Poesía afro-antillana: Luis Palés Matos. Por Pedro Juan Labarthe

 

 

 

POESÍA AFRO-ANTILLANA: LUIS PALÉS MATOS

 

 

Pedro Juan Labarthe

Illinois Wesleyan University

 

 

 

Para centralizar la obra del egregio poeta puertorriqueño Luis Palés Matos en esta conferencia de divulgación literaria con sus límites exiguos de tiempo, algo que de veras lamentamos, tendremos que tejer, en corto tiempo, un tapiz como fondo, para colocar la posición del negro en las Antillas proyectando con fuertes luces a la pequeña isla de Puerto Rico. Puerto Rico, pequeña isla besada por las caribeñas olas de su mar epopéyico, abanicada por sus brisas siempre frescas, endoselada por un cielo tropical en donde las estrellas son más brillantes y la luna más argentina, esa isla ha contribuido muy poco al tesoro cultural hispánico, pero lo poco que ha contribuido tiene valor de alto quilate. Por su pequeñez territorial, por su poca riqueza terrenal, por su desafortunada historia dentro de la familia hispanoamericana, sin perfil nacional aún bien definido, se ha ignorado su comercio cultural y sus hombres y mujeres intelectuales no han ganado sitio en las historias literarias para ser parangoneados con los ilustres de otras tierras americanas. Así sólo los contadísimos y reducidos sabios saben de nuestros valores.

Ninguna raza, ni ninguna jerarquía social, ni ninguna nación tienen el monopolio de los grandes.

Lo dicho tal parece que es propaganda patriótica en este egregio Congreso de Hispanistas mundiales. Así hemos querido que sea. La noble madre patria España no necesita de claros clarines para cantar sus gestas ni sus hombres. Las grandes y nobles patrias hermanas americanas tampoco. Alzamos humildemente nuestra voz de auténtico jíbaro puertorriqueño en esta augusta y soberana universidad de ínclito prestigio y ante asiduos obreros hispanistas para que tomen en consideración en sus serios estudios a los pocos pero universales intelectuales puertorriqueños y vayan algún día a visitar a la paradisíaca isla y a su magnífica universidad que ha dado albergue a inmortales como Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas, Pablo Casáis y Federico de Onís.

Habiendo desaparecido el indio de las Antillas a los pocos años de haber sido descubiertas y colonizadas, se trajo al negro para sustituir al blanco que no quería trabajar ni en las minas, ni en los cañaverales, ni en los cafetales ni en los trabajos domésticos, y al indio que había huido rebelde o a las sierras o a las islas adyacentes o había sido cazado por los perros entrenados o matados.

"El padre dominico Antonio de Montesinos", nos dice el doctor Luis M. Díaz Soler en su opúsculo La Esclavitud Negra en Puerto Rico, "había alzado su voz en La Española, en protesta por el trato que daban los colonizadores a los aborígenes, reclamando que a éstos se les devolviese su libertad. El fuego encendido por Montesinos fue avivado por Fray Bartolomé de Las Casas, cuya vida quedó consagrada a la liberación de los naturales en América".

Se importaron más negros a Cuba y a La Española que a Puerto Rico y esto hay que tenerlo en cuenta para cuando lleguemos al estudio de la poesía afro-antillana de Cuba y la de Luis Palés Matos.

Volvamos al Dr. Díaz Soler quien seriamente ha hecho un jugoso estudio de los negros en Puerto Rico. Dice: "Por haber sido Puerto Rico una tierra pobre, no pudieron sus habitantes hacerse de grandes contingentes de esclavos; lo contrario ocurría en colonias de mayor desarrollo. Por el hecho de que fueran relativamente pocos los esclavos ligados al régimen de la tierra, los hacendados se vieron obligados a ofrecerles el mejor trato que las circunstancias permitían, a fin de conservarlos físicamente capacitados para las labores del campo. En otras palabras, la escasez de brazos esclavos vino a convertir al africano que vivía en Puerto Rico en un instrumento de trabajo de estimable valor".

En la lucha por la libertad de los negros en las islas, sus defensores decían en Madrid al referirse a los negros de Puerto Rico: "las gentes de color libres representan en Puerto Rico, al par que uno de los elementos más vigorosos de la población, el elemento de fuerza que, auxiliado por la inteligencia, iniciativa y los capitales de los blancos, más grandemente contribuyen al bienestar material del país".

Las Cortes en Madrid aprobaron por unanimidad el 22 de marzo de 1873 la abolición de la esclavitud en la isla de Puerto Rico.

Uno de los hombres más ilustres isleños fue el Dr. José Celso Barbosa, senador de la raza negra, quien tratando la cuestión racial en Puerto Rico desde las columnas del periódico que él fundara, El Tiempo, dijo en la edición del 28 de julio de 1920 que "el hombre de color en Puerto Rico no es bajo concepto alguno inferior al hombre blanco de Puerto Rico y ha contribuido y contribuye con él a dar prestigio a la raza a que per[1]tenece y al pueblo de nuestra cuna... Hoy la superioridad se manifiesta, no en la raza, no en la mayor o menor cantidad de materia colorante en la piel, la superioridad depende de la cantidad de substancia gris, de la fineza de las circunvoluciones cerebrales, de la educación, de la voluntad, de la preparación moral, del medio ambiente, de la gimnasia intelectual, factores esenciales para la superioridad individual y colectiva".

