Entrevista con Germán List Arzubide, de Esther Hernández Palacios

 

 

 

La presente entrevista fue publicada, originalmente, en el libro Estridentismo: Memoria y valoración,Secretaría de Educación Pública / Fondo de Cultura Económica (1983).

 

 

 

 

 

 

 

Entrevista con Germán List Arzubide

Esther Hernández Palacios

 

 

 

 

Esther Hernández Palacios: ¿Cómo fue que se integró usted al movimiento estridentista?

 

Germán List Arzubide: Fue una cosa hasta cierto punto sencilla, porque en aquellos días, principios de los veinte, yo hacía una revista en Puebla: Ser, y en esa revista nosotros publicábamos cosas que considerábamos la vanguardia poética, sobre todo de españoles, por ejemplo de Machado o del mismo Juan Ramón Jiménez. Éramos de hecho una revista de vanguardia en Puebla. Yo no sabía absolutamente nada de Manuel, pero ya nuestro espíritu estaba encaminado hacia estas cosas nuevas. Conmigo trabajaban Salvador Gallardo, médico militar que había ido a dar a Puebla con las fuerzas del general Maicot, y Miguel Aguilón Guzmán. Miguel se vino a México y encontró los Andamios interiores. La gente comenzaba a hablar de que había un libro que decía cosas hasta cierto punto ridículas. Me acuerdo haber oído a un estudiante, que sobre un poema de Maples que dice: “Y una locomotora sedienta de kilómetros la arrancó de mis brazos”, él comentaba: es su suegra, es su suegra sin duda la que está pintada aquí. No se comprendía la nueva poesía. Miguel encontró el libro y como nos carteábamos sobre cosas que había en México, me lo mandó: para mí fue un deslumbramiento, verdaderamente un deslumbramiento. Lo entendí, me di cuenta de los que era eso, tanto que en el número siguiente de Ser aparece ya una declaración estridentista, nos adheríamos a dicho movimiento. Miguel Aguillón averiguó la dirección de Maples y yo le mandé una carta invitándolo a que viniera a Puebla. Llegó a Puebla, le dimos una comida en el mercado, a la que asistió el médico chileno Armando Segrí, que también se adhirió a estas cuestiones. Nos reunimos en una mesa, tomamos alegremente y Maples Arce nos tomó por su cuenta, ya estábamos con él. Se regresó a México y al poco tiempo volvió con la intención de que formáramos un grupo, un movimiento. Nos llevó un ejemplar de Actual número 1 para que lo viéramos y una noche nos pusimos a platicar y decidimos lanzar el Manifiesto número 2, de Puebla. Comenzamos a pensar cómo podía ser y resolvimos hacerlo de la manera más cruda, más burda en todos los sentidos. Nos pusimos a pensarlo, solos los dos en un café, hasta que lo concluimos con aquella cosa que dice: “¡Viva el mole de guajolote!”

Como yo conocía a la gente de allí, cuidé los nombres de las gentes a las que íbamos a referirnos; de ahí salieron los ataques a don Guillermo Sarmiento, a un poeta muy conocido, Gabrielito Sánchez Guerrero, que fue motivo después de un ataque violento. Y ya con la cosa escrita a mano fuimos a buscar la manera de editarlo y lanzarlo. En todas las imprentas lo leían y decían: “No, imposible, imposible, no puede”, hasta que llegamos a casa uno que era conocido y me dijo: Mire Germán, yo lo publico pero usted me va a hacer la promesa de que nunca, nunca dirá que yo lo he hecho”. Cómo no, y nos dijo que sí, y mientras lo imprimía nos fuimos a dar una vuelta a los portales. Me acuerdo que pasaban de las diez de la noche, y Puebla, como todas las provincias, estaba vacía. Cuando fuimos a recogerlo nos entregó un alto de los manifiestos hechos en papel afiche delgado, a colores, y entonces nos fuimos y nos sentamos alrededor de una mesita de una mujer que vendía té de hojitas. Estuvimos tomando y leyendo; estábamos tan alborotados porque además era un ataque tremendo en todo. Comenzamos a distribuirlo, a pegarlo en algunas partes y lo llevamos rumbo al Colegio del estado, lo echamos por allí, en el buzón del mismo colegio, lo pegamos por todos lados y nos fuimos a acostar felices de los que habíamos hecho. Así fue como me integré al movimiento estridentista.

