La polémica de Auxilis reflejada en El condenado por desconfiado, de Tirso de Molina, por Roxana Elvridge-Thomas

 

 

 

LA POLÉMICA DE AUXILIIS REFLEJADA

EN El CONDENADO POR DESCONFIADO DE TIRSO DE MOLINA

 

 

Roxana Elvridge-Thomas

Universidad del Claustro de Sor Juana

 

 

 

El Condenado por desconfiado, de Tirso de Molina, es una admirable comedia que abraza una de las polémicas más estremecedoras de la historia de la iglesia católica: la polémica de auxillis, y lo hace para resaltar, ante todo, el poder de la libertad humana para lograr la Gracia y la salvación del alma en medio de las turbulencias que puede presentar la vida. El movimiento luterano cuestionó varios aspectos de la dogmática tradicional católica, como el valor de las obras que se realicen para alcanzar la salvación eterna, ya que la Naturaleza Humana es una naturaleza corrupta debido al pecado de Adán, por lo cual está incapacitada para llevar a cabo actos meritorios que le proporcionen la salvación, la que sólo le llegará al hombre por medio de la fe. De esta idea se desprenderá la doctrina de la predestinación, según la cual Dios, en su omnisciencia, sabe de antemano quién se salvará, actuando por encima del albedrío humano.

A partir de esas conjeturas se desatará un agrio problema en el ámbito católico en torno a la libertad humana por una parte  y la omnisciencia divina y la predestinación por otra,  que no podía lograr la unanimidad de criterios. La lucha más encarnizada en este terreno ideológico fue encarnada por dos de las órdenes religiosas más prestigiosas del siglo XVI: los jesuitas, representados por Luis de Molina, y los dominicos,  por Domingo Báñez, quienes encarnaban dos concepciones diametralmente distintas y protagonizaron uno de los capítulos más controvertidos de la teología católica tridentina.

Es precisamente en este terreno abonado por la idea del teatro como un auxiliar pedagógico en la transmisión de ideas, como un elemento clave en la estabilización de los dogmas y también como campo de prueba de ideas teológicas, donde entra Tirso de Molina, seudónimo que utilizó fray Gabriel Téllez (1579- 1648). Su obra se caracterizó por una inteligencia sutil y una gran disciplina intelectual que se traslucen en sus asuntos y tratamientos.

En la portentosa comedia El condenado por desconfiado, el conflicto que plantea gira en torno a la controversia entre las ideas del libre albedrío y la predestinación en la salvación del hombre. Lo interesante es que, no obstante que la comedia fue publicada en 1635, hace eco tanto de lo expuesto por el jesuita Luis de Molina en su controvertida  Concordia del libre arbitrio con los dones de la gracia y con la presencia, providencia, predestinación y reprobación divinas, de 1588, así como de la acalorada disputa que surgió a partir de ella con los dominicos, encabezados por Domingo Báñez, a la que se le dio el título de polémica de auxiliis.

Para poder entrar en materia, veamos lo expuesto por Luis de Molina en su Concordia, y la llamada polémica o controversia de auxiliis surgida a partir de su publicación.

El tema central de la Concordia es la libertad humana. En el libro, Molina intenta, con gran entusiasmo, demostrar, frente a la teoría luterana de la predestinación, la plenitud de la libertad humana y la armonía existente entre esta libertad y el influjo que el ser humano recibe de Dios para obrar.

El libro de Molina es consecuencia del clima imperante en Trento y en el movimiento contrarreformista, pero también es resultado de otras circunstancias.  Ya en Trento, los jesuitas, Diego Laínez y Alfonso Salmerón habían defendido la libertad del hombre por encima de la predestinación. Y en 1582, en un acto escolástico celebrado en Salamanca y presidido por el mercedario Francisco Zumel, se dio el primer altercado en torno a estas ideas, llamadas “premolinistas”, y protagonizado, por una parte, por el jesuita Prudencio Montemayor y el mismísimo fray Luis de León, quien defendió la postura del primero; y por otra parte, el dominico Domingo  Báñez, desde ese momento, azote de estas ideas.

Como consecuencia del altercado ideológico, Báñez denunciará a sus opositores ante la Inquisición de defender “doctrinas temerarias” cercanas al pelagianismo, con resultados contra Montemayor y de León, prohibiéndoles continuar defendiendo sus ideas.