La vida social y económica del negro de Puerto Rico es distinta de la vida de los negros por Cuba, por Haití y por la República Dominicana y aún distinta de la vida de los negros del Brasil. Necesitamos espacio para entrar en detalle en este tema tan fascinante y de estudio social. No podríamos olvidar la posición del negro en los Estados Unidos. Para entender la poesía de Cuba, de Haití y la del Brasil, la poesía afro-americana, hay que ir al estudio económico-social y encontraríamos como llave la diferencia entre los poemas afros de Luis Palés Matos y los poemas de los otros poetas que han escrito sus lamentaciones. No vamos a hacer un estudio detallado de la poesía de Luis Palés Matos. De él se han ocupado con atinadísimo acierto de críticos dos notables y perspicaces maestros: la doctora Margot Arce quien fuera grande amiga del poeta y el doctor Federico de Onís, éste Jefe del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico. Ángel Valbuena Prat escribió un excelente prólogo a la obra que dio a conocer al poeta fuera de los límites isleños, Tuntún de Pasa y Grifería.

Luis Palés Matos nació en un año muy señalado para la historia puertorriqueña, en 1898. Año cuando la isla dejó de ser gobernada por la Madre Patria España, quien le dio su leche bendita de lengua y religión e hispanidad. Se incorporó como colonia al pueblo sajón de los Estados Unidos, pero este cambio no cambió las profundas raíces hispánicas que el buen puertorriqueño tiene. Producto noble es Luis Palés Matos: hispanoamericano.

Nació hijo de familia distinguida por abolengo y por intelectuales. Su padre conocía bien las literaturas europeas y americanas. Era poeta. Por la parte materna también heredaba el hilo azul de la poesía. Había una biblioteca rica de grandes autores. Poetas franceses, españoles, italianos, portugueses, ingleses, norteamericanos y desde luego hispanoamericanos. El padre, don Vicente Palés Anés, murió repentinamente cuando acababa de leer su poema "El Alba llorará sobre mi tumba" en honor al poeta peruano José Santos Chocano cuando era homenajeado en el pueblo de Guayama.

Luis nació en el pueblo del litoral de la isla, Quayama, que para el 1897, un año antes de nacer, tenía 12.934 habitantes, de los cuales 14 solamente eran negros.

Publicó su primer libro a los 17 años, en 1915, un año antes de morir Rubén Darío, a quien Luis había leído y recitaba los poemas. Mucho, muchísimo aprendimos de Darío por vía de Palés, pues obra o estudio que apareciera del nicaragüense o sobre él, los tenía Luis en su biblioteca. Mas era ya privilegio oir interpretar la obra rubendariana por Palés, y no sólo la obra del maestro, sino la de otros grandes como Juan Ramón, Antonio Machado, Unamuno, García Lorca y Eliot.

Ya en su primer libro, Azaleas, despuntó su gracia divina de buen poeta, anunciando al poeta genial e inmortal que llegó a ser. Murió en 1959. Dice el doctor Federico de Onís sobre él: "Para Palés, poeta nato consciente de su arte, la poesía no sólo es independiente de toda realidad, sino que es la única realidad, la que da sentido a su alma y al mundo".

La poesía para Palés, tomando de aquí y de allí, su interpretación de qué es poesía, citamos: "un grito allá en el fondo", "irrealidad suprema", "palabra segura y redentora", "voces secretas".

¿Tuvo acaso ecos de sus muchas lecturas de los poetas modernistas? ¿Qué poeta joven de esta época no trató de asimilar e imitar a un Baudelaire, Verlaine, Herrera y Reissig, Poe y al maestro Rubén Darío? Pero pasando por el teclado sonoro de todos ellos, apareció un Palés singular, con fuerte personalidad, individual con brillo y quilates propios como aquéllos. No entró en el coro para sólo identificarse con la escuela modernista y luego pasar como muchos con poco valor en las filas y archivos de poetas mediocres. Si fue al crisol de los "ismos", fue con su propia luz y su luz fue brillante e individual, por ser genial, genuino en su arte, por ser nato y grande entre los grandes.

De haber nacido este diamante de múltiples facetas en país grande, rico y afortunado, de haber recorrido ciudades y cenáculos, digamos por Buenos Aires, México, Santiago, Lima, Bogotá o Madrid, su nombre hubiera volado de hace años en alas del justo reconocimiento y aparecería en páginas de oro al lado de los gloriados.

No salió de su isla nada más que una vez, a Nueva York, para estar entre los suyos, sus puertorriqueños, en la apiñada población isleña que le vitoreó en bien merecido homenaje.

