Lenguaje, filosofía y poesía: acercamientos y tensiones. Una aproximación al pensamiento de Martin Heidegger y María Zambrano. Por Rosa Chamorro

 

 

 

Lenguaje, filosofía y poesía: acercamientos y tensiones.

Una aproximación al pensamiento de Martin Heidegger y María Zambrano

 

 

Rosa Chamorro

 

 

Cuando el hombre nombra las cosas las dota de significado; nombrarlas para pensarlas, para que puedan ser objeto de reflexión. La poesía y la filosofía de distinta forma albergan la búsqueda constante de la esencia. Filosofía y poesía caminan juntas, desde tiempos inmemoriales, porque el hombre en su pequeñez, su fragilidad y aún en su grandeza, todavía se siente extraño en un universo que no conoce, y quiere darle sentido a todo cuanto le rodea, a lo que es y a lo que no es. Hay un ansia de saber, pero también un ansia de explicar nuestra experiencia humana. Es así como el mito irrumpió a través del poema: "Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves…” (Homero, 1998, p.23) comienza la Ilíada; y en la India, el poema épico más largo del mundo, el Mahabarata, plasma la historia, la vida de las gentes en este antiguo país, con sus costumbres, sus miedos, sus esperanzas, sus creencias y sus preguntas sobre el ser y el universo.

Esa relación tan íntima de la poesía con el ansia de saber, con la historia, es la que condenan los presocráticos en la antigua Grecia. Ellos propusieron el rompimiento con la concepción mítica del mundo, que también supuso un rompimiento con la poesía que predominaba en la antigüedad y que los aedos, como Homero y Hesíodo, esparcieron por el vasto territorio que los griegos colonizaron en su época de esplendor.

Y en esto Platón va más adelante al querer expulsar la poesía de la polis, como dejó claro en La República cuando dijo que la ciudad resultaba siendo mejor con los principios que había venido planteando, especialmente a partir de las medidas que se tomaron en relación con la poesía. Según el filósofo Alain Badiou, Platón condenó la poesía porque se contrapone a la dianoia, que es el pensamiento que va al través, que encadena, que deduce; el poema no atraviesa, se queda en el umbral, el poema está sometido a la imagen, a la inmediata singularidad de la experiencia y se convierte en cómplice de la sofística (Badiou, 2009, p.62). Sumado a estas características esbozadas por Badiou, Platón se mostraba refractario a la poesía por su pretensión de educar a los jóvenes y señalaba que la polis no podía entregarle esa función a los poetas.

La filosofía y la poesía iniciaron su larga relación contraponiéndose, enfrentándose, queriendo eliminarse mutuamente, aunque la filosofía se haya mostrado más agresiva que la poesía en ese cometido. Y, sin embargo, en esta carrera inicial de exclusiones, en ocasiones lo que se percibe es que la poesía va adelante, abriéndole paso a la filosofía, tal como lo expresa Hermann Frankel en su libro Filosofía y poesía de la Grecia Arcaica (1993), refiriéndose al poema[1] que escribió Safo donde le declara su amor a Anactoria:

(…) La trascendencia de la asombrosa tesis de Safo fue inmensa. Contenía potencialmente la fuerza necesaria para derribar cualquier valor absoluto. Pues todos los valores que se buscan caen bajo el concepto de «lo bello», dado que lo bello es la norma de la acción práctica. Según Safo, Helena, la más bella y deseada de las mujeres, encontró una vida más bella con París que la que antes llevaba, y así pensó y actuó impulsada por el amor. No deseamos lo que es bello en sí, sino que encontramos bello lo que deseamos. Esto anticipa en parte la tesis del sofista Protágoras según la cual el hombre es la medida de todas las cosas. No es raro que, en esta época, la poesía vaya por delante de la filosofía, preparándole el camino. (p.47)