En este clima, es que en 1588, tras superar varios obstáculos, aparece  la Concordia del libre arbitrio con los dones de la gracia y con la presencia, providencia, predestinación y reprobación divinas.

Luis de Molina se dedicó a impartir clases de Teología en la Universidad de Évora. En la Universidad, se dedicará en sus clases a abordar la Summa Theologica de Santo Tomás, hasta 1583, cuando fue absuelto de su compromiso docente por razones de salud. En ese momento, se dedicará a elaborar su obra escrita, basada en sus estudios sobre la obra de Santo Tomás, pero también en la polémica que estaba sucediendo a su alrededor.

Ambos intereses coincidían en un punto en específico: el libre albedrío y el concurso de Dios. El texto en el que había estado trabajando Molina, eran los Comentarios a la Suma Theológica, que envió a la censura romana de su Orden, donde incluía una gran cantidad de acotaciones a la cuestión XIV en torno al libre albedrío. Por esta razón, sus Comentarios fueron rechazados, recomendándole que desechara la mayoría de esas controversias. Molina decidió más bien, publicarlos por separado ya que trataba de demostrar con ellos la importancia de la libertad humana, que quedaba intacta a pesar de la intervención de la gracia divina. Para lo cual, decidió solicitar el permiso de publicar este texto que sería su famosa Concordia.

Obtenido el permiso, El libro fue presentado ante la Inquisición portuguesa para su aprobación, y ya desde ese momento los dominicos iniciaron una imponente campaña para evitar la publicación del libro, involucrando altas autoridades eclesiásticas y civiles para impedirla. No obstante,  la Concordia salió a la luz en diciembre de 1588.  Con esto da inicio la famosa polémica de auxiliis protagonizada por las dos órdenes enfrentadas: jesuitas y dominicos.

Ante los ataques de los dominicos, la Compañía de Jesús respondió apelando directamente al Papa y en noviembre de 1597 se nombró una Comisión pontificia que en muy poco tiempo condenó sesenta y una proposiciones de Molina, hecho que le pareció muy sospechoso al Papa por el estrecho lapso de tiempo, además de las protestas de los jesuitas en contra de Báñez como instigador de una conjura. En agosto de 1600 la Comisión condena ahora veinte proposiciones de Molina, a lo que responden los jesuitas con nuevos argumentos. Viendo tal desastre, Clemente VIII decide presidir él mismo las sesiones, que llegan a ser tan álgidas que en una de ellas, el Papa sufre un ataque y muere. Paulo V, su sucesor, reanuda estas Congregaciones de Auxiliis, pero al darse cuenta de que se prolongaban de manera estéril y resultaba imposible llegar a un acuerdo, resolvió dar fin a la disputa el 28 de agosto de 1607, prohibiendo a ambas órdenes calificar de heréticos a sus contendientes y dio libertad de que cada quien defendiera su parecer. Los jesuitas celebraron el fallo declarando victor a Molina.

Pero veamos, ¿cuáles fueron estas ideas que encendieron tanto los ánimos entre teólogos de diversas órdenes?

Molina, en su Concordia, intenta conciliar la gracia divina con el libre arbitrio sin menoscabo de ambos. Para ello, acude a dos conceptos que le son de gran ayuda, la “ciencia media” y el “concurso simultáneo”.

Parte, como ya hemos visto, de las ideas de Santo Tomás, y en particular de las dos ciencias que éste le atribuye a Dios: la ciencia de simple inteligencia y la ciencia de visión. La primera, le permite a Dios conocer todo objeto posible independientemente de su existencia, esto es, todo aquello que la potencia divina pueda realizar. La ciencia de visión, por otra parte, se ocupa de todo objeto que posee ser en algún momento del tiempo, ya sea este pasado, presente o futuro. Con la ciencia de visión Dios conoce todas las posibilidades de interrelación de todo lo creado.

Ante estas dos ciencias, que aparentemente no dejan mucho margen de libertad al hombre,  Molina propone una tercera, la “ciencia media”, con la cual Dios conoce todos los futuros posibles, contingentes o condicionados, esto es, que sucederán en determinadas condiciones a la criatura.

A partir de la ciencia media, Dios sabe cómo actuaría el sujeto libre colocado en cualquiera de las circunstancias o condiciones posibles. Así, Dios sitúa al hombre en un determinado orden de acontecimientos, pero es el ser humano el que elige libremente cómo actuar ante ellos.

