Entrevista a Julio César Galán (España): Por Athiná-Stylianí Michou Rorris (Grecia)

 

 

 

Entrevista de Athiná-Stylianí Michou Rorris (Grecia) a Julio César Galán (España) a raíz de la edición de su antología Con permiso del olvido (Pre-textos, 2021).

 

 

 

 

 

 

1.- La función de la poesía como forma de percibir el mundo, como forma de ser, ¿viene como una función en la mente de algunas personas o se adquiere a posteriori? O sea, ¿hay una metapoesía en el cerebro de algunas personas?

 

Nunca me había planteado si hay un gen poético en la mente de algunos seres humanos. Puede ser que haya una predisposición, una forma de mirar o una forma de ir entendiendo la vida. La poesía como acto lírico de vivir es saber recrearse en el instante, es decir, tener conciencia extrema de la muerte y del placer, solo así se puede ir hacia el desvío, el nomadeo, la indecencia, el extrañamiento, la lejanía, la bohemia, la intemperie y el desarraigo: los raros, los paradójicos, lo inesperado, lo electrizante… Todos estos puntos son necesarios para hacerse a sí mismo. Pocas personas llegan a completarse y para esto, aquel o aquella que tiene o desarrolla esa función poética de percibir el mundo empezará por el jugueteo de los signos con las realidades (que no es otra cosa que redimir a la niñez), por la soledad sonora que forma espejos hasta que se hacen ríos de sí mismos, por el misterio de juntar en un mismo punto pasado, futuro y presente, por la involución de la vejez en infancia y el saber morir.

 

 

2.- ¿Cuál crees que es la razón que hace que la poesía siga existiendo como género literario? 

 

La razón de que la poesía siga existiendo ya sea como género literario o como sea, estriba en unas cuantas significaciones: fe, resistencia, desapego, ruptura, rebeldía, alambre, voluntad, belleza…El ser humano, además, necesita en algún momento palabras que no sean un valor de cambio; necesita palabras que creen instantes imperecederos y la poesía es uno de los mejores medios para formar esos círculos. A mí me sorprende que haya gente que no necesite la belleza de la palabra, pero uno con el tiempo se va dando cuenta de que hay personas que se inclinan más a la rutina del lenguaje y no quieren salir de ese redil, que están cómodos con sus tópicos, simplezas y arbitrariedades. Hay que tomar conciencia a tiempo, ya sea como lector o como escritor, que hay que crear la propia identidad lingüística y esto es necesario para independizarse de ese país de lastres.

 

 

3.- Poesía y ensayo. Si fueran los únicos instrumentos que pudieras utilizar para sobrevivir en una situación extrema, ¿cómo los utilizarías?

 

La vida en sí es una situación extrema. Cada existencia está llena de vicisitudes, desvíos, posibilidades y circunstancias, y cuanto más avanzamos por la escalera de los años más se reducen las oportunidades, los jalones y las utopías. Como sabemos, la escritura es una forma de memoria y de comunicación y, por lo tanto, de supervivencia. Esas dos vías, las del ensayo y la poesía, en mi caso, me sirven para embarcarme con el primero en la biografía del pensamiento. Con el ensayo actual vivimos un periodo entre lo divulgativo, el tema de hoy y lo académico, así que es extraño encontrarse con algún texto ensayístico que no se vincule a esas tres formas; pero otra cuestión resulta de la chispa que surge de frotar reflexión y vivencia. Para eso es necesario una introspección que sea realmente prospección en las propias obsesiones, miradas, horizontes y dominios. Y es que es más sencillo ir hacia afuera que hacia adentro.

Con la poesía ocurre otro tipo de movimiento. Para mí, la poesía es la necesidad de belleza del mundo y como tal, la chispa salta de otro modo. Haciendo un psicoanálisis de mi escritura poética, uno debe decir que escribe porque intenta saltar los distintos reveses vitales; pero esto no significa que me incline hacia la pesadumbre, lo tristón, la nostalgia o la ironía. Al contrario, he intentado expresarme siempre desde una palabra vitalista. Incluso, en mi creación poética hay dos caminos, el de los heterónimos y el propio, uno de despojamiento del ego; el otro, de comprensión del mundo propio y externo a través de las palabras de la tribu.