En tiempos de los antiguos griegos, con la existencia de poemas épicos que cantan a la belleza de los guerreros, de las tropas desfilando acompasadas o de las naves surcando los mares para ir al combate, surge la voz de Safo que advierte cómo Helena, por encima de todo esto, por encima de su esposo, “el mejor de todos”, de sus hijos y de sus padres, prefirió el amor, y se embarcó hacia Troya, para ir en busca de la persona amada, para ir en busca de Paris. De ahí que Frankel señale que no deseamos lo que es bello, sino que, por el contrario, encontramos bello lo que deseamos, y afirma que Safo, con su poema, se adelanta a formular una tesis filosófica, la de que el hombre es la medida de todas las cosas, desarrollada luego por el sofista Protágoras.  Parece ser que la poesía, su lenguaje, no sólo explicaba el mundo, la realidad de esos tiempos, lo más importante es que también tenía un papel creador, creaba un mundo; por tal razón podríamos decir que iniciaba el camino que la filosofía después recorrería.

Con respecto a esta última idea, Heidegger señaló que la poesía da acceso al pensar, posibilita el ejercicio filosófico y más que eso, el lenguaje es poesía. La poesía es la partera del lenguaje, en este sentido le corresponde la apertura del mundo; el nacimiento de un mundo, creación, al instaurar una nueva organización de las cosas, y aunque ésta es la misma función que le corresponde, según el pensador alemán Martin Heidegger, a la obra de arte, la poesía es el arte de las artes y más que arte porque, en sus palabras “Todo arte, como advenimiento de la verdad es, en su esencia misma, poesía” (Heidegger, 1992, p 110). El lenguaje poético juega entonces un papel creador y por ello convierte a la poesía en la más importante de las artes, porque realiza la función que le corresponde, por naturaleza, a la obra de arte. Esto es lo que le permite a Heidegger afirmar que, en consecuencia, todo arte es esencialmente poesía. Y es ahí también donde encuentra el cruce de caminos entre la filosofía y la poesía, porque el filósofo, como el artista, levanta el velo, pues, a la manera que lo expone Heidegger, el arte devela la verdad de los entes, “la verdad como alumbramiento y ocultación del ente acontece al poetizarse. Todo arte es como dejar acontecer el advenimiento de la verdad del ente en cuanto tal, y por lo mismo es en esencia poesía” (Heidegger, 1992, p.110).

Este cruce de caminos entre la filosofía y la poesía se puede explicar más claramente, si precisamos que para para el pensador alemán, pensar significa regresar a la fuente, regresar a la memoria, pero, aunque “el pensamiento tiene escenario en la filosofía” (Heidegger, 2005, p.16) también tiene escenario en la poesía porque

 

(…) la memoria, la madre de las musas, el recuerdo de lo que ha de pensarse, es la fuente de donde mana el pensamiento, por eso la poesía es, a veces, el agua que corre hacia atrás, hacia la fuente, hacia el pensamiento como recuerdo. Toda acción poética brota de la meditación del recuerdo. (p. 22)

 

¿Pensar y poetizar pueden ser lo mismo? En apariencia sí, porque tanto el poeta como el filósofo pueden beber del manantial de la memoria. Y a la memoria vamos a través del lenguaje, que más que un vehículo, es el camino, la senda que nos lleva al origen, a conocer la esencia del ser o a inventar el ser. Dice Borges que el lenguaje es una creación estética, y es Gabriel García Márquez quien nos asegura que la vida no es la que vivimos sino es la que recordamos para contarla. Tanto el poeta como el filósofo al utilizar el lenguaje pueden acercarse al ser, pueden llegar a equipararse. Pero ello no sucede siempre, podrían llegar a equipararse sólo cuando llegan a un nivel más elevado. Heidegger (2005) explica que

 

Lo dicho con vena poética y lo dicho en tono pensante nunca son lo mismo; pero a veces son lo mismo, a saber, cuando se abre pura y decisivamente el abismo entre poetizar y pensar. Esto sucede cuando el poetizar es elevado y el pensar profundo (p.25)