 

 

¿Cuáles fueron las relaciones del movimiento estridentista con los movimientos de vanguardia europeos?

 

Mire, quien lo sabía muy bien era Maples porque él estaba en la capital y trabajaba o estaba muy cerca de la publicación Revista de revistas que manejaba José de J. Nuñez y Domínguez, quien recibía muchas cosas y se las pasaba a Manuel… revistas, y otras publicaciones, con las que Manuel comenzó a hacer contactos. Cuando él lanzó el Actual número 1, al final publicaba una larga lista de nombres de vanguardia: escultores, poetas, pintores, en fin, una lista larga de gente que él iba conociendo y se daba cuenta que en verdad era gente de vanguardia, que estaba en batalla contra el pasado. De suerte que él tuvo ese contacto más directo. Cuando nosotros nos integramos, es decir cuando llegó a Puebla, recogimos lo que él ya conocía bien.

 

 

Es ya casi un lugar común afirmar que ustedes fueron un reflejo del futurismo italiano de Marinetti, ¿qué opina usted de eso?

 

Bueno, eso demuestra que la gente nada más repite las cosas. Si alguno lo dijo, todos los demás lo han hecho. Desde luego, no puede decirse que el futurismo de Marinetti tenga una base sólida en la creación de una nueva poesía, sino, como su nombre lo dice, en el futuro. Tan es así que decía, por ejemplo, que un automóvil de carreras era más bello que la victoria de Samotracia. Cosas así, en alabanza a las cosas nuevas, mecánicas pero vistas nada más como avance, como cosa que va dominando la vida por medio de la mecánica.

 

 

¿Podría hablarnos de los contactos del movimiento estridentista con los movimientos de vanguardia americana, por ejemplo, con los ultraístas argentinos?

 

Maples conocía a Borges.

 

 

Sí, incluso Borges publicó una reseña sobre Andamios interiores y se decía que Borges era el corresponsal de Actual en Argeentina.

 

Maples, creo que a través de los periódicos de México, sabía que Borges estaba publicando una revista en Argentina y sabía probablemente que en París se estaba publicando una revista del guatemalteco Enrique Gómez Carrillo, que la había publicado antes en España y luego en París, y fue a España donde le mandó el Actual número 1. Parece que Gómez Carrillo publicó en su revista un poema de Manuel que luego apareció en Andamios interiores.

 

 

Según el libro Opiniones sobre el movimiento estridentista, también fueron ustedes conocidos en Perú y en Ecuador y a partir de sus libros se iniciaron algunos movimientos.

 

Había un vanguardista conocido en el Perú, Alberto Hidalgo, que junto con Borges hizo un libro mucho tiempo después, sobre los poetas de vanguardia. Ahí figuraban poemas de Maples y míos.

 

 

Pablo Neruda afirmó: “Mi poesía tiene una deuda con el estridentismo”. ¿Neruda tuvo relaciones con ustedes?

 

Absolutamente de amistad, pero conocía lo que nosotros habíamos hecho. Neruda era un hombre lleno de curiosidad, de suerte que alguna vez volvimos a encontrarnos en algún lugar y platicamos.

 

 

Pasando a otro tema y hablando ya de su poesía en particular, ¿de qué poetas mexicanos cree usted heredar elementos o recibir influencias?

 

De poetas mexicanos… yo creo que de ninguno.

 

 

¿Y de extranjeros?

 

Pues creo que tampoco, porque mi poesía de vanguardia comienza con el movimiento estridentista.

 

 

¿O sea que del único que podría heredar elementos es de Maples?

 

Sería de Maples.

 

 

¿El movimiento estridentista tuvo algunas afinidades con los muralistas?

 

