La última poesía italiana, de Emilio Coco

 

 

Kevin Aragón realiza una selección de ensayos y notas críticas sobre poesía italiana. Este ensayo fue publicado en Antología de poesía italiana contemporánea (COCACULTA/Universidad Autónoma de Nuevo León, 2010), pp. 189-192. La compilación y traducción de los poetas la hizo el poeta Emilio Coco.

 

 

 

La última poesía italiana

 

Emilio Coco

 

¿Adónde va la poesía italiana? ¿Adónde va la poesía de las nuevas generaciones? Desde hace algunos años asistimos a un constante aumento del número de antologías y cuadernos colectivos que pasan revista a la producción contemporánea, a veces con la pretensión de hacer un balance de la situación y de ofrecer un «canon» significativo, si no exhaustivo.

La primera pregunta que se impone es: ¿qué se entiende, en Italia, por jóvenes poetas? A comienzos de 1980 se empezó a hablar de «quinta generación» a propósito de aquellos autores entonces debutantes y antologados en cuadernos de poesía regionales. Considerando su fecha de nacimiento, se tendría que hablar más bien de autores de la sexta y séptima generación, nacidos, por lo general, entre los años sesenta y setenta.

La sexta y séptima generación salen al descubierto cuando el clima editorial alrededor de la poesía ha cambiado: la poesía se ha vuelto un género marginal para los grandes editores, conserva un valor para los pequeños y los medianos, los cuales, sin embargo, tienen mayores dificultades de difusión en el circuito de las grandes cadenas de librerías. La mejor manera de hacerse conocer por un público no especializado es la inclusión en una antología, aunque de carácter parcial (geográfico, temático, generacional, de escuela, etc.). Es importante subrayar esta situación de marginalidad que la poesía italiana sufre en el mercado de las letras para juzgar los resultados, que son, al contrario, merecedores de todo respeto. Dentro de su nicho, los poetas encuentran, en lugares abiertos, no en círculos cerrados, a un público compuesto de estudiosos, lectores y otros intérpretes de la poesía, y pueden así concentrarse en los modos y en las técnicas de la escritura, distintamente de los narradores, a quienes se les exige a menudo una adecuación a los gustos del público, a los géneros de moda, a los temas de actualidad. Podemos decir que la poesía constituye la punta más avanzada de la búsqueda literaria en Italia, y la joven, la parte sin duda más interesante.

La novedad fundamental de los jóvenes poetas italianos estriba en la capacidad de aprender su propio lenguaje de una tradición más amplia y articulada. Por ejemplo, un clásico como Montale es leído enfrentándolo con T. S. Eliot, antes que con el interior del hermetismo. Puede ser justa o no esta perspectiva, pero los que cuenta es la práctica. En la memoria de los jóvenes autores puede ocurrir que W. H. Auden esté más presente que Mario Luzi, y Seamus Heaney más que Giovanni Raboni. Es un fenómeno que viene de lejos, pero hoy está más acentuado. Acaso alguien podría interpretarlo en clave posmoderna, como una deriva de los paradigmas culturales de las tradiciones nacionales. Se puede afirmar que, en Italia, los poetas más jóvenes trabajan en un horizonte de modelos que no es posible encerrar dentro de una poética «exclusiva». En su poesía se cruzan las distintas temáticas (desdela del cuerpo hasta posiciones más espiritualistas) con una móvil de valores europeos y mundiales. De ahí la atención creciente hacia poetas como Derek Walkott, Enis Batur, Adonid, Enzensberger, Bei Dao, etcétera.

A la luz de estas consideraciones, los jóvenes poetas prestan su atención no tanto a los temas metalingüísticos (que se impusieron en Italia sobre todo en los años sesenta, en el debate sobre los límites ideológicos de la lengua poética, encendido por el movimiento de la neovanguardia), sino al reconocimiento de un horizonte existencial de su trabajo. La «la vida», entendida como un contenedor de cuestiones privadas y, en sentido lato, políticas, constituye el punto neurálgico de una crisis histórica que atraviesa Italia igual que Europa, y que induce a reflexionar sobre el trabajo y sobre el sentido de la poesía desde el exterior, es decir desde un punto de vista que no coincide en absoluto con el del autor. Esto explica, en parte, la confianza «comunicativa» de estos versos, la parábola, clara y directa de sus figuras, incluso de las más oscuras, la propensión, entre surreal e irónica, a poner en juego las certezas de la Literatura (manifiestos, escuelas, programas) con una investidura lírica, desde lo bajo, por fragmentos, a intervalos, de las cosas y de los sentimientos.

