Ensayo

La poesía holandesa contemporánea: una selva lluviosa en el Delta. Por Thomas Möhlmann

 

 

 

 

 

 

 

 

La poesía holandesa contemporánea: una selva lluviosa en el Delta

 

Thomas Möhlmann

 

 

HOLANDA ESTÁ SITUADA EN UN DELTA donde tres grandes ríos europeos desembocan en el mar. Del mismo modo que el agua europea fluye por el fértil paisaje holandés, la tradición literaria europea discurre por las igualmente fértiles letras holandesas. Por lo que atañe a la poesía, esto ha dado lugar a un moderno y variado paisaje, que, en palabras del destacado poeta local Tonnus Oosterhoff, se caracteriza por su «riqueza similar a la de la selva lluviosa». Los once poetas reunidos en la presente antología atestiguan, en su conjunto, esta riqueza y la extraordinaria diversidad que distingue a la poesía holandesa en su actual período de florecimiento. Para poder ofrecer al lector una impresión realmente contemporánea, hemos optado por incluir exclusivamente a poetas que en este momento están todavía con vida y siguen escribiendo, y de quienes aún cabe esperar nuevas publicaciones. Con ánimo de escapar al mismo tiempo de las modas y famas efímeras, cada uno de los poetas debía haber publicado al menos tres poemarios en lengua neerlandesa. En cuanto a las edades, en la antología que nos ocupa hay medio siglo de diferencia entre el poeta más veterano (Armando, 86 años) y la poetisa más novata (Ester Naomi Perquin, 36 años).

Visto que ninguna situación se plantea así como así, sin historia, y que un período de florecimiento va precedido siempre de un período de crecimiento, haremos un esbozo muy general de la historia de la poesía moderna holandesa, pasando revista a los poetas representados en esta antología, aunque por supuesto también a aquellos que ya no se encuentran entre nosotros o para quienes en la presente recopilación, lamentablemente, no había lugar.

La poesía holandesa comienza hacia el año 1100 y atraviesa un momento de esplendor en el siglo XVII, el llamado Siglo de Oro holandés, que no solo produjo pintores como Rembrandt, Vermeer y Hals, y pensadores como Descartes y Spinoza, sino también poetas como Hooft, Vondel, Bredero y Constantijn Huygens.

El punto de partida de la poesía moderna en Holanda se sitúa alrededor de 1880, con un grupo de poetas que se rebela contra la práctica literaria ligeramente adormecida del siglo XIX: la Generación de los ochenta. Willem Kloos, Herman Gorter y Albert Verwey son conocidos representantes –en Holanda–de esta corriente, que ponía lo estético por encima de lo ético, la expresión del sentir individual por encima de la formulación del interés moral general.

A continuación, en la primera parte del siglo XX la poesía evoluciona siguiendo más o menos un patrón general europeo, salvo que aquí el surrealismo –con algunas excepciones– al inicio no consigue realmente abrirse camino. Poetas como Paul van Ostaijen, en Flandes, y Martinus Nijhoff, en Holanda, constituyen el equivalente en lengua neerlandesa de una evolución modernista general en Europa.

Acto seguido, el primer quiebre real se produce después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), cuando hace su entrada en las letras holandesas la llamada Generación de los cincuenta. En la Primera Guerra Mundial (1914-1918) Holanda se había mantenido neutral, pero la segunda abrirá heridas profundas y permanentes en la sociedad holandesa. Los cincuentistas consideraban que no solo la literatura, sino también el arte en su totalidad, e incluso la propia lengua, debían recalibrarse íntegramente –o mejor aún: reinventarse– tras las atrocidades de esta guerra, y querían utilizar para ello, entre otras cosas, los fragmentos del dadaísmo, el surrealismo, el absurdismo y el primitivismo. El poeta y pintor Lucebert está considerado el líder indiscutido de esta corriente experimental; otros nombres conocidos son Gerrit Kouwenaar, Remco Campert y el flamenco Hugo Claus.

En las décadas de 1960 y 1970 surgieron nuevos movimientos, orientados más bien a la lengua hablada y/o a la dura realidad no metafórica. El poeta Armando es un ejemplo importante de este último movimiento. En los años sesenta su obra podía adscribirse al neorrealismo, si bien en sus poemas más recientes tampoco hay cabida para descripciones exuberantes o metáforas. La misma aversión a lo demasiado poético, aunque diluido con una buena dosis de humor y jazz, puede señalarse en la obra de Jules Deelder, que a partir del fin de la década de 1960 causó furor sobre todo asimismo como performer.

También Cees Nooteboom, que debutó ya en 1956 y mantenía lazos de amistad con un cincuentista como Hugo Claus, es un claro representante de la poesía holandesa posterior al Movimiento de 1950. Escribe poemas calmos, a menudo contemplativos, que combinan una ligera melancolía con un espíritu invariablemente cosmopolita.

Mientras en los años intermedios dominaban eminencias como Rutger Kopland, Judith Herzberg y Hans Faverey, hubo que esperar hasta fines de la década de 1980 para que un siguiente grupo declarara la revolución en la poesía: los Maximales, quienes, como los ochentistas casi un siglo antes, opinaban que era hora de despertar a la poesía holandesa de su letargo y que le vendrían bien menos reflexión y minimalismo y más «bullicio callejero».