Sí, bastantes, porque coincidían; precisamente Diego comenzó a pintar en la Preparatoria en los días en que nosotros hacíamos Ser, tanto que la carátula de Ser está hecha con un dibujo que Diego había dejado encima de la mesa de la preparatoria. Estaba pintando aquél gran fresco que tiene, y estando un día Miguel Aguillón Guzmán y yo ahí, entramos; no estaba Diego, vimos un montón de papeles ahí, nos llevamos uno y ése sirvió de carátula… después entablamos amistad. Particularmente me acuerdo que fuimos a saludar a Orozco, que pintaba en la Preparatoria. Orozco era un tipo un poco uraño, pero nos recibió bien. Después Miguel Aguillón hizo una revista estudiantil y ya entonces los estudiantes comenzaban a tener cierto afecto por los muralistas, sobre todo porque, en esos días un grupo de estudiantes borroneó las pinturas de Orozco en la Preparatoria, lo que provocó que el grupo de Ramón Alva de la Canal lanzara un manifiesto. En ese manifiesto aparece el nombre de Germán Cueto, Alva de la Canal, Leopoldo Méndez, protestando contra el ataque y nosotros aparecíamos como amigos, y Diego después se ocupó de nosotros. Tuvimos ganas de estar con él y Jean Charlot que había venido de París y estaba en íntimo contacto con Diego, tanto que pintó también en la Escuela Nacional Preparatoria.

 

 

¿Y cómo se relacionó el estridentismo con los hechos sociales?

 

Mire, yo creo que eso estaba en el ambiente. Yo había publicado en esos días un libro que se llamó Plebe, que está dedicado a Flores Magón, y formaba parte de los grupos anarquistas. No creo que Manuel haya pertenecido a ningún grupo de éstos, pero sonaba por todos lados la victoria soviética: además, era una hora en que el mundo se afilaba a todo lo que representaba el espíritu del momento. Todos sentíamos ese alborozo y hasta en la poesía Maples le dedica un libro, Urbe, a la victoria soviética, en el que habla de los soviets, y al que llama “poema bolchevique”. Estaba en el ambiente, sentíamos que era en realidad la lucha en favor de los pueblos.

 

 

¿Pero se podría decir que se vinculó directamente el movimiento a algún partido, o más bien a alguna doctrina?

 

Yo creo que no, aparte de mí, que pertenecía al Partido Comunista. Maples no: él fue clásicamente liberal, liberal avanzado pero liberal.

 

 

¿Por qué razones se trasladaron a Jalapa y decidieron nombrarla “Estridentópolis”, es decir, la capital del estridentismo?

 

Maples se recibió de abogado, habiendo estudiado en la Escuela Libre de Derecho, y esa escuela obligaba a los que se recibían a buscar la consolidación oficial; entonces se fue a Toluca acompañado por su mamá, para que allí le dieran el visto bueno oficial. En ese tiempo la familia era bastante pobre, y cuando Manuel se recibe de abogado toda la esperanza de la familia se finca en él. Su papá se acordó de que estaba como senador un viejo amigo suyo y le pidió una carta para el general Tejeda, que era también su amigo, a fin de presentarle a Manuel. Así, con esa carta, Manuel se fue a Jalapa. Se encontró con que muchos de los abogados que estaban ocupando puestos habían sido sus compañeros en la preparatoria y le facilitaron la entrega de la carta a Jara: pero antes, ellos mismos, sobre todo los del tribunal Superior de Justicia, le consiguieron el nombramiento de juez de primera instancia. Me mandó un telegrama a México para que fuera a Jalapa y allí ocupé el puesto de secretario del señor juez. Después entregó la carta y fue cuando, en una reunión, Jara platicó con nosotros. Jara era de espíritu muy abierto, era verdaderamente lo que nosotros llamábamos un revolucionario integral. Nos oyó hablar y yo creo que le gustó nuestro trabajo, porque parece que en su juventud había hechos versos también, le gustaba la poesía. En esos días hubo oportunidad de que se pronunciara un discurso, porque se pusieron las bases de lo que debía sr la Universidad de Jalapa, y entonces Jara le pidió a Manuel que escribiera el discurso. Manuel lo escribió y yo le ayudé; resultó un discurso muy sonoro que Maples leyó rotundamente. Eso hizo que el general le tomara un gran afecto, tanto, que al poco tiempo lo nombró secretario de Gobierno. Ya con este cargo, pudo hacer muchas cosas: publicó Horizonte, yo ocupé la dirección del periódico y comenzamos a hace un plan de trabajo que no era sólo nuestro al principio, inclusive no hablábamos de nuestros libros, sino de silabarios que iban a servir para que el pueblo siguiera de cerca todo. Silabarios de higiene, de conocimientos geográficos, en fin, una serie de silabarios geográficos de estado, de los grandes hombres del estado. Además, nos proponíamos (se proponía Manuel y yo con él al hacerme inmediatamente secretario del secretario de Gobierno), nos proponíamos reeditar los grandes libros de México.

 

 

¿Publicaron ustedes, aparte de Horizonte, El imperialismo norteamericano?