En su islita, el viajero soñador de países lejanos, de geografías distantes, cantaba:

 

Días iguales, largos como caras sombrías

[…]

y al fin — al fin—, un perro con sarna: poesía...

[…]

y estar así, con ganas de emigrar... ¡Qué fatiga!

¿Cuándo brotará el alba sonora de otro día?

[…]

Yo con mi ironía

decorosa de inválido...

allá voy como siempre en mi sillón de ruedas.

 

 

Luego deja escapar un anhelo doloroso al decir:

 

 

"Piedad, señor, piedad para mi pobre pueblo

donde mi pobre gente se morirá de nada."

 

 

Por años venturosos fuimos amigos y orgullosos de esa amistad por el "excelente compañero y amigo" como nos llamó en su dedicatoria en su libro Tuntún de Pasa y Grifería. Le incitábamos, hasta le reñíamos para levantarle el deseo físico del viaje a otras tierras hispanas. Nuestra isla se moría de insularismo y de escasa propaganda cultural por el extranjero y nadie más que él podría ponernos en buen sitio. Nos decía: "Mañana saldremos. Sí, mañana viajaremos". Su poesía viajó en labios de recitadores y en los últimos años en muy contadas antologías.

Tenía cierta melancolía bohemia encantadora, hasta cierta timidez, una aristocrática timidez que atraía por ser don y gracia de los geniales, pero una vez que sentía, mejor, palpaba el ambiente fraterno en el grupo en que se encontraba, era la flor de la maravilla en la conversación amena, erudita y chisposa.

Por sus citas de autores, por sus juiciosas opiniones de obras nos enteramos de su lectura rica y variada. Justificamos el juicio cuando en varias ocasiones repasamos su gran biblioteca en su residencia. Nos asegura hoy su viuda, compañera digna y noble, doña María Valdés Tous de Palés, en carta que nos escribe, que el poeta leía y escribía en francés, inglés, portugués e italiano, amén de que se carteaba con escritores de todo el continente americano y de Europa. Libros de viaje muchos tema, y así su geografía espiritual fue universal.

Si Palés sólo hubiera escrito poemas fuera de los afroamericanos, poemas filosóficos y de tantos variados temas, habría siempre que considerarle como uno de los grandes poetas de la lengua castellana y no por la cantidad de obras que dejara, y dejó pocas, pero por la calidad aquilatada. Mas su fama está en la creación de una obra de arte celinista, de orfebrería, filigranada, sin par dentro de la moda poética afro-antillana-americana. Y bien se asegura cronológicamente por sabios en la materia que fue Palés el primero en la escuela.

Obras con simpatías por lo negroide se pusieron en boga en Francia como cosa exótica. Lo negroide se tomó como el japoneismo mallarmeano.

Mas en los Estados Unidos de donde arranca más la simpatía humana por los negros suyos sentida por los hispanoamericanos, esa simpatía, ese calor, vamos a llamarlo, no lo emplea Palés en sus poemas. Tampoco usa del negro de su Guayama, para cantarlo socialmente y en protestas como lo harían Langston Hughes, Countee Cullen y Vachel Lindsay. Su negro es una piedra preciosa, digamos, un diamante negro, y él, el poeta, es el joyero creador que monta en oro poético, y hace preseas: diademas, prendedores, broches, aretes, aros delicadísimos de acuerdo con su divina fantasía. Su obra Tuntún de Pasa y Grifería es un estuche de terciopelo negro con exquisitas alhajas. Cada una, única en su perfección.

No canta al maltratado negro puertorriqueño, porque ese no existe. La burla, la sátira cruel no existe tampoco. Se podrá encontrar algo gracioso, con fino hilo de oro de ironía como en su poema "Lagarto Verde" y también en su otro poema "Elegía del Duque de la Mermelada". Ambos poemas dos preseas para un Versaille africano.

Luego este poeta de sangre pura caucásica en su taller de rapsoda con acompañamientos onomatopéyicos creados por él nos da obras maestras que han tratado de ser imitadas, pero jamás igualadas porque sólo existió un genio palesiano. Ya así lo reconoció en carta que nos escribiera el poeta Emilio Ballagas al preguntarle su opinión en 1939 sobre Palés. Nos dijo: "Indiscutiblemente que es el artista perfecto en este género. Le admiro y le reconozco como el mejor". Y Ballagas, como otros ilustres poetas cubanos de este género, era y son artífices también.

Se dice que los sacerdotes de Júpiter usaban un gorro o albogalero hecho con la piel de una víctima blanca, Sabemos que un doctor cubano, admirador del poeta Palés, encuadernó un ejemplar de su libro Tuntún de Pasa y Grifería con la piel del cadáver de un negro y se lo regaló como cosa muy estimable.

Sentimos no poder dar más ejemplos de la poesía palesiana por las exigencias de espacio, pero recomendamos la lectura de su obra completa. Será un deleite poético.

 

 

 

 

 

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