Ensayo

Norah Lange. Música de su infancia. Por María Teresa León (España)

 

 

 

 

Cuadernos de infancia Primera edición 1937

 

 

 

 

Esta reseña fue publicada originalmente en la revista Romance. Revista popular hispanoamericana en el número 10 del 15 de junio de 1940. Una edición mexicana resultado del exilio español.

 

 

 

 

Norah Lange. Música de su infancia

 

María Teresa León

 

 

Abrir un libro. Tener el libro de Norah Lange abierto sobre la mesa es como escuchar su voz en forma de delantal —regalo de uno de los treinta marineros— y hasta verla. Verla tal como ella es: alta, iluminada. La envuelve cara y ojos azules, una onda de azafrán. Toda Norah Lange es valor de pimienta, gracia amarga entregada gesticulando, viviendo. Por la piel le sube un lagartijeo ígneo, transparentándosele cuello arriba los pensamientos. La he visto vivir en fuga hacia lo que la llama. Lo que pasa la prende, se la lleva arrastrando como esos golpes de viento del cinematógrafo que arrebatan el paraguas y se llevan al transeúnte. Cuando se queda pálida y triste, junta una mazorca de ideas y luego habla. Tiene muchas cosas que contar en los siete u ocho idiomas que sabe y que esconde secretamente todas las noches. Se despoja de todos ellos como de sortijas y pendientes, se queda sin adornos y entonces en el único idioma, en la música de su infancia, escribe.

Así está escrito el libro que abrí una tarde y no lo cerré hasta legar a: “Me pareció que me alejaba de lo que había sido hasta ese instante y que, al distenderse hacia mí, ese dedo me señalaba algo, desconocido en que me iría internando, paso a paso; algo que me apartaría, paulatinamente de todas pequeñas incidencias, de todos los miedos, de todas las manías… de toda la ternura que recorrió mi infancia”. Esta última frase concluye el libro, dejándolo abierto de par en par. Norah Lange se ha envuelto en esa ropa que se nos quedó chica al ir creciendo, pero queda de cuerda a cuerda de la memoria sin orearse nunca; y en esos pedregales donde, sin fructificar, caían las lecciones; y en el vaho de la mujer que enterró al niño malito en el estiércol de la vaca colorada, dándoles a todos su mano de persona mayor que ha conservado manchas azules colegialas. Y sigue enternecida las hojas de la higuera grande; y esa institutriz que iban a estar dos años, pero a quien su mansedumbre hizo estar dedicada a los mismos cuidados; y recuenta esas desesperaciones porque no se crece, porque da miedo que la madre —¡tan abrigadita!— sea sólo una ficción que los sueños puedan llevarse a caballo…

¡Qué maravillosamente descrito el medio familiar que Norah Lange saca al sol! Trota la prosa con un mismo paso conmovedor y triste. Es un laberinto difícil de seguir este sencillísimo caracol. Lleva su casa a cuestas con la valentía de una niña a quien la han confiado el trabajo de atravesar una tormenta. Y, como es lógico, la pasa cantando. La veo siempre atravesando un bosque noruego de grandes coníferas, llevando a cuestas la tarea de explicar que ella ha nacido en Buenos Aires. ¡Qué bonito es el libro de la noruega argentina! Perdón, de la argentina de padres noruegos. Luis Aragón me decía una vez: “Un escritor tiene que haber pasado su infancia en algún sitio concreto, definido. —Pero todo el mundo vive su infancia en alguna parte. —Sí, pero hay sitios de sitios”.

El trotecillo bueno de la prosa nos lleva hasta la ruina de la casa y el hambre decente. Pero en la otra parte de la casa, alguien seguía despedazando panes de Viena, y ese solo gesto, lleno de crujidos misteriosos, nos llenaba de odio. Pero no creáis por esto que es el libro del rencor. Nada de eso. Tiembla una lágrima infantil en un lacrimal que sonríe. Norah Lange toca con sumo pudor cuanto se acerca a ella. Un pudor nórdico a lo desagradable, a lo desdentado.

