Entrevista ficcional con James Joyce: “La corriente de la literatura nos conduce a la vida corriente”. Por Yolanda Delgado Batista

 

 

Esta entrevista hipotética fue publicada en un supuesto diario llamado San Borondón, en la sección “La isla de las palabras”, el día viernes 16 junio del año 1922.

 

 

 

James Joyce: “La corriente de la literatura nos conduce a la vida corriente”

 

La cita con Mr James Joyce (2 de febrero, 1882) se celebró a primera hora de la mañana del viernes 16 de junio, en su apartamento de la rue de Rennes, situado en el barrio parisino de Montparnasse. Mrs Nora Joyce me condujo al salón donde aguardaba el escritor enfundado en una bata de médico. Tras ofrecerme su mano lánguida, y hechas las presentaciones, Mr Joyce se dirigió en italiano a su esposa, quien dedicándonos una amable sonrisa, nos dejó a solas.

El autor de Dublineses (1914) y Retrato del artista adolescente (1916) tomó asiento en el que deduje debía ser su sillón y con disimulo escudriñó a través de sus gruesos espejuelos de miope a la periodista. Me habían advertido que monsieur Joyce, así le conocen en París, era una persona extremadamente tímida que en muy raras ocasiones expresa de forma abierta sus opiniones.

Todos los temores se disiparon en cuanto empezamos hablar de Ulises, novela editada por Miss Sylvia Beach en Shakespeare & Company, y que el pasado 2 de febrero vio la luz, coincidiendo con el cuadragésimo cumpleaños de su autor.

En torno a la publicación de Ulises ha existido mucha expectación, ya que como ha sucedido con sus anteriores libros, tampoco en esta ocasión ha faltado la polémica. En Gran Bretaña la obra se encontró con la oposición de los impresores ―responsables últimos de las obras ante la ley―, cuestión que a día de hoy, la editorial Egoist Press, no ha podido solventar. En Nueva York, la editoras de Little Review ― revista en la que la novela se estaba publicando en serie― fueron denunciadas a los tribunales por la Sociedad para la Prevención del Vicio, y resultaron culpables de difundir literatura "carente de prejuicios morales”.

 

Yolanda Delgado Batista

 

 

Pregunta. Observo que tiene una interesante colección de retratos ¿es usted aficionado a la pintura?

 

James Joyce. En absoluto, los cuadros los he heredado de mi padre, así como el grabado de armas de la familia Galway Joyce. Son retratos de algunos miembros de la rama Joyce.

 

 

P. ¿Qué más ha heredado de sus padres?

 

J.J. De mi padre, el amor por la música, el desapego al dinero, su escasa habilidad para los negocios, su preocupación por la familia y su gran sentido del humor.

De mi madre, sus miedos, su dulzura, un estricto sentido del deber y ocho hermanos. Ellos me dieron una libertad absoluta. Yo fui el primogénito.  Siempre tuvieron una gran confianza en mí, sabían que llegaría a ser lo que me propusiera y lo sacrificaron todo.

Yo era un niño al que le gustaba leer. Un día, alguien vino a casa y me vio con un libro de Zola. La visita reprochó a mis padres que me dejaran leer libros de aquel tipo. Recuerdo muy bien que mi padre le contestó: "Jim puede leer lo que le dé la gana." Con el tiempo, descubrí que muchos días se quedaron sin comer para poderme comprar el libro que yo quería leer…

Mi padres, John Stanislaus y May Jane están en todos mis libros.

 

 

P. Después de los acontecimientos desafortunados que han surgido en torno a Ulises, ¿le ha flaqueado en algún momento la confianza en su escritura?

