperar, ya no en el seno de la familia nuclear, sino en comunidad, junto con otros de los suyos. Es todo un ejercicio de descolonización en sí mismo el que hacen quienes deciden emprender este camino de regreso. Lejos de ser una operación automática, esta restauración de la lengua, de la memoria y de la cosmovisión, es un largo camino que se va cumpliendo por etapas, en distintos momentos de la vida, con esfuerzo e insistencia, que necesariamente transforma a los y las poetas que lo inician.

La obra fue prologada por el premiado Elícura Chihuailaf. Y se inicia con una atípica dedicatoria, atípica por lo extensa, pero además poco habitual por las menciones que se hacen en ella de casi todos los miembros de la familia, del lado paterno y del lado materno. Atípica pero muy adecuada debiéramos decir, porque si hay algo que se dice de las literaturas indígenas es que, de algún modo, de aquello de lo que se ocupan es de darle espacio a la voz comunitaria contra todo planteo individualista occidental. Y es en ese gesto de hacer ingresar la voz de todos, que se habla del tiempo presente, del tiempo pasado y de lo que vendrá. Es en ese gesto entonces que se recupera la historia borrada y se restituye la memoria, junto con la potencia de la vida.

 

***

 

 

El libro comienza con una dedicatoria atípica, por la extensión, por la cantidad de personas que se mencionan, porque de repente parece que irrumpe la historia familiar y comunitaria. ¿Nos podría contar sobre ella?

 

Hay dos signos de identidad en nuestra cultura que son el tuwün y el küpalme, el tuwün es el origen territorial y el küpalme es el origen familiar. Y justamente la dedicatoria de ROKIÑ tiene que ver con que en este último tiempo empecé a notar nuestra continuidad histórica, que parecía haber sido interrumpida en 1885 cuando terminó el füta wingka malón -la campaña militar a tierras mapuche- de este lado del Puel, y a pensar en lo que continuó después, la historia de los campos de concentración, la historia de las gestiones que hicieron los supervivientes del genocidio para tener un lugar donde vivir. Entonces la parte siguiente de la historia sería llegar, habitar y conocer los nuevos territorios o reducciones, territorios reducidos. Y después, pasado el tiempo, la pérdida de esos lugares, porque los estancieros alambraban, porque los mercachifles aumentaban las cuentas de los almacenes… y bueno, también la decisión de irse del campo de las generaciones siguientes, de irse a la ciudad a buscar un laburo… bueno te estoy relatando una continuidad histórica que fue borrada aún para nosotros. Aún para las nuevas generaciones. No borrada, sino que no correctamente nombrada desde la identidad. Porque parecía que eran historias que le habían sucedido a la gente pobre del campo y en realidad le habían sucedido al pueblo mapuche. Entonces en ese registro de nuestra historicidad empecé a notar que mi generación, la de mis hermanos, la de mis primos, la de mis amigos, ya nos estábamos poniendo grandes, hablo de 2020, tal vez antes, empecé a notar que bueno, que se iban muriendo nuestros tíos, padrinos, mi mamá murió también y que nosotros pasábamos a ser la generación de los mayores. Yo nací en el 61, ahora voy a cumplir 60 años en el 2021. En esa dedicatoria que vos decís que es tan extensa yo pensé en esa generación que tomó la decisión de venirse del campo a la ciudad esa tremenda decisión y cómo nosotros crecimos acá, nosotros, hijos, nietos de mapuches, mis primos, creo que nombro ahí a mis primos, tíos, seguramente abuelos, conocidos, que eran personas que se vinieron del campo... y nosotros que nacimos con esta identidad.

 

 

¿Hace mucho venía pensando este último libro?

