Poesía africana anónima: Los yorubá. Por Rogelio Martínez Furé (Matanzas, Cuba)

 

 

 

 

 

 

 

El presente ensayo es el Prólogo del libro Poesía anónima africana (Fundación editorial el perro y la rana, Venezuela, 2007) cuya selección, traducción y notas corresponden a Rogelio Martínez Furé.

 

 

 

 

 

Los yorubá

 

 

Rogelio Martínez Furé

 

 

 

Los yorubá son un pueblo de más de siete millones de personas que habita principalmente en el sudoeste de Nigeria, Dahomey, Togo y Ghana.

Creadores de una alta cultura urbana medieval cuyo centro se desarrolló, a partir del siglo XIII, en la ciudad de Ilé Ifè –considerada por las leyendas como escenario de la Creación Universal–, este pueblo de agricultores, guerreros y comerciantes se constituyó en un verdadero foco clásico de civilización africana al sur del Sajara por el alto nivel alcanzado en el desarrollo de las fuerzas productivas, las técnicas, la organización política, cosmogonía, usos y costumbres, y por haber creado uno de los estilos artísticos más refinados e importantes de África y del mundo: los “bronces” y terracotas de Ifè.

A partir del siglo XV se inició la expansión militar de Óyó sobre los pueblos vecinos. “Posiblemente Shàngó, el Alãfin deificado, el inventor y estratega que pereció por su propio hubris, pueda ser asociado con esta fase de la historia de Óyó”.[1]

Durante el siglo XVII el imperio yorubá de Óyó llegó a dominar a los otros subgrupos del mismo origen étnico, ejerciendo su poder sobre gran parte de lo que hoy es Nigeria Occidental y partes del Dahomey. “De acuerdo con la tradición de Óyó, hacia fines del siglo diecisiete las fronteras imperiales se extendían hasta el Níger por el norte y el este, e incluían el Dahomey por el Oeste”.[2]

Ilé Ifè se mantuvo como capital religiosa, pero Óyó se convirtió en el gran centro político, donde residía el Alãfin, monarca supremo, considerado por las tradiciones como descendiente del Dios (orisha) del rayo Shàngó.

Maestros en el trabajo de los metales, de la madera, de la piedra dura y la terracota, fueron un pueblo músico y poeta; poseyeron una filosofía profunda y humana.

El tráfico negrero que alteró la economía de la Costa de Guinea, las guerras civiles interminables, las luchas fratricidas por la sucesión al trono, la subsiguiente sublevación de los pueblos vecinos sojuzgados y la derrota militar frente a los ejércitos musulmanes de Usmán dan Fodio –el gran conquistador fulani–, determinaron la decadencia de las glorias guerreras y artísticas de los yorubá y el hundimiento del imperio de Óyó a principios del siglo XIX.

Su antigua capital, el viejo Óyó o Katunga, se encontraba mucho más al norte del actual emplazamiento del Óyó nuevo, pero fue abandonada después de ser saqueada por los fulani de Ilorin en 1835, fundándose una nueva capital cien millas más al sur en un territorio más protegido de los ataques de los enemigos norteños.[3]

En la actualidad, la mayoría de los yorubá forman parte del estado africano con más habitantes en el continente, Nigeria –alrededor de 75 millones–, y constituyen uno de los tres grupos étnicos principales del país. Los elementos característicos de su cultura secular, cuyo origen es situado por algunos historiadores entre los siglos VII y XII d.n.e., se conservan hasta el presente, de la misma forma que su religión ha logrado sobrevivir en tierras americanas a los siglos de régimen esclavista.[4]

Entre los yorubá, la poesía cumple una función social de primera importancia e interviene en todas las manifestaciones de la vida de ese pueblo. En las ceremonias religiosas o estadales, en las bodas, en los ritos funerarios, siempre estarán presentes los bardos profesionales que cantarán el tipo de poema apropiado.

Mientras en la cultura occidental burguesa la poesía ha dejado de desempeñar esta función social para convertirse en goce de minorías, entre los yorubá, tanto los cánticos de alabanza a los dioses (orisha) como los comentarios sarcásticos sobre los sucesos de actualidad dan lugar a la expresión poética. Y no está reservada sólo para las ocasiones solemnes o festivas, sino que forma parte de la vida cotidiana. Los vendedores poseen poemas especiales para anunciar sus productos en el mercado; los cazadores para cantar mientras marchan por los senderos del intrincado monte o en sus reuniones nocturnas; los niños para acompañar sus juegos. Mientras los campesinos cultivan sus campos o los herreros ejecutan sus diversas labores, ahuyentarán la fatiga entonando fragmentos de ìjálá; una recién casada camino de su nuevo hogar cantará un rárà; al despertar los niños en la mañana se inclinarán frente a sus mayores y los saludarán con algún oríkì en honor de los antepasados familiares. En los momentos de sosiego y descanso, en medio de las conversaciones, de las risas y la ingestión de bebidas, también estará presente la poesía.[5]

 

 

Análisis de las formas

 

No puede hablarse de una métrica en la poesía yorubá. Tampoco existe diferencia entre la acentuación o no de las sílabas sobre las que pudiese basarse esa métrica. No hay líneas reguladas de versos, aunque los poemas se dividen en grupos congruentes de variada extensión.