 

Además del pensamiento, al poeta, sin esperar, se le entrega una dádiva, la belleza. La belleza que surge en la obra, por la “verdad”. El poeta, sirviéndose de las palabras, hace ser tierra a la tierra, desoculta lo oculto, crea un mundo, lo establece y “la palabra se hace y queda como una palabra” (Heidegger, 1992, p.79)”. En la obra poética, la palabra es palabra, es la revelación del ente, el acontecer de la verdad. En la obra filosófica, la palabra indaga por la verdad, busca la esencia, es decir, lo hace también, al igual que la poesía, a través del lenguaje.

Pensar y poetizar están hermanados por el lenguaje, pero no por cualquier lenguaje, el lenguaje en su estado poético, es decir el lenguaje en su origen, en su condición creadora.

Vattimo explica que en Heidegger “el pensamiento es fundamentalmente una escucha del lenguaje en su originaria condición poética, esto es, en su fuerza de fundación y creación” (Vattimo, 1998, p.120). El lenguaje es en esencia poesía y al ser en esencia poesía, es la poesía la que hace que el lenguaje exista, todo deviene de ella, incluso el mundo.

En Interpretaciones sobre la Poesía de Hölderlin declara Heidegger (1983):

 

El ámbito de operación de la poesía es el lenguaje. La esencia de la poesía, pues, debe comprenderse a partir de la esencia del lenguaje (…) La poesía es el nombrar fundacional del ser y de la esencia de las cosas, no un decir arbitrario sino aquel por el cual sale a lo abierto por primera vez todo aquello que luego mencionamos y tratamos en el lenguaje cotidiano. Por eso la poesía nunca toma el lenguaje como una materia prima preexistente, sino que la poesía misma posibilita el lenguaje. (p.63)

 

Heidegger le da una gran preponderancia a la poesía y a los poetas, por encima de la filosofía y el pensamiento e inclusive la dota de una significación mística, romántica, de una condición que le concede al poeta el estar expuesto “a los rayos del dios”. El poeta es tocado por Dios, el poeta recibe y todo esto tiene lugar en la palabra. En el lenguaje prístino, lenguaje que es poesía, solo allí tiene lugar la creación, sólo allí los dioses ponen su marca. Sólo al poetizar acontece la verdad. Y si la verdad acontece al poetizar, entonces el poeta, además de ser poeta es pensador.

Y en esta misma línea o concepción podemos circunscribir a la filósofa española María Zambrano: el poeta es pensador, entre otras cosas, porque la filosofía ha abandonado un espacio de la vida del hombre que la poesía, sin ninguna pretensión, ha llenado. Para la filósofa malagueña el poeta va más allá que el filósofo porque regresa al origen por amor y es por este regresar al origen por lo que le es dado todo como donación. Sin embargo, contrario a lo que podía pensarse, María Zambrano no concibe la totalidad del hombre solamente en la filosofía ni tampoco únicamente en la poesía. El hombre necesita de las dos. Pero mientras el filósofo se aleja del origen, el poeta lo toma como camino. Dice la poeta Zambrano, discerniendo sobre este tema, pero tomando como referencia al pensador alemán: “Heidegger habla del ser como de la existencia vulgar de la cual el filósofo se aparta, salvándose en sí mismo”.  (Zambrano, 2006, p.98)

Según Zambrano, el filósofo se busca alejándose del origen y en ese buscar se queda sólo consigo, mientras el poeta regresa a la inocencia primera para compartirla con los demás hombres, compartirla por medio de la palabra “El filósofo vive hacia adelante, alejándose del origen, buscándose a "sí mismo" en la soledad, aislándose y alejándose de los hombres. El poeta se desvive, alejándose de su posible "sí mismo", por amor al origen”. (Zambrano, 2006, p.98)

Para la filósofa María Zambrano el lenguaje es un vehículo para que el poeta se libere y también es un medio para alcanzar la unidad: “Así el poeta, en su poema crea una unidad con la palabra, esas palabras que tratan de apresar lo más tenue, lo más alado, lo más distinto de cada cosa, de cada instante. El poema es ya la unidad no oculta, sino presente; la unidad realizada, diríamos encarnada” (Zambrano, 2006, p.p.21-22).

