El exilio y san Juan de la Cruz: Conversación con José Ángel Valente. Por Adriana Cortés

 

 

 

 

 

 

La entrevista aparece publicada en Alforja. Revista de Poesía, número XIV, otoño, 2000, pp. 45-46.

 

 

 

 

El exilio y san Juan de la Cruz

 

 

Conversación con José Ángel Valente

Por Adriana Cortés

 

 

 

 

Nacido en Orense, España, en 1929, José Ángel Valente marca con su extensa obra, desde A modo de esperanza (1954) hasta Nadie (1994), una de las trayectorias más radicales de la poesía española, cuya singularidad radica en la creación de un espacio poético personal, ajeno a las tendencias dominantes en su generación. El autor de La piedra y el centro, gran conocedor dela mística española, vivió en Inglaterra durante varios años; en Oxford, donde pasaba el tiempo en la Biblioteca Bodlian, el poeta vivió una suerte de exilio de la espiritualidad y de la vida de la inteligencia que, de acuerdo con él, fue una experiencia fructífera ya que le permitió entrar en contacto con otras tradiciones distintas a la de su país natal. Ganador de los premios Adonais (1954), Príncipe de Asturias de las Letras (1988) y Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (1999), José Ángel Valente participó en el Coloquio Internacional Voces del Exilio que tuvo lugar en 1993, en El Colegio de México. Conversamos con él acerca de sus pasiones literarias.

 

 

 

 

¿Cómo podría definir su contacto con los libros?

Hay siempre, por periodos de la vida de uno y a veces toda la vida, libros que son una compañía constante y de los que uno recibe un impulso creador. Yo vivo mucho con los libros, me gusta mucho el contacto material con ellos. Estos libros, a los que yo llamaría de confidencia, son libros que acaricio, con los que tengo una relación física, carnal. Esto es una experiencia personal pero tiene también su tradición. Por ejemplo, la Torah del mundo judío se lee y se lleva a la voz, pero hay que seguir la lectura con el dedo. Con el libro se establece una relación que, exagerando un poco y de manera metafórica, podría decir que es parecida a la relación que se tiene con el cuerpo del amor.

 

 

 

¿Qué libro lo acompaña siempre?

En los últimos tiempos, un libro muy próximo es la obra en verso y prosa de san Juan de la Cruz. He leído también la historia de sus libros, la composición de sus poemas y la vida del personaje que los hizo nacer; han hecho parte de mi vida interior a tal extremo, que he tenido la sensación de que san Juan de la Cruz me había robado la posibilidad de escribir los poemas que él escribió, porque vivió antes que yo.

 

 

 

¿Tenía celos de san Juan de la Cruz?

Tenía celos de san Juan de la Cruz y deseaba escribir sus propios versos. Y en efecto, hay algún poema mío que termina literalmente con no de sus versos. De manera que hay con él una fusión total, más que una convivencia. Ciertamente, la poesía que he escrito durante estos últimos años tiene muchas huellas de esa convivencia con la Noche oscura y con el Cántico espiritual, por ejemplo.

 

 

 

¿Qué le interesa del místico?

Lo que me interesa del místico es el territorio en que se mueve: el de máxima interioridad del ser humano. El místico se mueve hacia lo indecible, una experiencia extremadamente difícil de trasladar al lenguaje. Para él, el término es lo divino. ¿Para mí? Es hacer saltar continuamente los límites de lo posible, que es donde se produce la gran poesía. Es entrar a una zona de lo humano. Lo demás es literatura, repetición temática de ciertas cosas.

 

 

 

¿Cuál es su posición con respecto al exilio?

Creo que el intelectual debe mantenerse en una posición de exilio con respecto a los problemas políticos de su país.

 

 

 

 

 

 

 

 

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