 

 

4.- ¿Cómo son tus sentimientos antes de escribir un poema y después de escribirlo?

 

En mi caso, siempre se produce una necesidad de contar una experiencia que puede haberle pasado a alguien, por ejemplo, con mi primer libro (El ocaso de la aurora), una depresión; con el segundo (Tres veces luz), el tercero (Márgenes) y cuarto (Inclinación al envés), un cáncer; con El primer día: aprender a amar la belleza, pero también a odiarla; y en Testigos de la utopía presento los zarpazos de aquella crisis económica y social. Con los libros de los heterónimos, las sensaciones pueden resumirse del siguiente modo: una despersonalización que personaliza, una ascesis hacia un yo propio, un modo de llegar a sí mismo a través de los otros (en esto se parece mucho al trabajo del actor/actriz), una manera de no aburrirse de uno mismo (o intentarlo), la música como tarab y como forma de perfilar un personaje, un elogio de la amistad, nada de drama en gente (como lo definía Pessoa), sino una tragicomedia vitalista, y las vidas posibles que, a veces, soñamos, fantaseamos o combatimos.

Pero estos sentimientos generales deben hacerse, al mismo tiempo, concretos y amplificados. El primer movimiento necesita de interpretación sensitiva; el segundo, de autenticidad memorística y vivencial (por eso, no es lo mismo hablar de la enfermedad, es decir, pensarla, que haberla sentido, o sea, atestiguarla). Por eso, algunos poetas pasan por la palabra y otros, no.

Pero es que como ocurre en la propia vida, en la escritura, solo se recuerda lo desmesurado. Un ejemplo, de todos los poemas, el que más recuerdo en cuanto a genética sensitiva es “Sobre el nivel del mar”: la ventana de aquel piso de Granada, el domingo luminoso y solitario, la resaca, el miedo a morir, la invitación de la palabra a salir a mi propia calle, la música de las cosas, el camino ascendente de la plenitud…

 

 

5.- ¿En qué edad sucedió el encuentro entre la poesía y tú? ¿Cuál fue la sensación de experimentar este encuentro? ¿Fue esa la razón que te condujo a elegir la poesía como forma de expresar tu mundo?

 

La poesía llegó a los 16 años, con el aburrimiento de una tarde de verano. Abrí el libro de texto de segundo de BUP y me encontré con Góngora y después, con Espronceda y Bécquer. Más tarde recuerdo las lecturas del Quijote, teníamos que leerlo entero y nos preguntaban por algunos capítulos, algo impensable en esta educación líquida que padecemos: infantiloide, de niño consentido, de cliente-empresa, de youtubers, de coche de papá-mamá…Y, sobre todo, llegó con Baudelaire y Rimbaud, Juan Ramón Jiménez y Pessoa. Todas esas lecturas iniciales han sido un alimento al que siempre vuelvo.

Y sobre la sensación de ese encuentro fue la de casi todos los que ha pasado por ese trance, la de un choque, la de una exaltación, la de un juego y, sobre todo, la de sentirse muy vivo y la de formar parte íntegra de la belleza de este mundo.

Y a la tercera pregunta hay que responder con un sí rotundo.

 

 

6.- ¿Se puede conseguir el no ruido semántico en la comunicación a través de la poesía? Y si es sí, ¿en qué situación se consigue?

 