Y aquí entra el otro elemento de su pensamiento, el “concurso simultáneo”, gracias al cual, al conciliar la omnipotencia divina y la libertad humana, se produce un fenómeno particular, en el cual la gracia divina coopera con la voluntad humana, inspirando las acciones de la criatura pero sin forzarlas, ya que se da en el mismo momento que la voluntad humana. Báñez criticará fuertemente este concepto argumentando que el concurso de Dios es anterior y determinante en la acción del hombre, como el artesano que mueve su herramienta, siendo la causa primera el artesano (Dios) y la segunda la herramienta (el hombre), insistiendo en que si Dios mueve la voluntad humana hacia algo, es imposible que éste se resista a ese impulso.

Ante este ataque, Molina se inquieta sobremanera, ya que ve en tela de juicio la libertad humana, porque para él, “la libertad que Báñez atribuye al hombre no dejaría de ser la misma que posee el jumento para obedecer cuando se le conduce del ronzal”. (Hevia Echevarría 2007:17)

Después de esta breve exposición de lo sucedido en la Controversia de auxillis y de las ideas centrales de Luis de Molina, procedamos a analizar, a la luz de la idea de la libertad humana propuesta en la Concordia del libre arbitrio, así como los ataques a las ideas bañecianas que se encuentran en la comedia.

La comedia nos presenta, en un primer momento, a Paulo, quien se ha recluido en una cueva a hacer penitencia y oración. Y se nos presenta de manera chocante, haciendo gran ostentación de su piedad y de la felicidad que encuentra en su retiro ascético, lo cual ya hace sospechar al espectador que algo falso hay en él.

Y es muy pronto que se presenta la ocasión de su falta, cuando, después de un sueño, en el que se ve en el Infierno, clama a Dios le revele su destino final, pecando con esto de soberbia y también cayendo en las ideas de predestinación que tanto criticaba Molina en Báñez:

 

 

PAULO ¿Heme de condenar, mi Dios divino,
como ese sueño dice, o he de verme
en el sagrado alcázar cristalino?
Aqueste bien, Señor, habéis de hacerme.
¿Qué fin he de tener? Pues un camino 190
sigo tan bueno no queráis tenerme
en esta confusión, Señor eterno.
¿He de ir a vuestro cielo o al infierno?
Treinta años de edad tengo, Señor mío,
y los diez he gastado en el desierto, 195
y si viviera un siglo, un siglo fío
que lo mismo ha de ser; esto os advierto.
Si esto cumplo, Señor, con fuerza y brío,
¿qué fin he de tener? Lágrimas vierto.
Respondedme, Señor, Señor eterno. 200
¿He de ir a vuestro cielo o al infierno?

(de Molina 1987: 59)

 

 

Momento que aprovecha el Demonio quien, bajo permiso de Dios, y aprovechando el momento de debilidad de Paulo, le tiende la trampa que desencadenará toda la trama de la Comedia. Toma la forma de un ángel y anuncia al ermitaño que su destino será el mismo que el de Enrico. “Paulo supone vanidosamente que Enrico debe ser un hombre santo y se horroriza al descubrir que es un villano” (McKendrick 1994:130), por lo cual procura tomar venganza ante este giro de las circunstancias transformándose en bandolero, ya que en su razonamiento basado en la predestinación, no vale la pena continuar esforzándose por alcanzar el bien si de todas maneras el fin ya está dispuesto y le esperan las llamas del Infierno. He aquí lo peligroso  de la teoría de la predestinación y también los riesgos de no confiar en la Misericordia divina.

Así, en todas las ocasiones que se le ofrecen a Paulo para arrepentirse, creer en la bienaventuranza y entregarse a la fe y a la Misericordia, él rechaza neciamente la oportunidad debido a la creencia de que se condenará al igual que Enrico.

La primera oportunidad se le ofrece en la Jornada Segunda, en la primera aparición del pastorcillo, alegoría de Jesús, quien con su canto insta a Paulo a arrepentirse y retomar la senda. Después de la desaparición del pastor, Paulo queda pensativo, pero su respuesta es la misma:

 

 

PAULO ¿Por qué, pastor, queréis vos
que en la clemencia de Dios
halle su remedio medio?
Alma, ya no hay más remedio 635
que el condenarnos los dos.

