Los negros que llegaron de África. Por Luis Omar Montoya Arias

 

 

Este ensayo se publicó originalmente en la revista Ruleta rusa cuyos editores nos autorizan reproducir en nuestro sitio web. Aquí pueden leer el contenido dicho en el siguiente enlace: https://www.ruletarusa.mx/radar/los-negros-que-llegaron-de-africa/

 

 

 

Los negros que llegaron de África

 

 

Luis Omar Montoya Arias

 

 

 

Fuentes consultadas. Ngou-Mve, Nicolás, El África Bantú en la colonización de México [1595-1640], Madrid, Agencia Española de Cooperación Internacional, 1994.

 

 

 

 

Con la invención de América en 1492, comenzó una época en la que España y Portugal, unidos bajo la misma Corona Ibérica, ejercieron soberanía total en América y África. Monopolizaron la captura de africanos y su comercialización en el Nuevo Mundo, de 1518 a 1640.

De 1640 a 1700, los holandeses detentaron la organización, el tráfico y las actividades negreras al continente americano (Ngou-Mve, Nicolás, El África Bantú en la colonización de México [1595-1640], Madrid, Agencia Española de Cooperación Internacional, 1994, p.9). España nació de la unión de Castilla y Aragón. México y Perú, ricos en yacimientos mineros, explotados desde el XVI, fueron los mayores importadores de africanos.

Las cabezas olmecas demuestran la llegada de negros africanos a México, antes que los españoles. Oficialmente, los primeros negros en México, fueron compañeros de los españoles que participaron de la conquista militar de Tenochtitlan.

A Hernán Cortés lo secundaba Juan Cortés, negro; Juan Garrido, africano responsable de la siembra de trigo en México, hizo lo propio con Juan Núñez. Al paso de los años, fueron llegando al actual México, negros de Angola, Congo, Costa de Marfil, Nigeria y Guinea, territorios que en conjunto eran denominados con el término, bantú.

Bantú designa un mosaico de pueblos provenientes de un núcleo común. Hablan lenguas que pertenecen a la misma familia lingüística, cuya matriz está en el sur de una línea que corta el continente africano de oeste a este, hasta la desembocadura del río Tana, en el Océano Índico, pasando por el norte del lago Victoria. Es un marco lingüístico que reúne a un conjunto de lenguas con parentesco. Los pueblos bantús se reconocen por su hábitat, como por la lengua que hablan. Ocupan el territorio que va del Alto Nilo, en el norte del Cabo en el sur, y del Océano Atlántico al Océano Índico, de oeste a este. África del centro y del sur, es territorio bantú. El núcleo lingüístico bantú está en la región de Bamenda, hoy Nigeria y Camerún. Zaire y Congo, representan un segundo punto histórico-lingüístico referencial.

En Madrid, en 1647, se editó, De instauranda aethio pun salute, de Alonso de Sandoval, jesuita encargado de evangelizar a los africanos en Cartagena de Indias, Colombia. Entonces los bantús eran designados, Angola. Bantú es un concepto de Nuevo Régimen, situado en el siglo XIX. No sorprende que la imprenta del colegio de San Pablo, dirigida por los jesuitas, en Lima, Perú, haya editado oraciones, catecismos e instrucciones en lengua Angola. Es entendible que entre 1629 y 1630, se imprimieran 1,400 ejemplares de una gramática en lengua Angola. Los jesuitas la estudiaron por considerarla indispensable para el catecismo de los negros. Las respuestas al estudio de los negros desde la lingüística, están con los jesuitas.

En el 1400, la Península Ibérica estaba integrada por los reinos de Portugal, Castilla, León, Aragón y Granada. El aniquilamiento del reino islámico de Granada, ocurrió en enero de 1492, nueve meses antes del acontecimiento que la historia oficial denomina, descubrimiento de América. En 1494 se firmó el Tratado de Tordesillas, que repartió al mundo entre las dos potencias ibéricas: Castilla y Portugal.