Según E. L. Lasebikan, gran estudioso nigeriano, en esta poesía se impone un patrón por la estructura tonal de la lengua. El tono es lo determinante (“Tone is of the essence of yoruba poetry”).[6] Sin embargo, los valores tonales no ocupan el lugar de la métrica europea.

Para Delafosse, el yorubá pertenece al grupo nigero-cameruniano de las lenguas sudano-guineanas, pero Westermann y Greenberg la incluyen en el grupo kwa.[7] Esta lengua, de gran riqueza y fuerza expresiva,[8] posee tres tonos básicos –alto, medio y bajo– y sus combinaciones.

 

Un rasgo especial del yorubá es que es una lengua tonal; los tonos son parte de la palabra tanto como las consonantes y vocales, y resulta, por consiguiente, que palabras que tienen la misma ortografía no poseen el mismo significado cuando llevan diferentes marcas tonales.[9]

Una misma palabra puede pronunciarse hasta de cinco formas distintas y poseer cinco significados completamente diferentes. Las oraciones habladas muestran una estructura llena de armonía melódica. El poeta Abeloye Babalola sostiene que el hecho de que la lengua yorubá sea tonal y llena de metáforas y comparaciones, y que aun en su forma prosódica ordinaria nunca esté alejada de la musicalidad provocada por las modulaciones de los diversos tonos, tal vez permite comprender por qué la poesía ocupa un lugar tan importante en la vida de ese pueblo.[10]

En los poemas yorubá tradicionales encontramos metáforas, onomatopeyas, aliteraciones, repeticiones, pero nunca rima. Y todos los estados emocionales del hombre (el humor, el éxtasis religioso, la ironía, el patetismo, el sentimiento amoroso) quedan tratados en ellos. Además, esta poesía puede ser recitada o tocada en tambores. Los yorubá poseen tambores capaces de repetir todos los tonos de su lengua, y no a la manera de un método Morse, sino repitiendo las ligaduras y niveles tonales exactos del habla.[11] Éstos son tan importantes que las consonantes y vocales pueden eliminarse, siendo comprensible el sentido de la frase.

Cada tipo de poesía yorubá posee su técnica de recitación propia, y lo canta un grupo específico de individuos. Los odù de Ifá son recitados exclusivamente por los babaláwo o sacerdotes del oráculo. Los ìjálá, por los cazadores y todos los que trabajan con el hierro. Los iwi, por los enmascarados Egúngún. Los oríkì, por los poetas profesionales o por los sacerdotes y adoradores del orisha a quien se alabe.

La técnica de recitación es más determinante para distinguir un tipo de poema que su contenido o su estructura específica; tanto, que la persona que ha sido instruida en un estilo se considera incapacitada para repetir el tono de los otros.

Existen sutiles diferencias entre el tono de voz de los ìjálá y los de otras formas de canto yorubá tales como rárà (canto en alabanza de un noble), ègè (lamento por los grandes hombres), ofò (encantamientos mágicos), ògèdè (una especie de ofò considerado más efectivo), ewi ogun (cantos para el dios de la guerra) y oríkì (nombres de alabanza). Es muy común oír decir sin apología a un buen cantante de ìjálá que no tiene voz para ègè u ògbérè.[12]

 

Para la forma poética denominada esa se emplea tan sólo un soplo de voz; en los iwi, por el contrario, se exige un tono de voz sepulcral. Los ìjálá se reconocen por su tonalidad aguda, mientras que el rárà se caracteriza por su ritmo lento, quejumbroso y prolongado. Los ofò u ògèdè se distinguen por el número impresionante de sentencias antiguas o de fórmulas mágicas pronunciadas con voz natural. Por el contrario, el àròfò consiste en una improvisación llevada a cabo durante circunstancias excepcionales, caracterizada por arranques poéticos cantados y monótonos.[13]

Estas sutilezas, unidas a la recreación constante que hacen los yorubá con las palabras de su lengua y al contenido poético o evocador que encuentran en ellas, dificultan grandemente las traducciones. Se pierde la musicalidad original, la poesía por evocación, el humor refinado; sobre todo, cuando esto se agrava por una doble versión (yorubá-inglés-español). No obstante, es tal la belleza de las imágenes y la vitalidad de esta poesía, que estimo resulte experiencia única para los lectores.