(de Molina 1987: 143)

 

 

Cuando, en la Jornada Tercera,  ya no tiene remedio la decisión de Paulo y no es posible que cambie de opinión, en una nueva aparición del pastor, éste se presenta triste por la pérdida de su oveja extraviada y anuncia que va a comunicarle la noticia a su superior:

 

 

PASTORCILLO Quedaos, montes míos,
desiertos y selvas,
adiós, porque voy
con la triste nueva 680
a mi mayoral.
Y cuando lo sepa
(aunque ya lo sabe),
sentirá su mengua,
no la ofensa suya, 685
aunque es tanta ofensa.

(de Molina 1987: 204)

 

 

Es notorio cómo hace aquí referencia Tirso a la ciencia media. Dios ya sabe, de entre los posibles futuros contingentes o condicionados, cómo actuará el sujeto libre. Paulo actuó libremente ante las circunstancias que se le presentaron, y aunque a Dios le pesa, porque sabe todas las posibles acciones, incluida la pérdida del alma de Paulo, le permite actuar con libertad, a pesar de que le ofreció la oportunidad de arrepentirse.

Finalmente, después de morir asaetado en la selva, es encontrado por Pedrisco y el Juez ardiendo entre fieras llamas.

Paulo decidió libremente, y decidió no escuchar a la Gracia divina, no confiar en la Misericordia de Dios y fue condenado precisamente por esto y por su necedad y soberbia al creer en las ideas de la predestinación, ideas defendidas por Domingo  Báñez y los dominicos.

Lo contrario sucede con el otro personaje de la Comedia, Enrico. Éste se nos presenta, desde su primera aparición, como un desalmado, matón, que alardea de su maldad pero al poco tiempo se descubre que posee un rasgo de bondad y éste es el respeto y cariño que guarda hacia su viejo y enfermo padre.

En varias ocasiones, en que se ve en peligro, Enrico, en medio de su maldad, se acuerda, no solamente de su padre, sino también de Dios y así, en la Jornada Segunda, después de matar al Gobernador y hallándose cercado no teniendo otro remedio que arrojarse al mar, exclama:

 

 

ENRICO Tened misericordia de mi alma, 341
Señor inmenso; que aunque soy tan malo
no dejo de tener conocimiento
de vuestra santa fe. Pero ¿qué hago?

(de Molina 1987: 129)

 

 

Antes de entregarse en la selva a la vida de bandolero junto con Paulo, desea regresar a ver a su padre, aún a costa de la justicia, y así lo hace, siendo capturado y enjuiciado. Cuando está en prisión, es también tentado por el Demonio para escapar, pero presta oído a la Gracia divina que lo aparta de la tentación. Es aquí, en la decisión que toma ante la coyuntura de escapar por la vía fácil que le plantea el Demonio o quedarse en la cárcel y esperar la muerte corporal que sucede el “concurso simultáneo” y se deja inspirar por Dios en la toma libre de decisión, optando por la pérdida de libertad temporal, con la concurrente salvación posterior de su alma.

Posteriormente, impulsado por el afecto que siente hacia su padre, que viene a ser una alegoría de Dios Padre, a quien Enrico sigue y obedece por amor, se decide a confesarse.

Acción libre nuevamente llevada a cabo por el concurso simultáneo de la voluntad de Enrico y la Gracia divina. Después de esta acción, y creyendo firmemente en la Misericordia de Dios, muere Enrico y su alma es transportada al cielo por los ángeles.

Nos encontramos pues con dos personajes enteramente distintos, dos personajes que se enfrentan a la libre elección desde dos posturas diametralmente opuestas: Paulo obsesionado en la predestinación y haciendo caso omiso de la Misericordia divina y Enrico confiando en ésta y en el perdón de Dios para su salvación.

De esta manera, al poner en las acciones y diálogos de sus personajes las ideas de Luis de Molina y de Domingo Báñez, dando por buenas las primeras y criticando la tozudez de las últimas, y poniendo el claro ejemplo de su validez y equivocación en los fines que tienen tan contrarios personajes, Tirso de Molina  deja clara su postura frente a la controversia de auxiliis y pone en práctica, con ejemplos claros, sus ideas al respecto.

 

 

 

 

LISTA DE OBRAS CONSULTADAS.