 

Ese fue de Rafael Nieto.

 

 

¿Los de abajo?

 

Los de abajo, de Azuela.

 

 

Y publicaron algunas cosas suyas, El Café de nadie

 

Esos ya vinieron después, pero ya en el plan estaba el publicar libros que fueran clásicos mexicanos. Era una lista con la que más tarde la Secretaría de Educación hizo una serie de libros populares, de los mejores autores de México, en una edición barata para que todo el mundo los tuviera. Fue entonces cuando el general Jara dijo que necesitábamos una imprenta, porque la que teníamos era muy vieja. La encargó y llegó una máquina de esas horizontales grandes, dos linotipos, una dobladora, una cosedora, en fin, íbamos a hacer libros a lo grande. Allí se hizo un folleto muy bonito sobre el centenario de Góngora. En fin… teníamos mucho impulso, además se hablaba de la Universidad de Jalapa, que estaba por hacerse, se había puesto la primera piedra. Sin embargo, cuando estábamos con tal impulso y con tantos deseos de trabajar, Jara… cayó.

 

 

¿Qué otros miembros del movimiento estridentista estuvieron en Jalapa?

 

Bueno… Alva de la Canal y Leopoldo Méndez llegaron cuando se comenzó a hacer Horizonte porque era necesario hacer ilustraciones, las carátulas de los libros, además ilustraciones para los libros.

 

 

En varios estudios sobre ustedes he leído datos acerca de las reuniones que llevaban a cabo en el “Café de nadie”, ¿cómo eran esas reuniones?

 

Nosotros descubrimos, paseando u día por lo que ahora se llana avenida Álvaro Obregón, un café. —Maples era muy aficionado al café— y nos dimos cuenta de que era un café solitario. Después nos dimos cuenta también de que ese café era puerta para otras cosas más, era un café que disimulaba lo que había detrás, pero nunca lo supimos, nunca quisimos saberlo. Por lo pronto, el café estaba vacío siempre y nosotros podíamos entrar a sentarnos; había un mesero, una mesera a veces, que nos servía café y estábamos completamente solos; era un lugar muy céntrico, en una avenida bonita, avenida Jalisco se llamaba entonces, y el que le dio el nombre, como siempre, fue Arqueles, que tenía una imaginación frondosa, era el “Café de nadie” porque aparentemente nunca había nadie, nos servía simplemente para reunirnos. Un día resolvimos hacer nada menos que una reunión de tipo literario, y se llevaron poemas, cuadros de Rafael Sala, español que después se marchó [sic] a los Estados Unidos y murió allá; de Revueltas, de Méndez, de Alva de la Canal, y además se leyeron poemas… en fin, se hizo una pequeña reunión muy agradable. Tengo una foto de ese día y en ella se puede ver a Xavier Villaurrutia que se asomó a ver qué estábamos haciendo. También se asomaron dos o tres periodistas y gente así. Se habló ya mucho del movimiento, se publicó alguna cosa en El Universal Ilustrado, y aquello sonó y resonó.

 

 

¿Pero fue sólo una reunión?

 

Una reunión, sí, aunque preparábamos más cuando nos tuvimos que ir a Jalapa.

 

 

Y a propósito de El Universal Ilustrado, desde las páginas de esta revista se dio a conocer el movimiento estridentista, se defendió contra los ataques que se le hicieron y abrió además una de las polémicas más importantes  que ha habido en la historia de nuestra literatura. ¿Cómo fue que ganaron sus páginas?

 

En realidad, eso fue cosa de Arqueles. Él venía de Guatemala, y por conducto de Juan de Dios Bojórquez, entra a trabajar como jefe de redacción de El Universal Ilustrado. Arqueles era un hombre muy capaz en todo lo que se refería a la cuestión de ediciones, por lo cual lo aceptaron ahí como colaborador. Por otro lado, Manuel Maples estaba en contacto con el grupo de Revistas de revistas, pero cuando se integró al movimiento lo hicieron a un lado. Entonces se fue a El Universal, donde conoció, pues, a Arqueles Vela. Arqueles, que era un espítiru muy despierto, se dio cuenta de todas esas cuestiones, le tomó cariño a Manuel y además nos presentó al director del periódico, que era Carlos Noriega Job, espíritu muy abierto, muy dispuesto, y que tenía un gran cariño por todas las cosas nuevas, por todo lo que era crear. Él quería hacer un periódico ágil, en vista de que los dos periódicos que había entonces en México, que eran Revistas de revistas y El Universal Ilustrado, uno se inclinaba por las cosas del pasado, por lo que El Universal tenía que ocuparse del presente y hasta del futuro, y Carlos Noriega nos abrió las puertas del periódico.