El grupo, compuesto por Joost Zwagerman y Pieter Boskma, entre otros, no tardó en disolverse, pero desde fines de la década de 1980 y principios de la década de 1990 la poesía holandesa parece haber remontado vuelo. En pocos años aparecieron autores importantes como Arjen Duinker, Tonnus Oosterhoff, K. Michel, Esther Jansma, Anne Vegter y Nachoem M. Wijnberg, que en ningún caso podrían catalogarse de epígonos de los Maximales, pero que sí dan cuenta claramente de un estado de libertad poética que persiste hasta el día de hoy en la poesía holandesa.

A partir de la década de 1990 se registra una gran diversidad de formas y poéticas, y la mayoría de los poetas determinantes del momento prefieren desarrollar sus propias poesías específicas a dejarse aglutinar bajo el común denominador de un grupo o corriente.

Con el correr de los años noventa, por otra parte, las presentaciones en público se han convertido en un elemento importante del oficio de poeta: aunque muchos siguen dando prioridad al texto escrito tal como puede leerse en un poemario, la mayoría de los autores contemporáneos se presentan muy regularmente en público y se esfuerzan por sacar a la luz su poesía de la mejor manera posible también durante esos recitales. Esta evolución ya se inició antes del advenimiento de la slam poetry de la mano de poetas jóvenes como Hagar Peeters, que realizó su primer recital oficial justo antes del cambio de milenio, pero que ya años antes había adquirido notoriedad en los escenarios pop y de poesía nacionales con sus poemas claros e incisivos. También a un poeta como Tsead Bruinja le gusta presentarse en público y lo hace con frecuencia, a veces acompañado de músicos o bailarines. Cabe señalar que en la presente publicación Bruinja es el único autor que no escribe exclusivamente en neerlandés, sino también en la segunda lengua oficial de nuestro país: el frisón. Cerca de 600.000 personas hablan este idioma, concretamente en la septentrional provincia de Frisia, y existe un grupo vital de jóvenes poetas frisones. Su poema Brêgeman (Guardapuente), incluido en esta recopilación, está originalmente escrito en frisón.

La incrementada orientación al performance y el creciente interés del público por las presentaciones «en vivo», por otro lado no implican en absoluto que en la actualidad nuestra poesía ya solo aspire a ser transparente y asequible. Al contrario: el capricho y el experimento están bien representados entre una parte de los poetas más importantes del momento. Incluso Anne Vegter, la actual «poetisa nacional», debería ser calificada más como una autora experimental enfocada en el lenguaje que como una poetisa anecdótica aficionada al parlando. En sus textos, el ritmo palpitante de la lengua y el juego con asociaciones semánticas inesperadas desempeñan un papel casi tan importante como –por ejemplo– en los poemas de Arjen Duinker o K. Michel, autores muy influyentes ambos, que en sus obras exploran a discreción los límites de lo poéticamente posible. Los poetas como Vegter, Duinker y Michel pueden considerarse los precursores de la generación de colegas más jóvenes, que se sienten virtualmente libres de escribir en cualquier registro imaginable y de hacer incidir la confusión y fragmentación de la realidad contemporánea hasta en el nivel del lenguaje.

Al mismo tiempo sigue habiendo, también entre los jóvenes, autores muy interesantes que encaran la poesía de una manera más tradicional y artesanal. Menno Wigman, otro notable performer –dicho sea de paso–, es un claro ejemplo de ello. Con un formalismo de tintes clásicos, en un estilo influenciado por las tradiciones europeas anteriores (piénsese en Baudelaire, Rilke, Yeats), crea imágenes muy contemporáneas de la vida actual en la gran ciudad.

Entre estos dos extremos fluye una corriente muy ancha de (jóvenes) poetas, a la que también pertenecen Ester Naomi Perquin y Sasja Janssen, por ejemplo, que por otra parte quizá tiendan a acercarse más a Wigman (Perquin) o a tener puntos en común con Vegter (Janssen), pero cuya poesía, caso por caso, suena ante todo como la del poeta con el que tienen más afinidad: ellos mismos.

La resonancia simultánea y en relativa armonía de tantas voces tan distintas refleja el carácter abierto, la variedad y la vitalidad del actual paisaje poético holandés. Por un lado, cada autor hace más o menos lo que le parece y, por otro, los poetas se encuentran con frecuencia en incontables podios y festivales literarios del país, produciéndose de ese modo un intenso intercambio personal y artístico. Por el momento todavía no hay señales que indiquen el fin de este período de auge: en el delta, la selva lluviosa de la poesía no hace más que crecer. De la mano de once distinguidos poetas, los invito a aventurarse en ella.

 

 

 

 

 

Thomas Möhlmann (1975) es poeta y especialista en poesía en la Fundación Neerlandesa de Letras. Es redactor de los sitios web internacionales de poesía Poetryinternationalweb.net y Lyrikline.org, así como de la revista de poesía holandesa Awater. Publicó seis poemarios propios y compiló once antologías para editoriales en Holanda, Reino Unido, Macedonia y Argentina.