Ensayo

Mu’allaqat de Imru’ Al-Qays B. Hagr Al-Kindi: Antología y panorama de arabia preislámica. Por Federico Corriente Córdoba

 

 

 

LAS MU'ALLAQAT: ANTOLOGIA y PANORAMA

DE ARABIA PREISLAMICA

 

(Traducción literal y completa de la Mu'allaqat

de Imru' Al-Qays B. Hagr Al-Kindi, anotada y comentada en los aspectos literario e histórico)

 

 

Federico Corriente Córdoba

 

 

 

 

Nota biográfica

 

Imru' al-Qays ha sido llamado por los árabes "príncipe de los poetas", tanto por su alcurnia real, como por el elevado, estro de sus poemas que, sin discusión, son considerados flor y nata de la poesía preislámica. Sus días, en cambio, no fueron siempre tan afortunados como su fama.

Sus antepasados parecen haber sido oriundos del área de Bah-rain, de donde se trasladaron a Kinda, en el Nagd Central (de donde el gentilicio al-Kindi), y allí ejercieron autoridad en nombre de los tubba' o régulos himyaríes de Arabia meridional: algunos de ellos se destacaron en las luchas contra la dinastía lajmí de Hira, el estado árabe satélite de Persia sasánida, cuya función era guardar de excesivo merodeo la desértica frontera occidental del Imperio, y eventualmente, parar un primer golpe de los bizantinos o sus satélites árabes de Gassan, en Transjordania. Cuando Arabia del Sur cayó en manos de los abisinios, un antepasado de Imru' al-Qays, de nombre al-Harit b.'Amr, aprovechando la indisposición del soberano lajmí con el emperador sasánida, a la sazón Cosroes Cavad, por motivos religiosos (mazdeísmo contra cristianismo), consiguió la investidura de Hira en lugar de al-Mundir, caído en desgracia. Las tribus árabes prestaron homenaje al de Kinda que, a su petición, les envió como gobernadores a sus hijos, entre ellos el futuro progenitor de nuestro poeta, Hagr b. al-Harit. Pero este estado de cosas no duró mucho: Anushirvan, hijo de Kavadh, repuso a su primitivo vasallo, lo que sumado a la veleidad de las tribus y otras intrigas empezó a dar fin a la grandeza y hasta a la existencia de la dinastía de Kinda. Cuando el padre de Imru' al-Qays, desobedecido de sus voluntarios súbditos, trató de reclamar tributo de una manera más insistente, fue muerto por los Banü Asad.

Entre tanto, ¿cuáles habían sido las andanzas del joven Imru' al-Qays? No habiendo mostrado desde su niñez afición ninguna a los graves asuntos de gobierno, prefería disfrutar con sus compañeros placeres más existenciales: vino, francachela y poesía. Esto último, ciertamente, no cuadraba a un príncipe, dado el carácter antisocial, por más que inherente a aquella sociedad, de los poetas que, en su día, habrían de ser destinados por el Corán irremisiblemente al infierno. Por ello, Imru' al-Qays, como nuestro pobre adolescente Ovidio ("Juro, juro te, pater, numquam versum dicere..." et quod dicebam versus erat.), era duramente reprendido por esta inclinación natural, más fuerte que los razonamientos, hasta que su padre, desesperado de sacar de él partido, decidió dejarlo a su albedrío. Entonces comenzó la vida libre y errante del poeta, enteramente consagrado a sus querencias. La muerte de su padre, sin embargo, puso fin a su holganza: beduino a fin de cuentas, hizo firme resolución de tomar venganza, recorrió Arabia en busca de aliados, de donde quizá su insuperable habilidad en el rahíl, mas nadie quería ayudarle contra enemigos tan poderosos como los lajmíes, respaldados por el Imperio Persa. En la adversidad, se cuenta que sólo el judío al-Samaw'al le fue fiel, recogiéndole en depósito sus efectos y armas en su fortaleza de al-Ablaq, y aconsejándole pedir ayuda al emperador de Bizancio, único capaz de hacer frente a los persas. Ya la corte de Justiniano, en efecto, fue nuestro poeta, beduino infatigable tras su venganza: al parecer, fue bien recibido, e incluso se dice que fue investido rey de Palestina, más lo cierto es que, por alguna razón no bien conocida, posiblemente una calumnia, el emperador cambió su disposición y lo hizo morir artera y violentamente, es fama que en Ancyra (actual Ankara), hacia el 540 d. J. En su vida y muerte, por supuesto, es difícil distinguir historia y leyenda: a ésta probablemente pertenece el dato de que fue asesinado por medio de una túnica envenenada y que, arrepentido después el emperador, ordenó construirle un mausoleo; con todo, parece cierto que Imru' al-Qays murió asesinado en el Imperio Bizantino, sin conseguir la anhelada venganza, involuntaria alegoría del destino de los beduinos, como en general de los nómadas: vivir y morir en las mayores fatigas por su libertad y su justicia, mas sin poder remediar ser sólo instrumento y hechura de los designios de otros, y peor pagados por ello que nadie.