Muchos creen que ese no ruido semántico, el silencio, el grado cero, el centro o como se le quiera denominar es la aspiración que deben tener los poetas verdaderos. Yo creo que el no ruido semántico es saber irse a tiempo, como en el caso de Rimbaud; es formar mundos propios como los de Trilce, Hospital Británico o Espacio; es conformar una mitología propia (Pessoa o Baudelaire); y, sobre todo, como decía Hermann Broch al inicio de “Voces. 1913”, uno de los relatos previos de Los inocentes: “¿Por qué tienes que hacer poesía? Para descubrir otra vez mi juventud.”. Yo añadiría “y para sobrevivir alguna vez a mi vejez”. Pero lo importante con esto de la literatura es que la publicación no se convierta en un modo de enseñar el ego, me refiero a esos poetas que hacen cualquier perfidia para conseguir estar aquí o allá; esos que se llenan de envidias y para quienes aquel o aquella que se acerca es un medio; esos que amañan antologías y premios y hacen piña generacional o grupal, buscando el calor de la falta de talento; esos que no han aprendido nada de esto de los libros, es decir, el valor de una amistad con todas sus letras y acciones, la grandiosidad de desentenderse durante algún tiempo de uno mismo (la familia) o la lealtad en el amor. Si uno consigue estos últimos jalones, habrá alcanzado el no ruido semántico, sea de cualquier tipo. La poesía debe estar llena de ruido, de música, de voces, de silencios…; y también, de las verdades de uno mismo, aunque, a veces, estas sean tristes.

 

 

7.- ¿Estás a favor o en contra del ruido semántico en la comunicación a través de la poesía? ¿Por qué? O si depende de algunos parámetros, ¿cuáles son estos?

 

Estoy en contra de las epigonalidades y una de ellas que estamos viviendo en muchísimos países y en diversas gradaciones es la de la poesía del silencio (al igual que una poesía experiencial y, asimismo, la de una poesía ecléctica que se ahoga en su propia inanición). Lo epigonal es la degradación sistemática de una tendencia y ya es muy aburrido escuchar los mismos sonsonetes.

 

 

8.- ¿Cuál es el color, el aroma, el sabor, la onda, el tacto básico de los mundos que construyes, mientras sigues caminando, de ti mismo y de tus otros yoes como escritores?

 

En los poemas que firmo como Julio César Galán llevan los colores de aquella casa de campo de mis abuelos cerca del río Ayuela y estos son los colores de los abejarucos, el graznido del milano, el olor de la jara, el sabor del melocotón, los piñones, el tomate, las moras y la miel (muy importante: el olor a chimenea, a lumbre, a invierno). Uno aprendió allí a saber mirar, a disfrutar de la soledad (importante para asimilar lecturas) y a vivir en desapego. Todos esos vasos comunicantes han atravesado cada libro; aunque, más adelante, las circunstancias y los lugares fueran diferentes: la isla, el hospital, las murallas, el desierto…El núcleo no ha dejado latir.

Los heterónimos poseen otras ondulaciones: revivir otras edades nuestras, ver cómo fluye el azar, el destino y el libre albedrío, entrelazar el pasado, el presente y el futuro, arrepentirnos de todo y de nada. Por eso, el color sería el del blanco (a veces, algo gris) y el amarillo; el aroma: el de una casa con humedad que lleva toda la mañana (mediodía de primavera) aireándose tras varios días cerrada; el sabor: el del agua; y el tacto: el de la punta de la lengua tocando el clítoris.

 

 

9.- Cuando escribes un poema, ¿cuál es el procesamiento que sigues para escribirlo?

 

Hay varios procesos: está el de la lectura, el de aquellas obras que, en algún momento de su tránsito, nos provocan al diálogo o a la reflexión; está alguna imagen que nos llama la atención y la trastocamos: por ejemplo, la de los vencejos haciendo tirabuzones, espirales y demás piruetas por la Plaza Mayor de Cáceres. Siempre me han llamado la atención estas aves (entre otras muchas, pues soy muy aficionado a la ornitología) y su algarabía al atardecer, como si todo ese bullicio fuese un modo de alegre despedida; está alguna sensación, en este caso, siempre viene de la música y deriva en los heterónimos. Una vez formado ese primer estrato, uno deja macerar esas visiones casi ciegas, esos pensamientos demasiado sensitivos, esos senderos casi sin abrir. Todo está en brote y para mí es el mejor momento, pues todo es nacimiento. Después llega la fase que denomino “de acople”; antes, todas esas palabras se han dejado reposar durante meses y van despertando según la fuerza del choque, la energía de la aceleración de los cuerpos y las trizas de sus carnes. Romperse para recomponerse (y viceversa: bumeranes).

 

 

10.- ¿En tu mente cómo se construye el mundo considerándolo bajo la palabra poesía?