 

 

Hablando de otro tema y regresando a su obra personal, ¿cuál de sus libros considera el mejor y por qué?

 

Bueno… no sé, yo he escrito de tantas cosas. Por ejemplo, tengo un libro de cuentos infantiles que se llama Los cuentos de Tloca el poderoso. Este libro intenta reunir cuentos donde los niños adviertan que la voluntad y la inteligencia del hombre han conseguido hacer que las fuerzas ciegas de la naturaleza le sirvan, pueda él dominarlas. Mi intención es salvar a los niños de los cuentos infantiles de hadas y fuerzas extrañas, para hacerles entender que ellos pueden, como han podido otros hombres, aprovechar las fuerzas de la naturaleza, dominarlas y ponerlas a su servicio.  En cierta forma, es un libro de vanguardia porque quiere salvar a los niños de su dependencia exclusiva de la casualidad o de fuerzas inexplicables. A pesar de que ya antes se había dicho —y esta es una frase de Gorki—, que el hombre, cuando empieza a soñar, por ejemplo, que existe una alfombra mágica, se está adelantando al ansia de tener un día un aparato que lo lleve volando de un lugar a otro. El sueño es que alguien le obsequie esa alfombra mágica, y ese que se la obsequia es la voluntad que comienza al soñar, ese poderse hacer un aparato que vuele; lo mismos que cuando habla de las botas de siete leguas, está pensando en que exista un aparato que con el pie en la rueda lo lleve corriendo por todos lados. Yo aproveché esto e hice una serie de cuentos que se pasaron por la radio de la Secretaría de Educación, donde aparece todo lo relacionado con los inventos. UN cuento que ha tenido mucha suerte es El sueño de Robinson Crusoe, donde Robinson llega solo, completamente desamparado, a una isla, aunque ha recogido algunos instrumentos de su barco. Al cabo del tiempo, contando las piedras que ha estado depositando en un jarro, se da cuenta que han pasado 365 días y que ha vivido un año en la isla y dice: “No sólo he vivido un año sino que he progresado, y todo yo solo porque me he hecho una casa, he conseguido domesticar a los animales y ellos  me dan su piel con la cual me visto”; en fin, va diciendo que lo que hay ahí y lo que ha hecho ha sido por él mismo; entonces se duerme y se le aparece el hacha y le dice:

¿Tú solo?, ¿y entonces el hombre que tomó un pedazo de sílex, lo amarró a un palo y con él empezó a golpear con más poder hasta que después consiguió dominar los metales, los fundió hasta lograr hacerme como hacha; que tú has conseguido y con la que has cortado los árboles con que has hecho tu casa? ¿Cómo has sabido que 365 días es un año, y que podías aprovechar las estaciones?

En fin, todos los aparatos se le van apareciendo y le van diciendo como él ha aprovechado la inteligencia de los otros hombres, de tal manera que cuando el sueño termina y él despierta, se da cuenta de que nunca ha estado solo, sino que ha estado con todos los hombres anteriores que han luchado por i conquistando el mundo. Ese es mi libro de cuentos.

 

 

¿Y de sus libros de poesía?

 

Podría decirle, más bien, no de un libro entero sino de ciertos poemas que para mí  son los más gratos. Del primer libro, Esquina, puedo separar un poema; de El viajero en el vértice, 5 o 6 porque está hecho depuras imágenes, todo el libro es una serie de imágenes; de Cantos del hombre errante, desde luego el primero y otro que se llama “Novilunio”, que me parece encierra totalmente lo que puede ser un poema amoroso sin llegar nunca a ser una cosa vulgar, sino todo envuelto en lo que es verdaderamente la música y la poesía, considerando siempre, según mi pensamiento, que la poesía no puede ser sino una música de ideas.

 

 

¿Podría darnos algunas claves aparte de lo que acaba de decirnos para comprender mejor su poética, su poesía?