Hasta aquí queda claro el valor que para María Zambrano tiene la palabra; ella considera el lenguaje como el factor fundamental, como el medio que une el pensamiento con la acción, como la forma de expresión por excelencia, que le sirve al poeta para el propósito, señalado atrás, de deshacer los pasos, retornar al origen, y también le sirve al filósofo para su intención de ir hacia adelante, de buscarse a sí mismo. Los dos utilizan el lenguaje, con propósitos diferentes.

Para Heidegger “es la palabra lo que procura el ser a la cosa” (Heidegger, 1987, p.147), reafirmando con ello el papel protagónico del lenguaje, que opera como develador del ser en los dos escenarios, tanto en la poesía como en la filosofía. Pero llegados a este punto, Heidegger esboza una teoría acerca del papel de la poesía en la época en que la filosofía perdió protagonismo, o por lo menos, autenticidad, porque, o bien estaba terciada hacia el racionalismo positivista, por el auge de la ciencia, o bien inclinada hacia el marxismo, por el desarrollo político de la más temprana lucha contra el capitalismo. Esa época examinada por Heidegger abarca desde Hölderlin (primera mitad del siglo XIX) hasta bien entrado el siglo XX. Allí, en opinión de Heidegger, toma preeminencia la poesía sobre la filosofía, se vuelve la principal vía para la búsqueda de la verdad.

Pero hay razones para que el filósofo alemán llegue a conclusiones tales. Si echamos un rápido vistazo a la historia de esa relación entre filosofía y poesía, encontramos que los filósofos griegos formularon tres tipos de relación: una de fusión entre las dos, que esbozó Parménides; la ya mencionada de distanciamiento, que elaboró Platón y una tercera que Aristóteles resume en la estética. Badiou nos revela que, en lugar de proponer un cuarto tipo de relación entre filosofía y poesía, para que no sea ni una relación fusional, ni distanciada, ni estética, Heidegger se adelanta a profetizar “una reactivación de lo Sagrado en el apareamiento indescifrable del decir de los poetas y del pensar de los pensadores”.  (Badiou, 2002, p.88)

De forma similar, para Zambrano la filosofía debía abarcar la vida y lo que no es, lo que no tiene nombre, lo que es ausencia, destierro, y orfandad, lo que no se nombra, la nada, que, al nombrarla en la poesía, existe. La pensadora abogaba porque el hombre recobrara otras realidades, lo sagrado: la poesía, ese vínculo originario que la filosofía racionalista había o desconocido u ocultado reduciendo la realidad a un esquema dominante y unitario. En palabras de la filósofa “el hombre debía recuperar otros medios de visibilidad que su mente y sus sentidos mismos reclaman por haberlos poseído alguna vez poéticamente” (Zambrano, 1986, p.147)

La filosofía entonces, para Zambrano, debe contener la vida con toda su diversidad y matices; la vida más allá de la razón, pero también razón y vida como una unidad. María Zambrano no admite fronteras en el filosofar. La poesía es parte de su reflexión filosófica, pero también hace poesía haciendo filosofía. María Zambrano hace filosofía y poesía al mismo tiempo; la razón es poética pero también mística: “Hay que dormirse arriba en la luz. Hay que estar despierto abajo en la oscuridad intraterrestre, intracorporal, de los diversos campos que el hombre terrestre habita: el de la tierra, el del universo, el suyo propio”. (Zambrano, 1986, p.39). La pensadora va contra toda la tradición instaurada desde Platón y reclama un puesto honorable a la poesía; y esa rebeldía se manifiesta en su acción, quizás porque, como ella misma lo ha mencionado en su obra, el poeta no quiere ser poeta, el poeta nace y el filósofo se hace, María Zambrano nace con la poesía y se hace filósofa.