Estos poemas fueron recogidos en tierra de Nigeria, directamente del pueblo, y han sido publicados en libros y revistas africanas gracias a la tesonera labor de Bakare Gbadamosi, Ulli Beier, E. L. Lasebikan, E. O. Yemitan y Abeloye Babalola, quienes han dedicado largos años de su vida a la divulgación y estudio de la poesía oral y anónima de los yorubá. Esta parte del libro está basada en sus investigaciones.

He seleccionado aquellos poemas que tienen más sentido para nuestro pueblo, y donde se plasman los elementos más característicos de esa poética. Junto a las ricas tradiciones literarias anónimas y orales –entre las que se distinguen los owe (proverbios), àló (adivinanzas), ègè (cantos de alabanza), itan (cuentos tradicionales) y oríkì–, y consideradas como “literatura clásica”,[14] los yoruba poseen también una variadísima literatura contemporánea escrita y de autor conocido (novelas, teatro, ensayos, poemas, etc.), pues desde mediados del siglo XIX su lengua fue reducida a la escritura después de arduos esfuerzos por parte de lingüistas y otros estudiosos, entre los que se destacó el obispo yoruba Samuel Crowther, una de las personalidades más extraordinarias que haya dado ese pueblo.[15] Entre sus escritores modernos podemos citar a novelistas como D. O. Fagunwa, Afolabi Olabimtan y al Chief I. O. Delano; dramaturgos como Duro Ladipo, Hubert Ogunde, Kola Ogunmola y Obotunde Ijimere;[16] poetas como Bakare Gbadamosi, Abeloye Babalola, Tunde Lasebikan, Adebayo Faleti, A. O. Odunsi, y otros. También debemos mencionar a importantes autores yorubá de expresión inglesa como el historiador Samuel Johnson, los dramaturgos Ola Rotimi y Wole Soyinka[17] –considerado entre los más notables teatristas africanos–, y al conocido novelista Amos Tutuola.

El yorubá, una de las principales lenguas del África, es vehicular y semioficial en el occidente de Nigeria. Se emplea en la radio, televisión, prensa, administración pública y en el sistema escolar oficial. En la actualidad lo hablan “más de 14 millones de personas”.[18]

En Cuba y Brasil se guardan celosamente muchos elementos de esta lengua, traída a tierras americanas por los cautivos durante el período colonial (mitos, fábulas, cuentos, poemas, proverbios y miles de vocablos). Y no son pocos los que se enorgullecen de poder sostener una conversación en lucumí, como decimos los cubanos, o en nagó como denominan los brasileños a la lengua de esos antepasados nuestros.[19]

Espero que algún día se recoja toda la poesía de antigua procedencia yorubá que vive actualmente en el pueblo cubano. En las llamadas Libretas de santería –manuscritos sagrados–, se conservan y trasmiten muchos de los valores fundamentales de esa alta cultura africana,[20] como un tesoro oculto en espera de su revelador.

 

 

 

 

 

 

[1] Hodgkin, Thomas: Nigerian Perspectives, an Historical Anthology.London, Oxford University Press, 1960, p. 25.

[2] Ibíd., p. 32.

[3] Smith, Robert S.: Kingdoms of the Yoruba. London, Methuen & Co. Ltd., 1969; Johnson, Samuel: History of the Yorubas. London, 1921; Crowder, Michael: The Story of Nigeria. London, Faber and Faber, 1962; Adesanya, Adebayo: “Yoruba Metaphysical Thinking”. Odù. Ibadan, No. 5; Bolaji Idowu, E.: Olódùmarè, God in Yoruba Belief. London, Longmans, 1962; Awolalu, J. Omosade: “The Yoruba Philosophy of Life”, Présence Africaine. París, No. 73, 1er. trimestre. 1970, Delano, Chief I. O.: “The yoruba family as the basis of yoruba culture”, Odù. Ibadan, No. 5; Underwood, Leon: Bronzes of West Africa. London, Alec Tiranti Ltd., 1949.

[4] Verger, Pierre: Notes sur les cultes des orisas et voduns. Dakar, IFAN, 1957; Bastide, Roger: Les religions africaines au Brésil. París, Presses Universitaires de France, 1960; Cabrera, Lydia: El Monte, Igbo finda, ewe orisha, vititinfinda. La Habana, Eds. C. R., 1954.

[5] Yoruba Poetry. Traditional yoruba poems collected and translated by Bakare Gbadamosi and Ulli Beier. Special publication of Black Orpheus. Nigeria, 1959, p. 6.

[6] Lasebikan, E. L.: “Tone in yoruba poetry”, Odù. Ibadan, No. 2.

[7] Alexandre, Pierre: Langues et langage en Afrique Noire. París, Payot, 1967, p. 24.