 

Si es con los heterónimos, puedo decir que cada uno posee una relación con el mundo (de hacerse visible) cuando se extreman determinados sentimientos y sensaciones. De hecho, es un modo de distinguir entre ambos, de indagar, por ejemplo, en la alegría (Pablo Gaudet) y en sus ramificaciones: el afecto, la empatía, el agradecimiento…; en la ira, el placer y la musicofilia (Jimena Alba) más sus ramales: en la primera tenemos la furia, el odio, la indignación…, en el segundo: la sexualidad y en el tercero: la voluntad, la contemplación, la euforia o la admiración; con Luis Yarza llegamos a la templanza, la humildad, lo familiar o lo sagrado; con Óscar de la Torre estaríamos en la saudade, en la resignación, en el desapego, en el sarcasmo, en la jovialidad o en la aspereza; para llegar a Horacio Alba y Rafael Fuentes, dos de los últimos heterónimos en llegar (tan solo hace tres años y quizás, habría que decir semi-heterónimos), no necesitamos esa carga sensitiva, tan solo temáticas que nos interesan: la filosofía del derecho jurídico, la historia de la escritura, el humor…

Si pasamos al ortónimo, para la construcción de lo exterior y lo interior (más sus cruces) nos basamos en una certera observación de Nicolás Gómez Dávila: “Solo una cosa no es vana: la perfección sensual del instante. El mundo es sacramental o soso.”

 

 

11.- ¿De qué modo sientes que actúa tu cerebro como reacción a la necesidad de escribir?

 

La necesidad de escribir, en mi caso, viene principalmente de los reveses vitales (y de sus contrarios), por ejemplo, en un libro de poemas que estoy construyendo, Un cancionero inacabado, se cruzan la muerte de mi padre después de un cáncer y los primeros años de mi hija, Leire. Hace poco le comentaba a un amigo que la mayor parte de mis recuerdos se basan en vivencias excesivas y que habitualmente esto es lo que pasa a la poesía. Ser de excesos y, por consiguiente, una inclinación hacia lo asimétrico, lo divergente, lo extremo y lo imperfecto.

Además del impulso vital, está otro tipo de necesidad, me refiero a la de seguir apuntalando mi propuesta lírica: Poesía especular/Poesía non finito. Esa poesía hecha a base de juntar reescrituras y poema final, el esbozo y el remate, el desarrollo y el desenlace, lo por venir y el límite.

 

 

12.- ¿Tu forma de escribir es consciente o has elegido a priori qué palabras vas a utilizar para significar el sentido que quieres expresar a través de un poema; o tienes la necesidad de escribir y tu cerebro germina las palabras con el significado que tú necesitas expresar a través de un poema?

 

Yo funciono mucho y en un primer momento por una imagen que se cruza y por la música que lleva aparejada. Sin estos mimbres es difícil que salga el poema adelante. Después, las palabras vienen solas, de lejos, y siempre con su melodía, su ritmo, su tonalidad. Para mí, la poesía sigue teniendo una base muy musical.

 

 

 

Julio César Galán (Cáceres, 1978). Autor de los siguientes poemarios: El ocaso de la aurora (2004), Tres veces luz (La Garúa, 2007), Márgenes (Premio de poesía “Villa de Cox”, Editorial Pre-textos, 2012), Inclinación al envés (ERE/Editorial Pre-textos, 2014), El primer día (Isla de Sitolá, 2016) y Testigos de la utopía (Diputación de Cáceres/ Editorial Pre-textos, 2017).

Además, ha publicado como heterónimo los siguientes libros de poemas: Gajo de sol (Abezetario, 2009), La llanura (Premio de poesía “Vicente García de la Huerta”, I.E.S. Suárez de Figueroa, 2016) y Para comenzar todo de nuevo (Ay del Seis, 2017) de Luis Yarza; ¿Baile de cerezas o polen germinando? (Ediciones Idea, 2010) y ¿Una extraña orquídea o un superviento estelar? (Bala Perdida, 2021) de Pablo Gaudet; e Introducción a la locura de las mariposas (Tigres de papel, 2015) de Jimena Alba.