Para concluir que, entre la filosofía impuesta desde Platón hasta la consolidación hegeliana y la poesía, había una contradicción irresoluble, Zambrano abogaba por una nueva filosofía, una nueva reconciliación del hombre consigo mismo y con su historia, y para esto, el hombre debía asumir una mirada de respeto ante “lo otro”, lo que antiguamente había expulsado y reconocerle su derecho a ser, a tener nombre sin tratar de esquematizarlo por medio de la razón. La piedad sería ese medio para ver al otro como igual, aceptarlo y sentirlo, el lenguaje sagrado al que solamente se ha acercado la poesía. Poesía y filosofía debían recorrer juntas el mismo camino para llegar al conocimiento del hombre en toda su extensión.

En este punto podríamos acercarnos a una síntesis comparativa del pensamiento de la filósofa malagueña y el pensador alemán en torno a la relación existente entre filosofía y poesía y establecer el valor que para ellos tiene el lenguaje en esa relación. Veamos:

Tanto para Zambrano como para Heidegger la poesía tiene mayor relevancia que la filosofía, aunque no sucede ello porque la primera tenga mayor valor que la segunda, sino porque la poesía llena el espacio que la filosofía, por diversas razones, abandona. Este abandono que la filosofía hace del hombre se produce -según Zambrano, que en esto sigue a Ortega y Gasset- cuando se entrega al racionalismo y no es capaz de abordar al ser humano en toda su integridad; y según Heidegger, la filosofía pierde espacio cuando se centra en el positivismo racionalista y/o cuando se deja dominar por la concepción política marxista; y aun cuando la filósofa Zambrano se ocupa aquí de la filosofía sólo ligada al racionalismo y Heidegger le agrega una dimensión política, los dos coinciden en afirmar que la poesía llena el espacio que la filosofía abandona. Esto que parece complementario si se le mira desde la óptica de un vaso que se vacía a medias de filosofía, pero vuelve a llenarse con poesía, en realidad es una tensión porque la confrontación existente entre poesía y filosofía se resuelve a favor de la primera. Diríamos entonces que es una tensión entre filosofía y poesía en la que Zambrano y Heidegger coinciden.

Y si buscamos una cercanía en la que se identifiquen Zambrano y Heidegger, podemos encontrar la idea que ambos esbozan de la necesidad de regresar a lo sagrado, de hacer posible la unión de filosofía y poesía “en el apareamiento indescifrable del pensar de los filósofos y el decir de los poetas” (Badiou,2002, p.88), de hacer que la filosofía y la poesía recorran juntas el camino para abordar el conocimiento del hombre en toda su extensión. Esto se reafirma si recordamos que para Heidegger “pensar es poetizar” y para María Zambrano “la razón es poética”.

Zambrano y Heidegger se identifican también cuando consideran que mientras la filosofía tiene como uno de sus propósitos fundamentales la búsqueda de la verdad, la poesía al desocultar lo oculto, al revelar el ente, logra que acontezca la verdad. En otras palabras, mientras el filósofo busca, guiado por un método, la verdad, al poeta le es dada como regalo. Esta afirmación se constituye en otra tensión existente entre filosofía y poesía.

Y el papel que juega el lenguaje es algo central en esta revisión de las cercanías y tensiones existentes entre filosofía y poesía. Aquí no hay una identidad total entre las ideas de los dos pensadores que nos ocupan. Si bien es cierto que para ambos el lenguaje juega un papel central, María Zambrano lo considera el vehículo fundamental que utilizan tanto la poesía como la filosofía para adentrarse en el pensamiento humano, ya sea para el decir de la poesía o para el pensar de la filosofía; entretanto, Heidegger piensa que hay una relación íntima entre poesía y lenguaje, al punto de que la esencia de la poesía no se puede entender sino a partir de la esencia del lenguaje y viceversa; señala también que es la palabra la que procura el ser a la cosa, que devela el ente, tanto en la filosofía como en la poesía. Zambrano considera que la palabra del poeta es un hablar primigenio, acercándose a Heidegger. Pero también un vehículo transmisor de ese lenguaje.