Poeta nato, impresiona por su naturalidad, sus descripciones líricas, una cierta gracia y delicadeza en sus pasajes eróticos (alguna vez rota, para nuestros gustos, en forma brusca y beduina), y sobre todo, por la tenue melancolía de que toda su Mu'allaqat está rodeada. Este poema fue compuesto con la siguiente ocasión. Enamorado de su prima, 'Unayza bint Sarhabil, no se le permitía verla, probablemente por sus actividades poéticas, pero él aprovechó la ocasión de que la tribu se trasladaba de lugar, como es corriente entre los nómadas. En tales casos, los hombres marchaban en avanzada, y en zaga, a cierta distancia, las mujeres. Cuando éstas llegaron a la charca llamada Darat Gulgul, decidieron refrescarse del calor con un baño: apenas entraron en el agua, Imru' al-Qays que las seguía, llegó, reunió las ropas y, sentándose encima, juró que no las devolvería a menos que salieran desnudas, una a una, a pedírselas: las más atrevidas no tardaron en hacerlo pero incluso 'Unayza, que se quedó la última, hubo de seguir el mismo curso. El caso enojó a las jóvenes, particularmente por el retraso que ocasionó a su almuerzo; fue entonces cuando Imru' al-Qays sacrificó galantemente su camella para un asado que dejó a todas satisfechas. Claro está que a la hora de partir, el poeta no tenía ya montura, pero a sus instancias y las de las otras muchachas, reconciliadas por su rasgo de generosidad, 'Unayza hubo de dejarle subir a su palanquín, donde él, muy jubiloso, tras besarla y abrazarla, excitado por el vino que él siempre llevaba y que entre todas había repartido, comenzó a recitar su famoso poema, que a continuación damos:

 

 

 

Poesía beduina: Mu’allaqat de Imru’ Al-Qays B. Hagr Al-Kindi (إمرؤ القيس ابن حجر الكندي)

 

 

 

 

 

 

Federico Corriente Córdoba  (Granada, 1940-Zaragoza, 2020). Académico de número. Elegido el 6 de abril de 2017. Tomó posesión el 20 de mayo de 2018. Tomó posesión el 20 de mayo de 2018 con el discurso La investigación de los arabismos del castellano en registros normales, folklóricos y bajos. Le respondió, en nombre de la corporación, Juan Gil. Licenciado y doctor en Filología Semítica por la Universidad Complutense de Madrid. Profesor honorario de la Universidad de Zaragoza, en donde había sido catedrático de lengua y literatura árabes (1976-1986 y 1991-2011) y profesor emérito (2011-2015). Ocupó la Cátedra de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Complutense (1986-1991).

Anteriormente, entre 1962 y 1965, dirigió el Centro Cultural Español, dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores, en El Cairo (Egipto). De 1962 a 1968 fue profesor de español y de lingüística semítica y hebreo en la Universidad Muhammad V de Rabat (Marruecos), y entre 1972 y 1976 fue catedrático de lingüística semítica, etiópico y árabe en la Universidad Dropsie de Filadelfia (Estados Unidos).

Autor de más de cuarenta libros, ciento noventa artículos y cincuenta reseñas, publicó, entre otras obras, distintos diccionarios de árabe-español y de español-árabe, así como otros textos de material didáctico (Gramática árabeIntroducción a la gramática y textos árabes y Vocabulario árabe graduado).

Fue autor, asimismo, de numerosas traducciones del árabe y del etiópico, así como de investigaciones semitísticas y arabísticas y de ediciones de textos árabes. Miembro correspondiente de la Academia de la Lengua Árabe de El Cairo. Recibió, entre otros, el premio del Ministerio de Cultura de la República Árabe de Egipto a la mejor edición de textos árabes por la del Dīwān de Ibn Quzmān, en 1995. Era doctor honoris causa por la Universidad de La Laguna.

 

 

 

 

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