 

Desde luego, le digo, la poesía para mí no puede ser sino una música de ideas, todavía más, que las palabras dejen de ser la cosa muerta del diccionario y a medida que las empleemos en el sentido poético adquieran un nuevo valor. Unidas unas palabras con otras pueden ir descubriendo un mundo nuevo en todos sentidos. Por ejemplo, si yo empleo la palabra “alas” y el diccionario nos dice que son los remos de las aves, de los insectos, que les sirven para moverse, en un sentido poético, las alas pueden significar lo que se va, lo que se pierde. La palabra, lo mismo que la música, nos va despertando. Cuando la música suena en nosotros, suena en nuestro interior y va despertando emociones. La palabra usada poéticamente unida a otras palabras poéticamente, van despertando un mundo nuevo totalmente, porque entonces las palabras se transforman en un camino de ideas. Por ejemplo, mire usted, si yo digo  que “el árbol de la noche deja caer sus frutos de infinito”, que es una de las imágenes, las palabras “árbol”, “noche”, “infinito”, todas unidas con una intención, pudiéramos decir musical, nos dan una emoción nueva, un descubrimiento nuevo. ¿Qué hay en que “el árbol de la noche deja caer sus frutos de infinito”: el descubrimiento de un sueño que uno tiene frente a la noche?

 

 

¿Intentaron ustedes los estridentistas crear un mundo poético?

 

Sí, naturalmente, y creo que lo logramos… eso es lo que los demás no han visto, desgraciadamente, no lo han visto o siguen queriendo traducirlo como ese muchacho que en el poema de Maples entendía que la locomotora era la suegra; así hay muchas gentes que a fuerza de tomar mecánicamente las palabras no llegan a sentirlas, porque todo el arte, absolutamente todo, no es más que un asunto de emoción, de emociones. ¿Por qué digo que para mí la poesía es música de ideas?, porque para mí la cosa más abstracta, y el arte generalmente es un sentimiento abstracto, es la música. A usted no le dicen ponte triste si escuchas música, o ponte alegre, pero con cada uno de los sonidos que van resonando en nuestro interior, nosotros recogemos sentimientos en la música, disueltos en la música, lo que en conjunto forma ya la gran melodía: y la poesía en el fondo es eso, las palabras puestas ya en un sentido nuevo, en el sentido en que están no nada más como palabras sueltas y secas, sino como palabras que nos descubren un nuevo valor, como lo descubre la palabra “alas”, pueden resonar en nosotros como una música de sentimientos.

 

 

¿Cuál es para usted la relación que se establece entre poesía y realidad?

 

Yo creo que la realidad de hecho no existe. ¿Qué es lo que podemos decir que es real? Ni el tiempo siquiera, porque cuando yo le estoy diciendo que quiero vivir este presente, este presente ya se fue y es pasado y todavía el otro no llega. Entonces la realidad no existe sino en el sentido, podríamos decir, de que es lo que nos golpea directamente; pero lo que pudiéramos llamar poesía… es algo que está tan lejos. No sé quién dijo que la poesía era como una isla que está perdida en el horizonte y que al final de cuentas no existe, que la estamos creando; dirigimos nuestra vista hacia esa isla que podemos llegar un día a habitar, pero que no existe, existirá cuando nosotros la vayamos a habitar con nuestra poesía.

 

 

¿Cómo se finca para usted la unión entre poesía y revolución, siendo que ambas expresan los deseos más profundos del hombre?

 

Precisamente por eso, porque expresan los instantes y deseos más profundos del hombre, las dos cosas en el fondo están llamando al espíritu del hombre. Mire, yo hice un libro que se llamó Plebe, era de combate, terriblemente de combate, inclusive por un poema a la bandera me acusaron de traición a la patria y una serie de cosas. Pues ese libro conmovió a la gente directamente, pero la otra poesía, que esa va al… ¿cómo podría decir esto más claramente?... El arte es una abstracción más pura, es absolutamente revolucionario porque está creando nuevos espíritus, está forjando nuevos espíritus, pero para eso se necesita que penetre en el ánimo de la gente, pero eso no puede hacerse así de momento ni con cualquiera.

 

 

Toda vanguardia expresa la conciencia de un posible futuro mejor. ¿Hacia qué dirección apuntaba el estridentismo y de quiénes quería ser la vanguardia?

 

¿Hacia dónde apuntaba? A crear una humanidad nueva.

 

 

¿Como la revolución?

 

Como la revolución

 

 

¿Y de quiénes quería ser la vanguardia?