Las cercanías y tensiones entre filosofía y poesía seguirán existiendo, primariamente por el tema de la verdad, y en lo que al romanticismo -la escuela de los dos pensadores- se refiere, la verdad es inmanente a la poesía en tanto la verdad contada por el filósofo y el poeta no difieran, aunque los medios para alcanzarla sí. La estética contemporánea quiere darle un vuelco al asunto, mediando, pero la verdad seguirá siendo un tema latente, fuente de tensión todavía irresuelta entre filosofía y poesía, donde el lenguaje juega un papel preponderante como el faro de la verdad o casa del ser, la relación donde el pensamiento es el primigenio lenguaje, es decir un poetizar; o como lo alega Zambrano cuando por medio de la palabra primigenia el poeta es, y fuera de allí, no existe, y aunque el filósofo quiera poseerla, el poeta la tiene porque es su esclavo.

Concluyamos también que, tanto en Zambrano como en Heidegger, se apela a la unión de la poesía con la filosofía; para la primera, porque se complementan y pueden fundirse y penetrar con más fuerza en el pensamiento del hombre; y para el segundo, porque la poesía, como hacedora del lenguaje y descubridora, sin proponérselo, de la verdad, puede llevar a la filosofía a reencontrar el origen, a volver al ser, a cumplir su misión de encontrar la verdad. En el mundo contemporáneo, dado el avance de la ciencia y la técnica, esta es una misión tanto más compleja en cuanto más se diversifican el uso y las maneras del lenguaje y en esas circunstancias se vuelve más difícil retornar al origen, a la memoria. Con el exceso de información existente, paradójicamente estamos abordando los tiempos del olvido del ser, el hombre cada vez más alejado de sí mismo. Y ello sucede porque le estamos transfiriendo todo a las máquinas, la memoria, las señales de vida, las localizaciones espaciales, los gustos, los anhelos, estamos vaciando nuestra memoria, o dejándola de utilizar, y llevando todo a la memoria de las máquinas; ¿y si las máquinas, por un desbarajuste general de los sistemas de energía que las mantienen, desaparecen? Siempre queda el recurso de volver a los libros, pero los libros están librando una dura batalla con las máquinas, y tienden a desaparecer, a disminuir, a no tener ya el protagonismo de la palabra escrita. De ahí la necesidad de rescatar la importancia de los poetas, pues mientras los filósofos sigan perdidos en una competencia con la ciencia, de impredecible resultado, es quizás la poesía la única que le permita al hombre reencontrarse consigo mismo.

 

 

 

 

 

 

Bibliografía

 

Homero (1998). Ilíada, Madrid, España: Ediciones Akal S.A

Badiou, A. (2009). Pequeño Tratado de Inestética, Buenos Aires, Argentina: Prometeo Libros

Badiou, A. (2002). Condiciones, Ciudad de México, México: Siglo XXI editores

Frankel, H. (1993). Poesía y Filosofía de la Grecia Arcaica, Madrid, España. Visor Distribuciones, S. A.

Heidegger, M. (1992). Arte y Poesía, Ciudad de México, México: Fondo de Cultura Económica.

Heidegger. (1987). De Camino al Habla, Barcelona, España: Ediciones del Serbal-Guitard.

Heidegger, M. (2005). ¿Qué significa Pensar? Madrid, España:  Editorial Trotta

Heidegger, M. (1983).  Interpretaciones sobre la poesía de Hölderlin, Barcelona, España: Ed. Ariel.