De su poesía se han realizado diversas antologías como Ahora sí (Huesos de Jibia, Buenos Aires, 2018), Donde es aquí (RIL Editores, Santiago de Chile/Barcelona, 2019), Anotaciones cardinales (Sombrario, Guadalajara, México, 2019), Acorde para las aguas madres (Balduque, Murcia, 2019), Sin adiós (Cascahuesos, Arequipa, Perú, 2020) y El inventor del Sí (La Zonámbula, Guadalajara, México, 2020).

Como ensayista cabe destacar: Limados. La ruptura textual en la última poesía española (Amargord, 2016) de Óscar de la Torre; Ensayos fronterizos. Entre el poema y la heteronimia (RIL Editores/Universidad de Extremadura, 2017) en coautoría con Óscar de la Torre y Jimena Alba; El último manifiesto (Trea, 2019) de Jimena Alba; Cuaderno de Sombrario de Julio César Galán (Amargord, 2020) y Correo a los editores. Poesía especular/Poesía non finito (RIL Editores, 2021).

Entre sus textos teatrales podemos citar los siguientes: Eureka (Ediciones del Unicornio, 2014), La edad del paraíso (ERE, 2016) o NO (Ñaque, 2020).

 

 

 

Athiná Stylianí Michou (Atenas, 1981). Estudió Filología Hispańica en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Málaga. Ηizo el Máster Oficial de Estudios Superiores de Lengua Española: izo el Máster Oficial de Estudios Superiores de Lengua Española: Investigación y aplicaciones, en la universidad de Málaga. Ha publicado los poemarios ‘’San fteró anemu’’ (Como el ala del viento, Dodoni, Atenas 2000), Sinistoses orjistras’’(Componentes de orquestra, Kedros, Atenas 2014). Ha traducido del griego al español dos poemarios de la poetisa griega Tsoutsi Matsourani que se titulan ‘’Cafés kai tsigara’’(Café y cigarros, Fildisi, Atenas, 2014), ‘’Ta 24 grámmata tis alfabitou’’(Las 24 letras del alfabeto griego,Fildisi, Atenas 2015). Entre las revistas españolas, poemas suyos se han editado en la revista literaria Robador de Europa, en la revista literaria de la editorial Mitad Doble, en la antología del beso editada por la editorial Mitad Doble, en la antología poética sobre el viaje, Ida y vuelta, editada por la editorial Fin de viaje. Entre las revistas griegas poemas suyos se han editado en las revistas literarias Poiein, Nisides, Vakxikon, Zraca. También ha traducido al griego poemas de los poetas: Miguel Ángel Contreras, de la poetisa Carmen Yañez y del poeta Vicente Valero, Begoña Callejón, Julio Cesar Galán, Juan Carlos Abril, Francisco Cumpián, María Salgado, Manuel Salinas. En octubre de 2019 se editó su traducción al español de poemas de cinco poetas griegos en la revista literaria de México ‘’Círculo de poesía’’ y su traducción al griego de cinco poetas españoles en la revista literaria ‘’Zraca’’. En 2020 se editó su traducción al español de poemas de cinco poetas griegos en la revista literaria de México ‘’Igitur’’. Igualmente en la misma revista se editaron tres entrevistas que hizo al poeta peruano de Chimbote Eli Urbina Montenegro, al poeta narrador, videasta y dramaturgo mexicano, Ulises Paniagua Olivares, y al poeta español Rafael Saravia y tres entrevistas que hizo al poeta y ensayista Fernando Salazar Torres, al poeta Maximiliano Cid del Prado y al poeta Eduardo Serdio para la electrónica revista literaria de Parú ‘’Santa Rabia’’.  También en la revista literaria de México ‘’Igitur’’ se editaron poemas suyos. El 2021 participó en el coloquio internacional de Poesía y Filosofía organizado por el poeta narrador, videasta y dramaturgo mexicano Ulises Paniagua Olivares y el poeta y ensayista Fernando Salazar Torres. También se editaron poemas suyos y una recitación de poemas que escribió en español, en la revista literaria de Mexico  ‘’Aleteo Poético’’. En el mes de marzo de 2021 se editaron poemas suyos en la electrónica revista literaria de España ‘’Crear en Salamanca’’.

 

 

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