 

De esa humanidad nueva.

 

 

¿De toda la humanidad nueva?

 

Nosotros creemos todavía que a fuerza de poesía, a fuerza de música, a fuerza de arte, un mundo nacerá mejor absolutamente.

 

 

¿Cree que la renovación del arte debe pasar por la renovación de la forma y que esta afirmación sea el contenido de los movimientos de vanguardia?

 

Creo que la forma y el fondo no pueden separarse nunca, pero es obvio que el fondo debe responder a lo que nosotros estamos haciendo: por eso es que estuvimos en contra de los famosos poetas que llamaban “los dioses mayores”, porque al final de cuentas, ¿qué poesía podía hacer un grupo de gente que había estado de rodillas frente a Porfirio Díaz y después se había afiliado al asesino monstruoso de Victoriano Huerta?

 

 

¿O sea que cree usted que la renovación del arte pasa siempre por un replanteamiento del contenido y la forma? ¿Y que además tiene mucho que ver con una postura definida frente a la sociedad?

 

Absolutamente.

 

 

Para terminar, don Germán, ¿al cabo de los años sentaría a Chopin en la silla eléctrica?

 

Bueno.. en mi libro de cuentos El robo de la mujer de Rubens, yo tengo un diálogo con Chopin; precisamente allí Chopin acaba defendiendo a la vanguardia, al estridentismo, porque al final de cuentas advierte que nosotros estábamos con la idea de  renovar al mundo, lo cual él también en el fondo, como gran músico, había logrado.

 

 

 

 

 

Germán List Arzubide (Puebla, 1898-Ciudad de México, 1998). Poeta, narrador, ensayista y dramaturgo. Estudió en la Escuela Normal de Puebla. Fue profesor en escuelas preparatorias, en la Normal y en la Universidad Obrera. Fundó Vincit, Ser Horizonte; miembro de los consejos de redacción de Ruta Tiempo; creador del teatro infantil de la SEP para el que escribió dramatizaciones históricas con su hermano Armando List Arzubide; tuvo a su cargo la oficina de Extensión de la Universidad Nacional. Perteneció al grupo literario Noviembre, a la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios; miembro fundador de la Academia Mexicana de la Educación y presidente de la Federación Mexicana de Escritores. Junto con Manuel Maples Arce promovió el Movimiento Estridentista. Acompañó a Venustiano Carranza a Aljibes, donde cayó prisionero. Trabajó con Vicente Lombardo Toledano y combatió la sublevación huertista. Su militancia política de izquierda fue reconocida internacionalmente. Formó el Ala Izquierda de Empleados Federales cuando trabajó en la Secretaría de Hacienda, antecedente de los Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado. Colaboró en Excélsior, La Opinión, Siempre! Tiempo. Miembro del SNCA como creador emérito.  Medalla Lenin 1960  de la Unión Soviética. Premio Nacional de Periodismo Cultural 1983. Medalla de Oro Sandino 1985 del Gobierno de Nicaragua. Premio Puebla 1986. Premio Rosete Aranda 1994. Premio Nacional de Lingüística y Literatura 1997. Medalla Bellas Artes 1997. Premio Nacional de Ciencias y Artes en el rubro de Letras en 1997. Doctor Honoris Causa por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (post mortem).

 

 

 

 

 

Esther Hernández Palacios. Nació en Xalapa, Veracruz, el 16 de abril de 1952. Poeta y ensayista. Estudió la Maestría en Letras Modernas en la UV, y en Lingüística en la Universidad de Toulouse, Francia; realizó el doctorado en la misma especialidad en la UIA. Ha sido investigadora de tiempo completo en el Instituto de Investigaciones Literarias y Semiolingüísticas de la UV; directora general del IVEC. Becaria de El Colegio de México, de la Fundación Fullbright y del FONCA. Participó en el libro Que me bautice el viento, de Enriqueta Ochoa, Conaculta/ICOCULT, 2004.

 

Foto: Archivo CNL-INBA

 

 

 

 

Un comentario en "Entrevista con Germán List Arzubide, de Esther Hernández Palacios"

  • el julio 11, 2021 a las 6:44 pm
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    Es un honor ser heredero de los ilustres del pasado y un reto de superación para nuestra generación del presente y nuestro futuro incierto. Hoy como aller puedo identificar y decir de mis congéneres “Es un List”.

    Respuesta

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