Paul Celan (1920-1970), una conmemoración. Por Luciano Pérez García

 

 

Paul Celan (1920-1970), una conmemoración

 

Luciano Pérez

 

Hace 75 años concluyó en Europa la Segunda Guerra Mundial, de graves consecuencias para los pueblos que la vivieron. Pero sobre todo para dos pueblos que sufrieron más a fondo lo que el conflicto significó: el alemán y el judío. Más que nada, de manera especial, los judíos que eran de lengua alemana, muchos de los cuales fueron exterminados; y de los que sobrevivieron, a ellos les quedó el estigma de hablar la lengua de una nación que quiso acabarlos, y que aun así no tenían otra mejor manera de expresarse sino a través de ella. Es el caso del poeta Paul Celan, de quien estamos conmemorando los cien años de su nacimiento y los cincuenta de su muerte. Se trata de uno de los poetas más altos de la literatura alemana moderna, y también de la universal.

La expansión hacia el este del imperio austriaco de los Habsburgo, a partir de los siglos XVII y XVIII, propició que gran cantidad de alemanes se trasladasen hacia Polonia, Bohemia y los Balcanes y establecieran ahí sus hogares. A su vez, también mucha población judía llegó ahí, y a esta última le dio por hablar un dialecto que era una mezcla de alemán y hebreo, el yiddish. Al ser ellos mismos alemanes, los Habsburgo le dieron primacía al elemento germánico de su vasto imperio, pero supieron apreciar también la aportación de sus otros súbditos (húngaros, checos, croatas, polacos, etc.); y en especial, estimaron la laboriosidad de los judíos, que de ser en un principio trabajadores rurales, pronto llegaron a las grandes ciudades, incluida Viena, la capital imperial, para obtener mejores empleos, y sus hijos pudieron ir a escuelas alemanas.

Por eso fue que al llegar el siglo XX, los judíos alemanes ya tenían un papel primordial en el comercio, la industria y la cultura, no sólo en el imperio austriaco, sino también en el Reich alemán. Lo más notable fue por supuesto lo que ganó el medio cultural de lengua alemana, al surgir tantos y tantos eminentes científicos (como Albert Einstein), filósofos (Edmund Husserl), y sobre todo literatos (Franz Kafka, Hermann Broch, Karl Kraus, Franz Werfel y, entre otros muchos más, Paul Celan mismo). Sin embargo, asimismo surgió entre parte de la población alemana un sentimiento hostil hacia los judíos, pero no trascendió por la protección que recibían por parte de los dos Kaiser, el austriaco y el alemán. Pero después del fin de la Primera Guerra Mundial, el antisemitismo creció más, y todo culminaría en una tragedia al llegar al poder Adolfo Hitler, que acabó con lo que los judíos habían aportado a la cultura germana, y que afectó directamente a la vida y la obra de Paul Celan.

Nuestro poeta nació el 25 de noviembre de 1920 en Czernowitz, capital de la que fue la más lejana de las provincias habsbúrgicas, la Bucovina. Pero ya hacía dos años que, concluido el conflicto bélico en 1918, la Bucovina ya no era parte del imperio austriaco, que se había desintegrado, sino que ahora pertenecía al reino de Rumania. Por ello Celan nació rumano, aunque sus padres eran judíos alemanes. El verdadero apellido del poeta era Antschel, y de ahí sacó el poeta las letras para crearse uno nuevo, a manera de anagrama. En 1938 fue a París a estudiar medicina, y regresó a Rumania tres años después en el peor momento posible, cuando este país estaba involucrado ya como aliado de Alemania en la invasión a la Unión Soviética.

Es aquí donde se da la tragedia de la que hablamos más arriba, cuando la política del exterminio a los judíos hundió a Celan en una pesadilla de la que nunca se recuperó, y que fue materia esencial para su poesía, y que lo llevó finalmente al suicidio en 1970. Los alemanes tuvieron mano libre para actuar en Rumania, y la familia Antschlen fue detenida. Los padres de Celan fueron llevados a un campo de concentración, donde se les asesinó, y él, como más joven, fue condenado a trabajos forzados. A mediados de 1944 el ejército ruso llegó a suelo rumano, y Celan fue liberado. Se estableció entonces en Bucarest, para trabajar como traductor e intérprete. En 1947, cuando ya Rumania era una república socialista, el poeta decidió escapar de la Cortina de Hierro, y huyó a Viena, para luego trasladarse a París. Aquí dio clases de alemán, en la Escuela Normal Superior, y también se dedicó a traducir (es notable la traducción que hizo de la poesía de Rimbaud).