 

Cruz Cruz, Juan, “La libertad humana bajo la causalidad divina: Molina y Báñez, dos           tendencias metafísicas” <leynatural.es/wp.../La-libertad-humana-bajo-la-causalidad-divina.pdf>

Hevia Echevarría, Juan Antonio, “Introducción” a Concordia del libre arbitrio con los dones de la gracia y con la presciencia, providencia, predestinación y reprobación divinas Trad. Juan Antonio Hevia Echevarría. Biblioteca Filosofía en español. Oviedo: Fundación Gustavo Bueno, 2007

Mckendrick, Melveena, El teatro en España (1490-1700). Barcelona: José de Ontañeta, Editor, 1994

Menéndez Peláez Jesús, “Teatro e Iglesia en el siglo XVI: de la reforma católica a la contrarreforma del Concilio de Trento” CRITICÓN, 94-95 (2005): pp. 49-67  <cvc.cervantes.es/literatura/criticon/PDF/094-095/094-095_049.pdf>

---------------------------, “Teatro e Iglesia: Las Constituciones Sinodales, documentos para la reconstrucción del teatro religioso en la Edad Media y el Renacimiento español”

< dialnet.unirioja.es/servlet/fichero_articulo?codigo=144207&orden>

Molina, Luis de, Concordia del libre arbitrio con los dones de la gracia y con la presciencia, providencia, predestinación y reprobación divinas Trad. Juan Antonio Hevia Echevarría. Biblioteca Filosofía en español. Oviedo: Fundación Gustavo Bueno, 2007

Wilson, Edgard M., y Duncan Moir, Historia de la Literatura Española. Siglo de Oro: Teatro (1492-1700). Barcelona: Ariel, 1979.

“La polémica de auxiliis” 1582-1607 <www.filosofia.org/ave/001/a152.htm>

 

 

 

OXANA ELVRIDGE-THOMAS  (Ciudad de México, 1964). Estudió la Licenciatura en Ciencias Humanas en la Universidad del Claustro de Sor Juana y la Maestría en Literatura Mexicana en la UNAM. En 1990 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Joven “Elías Nandino”; en 1993 el Premio Nacional de Periodismo Juvenil “Elena Poniatowska”, en el área de Entrevista; en 1998 el Premio Nacional de Ensayo “El Privilegio de la Palabra (Instituto de Cultura de Yucatán), en 1999 el Premio Nacional de Poesía “Enriqueta Ochoa”  y en 2010 los Juegos Florales Nacionales “San Marcos Tuxtla 2010”, Premio de Poesía “Daniel Robles Sasso”. Ha obtenido las becas del Centro Eurolatinoamericano para la Juventud (CEULAJ), de España, en 1993 y la de Jóvenes Creadores, del FONCA, en el periodo 1997-1998, ambas en el área de poesía. Ha publicado “Memorias del aire”, dentro del libro colectivo Labrar en la tinta (UNAM, 1988, poesía), El segundo laberinto (UNAM, Colección El ala del tigre, 1991, poesía), La fontana (UAM, Colección Margen de poesía, 1995, poesía), Imágenes para una anunciación (Casa Juan Pablos, 2000, poesía), La turba silenciosa de las aguas (UAEM/La tinta del alcatraz, 2001, poesía), Fuego (Lunarena, Colección Poetasdeunasolapalabra, 2003, poesía),   Xavier Villaurrutia …y mi voz que madura (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2003, ensayo), Gilberto Owen. Con una voz distinta en cada puerto (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2004, ensayo),  Umbral a la indolencia (Orizaba, Letras de Pasto Verde, Colección El Celta Miserable, número 3, 2009, poesía)  Imágenes para una anunciación/Images for an annunciation (New York, Foothills, 2012, traducción al inglés por Don Cellini en edición bilingüe) y Pequeño bestiario ígneo (Parentalia, editores, Colección Fervores, 2016, poesía).  Poesía y ensayos suyos han sido recogidos en numerosas antologías en México, España, Canadá, Estados Unidos y Francia. Poemas, ensayos, artículos, y entrevistas suyos han sido publicados en revistas y suplementos culturales del país y del extranjero. Asimismo, ha dirigido numerosos espectáculos teatrales en diversos teatros y espacios culturales de la República Mexicana, ha realizado la dramaturgia de varias puestas en escena y llevado a cabo diversos montajes como actriz.  Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte de 2004 a 2007. Actualmente se desempeña como profesora-investigadora de Medio Tiempo tanto en la Universidad del Claustro de Sor Juana como en la Escuela Nacional de Arte Teatral del INBA.

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