 

No tengo registro de en qué momento empecé a pensar este último libro, pero sí tiene que ver justamente con esta continuidad histórica sobre la que estoy tratando de escribir en poesía, ese tramo de la historia que vivimos sin saber que éramos mapuche. Y también tiene que ver con muchas lecturas que hice porque también coincidió este último tiempo con una cantidad de publicaciones tanto de Gulu Mapu como de Puel Mapu de investigadores que se están ocupando del genocidio fundante y que lo están documentando, revisando archivos y publicando. Hay muchas publicaciones que son de la Editorial Universitaria de Río Negro, las Madres también han publicado… Bueno, tendría que ponerme a revisar, pero estos libros que he leído tienen casi todos, un trabajo de campo importante, es decir los investigadores han llegado hasta los lugares donde viven las comunidades y han entrevistado a los mapuches que viven allí, entonces esa parte testimonial me importa muchísimo y también la parte documental en la que basan sus conclusiones.

 

 

El poema “canto a las tortas fritas” me recuerda un poco a otros anteriores como “Oración para esperar el colectivo”, “Mameluco”, o “Mirta enamorada de un correntino”. Como si corriera al lector de la mirada sobre la historia mapuche y lo colocara otra vez en un tiempo presente, íntimo, en el interior de un hogar…

 

Bueno, justamente, “canto a las tortas fritas”, “Mameluco” o “Mirta enamorada de un correntino” tienen que ver con esta historia que transcurrimos en la ciudad invisibilizados entre los otros pueblos sin que nos miren como pueblo originario, pero no por eso dejamos de serlo, no dejamos de ser parte de este pueblo. Y el “canto a las tortas fritas” lo escribí justamente pensando en las tortas fritas que he comido en el campo, que se hacen con la grasa que es de pella del capón.

 

 

Sobre el poema “la tarde de sábado para lavar la ropa”, ¿por qué el título?

 

En el libro que escribió Bayer, Los vengadores de la Patagonia trágica, que yo consulté después de que anduvimos con un grupo de investigación de acá de la universidad haciendo un recorrido por Puerto Deseado, que es uno de los lugares donde transcurrieron las huelgas rurales del 20 y 21 y que llegaron hasta enero del 22. En este libro está el petitorio de los peones rurales a los hacendados y estancieros, adonde piden velas, adonde piden que el botiquín pueda leerse en castellano porque está en inglés, adonde piden un aumento de sueldo, y piden la tarde del sábado para lavar la ropa.

 

 

¿El poema “Spinetta en Bahía”, cómo surgió?

 

El poema “Spinetta en Bahía” tiene que ver con que yo siempre cuento que llegué a la poesía por la puerta de atrás porque me gustaba escuchar las letras del rock nacional y de la música latinoamericana y desde ese lado me surgieron las ganas de escribir. Spinetta tiene un tema que se llama Cantata de los puentes amarillos”. En 2018 me invitaron a una charla en la Universidad Nacional del Sur en Bahía Blanca, por el día de la mujer.

En Bahía Blanca estuvieron muchos años los Ancalao, mis ancestros, los que se vinieron de Gulu Mapu. Yo sabía que habían estado a orillas del Río Napostá, que después los llevaron para Punta Alta, y que desde Punta Alta los echaron después para el sur, para Fitatimén adonde están ahora. El lugar adonde habían estado las tribus de los Ancalao, tiene así como una dirección en Bahía Blanca, “en tal calle adonde ahora está la plaza, estuvieron asentadas las tribus de los Ancalao”, eso aparece en los libros de historia, en uno de los libros de Meinrado Hux, que se llama: Caciques borogas y araucanos. Así que busqué ese lugar en Bahía Blanca, lo estuve recorriendo. No hay ningún cartelito, nada que diga que ahí estuvieron los Ancalao… ninguna señal. Hay en cambio un parque bastante extenso que está preparado como para una caminata a orillas del río, y el río está atravesado cada una cuadra o más tal vez por puentes a los que habían pintado de amarillo, la municipalidad, quién sabe cuándo, y le habían puesto “Caminata de puentes amarillos, en homenaje a Luis Alberto Spinetta”. Así que bueno esa fue la única señal que encontré en mi breve estadía en ese espacio. Sentí la presencia de Spinetta en ese momento que fue muy triste para mí, como una presencia consoladora. Y bueno, después escribí ese poema.