Literatura en cortas estampas. Principian y terminan en sí, pero se engarzan hasta formar una cadena. Es un libro amable para leerlo los que no tuvieron ocasión de volverse a hablar con la voz delgada. Detrás de estas páginas algo está aguardando a Norah Lange. “La realidad tiene sus oraciones”, dice Jules Romains. Y su voz Norah Lange la ha oído. Los que dentro de la caja de resonancia de su cráneo no oyen su propia voz, resultan difícilmente capaces de hacerse oír. A ella, ahí la tenéis, gritando con su acento ronco de gritar a la vida, con su acordeón acompañando el canto de su sangre, esperando que los oráculos se cumplan.

“Cuadernos de infancia” trae un gran escritor. Anteriormente algunos avances de verso y prosa y comenzaron a darlo ya al conjunto de escritores argentinos. Pero este libro va solo, habla solo en medio de la producción de los demás.

Cuando Norah Lange habla y habla, ríe y ríe, gira y agita su más que dorado pelo, parece una de esas lluvias en forma de sombrilla que riegan los verdes praditos artificiales de los parques, donde —el sol caído— los niños juegan.

En la luz artificial de la noche, su acordeón no quiebra la continuidad de su obra, sigue escribiendo historias cortas sobre sí misma, que reparte como pan candeal perfumado, infantil a los amigos que estamos con los labios entreabiertos, escuchándola.

 

 

 

 

 

 

María Teresa León (Logroño, 1903 - Madrid, 1988). Escritora y traductora española. Sobrina de Ramón Menéndez Pidal y María Goyri, de los cuales aprendió enseguida el romancero español.  Bajo el seudónimo de Isabel Inghirami -la heroína de D'annunzio- escribió artículos para el "Diario de Burgos". Publicó en 1929 su primer libro, "Cuentos para soñar". En esa época conoció a Rafael Alberti, con quien se casó en una ceremonia civil en 1932. En el año 1933, junto a Alberti, fundó la revista "Octubre". Además, colaboró en la confección del "Romancero de la Guerra Civil" dedicado a García Lorca. Los romances, solicitados primero por los intelectuales republicanos de la revista El Mono Azul y luego escritos por autores de ambos bandos, se publicaron en múltiples periódicos y revistas, en libros, en murales, en hojas volanderas y se recitaron en los frentes, en las trincheras, y por altavoces en las calles y en los frentes. Estos poemas formaron varios Romanceros que salieron desde finales de 1936, abundaron en 1937 y son auténticos compendios de poesía anónima de la cultura contemporánea española.

Tras la derrota republicana se exiliaron a Francia, Argentina e Italia. En París permanecieron hasta finales de 1940, y María Teresa y Alberti fueron traductores para la radio francesa Paris-Mondial y locutores para las emisiones de Latinoamérica. Después vivieron en Argentina durante 23 años, donde nació su hija Aitana. En 1963 se trasladaron a vivir a Roma.

El 27 de abril de 1977 regresaron a España después de 38 años de exilio. Cultivó todos los géneros literarios: poesía, cuento, novela, biografía, guiones de radio, teatro y televisión. Su obra más conocida, "Memoria de la melancolía" (1970), narra los años más activos del siglo XX, los de las décadas de los 20 y los 30, donde María Teresa León, jugó un papel protagonista. Enfermó de Alzheimer en 1971. La dolencia le causó con el tiempo una pérdida total de memoria, por lo que ingresó en un sanatorio de la sierra madrileña donde murió el 13 de diciembre de 1988.

 

 

 

Norah Lange (Buenos Aires, 1905-1972). Escritora argentina vanguardista de origen noruego vinculada al grupo martinfierrista y al ultraísmo. Publicó tres libros de poemas: La calle de la tarde (1925), Los días y las noches (1926) y El rumbo de la rosa (1930). Publicó además las novelas Voz de vida (1927), 45 días y 30 marineros (1933), Personas en la sala (1950) y Los dos retratos (1956). Con su primer libro de memorias, Cuadernos de infancia (1937), ganó el Premio Municipal de Buenos Aires de literatura en 1937 y el Tercer Premio Nacional en 1939. Escribió otro libro de memorias, Antes que mueran (1944), y un libro con sus discursos, Estimados congéneres (1968). En 1958 recibió el Gran Premio de Honor y la Medalla de Oro por parte de la Sociedad Argentina de Escritores. Dejó una novela inconclusa, El cuarto de vidrio. Oliverio Girondo fue su marido.