 

J.J. ¿A qué acontecimientos se refiere? ¿Confianza en lo que escribo? Reformule su pregunta, por favor. (Se pone a la defensiva)

 

 

P. Su novela ha sido acusada de amoral y pornográfica en Gran Bretaña y en Estados Unidos. ¿Qué piensa al respecto?

J.J. Si usted ha leído mi libro, cosa que doy por supuesta, debería contestar a esa pregunta. (Joyce se lleva la mano a la frente. Parece sopesar la respuesta). Mire, Ulises ha estado navegando en mi imaginación durante dieciséis años y he tardado siete en escribirla. He sufrido física y mentalmente, pero creo que ha merecido la pena. Quería, tenía necesidad de romper con los moldes de la novela tradicional. El mundo está cambiando y la Literatura debe adaptarse a las transformaciones.

He querido contar la vida real, con sus dilemas cotidianos, su forma de pensar y sus contradicciones, sus anhelos, sus frustraciones, sus dolencias y necesidades físicas, incluyendo por supuesto, el sexo. Los que ven en este libro solo obscenidad, están más ciegos que yo, y como ve, uso parche.

Creo que Ulises ha sido escrita para los lectores, escritores y críticos del futuro, aunque como puedo comprobar, según van las ventas y las buenas críticas cosechadas hasta la fecha, muchas personas han sabido interpretar, incluso con más acierto que yo, la fuerza que encierran hombres corrientes como Leopold Bloom, con su olor y su hedor, bajo un fondo gris, azul o verdemoco, con su voz armoniosa o desafinada, y todo ello a través del tamiz del lenguaje… Cuando todo este temporal haya pasado, se descubrirá que Ulises es una novela cómica sobre un tipo corriente, pero noble.

 

 

P. ¿Cómo vislumbra usted ese futuro del que habla?

 

J.J. Me temo que vamos hacia un tiempo de ideologías extremas, de persecuciones políticas, no ya religiosas porque la religión será parte de la política.

 

 

P. Es pesimista, entonces.

 

J.J. En esta cuestión, me gustaría estar equivocado.

 

 

P. Existe un cambio significativo entre la forma de narrar Retrato del artista adolescente y Ulises.

J.J. ¡Es que tenía que ocurrir así! Stephen Dedalus en Retrato es un ser inmaduro, con la energía, la vehemencia y las ambiciones propias de la juventud que no le permiten tener perspectiva, como yo no tenía entonces cuando la escribí.

Carecía de esa visión de la vida como un todo que sí posee Leopold Bloom en Ulises. Stephen tiene que hacer un camino que Bloom ya ha recorrido, este tiene la experiencia y el conocimiento que se adquieren cuando uno envejece. Su vida es corriente, sí; incompleta, sí; infeliz en ese momento, sí, pero a pesar de todo, ese hombre continúa amando, abrazando la vida con un «sí», la palabra más hermosa de todas las lenguas, con la que acaba mi novela.

 

 

P. ¿Le interesa Freud? Se lo comento porque en su novela hay una exploración de la conciencia del personaje…

 

J.J. Imagino que su pregunta está relacionada con el inconsciente y lo que yo he venido a denominar "la palabra interior". No he tenido tiempo para seguir con la atención debida las investigaciones de Mr. Freud. Ya he explicado en alguna que otra ocasión, la técnica del monólogo interior que he utilizado en mi última novela, la adopté de Han cortado los laureles, obra magnífica escrita por monsieur Édouard Dujardin. En su libro, el lector se encuentra instalado desde las primeras líneas en el pensamiento del personaje principal.

 

 

P. ¿Qué es la literatura?

J.J. La corriente de la literatura nos conduce a la vida corriente. Todo es vida y lenguaje. Después de Ulises, los escritores dejarán de escribir falsas tonterías romanticonas de frases grandilocuentes que nadie utiliza. Ni con su amante, ni con sus hijos, ni con su amigo en el café, ni con el carnicero de la esquina. La trama ha pasado a un segundo plano. Lo que importa es cómo se cuenta la historia, pero más aún, las emociones que eres capaz de contagiar al lector. Si el que lee, oye y siente tu música, entonces has triunfado.