Vattimo, G. (1998). Introducción a Heidegger, Barcelona, España: Ed. Gedisa

Zambrano, M. (2006).  Filosofía y Poesía, Ciudad de México, México:  Fondo de Cultura Económica.

Zambrano, M. (1986). Claros del bosque, Barcelona, España: Seix Barral, S.A.

 

 

 

[1] El poema de Safo es el siguiente: Dicen que es un ejército de carros / sobre la tierra negra, o una tropa / de infantes, o una flota, lo más bello: / es la persona amada. / Es fácil explicarlo a todo el mundo, / cuando de las mujeres la más bella, / una vez, al mejor de los esposos, / abandonó por Troya. / Subióse al barco y escapó hacia Troya, / dejando atrás a sus queridos hijos, / y olvidando a sus padres, seducida / (por Cipria y el amor) / (todo se pliega en manos de los dioses, / el corazón y el pensamiento humanos). / Por eso me recuerda a la muchacha, / a mi Anactoria ausente. / Preferiría ver su hermoso paso / y el brillo de la luz en su mirada / que una tropa marcial de carros lidios / o de apuestos guerreros (Frankerl, 1993, p.40)

 

 

 

 

 

 

 

Rosa Chamorro (Corozal, Colombia, 1985). Cursó su Bachillerato en el prestigioso Colegio Altair de la Sabana, en Sincelejo, Sucre, Colombia. Con Grado de Honor por su desempeño académico sobresaliente, se tituló como Filósofa en la Universidad Nacional Abierta y a Distancia -UNAD- de Colombia. Es Especialista en Políticas Públicas y Justicia de Género de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales -FLACSO- Brasil. Cursó, aprobó y se tituló con FLACSO en otras dos especializaciones: Políticas Públicas para la Igualdad y Procesos Políticos Latinoamericanos. Ha realizado estudios de Ciencia Política y Lingüística en la Universidad Nacional de Colombia.

Rosa es poeta, ensayista y cultiva el toque del tambor para acompañar su poesía. Orgullosamente afrocolombiana y activista política, suele participar en campañas por la defensa de los derechos civiles y políticos de diversos grupos sociales especialmente los conformados por la población negra. Ha sido Bloguera ocasional para el periódico digital colombiano Kienyke. Actualmente es integrante de la Asociación de Escritores del Magdalena y dirige la Sección Literaria de la programación virtual de la Biblioteca Popular Carlos Gaviria Díaz.

Ha escrito varios libros:

Bajo la Sombra del Guacarí – Novela inédita. Luna en Fuego – Poemas – Apidama Ediciones, Bogotá, 2014 con Prólogo del poeta José Luis Diaz – Granados premio Simón Bolivar y Casa de las Américas y comentarios de Guiomar Cuesta, miembro de la Academia Colombiana de la Lengua.

La Sierra Negra – Poemas. Sello Editorial de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia -UNAD. Con Prólogo de Mbare Ngom Doctor en Estudios Ibéricos e Iberoamericanos por la Universidad de París IV-Sorbona. Es catedrático, jefe del departamento de Lenguas y del Programa de Posgrado en Estudios Internacionales, director del Programa de Estudios Africanos y del Programa de Estudios Latinoamericanos y Caribeños de la Morgan State University- Estados Unidos. Se refiere a la obra de la autora: “Rosa Chamorro propone otra forma de hacer y leer poesía. Por medio de la tematización estratégica e intencionada de la Sierra Nevada de Santa Marta, su espacio orgánico, la autora incorpora la naturaleza y un lugar geográfico especifico a su propuesta poética para configurar lo que se podría describir como una “Eco-poesía”

Filosofía y Poesía. Aproximación al Pensamiento de Martin Heidegger y María Zambrano. Libro de análisis sobre el papel del lenguaje en las relaciones existentes entre filosofía y poesía, a partir de los planteamientos de los pensadores Martin Heidegger y María Zambrano, que contiene también un anexo de poesía de contenido filosófico.