No es fácil, por lo tanto, trazar un cuadro donde colocar a los diversos poetas jóvenes que escriben hoy en Italia. Se trata de un espacio abierto y caótico, extremadamente dinámico, que supera líneas y etiquetas (que a veces vuelven de modo para sostener operaciones editoriales), y exige una mirada partícipe del detalle, de la historia, del valor romántico (o bien posromántico) de la experiencia individual. Semejante participación se percibe en la dimensión de una delicada y envolvente escritura de la interioridad, relampagueante de imágenes suspendidas, alusivas, o se coagula en una visionariedad conceptual, o se extiende en las volutas de una lírica argumentada, autoreflexiva, entre interiores burgueses y nostalgia de la naturaleza. Proponemos tan sólo acercamientos que no pretenden ser definitivos. Temas y registros circulan de un autor a otro, a veces con efecto de sordina que termina configurando un cuadro extremadamente variado y a la vez compacto del conjunto. Lo cierto es que, por ironía de la suerte, la poesía tiene que medirse continuamente con la objetividad de lo vivido, entre una crónica sin dimensión, que privilegia el vacío insistente de las cosas, y la desarmante levedad de una enajenación del yo que se deshoja en distintas voces del sí, o acude a un nivel corporal del ser, al que se remonta, como en un embudo, el pensamiento de la vida. Un espacio de más difícil definición, a causa de los tantos distingos que sería oportuno hacer, se abre finalmente al describir aquella tensión lírico-discursiva que se divide entre conquista de la memoria y corrosión del presente, y encuentra en la existencia el «tema» de una mise en abisme de la poesía.

La «vida», pues, parece en los jóvenes poetas ora como el sueño privado de otra naturaleza del hombre y profunda relación interior que el hombre cultiva en el diálogo con los otros. En este sentido, las reflexiones y la pasión del Pier Paolo Pasolini aparecen mucho más actuales y convincentes que los anatemas contra los límites ideológicos de la lengua poética lanzados por la neovanguardia (que, por su puesto, se integró muy rápidamente en las mismas instituciones que criticaba por abuso de poder). Y, a través de los años, la búsqueda poética de Andrea Zanzotto se ha elevado más fecunda que la de Edoardo Sanguineti, en la obra de los jóvenes autores que han tratado de vincular su tensión experimental a una investigación concreta en los espacios psíquicos de la inadaptación existencial.  No se trata de un regreso de reacción a la poesía, sino de una reflexión exenta de prejuicios ideológicos sobre su palabra. La «lírica» ya no es un término obsoleto, abandonado en las ruinas de una literalidad superada, sino que se contamina en contacto con otros talleres de la poesía europea. Un nuevo post-hermetismo crítico se sedimenta en contacto con los modelos de una tradición híbrida y compleja, donde lo que cuenta es la calidad del verso. También en los autores aparentemente más introvertidos, se abre camino una tensión que lleva a comunicar y a reflexionar sobre el por qué de su palabra en el mundo, y consecuentemente, sobre aquel sentido de «extrañamiento» que restituye la poesía a este mundo; donde es cada vez más difícil distinguir las diversas voces, escuchar el silencio lejos del murmullo e fondo que invade las calles, aturde las habitaciones y a menudo quiebra la quietud de los sueños tranquilos, y de coloquios, día y noche.

 

 

 

Emilio Coco, nacido en San Marco in Lamis (Italia), es hispanista, traductor y editor. Entre sus trabajos más recientes destacan: Antologia della poesia basca (Crocetti, Milán, 1994), tres volúmenes de Teatro spagnolo contemporaneo (Edizioni dell’Orso, Alessandria, 1998-2004), El fuego y las brasas. Poesía italiana contemporánea (Sial, Madrid, 2001), Los poetas vengan a los niños (Sial, Madrid, 2002) y Poeti spagnoli contemporanei (Edizioni dell’Orso, Alessandria, 2008). Como poeta ha publicado: Profanazioni (Levante, Bari, 1990), Le parole di sempre (Amadeus, Cittadella, 1994), La memoria del vuelo (Sial, Madrid, 2002), Fingere la vita (Caramanica editore, Marina di Minturno, 2004), Sonetos del amor tardío (Alhulia, Salobreña, 2006), Serodio amor (Espiral Mayor, A Coruña, 2007), Contra desilusiones y tormentas (Ediciones Fósforo, México, 2007), Il tardo amore (LietoColle, Falloppio, 2008) y algunas “plaquettes”. En 2003 recibió la encomienda con placa de la orden civil de Alfonso X el Sabio.

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