 

 

Música. Ahora que lo menciona…

 

J.J. De eso se trata, en transformar en fonética musical el drama y la comedia humana. Siempre me ha gustado la música, cantar baladas irlandesas, tocar el piano, la guitarra. Hubo un tiempo, en el que pensé abandonar la literatura y dedicarme al canto profesional. Joyce, significa dichoso, deriva del francés, "joyeux". La música es una parte consustancial de mi personalidad.

 

 

P. También lo es su sentido del humor

J.J. Nací el 2 de febrero, como sabe día de la Candelaria y el Día de la Marmota. Si no fuera por la luz y el humor, hace tiempo que estaríamos muertos.

 

 

Irlanda es otro aspecto importante de su personalidad. ¿Piensa regresar algún día?

 

J.J. ¿Acaso me he ido? (Suelta una sonora carcajada) Para mí Irlanda es como Ítaca, la nostalgia de la tierra que se anhela, que cuando se alcanza, resulta fastidiosa. En Dublín muchos me condenaron a irme, no les di esa oportunidad; me fui primero, y les condené a ellos a quedarse. Desde que me marché no he escrito una sola obra que no sea sobre Irlanda y los irlandeses. En realidad, nunca me he marchado.

 

 

P. ¿Le preocupa lo que digan de usted?

 

J.J. Loco, obsceno, vulgar, extravagante, traidor, blasfemo, jesuita renegado… Son apelativos que me hacen sentir un ser superior y especial.

 

 

P. ¿Por qué abandonó la Iglesia?

 

J.J. Esa pregunta debería contestársela la Iglesia.

 

 

P. ¿Por qué decidió vivir en París?

J.J. Desde que Nora y yo abandonamos Dublín, en 1904, hemos vivido en muchos países y hemos tenido muchas residencias. París, Roma,  Zurich, Trieste… Nuestra primera opción, tras abandonar definitivamente Trieste fue Londres, pero mi gran amigo y agente, Ezra Pound, me recomendó que me instalara aquí. Seguí su consejo, y por el momento, mi familia y yo estamos muy contentos. Los amigos a veces te quieren bien.

 

 

P. ¿Qué le gusta de esta ciudad?

 

J.J. Fue una ciudad que disfruté mucho cuando era joven. Vine por primera vez en 1902, con la intención de proseguir mis estudios de Medicina. Entonces, todos los escritores jóvenes emigraban a Londres; yo por el contrario, soñaba con París. Mi aventura no duró mucho, porque en lugar de estudiar, me pasaba las horas en la Biblioteca Nacional y de juerga. El poco dinero que me enviaban mis padres me duraba dos días. Volví a casa e intenté sin éxito acabar mis estudios. La Medicina perdió a un matasanos, la Literatura ganó una eminencia médica.

 

 

P. Por eso, quizás trabaja con bata.

 

J.J. Ahora que lo dice, diseccionar el lenguaje es un trabajo tan sucio como diseccionar un cuerpo. (Sonríe) Le comentaré a Nora su observación. No le gusta verme de esta guisa.

 

 

P. Hablábamos de París.

 

J.J. Mi familia y yo, llegamos procedentes de Trieste hace dos años…, no se han cumplido todavía dos años, el 8 de julio de 1920. Aquí puedo trabajar en paz. He hallado muchas personas que no solo han reconocido la calidad de mi trabajo, sino que me han ayudado a que este fuera publicado. Comenzando por supuesto por mi mentor, Mr Pound, Miss Weaver, que aunque vive en Londres, editó mis primeros libros y publicará también Ulises en los próximos meses; Miss Beach, mademoiselle Monnier, monsieur Larbaud… Y por supuesto todos los suscriptores que financiaron la primera edición y los lectores que compran mis libros.