La América española, durante los siglos XVI y XVII, estuvo dividida en dos virreinatos: Nueva España y Perú. El primero comprendía el sur de Estados Unidos, México y América Central; su capital era México y su puerto principal, Veracruz. El otro era América del Sur, menos Brasil, y su capital estaba en Lima, Perú. En el XVIII se crearon los virreinatos de Nueva Granada [actual Colombia] y Río de la Plata [actual Argentina]. Nueva España dispuso de tres audiencias: México [1527], Guatemala [1543] y Guadalajara [1548]. Las audiencias eran formadas por cuatro o cinco oidores. En Nueva España, el Virrey presidió a la Audiencia de México.

Dos factores explican la llegada de negros a México en el siglo XVI: las epidemias (viruela, tifos y paperas) y el descubrimiento de las minas de plata.

Los negros arribaron a México con el propósito de trabajar en el servicio doméstico, en los cultivos de la caña de azúcar, en la vigilancia y en las minas. Los indios se encargaban de la excavación; los negros del desecamiento y la subida del mineral.

Los bantúes salvaron las minas, enderezaron la economía española y salvaron de la muerte a millones de indios. Fue a partir de 1650 que la población indígena empezó a recuperarse, demográficamente. En términos económicos, la eficacia y la utilidad de los negros en Nuevo Mundo, fueron reconocidas. Como dato cultural, los Jáuregui fueron reconocidos negreros, oriundos de Sevilla, España.

El contrabando no fue ajeno al comercio de esclavos africanos en Nuevo Mundo. Las regulaciones de la época estipulaban que la trata se diera por Cartagena y Veracruz, sin embargo, los rendeiros portugueses usaron el puerto de Campeche para ingresar, ilegalmente, a miles de bantús. La cuestión era optimizar ganancias. Evasión fiscal. Los cálculos que se hagan sobre los negros en los siglos XVI y XVII, en Nueva España, son aproximaciones. El contrabando de negros fue virulento.

A los mexicanos les resulta difícil ver raíces africanas en su cultura. Son nublados por el peso de lo hispano y de lo indígena. En la danza y en la música que sirve de acompañamiento, se acepta un mestizaje, pero se ignora lo sudsahariano. El origen de las danzas tradicionales mexicanas, se fija en el baile popular andaluz y en las danzas indígenas mesoamericanas, sin considerar el factor negro africano.

Las congadas, el maracatú y las culebras, son comparsas procesionales que permitieron a los bantús, recrear el culto a los muertos que realizaban en África. Cualquier reunión de baile, bebida y comida, fue conceptualización como fandango.

Fandango es sinónimo de caos. Huapango es el orden de la creación. Tanto la danza religiosa como el baile, que realizaban los afro descendientes, tenían movimientos de mímica sexual que violentaban las concepciones barrocas del cuerpo. Baste colocar aquí el multicitado Chuchumbé, en el que además de los versos de doble sentido, se incluían meneos, zarandeos, ademanes y manoseos. Era un baile vinculado a casas de mulatos y gente de color quebrado.

El Chuchumbé, proveniente de La Habana y divulgado por viajeros de color quebrado, se extendió por Veracruz en 1776. “Se bailaba con meneos, zarandeos, manoseos y abrazos hasta dar vientre con vientre. En sus versos se burlaban de los religiosos y de la muerte”. El Chuchumbé ligaba a la sexualidad con lo santo. Además del factor cubano, el cacao venezolano desembarcó en Veracruz, junto a instrumentos y coplas de Maracaibo. El Chuchumbé respondía a una red cultural.

Mientras los fandangos de los afrodescendientes se transformaron en diversos bailes mestizos, asociados a regiones de México, la danza sacra de los sudsaharianos está presente en la multitud de danzas de negritos, donde la máscara y el zapateo son fundamentales. Algunas de las danzas de los esclavos eran tradicionales en África, con un carácter ritual. Fueron trasplantadas en América. Un caso sobresaliente son las danzas pugilísticas, practicadas entre pueblos de Guinea y del Congo, que en América se convirtieron en la capoeira brasileña, en el bastón tocuyano de Venezuela y en el bambosá o maní cubano.