 

 

La lluvia es un elemento que aparece recurrentemente en sus poemas, ¿por alguna razón en particular?

La lluvia, el agua, la nieve, tienen el simbolismo que tiene el vínculo con la vida, yo la he vivido muy intensamente sobre todo en los rituales del nguillatúm, del camaruco, porque justamente uno de los pedidos que se hace en nuestra ceremonia es el de lluvia para que haya buenos pastos para los animales, que tiene que ver con la abundancia y con la purificación también que trae el agua.

 

 

¿Qué función cumple para usted la poesía en cuanto a la restauración de la memoria personal, familiar y comunitaria? ¿Y en esta obra en particular?

 

A mí la poesía me restaura y me sana, me cura, en la medida en que respondo algunas preguntas que me inquietan y me duelen y le pongo palabras. Y de ese modo parece que algo se acomoda adentro mío y espero que también en mis lectores, en los que lean esta poesía o la escuchen. En el libro ROKIÑ traté de equilibrar porque me parecía que había escrito Mujeres a la intemperie, y me pareció que los wentxu -los hombres- tenían que tener un lugar también en mi poesía, y se dio que anduve investigando más sobre el lado paterno. Bueno, ya te conté algo de Spinetta en Bahía, por ejemplo. Mi bisabuelo o tatarabuelo Rafael Ancalao es el que estuvo ahí en Bahía Blanca, después en Punta Alta y después lo mandaron a Fitatimén.

 

 

¿Entonces puede la literatura ser una especie de reescritura de la historia escrita desde la mirada no hegemónica?

 

Eso intento con mi poesía, escribir desde nosotros. Contando lo que se ha querido esconder, lo que todavía no se quiere reconocer como es el genocidio fundante, ni los negocios inmobiliarios, ni el modo en que se aprovecharon de nuestra posición jurídica desfavorable debido al desconocimiento, la manera en que siempre se aprovecharon justamente del desconocimiento de cómo funciona ese sistema que legaliza la injusticia.

 

 

En la versión de los poemas en castellano, irrumpe cada tanto el mapuzungún y esa irrupción es tan armoniosa, sin embargo. ¿Es así de armoniosa la convivencia actual del mapuzungún con el castellano en Chubut?

 

Ojalá fuera armoniosa la convivencia del mapuzungún con el castellano en Chubut. El mapuzungún está en un momento de riesgo de desaparecer si no le ponemos firmeza, decisión, continuidad en el estudio y habla del idioma.

No, no, acá en Chubut no se escucha el mapuzungún. Probablemente si uno va a las comunidades, al campo, va a escuchar hablantes, pero no acá en las ciudades, o por lo menos acá en Comodoro yo no tengo acceso, a ninguno en este momento. Hace poco estuve haciendo un curso online, que estuvo re bueno y que me da esperanzas de que podamos volver a hacerlo circular y volver a hablarlo.

 

 

¿Cómo ve en Chubut la presencia de la lengua indígena en la sociedad y en la educación oficial?

 

Hay un interés por ahí artístico o en el ámbito universitario, la gente de letras se interesa por el mapuzungún, no es un interés de la sociedad en general, y en la educación oficial se deben estar enseñando algunas palabras en las escuelas que tienen EIB –Educación Intercultural Bilingüe-, pero no es una enseñanza sistemática. Creo que en ese sentido va muy lento.

 

 

¿Nos puede contar alguna de las experiencias que haya tenido en su trayectoria como docente? La que usted crea oportuna.