 

 

P. Lleva una vida social muy activa.

 

J.J. Todo lo contrario. Nunca he sido muy aficionado a las reuniones sociales, pero cuando asisto, me siento como el tipo que va a una sala de cine. Es aleccionador y entretenido al mismo tiempo. Pero casi siempre, estoy en casa encerrado escribiendo. Ahora, con la publicación de Ulises, he dejado de frecuentar los lugares a los que iba. Tanta gente…Ya puede imaginárselo. Además me encuentro exhausto y mis ojos exigen de mí toda la atención.

 

 

P. Qué lugares suele o solía frecuentar

 

J.J. Muchos, muchos. A veces me acerco a La Closerie des Lilas y me tomo una copa con Lewis (se refiere a Wyndham Lewis) o con Hemingway. Yo no puedo beber por la vista, ¿sabe?. Homero me inspiró Ulises, pero a cambio me maldijo a padecer su ceguera. (Sonríe). Con Ernest es imposible mantenerse abstemio, él convierte el agua en whisky. Podría beberse el Sena.

 

P. ¿Qué piensa de su literatura?

 

J.J. Hemingway es un genio como yo. Está ebrio de vida, como decía Rimbaud.

 

 

P. ¿Hay otros escritores que le interesen?

 

J.J. La lista es bastante corta, le confieso. Hamlet, Ibsen. El doctor Stockman de Un enemigo del pueblo es absolutamente genial, ¿lo ha leído? (No espera contestación) John Donne, Yeats, Ezra Pound, T. S Eliot, Lewis, Dujardin, de Gide, La puerta estrecha

 

 

P.¿Proust?

 

J.J. Coincidimos en una cena. Me preguntó: «¿Le gustan las trufas» y yo le dije: «Sí». Más adelante volvió a preguntarme el nombre de no sé qué condesa, y yo le comenté: «A mí me interesa más conocer el nombre de su criada»  Fue una conversación muy reveladora.

 

 

P. No hay nombres rusos en su lista. ¿Alguno en especial?

 

J.J. Desde luego. Tólstoy, Dostoievsky, Gógol, ¡Chéjov!. Supieron retratar con mucho humor, como no se había hecho hasta entonces el alma humana, con sus luces y sus sombras.

 

 

P. Por último, Ulises fue publicado el mismo día que cumplía 40 años. Supongo que fue intencionado.

 

J.J. También Retrato del artista, hace ocho años, comenzó a publicarse un 2 de febrero.

 

 

P. ¿Es supersticioso?

 

J.J. Mucho, mucho. Todos los sucesos "anormales", desde mi percepción, que ocurren semanas antes de que salga un libro mío, me afectan más de lo que usted imagina. Los truenos, ciertos animales, algunas fechas… son para mí signos de mal agüero, otros en cambio son muy convenientes. ¿Se ha dado cuenta que Ulises comienza la mañana de un 16 de junio, tal día como hoy? Estoy seguro que entrevista también nos traerá suerte.

Yolanda Delgado Batista (Las Palmas de Gran Canaria, 1967). Escritora, periodista, guionista de televisión y editora literaria. Estudió  Publicidad y Relaciones Públicas en la Univ. Complutense de Madrid. Ha trabajado en Canal +, Cuatro como documentalista y guionista. Coordinó los contenidos de la TV del Ayto. de Madrid. Ha colaborado para distintas editoriales: Alfaguara, Tusquets, Círculo de Tiza como lectora, traductora y editora literaria. Fue editora de un suplemento internacional, Russia Beyond The Headlines, integrado en el diario El País. Tiene un blog: La isla de San Borondón sobre arte y literatura. En 2011 debutó en la arena literaria con La isla de las palabras desordenadas. Una novela en la que la escritora recurría a la memoría para desentrañar una historia familiar. Puro cuento salió a la venta el pasado 18 de noviembre y está editado por Baile del Sol, 2016.  Es el segundo libro publicado por la escritora canaria.

 

La foto es de Yenny Delgado Batista

 

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