Algunos bailes con cuchillos, como los potorricos, son herederos de las danzas pugilísticas africanas. La música y el baile tradicional afro mexicano tienen referencias veladas como explícitas a la sexualidad humana. Se evoca la fertilidad.

La Nueva España y el Obispado de Michoacán, exportaron durante los siglos XVI y XVII, música mulata al mundo hispánico: la zarabanda, la chacona y la guaracha, llegaron a Sevilla, junto con las flotas de Indias. No se trató de un préstamo cultural afro cubano, pues en Valladolid existió una fuerte presencia de africanos, traídos de la misma zona que aquellos que en Cuba desarrollaron el culto de Palo Mayombe.

Morelia, Michoacán, posee una tradición creadora de música popular. Sones prohibidos por sus meneos y coplas de alusión sexual. El sanguangüé, el saranguandingo, los panaderos, el San Juan de Dios, nacieron en Morelia.

Jarabes, sones y coplas del occidente de México, como El Ahualulco o El Gavilancillo, hacen referencia a Morelia. Músicos y orquestas de raigambre popular y calidad, como la Orquesta Típica de Miguel Lerdo de Tejada, salieron de Morelia a conquistar la capital de la República. En la tercera década del siglo XIX, aparecieron los tangos. Éstos se interpretaban en Morelia y en la región costera de Veracruz.

Héctor González de la Universidad del Valle de Colombia, expresa referencias históricas que comparto, por su relevancia, en este punto del artículo:

 

Los pueblos africanos reducidos a la esclavitud por la trata trasatlántica tenían un amplio espectro cultural, étnico y lingüístico, puesto que procedían de un vasto territorio del África Occidental comprendido entre el Senegal y Angola. Las costas de Guinea y Angola sostuvieron la industria esclavista desde el siglo XVI. Luego, otros pueblos centroafricanos fueron esclavizados y trasladados a América. En el siglo XVI las comunidades africanas más numerosas en Cartagena, Colombia, eran los bantús y los angoleños. A finales de esa misma centuria, la mayor población esclava procedía del Golfo de Biafra y sus nativos eran los carabalíes. Entre 1740 y 1810, ingresaron a Cartagena 16,000 africanos, suministrados por los negreros ingleses a través de Jamaica. Los angolas fueron en aumento junto a los mozambiqueños. El inicio del proceso de hibridación se daba en las mismas tierras africanas cuando los capturados eran obligados a realizar viajes de meses hasta las puertas de Cabo Verde, Santo Tome, Guinea y El Congo. Entre 1580 y 1640, Cartagena, Colombia, fue el principal puerto negrero de América. Entre 1640 y 1703, el mercado esclavista estuvo en manos holandesas, y el epicentro se trasladó a Curazao. (Ngou-Mve, Nicolás, El África Bantú en la colonización de México [1595-1640], Madrid, Agencia Española de Cooperación Internacional, 1994, p.16).

 

Buenos Aires fue el principal puerto receptor de esclavos sudsaharianos para el cono sur y Montevideo se adueñó del tráfico de contrabando. La mayoría de estos sudsaharianos fueron destinados a trabajar como vaqueros y soldados en las pampas, y como barreteros en las minas del Potosí, en el Alto Perú (hoy Bolivia). Muchos se quedaron en la ciudad como esclavos de servicio para las ricas familias de criollos y representaron un 30 por ciento de la población total de la ciudad, desde finales del siglo XVIII hasta 1840. Luego disminuyeron por su actividad en el ejército e invisibilizados por la masiva llegada de inmigrantes europeos. En la actualidad todavía hay organizaciones culturales afro argentinas y afro uruguayas, que se reúnen a tocar sus tambores rituales y a bailar el candombe durante el carnaval.

La primera referencia al tango en América del Sur, está en una solicitud que hicieron los vecinos de Montevideo para que se restringiera la música de negros, en 1808. Tango a la habanera en Cuba y a los bailes de afrodescendientes en Veracruz. Incluso los distritos del jazz, en Nueva Orleans, eran llamados, cinturones del tango.

El tango es un baile y un ritmo de origen sudsahariano que se encuentra diseminado en los lugares donde hubo población africana esclavizada. El tango mexicano desapareció como género independiente, para formar parte de los largos jarabes.

Conocidos como mejoranas panameñas, guateques dominicanos, currulaos colombianos, joropos venezolanos, vaquerías yucatecas y fandangos veracruzanos, son, estrictamente, rituales festivos del Caribe de raíz negra. El danzón cubano se deriva de la contradanza llevada por los haitianos a finales del XVIII. En Cuba se le insertó la conga y el tango-congo, de origen bantú. Nació la danza cubana y la danza habanera. Posteriormente se introdujeron los elementos coreográficos. Jitanjáfora, remite a procesos literarios asociados con los negros.

Peter Wade es uno de los más importantes académicos especialistas en el estudio de la migración y la presencia musical africana en Colombia, origen de la cumbia y del vallenato, entre otras importantes creaciones culturales de matriz africana. El profesor inglés de la Universidad de Manchester, ofrece una referencia coyuntural:

 

En 1990, en Colombia, los conceptos de negritud y África, adquirieron importancia política y cultural. Desde la reforma constitucional de 1991, las comunidades negras generan visibilidad, debido al reconocimiento de multiculturalidad y pluri etnicidad de Colombia, en la nueva constitución, y a la promulgación de la ley de comunidades negras [ley 70 de 1993]. Esta ley estableció el derecho a la titulación de tierras por grupos sociales rurales de la costa Pacífico de Colombia, área en la que 90% de la población es negra. También garantiza la participación de los colectivos negros en la política y en la vida económica del país. El uso del término afrocolombiano se explica en esta coyuntura. Afrocolombiano y afrodescendiente se volvieron comunes y las referencias a África son explícitas en textos del nuevo currículo colombiano (Ngou-Mve, Nicolás, El África Bantú en la colonización de México [1595-1640], Madrid, Agencia Española de Cooperación Internacional, 1994, p.245).

 

 

 

 

 

Luis Omar Montoya Arias. (Irapuato. 1982) Científico. Historiador social. Docente en distintos niveles educativos. Profesor en el sistema público y en el privado. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores de México [CONACYT]. Académico invitado en programas de Javier Solórzano [canal 11] y Enrique Lazcano [canal 14]. Investigador social, docente universitario y conferencista. Especialista en música mexicana. Producción y locución radiofónica. Asesoría histórica de documentales [La Ley del Corrido para Discovery / El Mariachi para History, como ejemplos emblemáticos]. Habilidades como analista político. Catalogación de archivos históricos. Autor-escritor de libros de investigación social publicados por editoriales de prestigio y de artículos indexados divulgados por revistas académicas. Editorialista en el Periódico a.m. de León, Guanajuato. Productor de Diálogos con las músicas populares mexicanas, transmitido por Radio Universidad de Guanajuato [2015-2017]. Conferencista en ferias de libro mexicanas. Dictaminador académico en universidades públicas nacionales y extranjeras. Realizó estancias de investigación en Estados Unidos, Chile, Colombia, Brasil y Bolivia. Becado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de México [CONACYT], en el marco de sus estudios de maestría y doctorado en historia, en la UAS y en el CIESAS Peninsular, entre el 2008 y el 2014. Panelista invitado de Javier Solórzano en El Referente Informativo de Heraldo Radio MX. Columnista en Ruleta Rusa [periodismo narrativo y de investigación]. Articulista en Organización Editorial Mexicana [OEM]. Asesor histórico para Diario El País de España, en El rap de la frontera, reportaje de David Marcial Pérez, publicado el 23 de agosto del 2020, en Revista V de Grupo Global PRISA.

 

 

 

 

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