 

No recuerdo nada especial. Con respecto a mi trayectoria como docente, tuve la suerte de enseñar en colegios secundarios, y también en secundarios nocturnos.  Y lo que puedo decir es que cuando me reencuentro con ex alumnos siempre hay una relación cariñosa, afectiva, que me hace pensar que hubo un intercambio respetuoso y afectivo entre nosotros.

Yo no he dado literatura originaria en las escuelas, sino la literatura hegemónica. He cumplido con enseñar los programas oficiales, y en los lugares en los que me ha tocado trabajar la literatura he podido hacer una selección de los autores y obras, de lo que a mí me gusta y transmitirlo.

 

 

¿Cómo ve el desarrollo actual de la lengua mapuche por escrito y literariamente? ¿Le encuentra una potencia política al hecho de que Elícura Chihuailaf haya ganado el Premio Nacional de Literatura en Chile, y que hayan sido inclusive dos los autores mapuche que se postulaban?

 

Bueno, con respecto al aprendizaje y difusión se está haciendo un importante movimiento, una importante acción desde los Institutos Mapuzuguletuaiñ – de enseñanza del mapuzungún-: “Volveremos a hablar”, “Estamos volviendo a hablar el mapuzungún”. Que están también desarrollando herramientas también para la enseñanza virtual. Bueno, en internet hay muchos espacios en donde se puede intentar aprenderlo.

Sí, por supuesto que el hecho de que Elícura haya ganado el premio literario en chile es un jalón político importante en el recorrido de nuestra literatura porque la visibiliza. Estuvo bastante peleado el lugar porque Lionel también presentó su candidatura, estuvo re bueno.

Yo accedí a un encuentro virtual adonde se charlaba del tema y por ejemplo, Maribel Mora Curriao, decía que a ella le parecía que lo que tenía que existir era un premio de literatura de pueblos originarios, y a mí me parece también eso, viste que en México hay concursos y se promueve un poco eso. Bueno, allá están a mil años luz de nosotros.

 

 

Para usted ¿se puede hablar de poesía indígena argentina actual, como ya se hace en otros países?

 

No sé si se puede hablar de poesía indígena en la Argentina actual. Se me hace que uno se refiere a un movimiento cuando se da una cantidad de publicaciones y de producciones. A mí me parece que sí estamos en un momento de renacer, de interés, de florecimiento también podría ser, de reconocer la identidad originaria y desde allí producir escritura, platería, tejido, de aprender el mapuzungún la gente más joven, de hacer cine también, teatro… Creo que hay un movimiento más generalizado acá en la Argentina, y que es incipiente, y que recién empieza a verse. Encima con la pandemia no se pueden visibilizar mucho las cosas. Por ejemplo, acá en el sur, por supuesto me suena el nombre de Viviana Ayilef que tiene una potencia tremenda pero después están también Vanesa Gallardo Llancaqueo, José Vargas, que están escribiendo poesía desde su identidad, en el caso de Vanesa está estudiando el mapuzungún. Me parece que por esos lados se viene una producción importante. Bueno, en música esto se está viendo también.

 

 

¿Cuándo empezó a escribir? ¿Qué se decía en ese momento en el sur sobre la producción literaria de poetas indígenas?

 

Empecé a escribir en la adolescencia. En el secundario empecé a escribir poesía, y empecé a publicar en el sentido de leer mi poesía, de subir a un escenario, tomar un micrófono, con la vuelta de la democracia, por ahí por el 83. En el 2001 recién publiqué mi primer libro donde reuní producción de muchos años, que es el libro Tejido con lana cruda, y en ese momento cuando empecé a escribir, a mi alrededor había escritores, no escritores de pueblos originarios, así que mis primeros cómplices, críticos, compañeros, no tuvieron que ver con los pueblos originarios. El primer lugar de pertenencia que encontré fue con los escritores patagónicos y junto a ellos hice algún camino, hasta que ahora ya Patagonia me queda chica, porque territorialmente mi historia ocupa desde Buenos Aires al sur de Córdoba, sur de Mendoza, y hasta el lado de Gulu mapu, así que ya no puedo reconocerme como patagónica sino del territorio mapuche o poeta mapuche.