La traumática experiencia vivida en la guerra hizo mella en el sensible ánimo de Celan, quien quiso mostrar el dolor que sentía a través de la experiencia lírica. Y ésta tenía que darse mediante los recursos de la todavía reciente vanguardia, en este caso el expresionismo alemán y el surrealismo francés, sin olvidar tampoco el simbolismo de mediados del siglo XIX. Los poemas que a continuación presentamos procuran exponer esas tendencias, que se unen todas, inevitablemente, en torno al sufrimiento de Celan.

El primer poema no tiene título, aunque suele ponerse el primer verso como tal (hay varios así). En él se hace un contraste entre la madre naturaleza, con sus álamos y sus nubes, que siempre la habrá, y la madre que lo parió, pero que no volverá jamás. Es decir, que la naturaleza nunca podría sustituir a la madre, porque aquélla no sabe nada de lo que esta última ha vivido.

El segundo poema, “Todesfuge” en el original, es el más representativo de la obra de Celan. No hay puntuación ahí, de modo que el lector tiene que colocarla él mismo mentalmente mientras va leyendo. No hay que olvidar que la palabra fuga no se refiere aquí a una huida, a una escapatoria, sino a la expresión musical así llamada, que Johann Sebastian Bach manejó con destreza. De ahí que el poema tenga ritmo, puede cantarse, puede bailarse, a pesar de lo dramático del asunto, o precisamente por eso. El poema es también por entero un testimonio acusatorio contra la conducta de Alemania en la Segunda Guerra. El dorado cabello de la Margarita germana, es contrapuesto al cabello cenizo de la Sulamita judía, y asimismo hay contraste entre la leche que beben los judíos, negra, y la blanca de los alemanes.

El tercer poema se refiere a un poeta por el que Celan sentía mucha afinidad, el gran Hölderlin. Todo ahí alude a este último en su lastimosa situación final cuando, postrado por la locura, se vio confinado en una torre, gracias a la bondad que hacia él tuvo un carpintero. Una torre sumergida en el río Neckar, en la ciudad de Tübingen, sede también del seminario donde Hölderlin hizo sus estudios. Y ahí, barbudo como un patriarca, su barba blanca de luz, él balbucea y balbucea, por lo general palabras incomprensibles, como el “Pallaksch” con que concluye el poema. Para Celan, la locura de Hölderlin viene a ser una bendición, porque la lucidez obliga a enfrentar una vida que ya no vale la pena vivir. Celan, en sus últimos años, fue presa de la depresión, y al no llegarle la locura, al continuar en la lucidez, no tuvo más remedio que sumergirse él mismo, con todo y palabras, en el río Sena. A las aguas de éste se lanzó para morir, un 20 de abril de 1970.

 

 

Los poemas referidos en este ensayo por el autor pueden ser leídos en el siguiente enlace, o bien, ir directamente a nuestra sección de Poesía.

 

 

Luciano Pérez. Es originario de la Ciudad de México, nacido en 1956. Egresó de los talleres literarios del INBA, donde fue discípulo de los escritores Agustín Monsreal y Sergio Mondragón. De 1986 a 2006 laboró en la Subdirección de Acción Cultural del ISSSTE, primero como promotor de talleres literarios, y de 1989 a 1998 en la revista cultural del instituto, memoranda, donde fue secretario y luego jefe de redacción.  De 2007 a 2012  estuvo en Ediciones Eón, como redactor y corrector, y después como editor en jefe. Desde 2013 se ha dedicado a traducir del alemán al español, tanto para la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, como para  Editorial San Pablo. Narrador, ensayista y poeta, ha publicado los siguientes libros: Cacería de hadas (1990), Cuentos fantásticos de la Ciudad de México (2002), y Antología de poetas de lengua alemana (2006).  Actualmente es editor de la revista cultural en línea Ave Lamia, y aquí publica sus ensayos literarios, históricos y de cultura popular, además de cuentos de corte fantástico, así como también traducciones de autores alemanes.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *