Línea de la vida y la Comedia. Primera parte: Dante Alighieri. Por Luigi Fiorentino. Traducción de Librado Basilio

 

 

 

Giotto di Bondone (Florencia, 1267-1337). El retrato más antiguo de Dante Alighieri está en la Capilla del Podestà en el Museo Bargello de Florencia. El Museo Nazionale del Bargello se encuentra en el antiguo Palacio del Podestà de Florencia que se convirtió en 1865 en el primer Museo Nacional Italiano dedicado al arte medieval y renacentista.

 

 

 

Línea de la vida de Dante y la Comedia

 

Luigi Fiorentino

 

Traducción de Librado Basilio

 

 

 

I

Línea de la vida de Dante

 

Dante es el primer poeta italiano que traspone los confines nacionales; más aún, es considerado en todas partes ciudadano universal en virtud de su genio poético revelado en La Dvina Comedia, obra que señala una distancia inconmensurable en relación con la literatura precedente. No sucede lo mismo con sus obras menores, las cuales se aferran a las tendencias literarias del siglo XIII, pero con desarrollos ulteriores y, en general, con resultados más convincentes. En lengua vulgar escribió La Vida Nueva, las Rimas, El Convivio, la Comedia; en latín los tratados De Vulgari Eloquentia y De Monarchia, la Quaestio de aqua et terra, epístolas y dos églogas.

Dante Alighieri nació en Florencia en mayo de 1265 de familia venida a menos, pero de nobleza indudable.[1] Fue su padre Alighiero de Bellincione, su madre Bella (diminutivo de Isabella o Gabriella), cuyos ascendientes se ignoran. Fue su tatarabuelo Cacciaguida, caballero de Conrado II, quien murió combatiendo en la segunda cruzada.

Bien pocas son las noticias de su infancia. Perdida la madre en su tierna edad, fue confiado a los cuidados no maternales de su madrastra, Lapa Cialuffi. Parece que los primeros rudimentos de latín los aprendió en familia, estudiando después las artes del trivio y del cuadrivio en el convento de Santa Cruz. Se dice también que se dedicó a la retórica bajo el cuidado de Brunetto Latini y que concurrió a la Universidad de Bolonia sin haber alcanzado el título de doctor. Además del latín conoció el francés y el provenzal; fue conocedor de música, danza, canto, dibujo, derecho; se ejerció en las armas y en el cabalgar. A los dieciocho años después de leer la poesía de “oc”, la francesa y la italiana, escribió su primera “rima” bajo el influjo de Guitone de Arezzo; pero el estudio de los clásicos, “el grande amor” por Virgilio, el nuevo curso poético emprendido por Guido Guinizzeli, le hicieron tomar una dirección distinta.

El episodio memorable de su juventud fue el amor purísimo por Beatriz (Bice, hija de Folco Portinari), casada después con el caballero Simón de Bardi y muerta a los veinticuatro años, en 1290. El año anterior Dante había combatido contra los gibelinos de Arezzo, en Campaldino, y algunos meses después había tomado parte en la expedición contra Pisa presenciando la rendición del castillo pisano de Caprona. Pero la muerte de Beatriz lo sumergió en el más negro dolor, al cual supo sobreponerse con el renovado amor al estudio (Aristóteles, Cicerón, Boecio, Tomás de Aquino, etc.) y con el consuelo de sus amigos, el primero entre todos Guido Cavalcanti. Tuvo más tarde un período de desorientación moral y tal vez religiosa, pero esta vez también supo dominarse y vencer. Por 1285 había tomado como esposa a Gema Donati, de la cual no está claro si tuvo tres o cuatro hijos: Jacopo, Pedro, Antonia (se hizo religiosa en Ravena con el nombre de sor Beatriz), y tal vez Juan.

Comenzó a participar en la vida política ciudadana después de su matrimonio, en una época de intrigas bajas y de luchas denodadas entre el pueblo gordo (la burguesía) y los 2grandes” (el patriciado) de parte de los güelfos y de parte de los gibelinos, llamados inútilmente a la razón por los ordenamientos emanados en el año noventa y tres por Giano della Bella. En el noventa y cinco, como los estatutos de la república prescribían que se debería excluir de los cargos públicos a quienes no pertenecieran a alguna de las Artes, es decir, a alguna corporación, Dante como estudioso de la filosofía, se inscribió en la de los médicos y especiales[2] y poco después, en virtud de su prestigio personal, obtuvo cargos de responsabilidad que desempeñó con ánimo libre de partidarismos. De noviembre del noventa y cinco a abril del noventa y seis formó parte del Consejo especial del Capitán del Pueblo; en diciembre del noventa y cinco fue uno de los sabios consultados para la elección de los Priores; de mayo a septiembre del noventa y seis tomó parte en el Consejo de los Cien. En mayo de 1300 se le confió una embajada en San Gimignano para renovar y consolidar la liga de los comunes güelfos para deshacer las miras teocráticas de Bonifacio VIII, quien pensaba sujetar la Toscana al Papado. En ese mismo año, durante un bimestre, del 15 de junio al 15 de agosto, fue uno de los seis priores que gobernaron a Florencia. Entre tanto la situación interna de la ciudad se había agravado por las agitaciones provocadas por Blancos y Negros, unos y otros güelfos, capitaneados respectivamente por Vieri de los Cerchi y por Corso Donati. Los Blancos propugnaban la independencia del Estado amenazado por las injerencias del Papa y el de Anjú; los Negros, por oportunismo político, alentaban los designios ambiciosos papales. A estas agitaciones se agregaba, haciendo verdaderamente dramática la situación, los conflictos sociales entre ricos y pobres, los odios familiares, la ambición de los elementos más visibles.

Dante, aunque partidario de los Blancos, supo anteponer a los intereses de partido los intereses superiores del Común condenando las luchas civiles y las venganzas privadas. Pero cuando las dos facciones llegaron a sangriento conflicto, no dudó en proponer por el bien público que los jefes de los partidos opuestos, entre los cuales se contaba su amigo Guido Calvalcanti, fueran enviados al destierro. Con igual espíritu continuó oponiéndose resueltamente a las tramas de Bonifacio VIII y a las demandas del legado pontificio, el cardenal Mateo de Acquasparta. Pero la situación se agudizaba. Carlos de Valois, enviado por el Papa a Florencia como apaciguador, pero en realidad con el encargo secreto de favorecer la acción de sus secuaces, logró hacer prevalecer a los Negros. Los cuales una vez que asumieron el poder, se entregaron a la persecución de sus adversarios ahogando en sangre los odios antiguos, entregando a las llamas o saqueando los edificios de los ciudadanos comprometidos, instruyendo procesos sumarios contra los Blancos más representativos. Dante, que regresaba de una misión en Roma y que en aquellos días parece que se encontraba en Siena, acusado (“fama pública referente”) de hostilidad hacia el Papa, de fomentar desórdenes ciudadanos y de haberse manchado de fraude, fue condenado por la sentencia del 27 de enero de 1302 en contumacia al pago de cinco mil florines pequeños. Pero él, indignado, no se justificó ni pagó, de manera que dos meses después, por sentencia del 10 de marzo, fue condenado a destierro perpetuo y al fuego en caso de caer en manos de los gobernantes. En esta forma, mientras se le confiscaban sus bienes y se le saqueaba su casa, separado de su familia, comenzaba su larguísimo destierro, salpicado por una serie interminable de penas y humillaciones: “por casi todas las partes, hasta donde esta lengua se extiende, peregrino, he caminado casi mendigando, mostrando contra mi voluntad la llaga de la fortuna, que serle ser imputada muchas veces injustamente al llagado”.[3] A pesar de esto, pudo afirmar con el orgullo del justo:

 

Destierro que me dieron, a honor tengo.[4]

 

Al principio se unió a los otros Blancos desterrados para un posible regreso a la patria aunque fuera valiéndose de las armas; pero cuando fallaron las tentativas de San Godenzo del Mugello (1302) y las organizadas por Scarpetta de los Ordelaffi (1303), señor de Forlí, abandonó disgustado la compañía a la que más tarde llamó “malvada y necia”, y encontró hospitalidad en Verona (1304) con Bartoloomé de la Scala, después en Treviso hasta el comienzo de 1306 y en seguida, tras de una breve estancia en Padua, en Lunigiana en casa del marqués Francisco Malaspina. Se dice que sucesivamente vivió en Luca con su hijo y después en París, donde pudo estudiar teología en la universidad. Obligado a peregrinar a través de Italia, obtuvo del destierro, con los sufrimientos morales, la pobreza, la nostalgia aumentada por la patria amada, un horizonte político más amplio y la persecución de que todo el mundo estaba cargado de malicia y de que en todas partes triunfaban la violencia, la envidia y la codicia.

Quizá estaba Forlí cuando Arrigo VII, en 1310, bajó a Italia para restaurar la autoridad del Imperio. En aquella ocasión, Dante lanzó palabras de fuego contra Florencia que se oponía al soberano germano. Pero escribiendo al emperador lo llamaba pacificador y libertador, lo exhortaba a no demorarse en el sitio de Brescia y a apresurarse “a sofocar la hidra de la rebelión en el Arno”. Por esto Florencia, en 1311, excluía con animosidad al poeta de una amnistía decretada en favor de los exiliados. Entre ansias y esperanzas pasaron otros dos años. Entre tanto Arrigo había sido coronado emperador en Roma (1312), engañándose al pensar que llevaba el Imperio a la universalidad. En efecto, muchas ciudades se habían cometido: Florencia resistía tenazmente, decidida a salvar la civilización comunal; y Arrigo no logró someterla, a pesar de los cuarenta días de sitio. Su muerte imprevista, acaecida en 1313, en Buonconvento, no lejos de Siena, tronchaba el sueño de una restauración imposible y proporcionaba una nueva desilusión al poeta.

Después de algún tiempo en Casentino, en casa del conde Battifolle, Dante regresó a Verona, huésped durante algunos años en Cangrande de la Scala. En 1315 los Consejos de Florencia aprobaron una amnistía en favor de los exiliados políticos. También el poeta hubiera podido regresar a su patria con sólo que se hubiera reconocido públicamente culpable, pero no tenía culpa ni pensaba rebajar su dignidad. Escribiendo a un amigo que lo invitaba a regresar, afirmó orgullosamente que éste no era el “camino para retornar a la patria; pero si primero por vos, y después por otros, se encuentra otro, que no menoscabe la fama y el honor de Dante, yo lo aceptaré prontamente. Porque si por ninguna vía de esta especie se entra a Florencia, pues bien, no entraré jamás”. El camino para un regreso honorable no se encontró, más aún la condena a muerte fue repetida y extendida, en contumacia, a sus hijos. De esta manera, después de haber sido “barca sin velas y sin timón (…) llevado a diversos puertos y desembocaduras y playas” por el viento seco de la pobreza,[5] con la patria como madrastra y muchísimos recuerdos en el corazón, el poeta se estableció en Ravena (1318 o 1320), en casa de Guido Novello, trabajando intensamente en el último cántico de la Comedia, con esperanza confesada de que su publicación le valiese retorno con dignidad a Florencia:

 

Si sucediera que el poema sacro

en el que han puesto manos cielo y tierra,

y que por años me ha tenido flaco,

venciera la crueldad que me destierra

del bello aprisco en que dormí cordero,

contrario a lobos que le mueven guerra;

con otra voces ya, con otro pelo,

poeta volveré y sobre la fuente

ce mi bautismo tomaré corona.[6]

 

Pero la poesía no operó el milagro esperado, y el poeta, después de una infeliz embajada en Venecia, moría en Ravena la noche entre el 13 y 14 de septiembre de 1321. Tenía cincuenta y seis años y cuatro meses.

No nos ha llegado ningún autógrafo de Dante. Su iconografía es más bien pobre: antiguos testimonios dicen que es parecido al fresco que ejecutó Giotto en el palacio florentino del Podestá. El retrato trazado por Boccaccio merece ser conocido: “Fue nuestro poeta de mediana estatura, y cuando llegó a la edad madura, caminaba un poco encorvado, y su andar era grave y pacífico, vestido siempre con trajes muy honestos con el hábito que era conveniente a su edad. Su cara fue alargada, la nariz aguileña, y los ojos más bien grandes que pequeños, las mandíbulas grandes, y el labio inferior sobresalía al superior; su color era moreno, y los cabellos y la barba abundantes, negros y crespos, y su rostro siempre pensativo y melancólico”.

 

 

 

[1] Genitivo popular de Alagherius o Allagherius.

[2] Los que se dedicaban a la filosofía y a la teología eran considerados como hombres de ciencia y en consecuencia naturalistas, es decir, médicos.

[3] Conv., I, III, 4-5.

[4] Rime, “The donne…”, 76.

[5] Conv., I, c.

[6] Par., XXV, 1-9.

 

 

 

 

Luigi Fiorentino (Mazara del Vallo, Italia, 1913-Trieste, Italia, 1981). Poeta y ensayista italiano. Después de completar su educación secundaria en Trapani y estudios universitarios en Nápoles, participó como oficial del ejército en la Segunda Guerra Mundial, durante la cual se le concedió el doble de la Cruz de Guerra para el valor. Luchó contra los alemanes, y fue internado en los campos de concentración de Polonia y Alemania. En los años de su estancia en Siena también dirigió la editorial Maia, que publicó obras de poetas italianos y extranjeros, la ficción y el teatro, y enseñó la historia de la literatura italiana en la Escuela de Lengua y Cultura Italiana para Extranjeros. Más tarde enseñó lengua y literatura española y la literatura iberoamericana en la Universidad de Siena , Arezzo y Trieste.

 

 

 

Librado Basilio (Coscomatepec, Veracruz, 1918-2009). Poeta. Ingresó al Seminario de Veracruz. En 1933 viajó a Italia para continuar sus estudios. En 1937 regresó a México. Tomó algunos cursos en la Escuela Libre de Derecho y en la Facultad de Letras Modernas de la uv. Fue docente en el Seminario Mayor, Colegio Preparatorio, Facultad de Letras Modernas de la uv y Seminario de Xalapa; fundador de El Caracol Marino y Revista de la Universidad Veracruzana. Traductor del latín, griego e italiano.