 

 

¿Conoce a otros u otras poetas indígenas argentinos de su generación? ¿Han impulsado actividades juntos?

 

No es porque nosotros hagamos actividades juntos o impulsemos actividades juntos sino porque nos reúnen desde otros espacios, es que me puedo juntar con otros poetas de pueblos originarios de Argentina. Por ejemplo, de una editorial del Festival de Córdoba salió un libro que se llama Lenguajes, y a partir de la presentación de ese libro nos invitaron a San Marcos Sierra. Éramos cuatro, y yo no pude ir justo esa vez, Lecko Zamora, Juan Chico, Mario Castells, que él no se reconoce de pueblo originario, pero domina el guaraní en una de sus formas, y también iba a estar Mariela Tulián, que es comechingona… Después en otro evento de la Universidad de Morón conocí a Josefa Ballena, del pueblo wichí.

 

 

¿Qué otras literaturas lee, además de la originaria?

 

Leo los libros que me mandan mis amigos poetas, y no recuerdo haber estado buscando alguna literatura en especial en este último tiempo. Sino que estuve leyendo más de historia, ahí tengo dos libros que todavía no tuve tiempo de empezar a leer, ambos editados por la Editorial de Río Negro, uno se llama La tierra de los otros, y otro se llama Memorias en lucha. Bajo mucho material del cual me entero, por ejemplo, en Facebook, bajé uno en PDF que se llama Astronomía, cosmovisión y religiosidad mapuche, el autor es Juan Ñanculef Huaiquinao. Bueno, leo más sobre lo que tiene que ver con lo mapuche.

 

 

¿Podríamos hablar de un canon de la literatura indígena?

 

Creo que sí se puede hablar de un canon de literatura originaria y que lo están promoviendo las investigaciones universitarias que han puesto el foco en esta creación.

Últimamente he asistido a algunos encuentros adonde empieza a aparecer la misma gente, por ejemplo, Mikeas Sánchez en México, Freddy Chicangana de Colombia, varios autores más, pero es como que empezamos a aparecer los mismos en el sentido en que empieza a estudiarse nuestra obra, y se repiten algunos nombres.

 

 

 

 

 

Liliana Ancalao (Diadema, Argentina), un campamento petrolero de Comodoro Rivadavia, Chubut, en 1961. “Mis antepasados andaban por este territorio que no tenía límites estatales como marcan hoy las fronteras de Argentina y Chile. Cuando la cordillera era un puente”, dice la poeta. Es profesora en Letras, da clases en el nivel secundario y coordina talleres de Escritura. Durante varios años coordinó el ciclo de Arte Popular en los barrios, recitales de música y poesía. Junto a los trovadores de la región patagónica ha  difundido su poesía desde la oralidad.

Sus publicaciones son “Tejido con lana cruda”, una edición personal de 2001, reeditado en 2010 por El suri porfiado, y “Mujeres a la intemperie-pu zomo wekuntu mew” coeditado por Bajo los huesos y El suri porfiado, año 2009, reeditado por El suri porfiado en 2010. “El segundo libro es bilingüe, porque después de un recorrido hacia mis orígenes, un camino que hice acompañada de la comunidad Ñamkulawen pude aprender mi lengua materna, el Mapuzungun. Y pude traducir los poemas que escribo en castellano a mi lengua materna”.

Además ha participado de varias antologías: “Taller de escritores: Lenguas indígenas de América”, editado por la  universidad católica de Temuco, 1997  “La memoria iluminada, poesía mapuche contemporánea”, editado por la diputación de Málaga, 2007, que “llena de orgullo” a la escritora, y publica artículos en libros y revistas “que tienen  que ver con la contemporaneidad del pueblo mapuche”.

 

 

 

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