Entrevista a Louise Glück, por Alexandra Alter. Reseña y traducción de la entrevista por Juan Esquivel

 

 

 

 

 

 

 

Entrevista a Louise Glück

 

Reseña y traducción de la entrevista por Juan Esquivel

 

 

Todos los poemas son de Ararat (1990). Las versiones empleadas son de la edición en español publicada por Pre-textos en 2008 con traducción de Abraham Gragera.

Con fragmentos de la entrevista realizada por Alexandra Alter para The New York Times y publicada el jueves 8 de octubre de 2020.

 

 

 

«No estaba preparada»: Louise Glück nos cuenta sobre poesía, envejecer y la sorpresa por ganar el Premio Nobel de Literatura 

 

«El hecho de que no me gusten las entrevistas no significa que sea solitaria, soy una persona muy sociable», aclara Louise Glück a The New York Times poco después de que se informara que había ganado el Premio Nobel de Literatura.

La poeta está en el ojo del huracán. Tras el anuncio, varios periodistas se formaron afuera de su casa en Cambridge, Massachussets y su teléfono no paró de sonar desde las 7:00 a.m. Un alud de atención que Glück ha descrito como «pesadillesco». Podría pensarse que con más de cincuenta años de carrera y una docena de libros debería estar acostumbrada al éxito. Además, ha recibido los premios literarios más importantes de su país: el National Book Award, el Premio Pulitzer, el National Book Critics Award y la National Humanities Medal, entre otros.

¿Y cómo fue enterarse de tal noticia? «Me llamaron alrededor del cuarto para las siete. Apenas despertaba. Un hombre que se presentó como secretario de la Academia Sueca, me dijo: “le estoy llamando para informarle que usted ha ganado el Premio Nobel de Literatura”. No puedo recordar qué le dije, pero me sentía incrédula. Creo que no estaba preparada».

No se puede estar preparado para algo tan grande: el Premio Nobel es el mayor reconocimiento para un escritor, aún tras los escándalos de hace unos años. Menos cierto es que corren nuevos tiempos, hoy se observa otra moral. Nadie esperaba que ella fuera la ganadora, cuando Glück supo que todo era verdad se sintió «completamente asombrada de que la Academia haya elegido a una poeta estadounidense blanca. No tenía sentido. La gente continúa diciéndome que soy muy modesta. No lo soy, pero pensé: “vengo de un país no muy querido ahora y soy blanca y he ganado todos los premios”. Así que parecía demasiado improbable que alguna vez tuviera que lidiar con esto en mi vida».

Descendiente de judíos inmigrantes, Louis Elisabeth Glück nació en 1943 en Nueva York. Su padre quiso ser escritor, nunca lo logró. En cuanto a su madre, ella luchó para matricularse en el Wellesley College, cuando en éste aún no aceptaban mujeres. El amor de Glück por el conocimiento y las letras queda explicado con estos antecedentes. Es muy sabido que durante la adolescencia padeció anorexia nerviosa, para tomar terapia no estudió de tiempo completo en la universidad, decisión que ella ha descrito como fundamental. Menos conocida es la trascendencia que tuvieron en su vida los talleres de poesía que tomó en la Universidad de Columbia. Actualmente, Glück está divorciada (se ha casado dos veces), tiene un hijo, vive sola y como ha dicho: es una mujer muy sociable (antes de la pandemia acostumbraba cenar con amigos seis veces a la semana).

 

Tengo sueños, como cualquiera.
Pero aprendí a ocultarlos
para protegerme
de la plenitud: la felicidad
atrae a las Furias.

                                                        Confesión, fragmento.