[8] Abraham R. C.: Dictionary of modern yoruba. London, University of London Press, 1958; A dictionary of the yoruba language. London- Ibadan, Oxford University Press, 1972; Delano, Chief I. O.: A dictionary of Yoruba monosyllabic verbs, Vol. I (A-L). Ife, Institute of African Studies, University of Ife, 1969; Lasebikan, E. L. and L. J. Lewis: AYoruba revision course. Ibadan-Lagos, Oxford University Press, 1968.

[9] Delano, Chief I. O.: op. cit., 1969, p. iii.

[10] Babalola, Abeloye: “La poésie yorouba”, Présence Africaine. París, No. 43, 1963, p. 212.

[11] Yoruba Poetry... 1959, p. 9.

[12] Babalola, Abelboye: “Ìjálá. The traditional Poetry of Yoruba hunters”, Introduction to African Literature. London, Longmans, 1967, p. 13.

[13] Babalola, Abeloye: op. cit., 1963, p. 212.

[14] Delano, Chief I. O.: “The yoruba family...”, p. 22.

[15] Ade Ajayi, J. F.: “How Yoruba was reduced to writing”, Odù. Ibadan, No. 8, october, 1960; A dictionary of the yoruba language... 1972.

[16] Owomoyela, Oyekan: “Folklore and Yoruba Theater”, Research in African Literatures. Austin, African and Afro-American Research Institute, The University of Texas, Vol. 2, No. 2, 1971.

[17] Ogunba, Oyin: “Le théâtre au Nigéria”, Présence Africaine. París, No. 58, 2ème. trimestre, 1966; Adedeji, J. A.: “Oral Tradition and the contemporary theater in Nigeria”, Research in African Literatures. Austin, Vol. 2, No. 2, 1971.

[18] Crowder, Michael: “Foreword”, en Delano, Chief I. O., op. cit., 1969.

[19] Bascom, William R.: “The yoruba in Cuba”, Nigeria. Lagos, No. 37, 1951; Verger, Pierre: op. cit., Bastide, Roger: op. cit., y Cabrera Lydia: op. cit.

[20] Martínez Furé, Rogelio: “Patakin: littérature sacrée de Cuba”, Présence Africaine. Paris, No. 77, 1er. trimestre, 1971.

 

 

 

 

 

 

 

Rogelio Martínez Furé (Matanzas, Cuba, 1937). Folklorista, etnólogo e investigador, fundador del Conjunto Folklórico Nacional. Doctor Honoris Causa del Instituto Superior de Arte en la Habana. Premio Nacional de Literatura 2015. Ha contribuido como miembro de esta agrupación a la preservación y difusión de las tradiciones musicales y danzarias de origen africano. Desde 1951 hasta 1956 cursó el Bachillerato en Letras en el Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas. En el año 1956 ingresó en la Universidad de La Habana donde matriculó en Derecho Civil, Derecho Administrativo y Derecho Diplomático. Trabajó desde su creación en el Instituto de Etnología y Folklore de la Academia de Ciencias de Cuba, especializándose en el estudio y divulgación de las influencias culturales africanas en América. Su descendencia es rica y diversa, pues es descendiente de mandingas, franceses, lucumíes, españoles, chinos y, muy probable, de algún indio en lontananza. Aunque en su barrio vivían chinos, judíos, gallegos, catalanes, congos, arará, iyesá, abakuá, gangá..., mientras los guajiros venían desde el Valle de Yumurí cantando sus pregones o sus puntos guajiros. Se nutrió de una gran riqueza cultural en su natal Matanzas, tierra de danzones y rumba. En 1962 fundó el Conjunto Folklórico Nacional de Cuba con el propósito de mantener una sostenida labor de recopilación, preservación y promoción de las más ricas tradiciones culturales -musicales y danzarias- de origen afrocubanas. Muy pronto la compañía realizó presentaciones en diversos países de EuropaÁfrica y América Latina, así como en la mayoría de las provincias de Cuba. Ocasionalmente ha actuado como intérprete vocal de música folklórica cubana, brasileña y antillana, así como de obras musicales de vanguardia. También es autor de piezas musicales como La mulata (habanera) y Como cambia la gente.

 

 

 

 

 

 

 

 

2 comentarios en "Poesía africana anónima: Los yorubá. Por Rogelio Martínez Furé (Matanzas, Cuba)"

  • el febrero 24, 2021 a las 1:08 pm
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    Me interesa el libro de poesía negrista.

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  • el febrero 27, 2021 a las 6:24 pm
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    El artículo es excelente y revelador. Gracias Maestro por este aporte a las nuevas generaciones y poner la poesía en el lugar que merece. Dignificar el legado africano en general y afrocubano en particular. Mientras leeia vino a mimente los documentales Junto al Golfo y Mensajero de los Dioses de Rigoberto López y pude entender la dimensión poética de este legado; poesía que los críticos cubanos con su visión etnocentrista no pueden ver. Gracias por esta publicación.

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