La obra poética de Rosa ha sido parte de varias antologías y sus poemas han sido publicados por diversas revistas, entre ellas Electrón Libre, primera revista digital de poesía en Marruecos, África, revista Experiencia en Libertad, México, Marcapiel, México; revista María Mulata, Colombia. Forma parte de la Antología de la Literatura Hispanoafricana y Afrodescendiente, que recoge textos literarios y científicos y artículos en lengua española.

Ha obtenido premios en diversos concursos de poesía y ensayo, como Versos en el Aire III, España (2014), Premio de Poesía Editorial Márgenes Azules, Pehuajó, Argentina(2014), Tercer Premio Internacional de Poesía Negra Candelario Obeso, Cartagena, Colombia, 2016, Segundo lugar en el XX premio de Filosofía y Letras en la Categoría Ensayo de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla con el trabajo “Lenguaje, filosofía y poesía: acercamientos y tensiones en el pensamiento de María Zambrano y Martín Heidegger”.

Diversos reconocimientos le han sido dados a Rosa por su labor poética; he aquí algunas de las instituciones que han hecho tales reconocimientos: Colegio Gimnasio Altaír de la Sabana, Sincelejo, Colombia, Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Bogotá, Colombia, Universidad Autónoma de Tamaulipas, Río Bravo-México, Universidad Autónoma Metropolitana-UAM –México, Bienal de poesía de la Habana-Cuba, El H. Ayuntamiento de Toluca como Visitante Distinguida, en el marco del Segundo Festival Internacional de Poesía José María Heredia, Morgan State University for the 2019 Fulbright-Hays Group Projects Abroad- Colombia- 2019. Ha participado en numerosos eventos poéticos nacionales e internacionales, entre ellos: el prestigioso Festival Internacional de Poesía “Ramón López Velarde” (2019) que le permitió dar a conocer su poesía en el emblemático Palacio de Bellas Artes en Ciudad de México y en la ciudad de Zacatecas; Festival Internacional de Poesía de Pachuca (2019), Edo. Hidalgo, México; La Otra FIL en Guadalajara (2019); Festival Internacional de Poesía de Toluca (2018); Festival Internacional de Poesía de Río Bravo, Tamaulipas (2017); Bienal Internacional de Poesía de La Habana (2019); Festival Internacional de Otoño, Matamoros (2020).

En Colombia ha presentado su obra poética por invitación de muy variadas instituciones, entre las que se destacan: Universidad Francisco José Caldas, Universidad Nacional de Colombia, Universidad de los Andes, Academia Colombiana de la Lengua, Instituto Caro y Cuervo en el marco de Cátedra Herencia Africana: Decenio Afrodescendientes, Universidad Jorge Tadeo Lozano, Universidad de la Sabana, Parlamento Nacional de Escritores, Universidad de la Sabana, en el Marco del Bicentenario de la Independencia-Coloquio Internacional, Universidad Nacional Abierta y a Distancia- UNAD, Festival de Poesía de Roldanillo, Valle del Cauca, Fiesta de la Poesía de Villa de Leyva, Boyacá, Feria del Libro de Bogotá, Casa Museo Gabriel García Márquez, Aracataca, Magdalena.

 

 

Un comentario en "Lenguaje, filosofía y poesía: acercamientos y tensiones. Una aproximación al pensamiento de Martin Heidegger y María Zambrano. Por Rosa Chamorro"

  • el enero 26, 2021 a las 2:35 am
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    La literatura de Rosa, sea en sus ensayos o en sus poesías, es un retorno al vitalismo, mas al de Shopenhauer que al de Nietzsche, cuyos escritos, no sabemos si son poesía o filosofía. Esta forma de expresión, de alguna manera, cobra mas presencia en los sesudos ensayos de Marx, que versan la mas de las veces sobre economía en un sub fondo filosófico y una forma poética. Es la palabra con la pretensión de asir la realidad en su multifacética complejidad.

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