 

Escritura sobria, directa y confesional la de Glück, elogiada tanto por críticos como por poetas; al anunciarla como ganadora, la Academia Sueca destacó «su inconfundible voz poética que con austera belleza hace universal la existencia individual». Es la voz que naturalmente viene a ella al escribir y no algo que ha pulido y desarrollado: «no se trabaja en una voz. La oración encuentra la manera de hablar por sí misma. Es algo muy délfico. Una voz es algo difícil de discutir. Creo que estoy fascinada por la sintaxis y siempre siento su poder; los poemas que más me han conmovido no fueron escritos con opulencia verbal. Fueron poetas como Blake y Milton, cuyas sintaxis eran asombrosas, el camino en que sería empleado el énfasis».

Por otra parte, sobre el trabajo de Louise, su editor y amigo de toda la vida, Jonathan Galassi, comenta que «es como una conversación interna. Quizás está hablando con ella misma, tal vez nos está hablando a nosotros. Hay una especie de ironía en ello; siempre está evaluando la experiencia contra algún ideal que nunca es alcanzado».

 

Cuando éramos pequeñas, mis padres hicieron pintar
nuestros retratos
y los pusieron después, juntos, sobre la chimenea.
Allí no pelaríamos.
                                                                                            Apariencias, fragmento.

 

Los últimos meses fueron desafiantes, toda la primavera batalló para escribir. Luego, durante el verano, las cosas cambiaron y terminó una nueva colección de poemas: Winter Recipes From the Collective. «Siempre escribo erráticamente, no tengo una disciplina estable. He estado trabajando en un libro que me ha atormentado por cuatro años, pero en julio y agosto escribí algunos poemas nuevos y de súbito vi cómo podría darle forma y terminarlo. Fue milagroso». Y lo fue porque sus sentimientos de euforia y alivio estaban muy disminuidos por la pandemia, «debía batallar con mi propio terror y con las limitaciones inevitables de mi vida diaria». ¿Y de qué va la nueva colección de poemas? «Es demoledora. Hay mucho duelo en el libro. También hay mucha comedia y los poemas son muy surreales».

 

Voy a decirte algo: cada día
muere gente. Y eso es sólo el principio.
Cada día, nuevas viudas nacen en las funerarias,
nuevos huérfanos. Se sientan, mano sobre mano,
e intentan tomar decisiones sobre su nueva vida.
Una fantasía, fragmento.

 

«He escrito sobre la muerte desde que aprendí a escribir», comenta Glück sobre una temática constante en su obra, «quizás porque en mi niñez fue terrible descubrir que la vida no es para siempre». E inmediatamente aclara: «sí, cierto, [entonces] era una niña con mucha vida, pero envejecer es más complicado. No es sólo el hecho de estar más cerca de tu muerte, es que las facultades con las que contabas, la fuerza, la gracia física y la agilidad mental, están disminuidas o amenazadas».

En una época donde envejecer es un tabú, para Glück ha sido motivante pensar y escribir acerca la vejez «porque una de las pocas gracias que tiene envejecer es que es una experiencia nueva. El deterioro físico no es una alegría para nadie, pero tiene sus novedades y esto para un escritor es invaluable». En nuestra lengua, poetas como Francisco Brines o Jaime Gil de Biedma exploraron ese territorio con mucho éxito desde la juventud, una vejez imaginada. La ganadora del Premio Nobel lo hace in situ. Inquietante.

Mucho del trabajo de Glück abreva de la mitología clásica, tejiendo arquetipos con versos sobre vínculos familiares y personales. «Leí mitología griega porque mis padres fueron visionarios y cuando pude leerla lo seguí haciendo». Las figuras de los dioses y los héroes le fueron mucho más vívidas que a los demás niños de su cuadra en Long Island. «No fue que hubiese tomado algo comprendido más tarde para aplicarlo como un barniz de aprendizaje a mi trabajo, los mitos griegos fueron mis cuentos para dormir». Y algunas figuras resonarían particularmente, en especial Perséfone. «Creo que estaba muy atrapada en una lucha con mi madre, como suele sucederles a las chicas ambiciosas. Tal vez ese mito le dio un nuevo sentido a esa lucha. No estoy diciendo que fuera útil para mi vida diaria. Cuando escribía, en vez de quejarme de mi madre, podía quejarme de Deméter».

 

… desde niña, creí
que el dolor quería decir
que no me amaban.
Que amaba quería decir.
                                                 Primer recuerdo, fragmento.

 

Algunos han comparado su trabajo con el de Sylvia Plath, sin embargo, ¿hasta dónde su propia experiencia está presente y hasta dónde ha explorado temas universales? Glück no duda en afirmar que «aunque siempre te apoyas en tu propia experiencia, empezando por la niñez, yo busco una experiencia arquetípica, mis conflictos y satisfacciones no son únicas. Son únicas cuando las experimento, pero no estoy interesada en que mi vida se vuelva el centro de atención, en lugar de que lo sean las tristezas y alegrías humanas». Una declaración de principios en tiempos donde abunda la que Javier Marías ha llamado “literatura de penalidades”, es decir, novelas, biografías —en especial las autobiografías— cargadas de narcisismo y victimismo.

También es declaración de principios el haber experimentado diferentes formas poéticas en el curso de su carrera, aunque su voz ha permanecido distinguible. ¿Ha sido esto un esfuerzo deliberado? «Sí, todo el tiempo. Se escribe para ser aventurero. Quiero ir hacia un lugar del que no sé nada. Tampoco se debe perder la capacidad de asombro, hay que volver a ser principiante, de otro modo moriría de aburrimiento». Confiesa que es ocasiones, después de escribir un poema, ha pensado: «es muy bonito, pero ya lo había escrito».

En los años setenta Glück experimentó un caso de bloqueo de escritura, sólo terminó cuando empezó a enseñar poesía. Los poemas escritos durante ese tiempo se recopilaron en The House on Marshland (1975), que muchos consideraron revolucionario. La docencia la marcó. «Constantemente te rodea lo inesperado y lo súbito. Tienes que replantear tus ideas para sacar de tus alumnos lo que más les emociona. Ellos me sorprenden, me deslumbran. Aunque no siempre pueda escribir, siempre puedo leer la escritura de otras personas». Hoy en día Glück es profesora en Yale.

Hace un año, al conocerse a los ganadores de los Premios Nobel de Literatura 2018 y 2019, nuestro querido Marco Antonio Campos comentaba que dicho premio sirve para descubrir autores, que esa es su verdadera función. Nada más cierto: hasta hace unos días, Louise Glück nos era desconocida a casi todos, hay que celebrar este descubrimiento y no sólo por la excelencia de sus poemas, también por su humor: al terminar la entrevista la reportera le pregunta si tiene algo más que decir, Glück contesta: «si consideras que empecé diciendo que no tenía nada que decir y ahora no he parado de hablar, no, no tengo nada más que decir. Lo que verdaderamente tengo que decir emerge en mis poemas, el resto es sólo diversión».

 

 

El lector puede acceder a una breve selección de poesía de Louise Glück en el siguiente enlace. Traducción de Ulalume González de León.

 

 

Louise Glück (Nueva York, Estados Unidos, 1943). Premio Nobel de Literatura 2020. Traducción de Ulalume González de León

 

 

 

 

 

 

Alexandra Alter Escribe y publica sobre el mundo literario para The New York Times. Antes de unirse a The Times en 2014, cubrió libros y cultura para The Wall Street Journal, donde fue reportera durante siete años. Antes de eso, informó sobre religión para The Miami Herald. Tiene una Licenciatura en religión por la Universidad de Columbia y una Maestría en religión y periodismo de Columbia.

 

 

 

 

 

Juan Manuel Esquivel (Ciudad de México, 1980) es licenciado en Ciencias de la Comunicación por el Tecnológico de Monterrey. Ha participado en talleres y cursos literarios en la Casa del Lago y otros centros culturales. Además de ensayo y traducción también escribe poesía, misma por la que ha sido invitado al programa Al compás de la letra en Radio UNAM. Actualmente es parte del comité editorial de la revista literaria Murmullo de Paloma y prepara su primer poemario.

 

 

 

 

 

 

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