La poesía de la experiencia y su oficio ético ante el mundo: El programa de Luis García Montero. Por Fernando Salazar Torres

 

 

Fuente imagen: http://www.cervantesvirtual.com/portales/luis_garcia_montero/

 

 

 

 

 

 

Este ensayo se publicó originalmente bajo el título "La poética de la experiencia y su oficio ético ante el mundo" en el libro Cuadernos de poesía panhispánica (Ediciones Literatura Americana Reunida, 2018), pp. 131-142, el cual reúne distintos ensayos escritos por poetas y académicos sobre la lírica contemporánea. Los editores de este volumen son los poetas Mario Calderón y Alí Calderón y lo pueden adquirir a través del siguiente enlace.

 

 

https://circulodepoesia.com/libreria/cuadernos-de-poesia-panhispanica/

 

 

 

 

La poesía de la experiencia y su oficio ético ante el mundo:

El programa de Luis García Montero

 

 

Fernando Salazar Torres

Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

 

 

La obra de Luis García Montero es muy amplia, si se consideran sus libros críticos, poemarios, antologías, además de las extensas monografías y estudios realizados alrededor de su trabajo literario. Pese a esta significativa labor, poco se ha revisado la genética de la poesía de la experiencia, como así es conocida, en el mundo académico e intelectual, este proyecto, el cual ha sugerido una nueva sensibilidad. Desde sus orígenes ha provocado reflexiones encontradas, muchas de ellas motivadas por las posturas y formulaciones sobre cómo debe ser la poesía. No sólo se trata de definir características estilísticas, sino de reconstruir los motivos literarios e históricos, que hicieron de la poesía de la experiencia la otra alternativa cuya finalidad radica en darle un diferente tratamiento al lenguaje. Toda gran inquietud por buscar otra sensibilidad en la poesía exige la ansiedad de encontrar otro lenguaje poético; es decir, en literatura, en general y, en poesía, en particular, toda preocupación por el lenguaje implica necesariamente una preocupación estética. Este es el caso de su preceptiva, pese a los argumentos de sus adversarios y las discrepancias que su programa pudiera provocar.

El lenguaje pertenece a las distintas tradiciones en medida de su reconstrucción y representación y, dentro de la literatura universal, la herencia poética suma una variedad heterogénea de propuestas. En este caso particular, la tradición formal de la poesía del Siglo de Oro y la influencia de autores de la Generación del 27, son los precursores que le permitirían a García Montero construir su voz, la otra sentimentalidad; sin embargo, su programa poético va más allá de lo estético, tanto en su dimensión estructural como en su ámbito de pensamiento. “La otra sentimentalidad” es una suerte de acta poética donde se explican los elementos de una nueva sensibilidad que está más próxima a un dictado que replantea la moral y la ética de  una época, que el interés puramente estético por desarrollar alguna preceptiva literaria. En el enlace siguiente puede leerse completamente dicho manifiesto. [http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/la-otra-sentimentalidad-0/html/00b3e69a-82b2-11df-acc7-002185ce6064_2.html#I_0_] (Fecha de consulta: 5 de octubre 2018).

Percibo en sus postulados un interés axiológico previo a todo aspecto creativo; existe una posición moral y ética como fundamento. Para explicar el tema considero el breve ensayo de García  Montero, El oficio (poesía y conciencia), publicado en Reinventar el lirismo. Problemas actuales sobre poética (Valparaíso, 2016). El poeta español advierte su posición en un tiempo de crisis caracterizado por la desigualdad social, la injusticia y el desequilibrio económico. En las tesis halladas dentro del escrito mencionado distingo la importancia y posición del poeta en la sociedad, de su papel y su impacto en la realidad. La poesía de la experiencia, me parece, esboza un valor mayor respecto al tema social y éste como antelación a toda construcción estética.

 

[…] incluye el Antonio Machado más cercano a la intimidad narrativa, pero también abarca la herencia previa de un Bécquer coloquial y la renovadora poética de un Campoamor, con humor y distancia. Esto significa, de entrada, la constitución de una actitud y de un programa temático, pero sería bien poco si no hubiera supuesto, a la par, una reflexión sobre la idoneidad del lenguaje apropiado. Y hacerlo así ha supuesto también releer el «Historial de un libro» de Luis Cernuda y la franqueza arbitraria y socarrona de Jaime Gil de Biedma, mezclada con la lúcida piedad y la rotundidad constructiva de los poemas de Joan Margarit, entre los más obvios acreedores, pero también, revisar —de la mano de los últimos— los versos y los artículos de W.H. Auden y, por decisión propia, reencontrar en la poesía de Rafael Alberti, tras el este reotipo de «poeta de circunstancias», la continuidad de un escritor más hondo de lo que dejaba ver la contagiosa simpatía, y más dramático de lo que permitía suponer su alegría de juglar. (Mainer, 16)

En esta breve cita son notables las referencias inmediatas que García Montero tomaría al principio de su escritura, no obstante, el interés por mostrar un principio moral y ético antes que estético fue su verdadero propósito. Y, en efecto, aunque no es la primera vez que se da este fenómeno artístico, su impronta marca un hito en la poesía española y, creo, ha traspasado su continente e influido en algunos poetas hispanoamericanos. Dentro de la tradición hispanoamericana, sin duda, César Vallejo es un autor en cuya obra se expresa una preocupación verdaderamente humana, existe una consciencia por los demás, en especial por los desheredados. Trilce (1922) y el poema póstumo España, aparta de mí este Cádiz (1939), incluso la serie de poemas en prosa, Poemas humanos (1939), serían uno de los muchos antecedentes, que tenían por motivo la comprensión de la humanidad, aunque, evidentemente, el ejercicio del verso y de la estructura del poema es bien distinta en Vallejo y en García Montero. Fuera del idioma español, los poetas futuristas rusos serían un ejemplo más y la lista puede extenderse.

Las tesis de García Montero son explicadas en El oficio (poesía y conciencia) (2016) como un esquema desarrollado en su poemario Un invierno propio (2011). Distingo seis postulados que a continuación cito textualmente.

1.- La vocación supone una apuesta clara de vínculo social a través del oficio, y no porque los compromisos externos invadan el ámbito propio, sino porque la inquietud personal necesita abrirse, desarrollarse, romper la frontera entre lo privado y lo público. (García Montero, 268)

2.- Me gusta pensar, a la hora de hacer mi equipaje ético, que el poeta representa a cualquier ser humano que pretende ser dueño de sus propias opiniones. […] El oficio implica artesanía, toma de decisiones sobre las palabras, voluntad de conciencia, disposición de tiempo para mirar y esperar. (García Montero, 269)

3.- El mundo, sin duda, necesita respuestas tecnológicas, científicas y políticas para ordenar una economía más justa. Pero ninguna servirá de nada si no hay una conciencia humana capaz de imaginarse la vida de los demás y de sentir pasión o compasión junto a los otros. (García Montero, 270)

4.- La presencia del lector es tan importante como la del autor en el hecho poético. Reivindica la conciencia como punto de partida para dialogar con los otros. (García Montero, 273)

5.- El amor desata un tipo de convicciones en el deseo de ser y estar que supera los argumentos más rotundos del pesimismo y de las entidades cerradas. (García Montero, 279)

6.- Quería contar el mundo, tomar conciencia de su precariedad, transformarlo, y el modo más adecuado que encontré fue el oficio de poeta. (García Montero, 282)

 

Me interesa identificar a dos poetas, de otra lengua y de otra tradición, como los antecedentes modernos, quienes inscriben en su pensamiento una postura moral como ideal para alcanzar una estética, talante muy semejante al que la poesía de la experiencia asume en estas seis normas; además, aquellos autores servirían de modelos porque su postura también ocasiona una transformación real para la sociedad a partir de la poesía, algo que interesa en mayor medida al autor de Habitaciones separadas (1994). Tales referentes son el estudio Sobre poesía ingenua y poesía sentimental redactadas entre 1795-1796, de Friedrich Schiller, y el prólogo a las Baladas líricas publicadas en 1800, de William Wordsworth. Los vínculos entre la poesía de la experiencia y los postulados hallados en estos documentos románticos permiten registrar cierta afinidad entre ellos, también permiten suponer el génesis de la poética de García Montero. Si bien algunos estudiosos han sugerido las relaciones entre éste y Wordsworth, no he encontrado alguien que aluda a las familiaridades que pudieran encontrarse con las ideas de Schiller. Y es que las aproximaciones trazadas en los libros del poeta alemán y el inglés son esenciales; es inevitable eludir varios rasgos de la poesía ingenua y sentimental en la obra de Wordsworth y, por tanto, la asimilación que García Montero haría indirectamente de dicha poética puede resultar de justificación.

El interés moral de los románticos derivó de la necesidad de construir una nueva mitología que diera identidad a una nación en construcción, la alemana. En el caso del poeta español la cuestión moral fue una urgencia social y hasta vital dada la circunstancia política vivida durante la dictadura del gobierno de Francisco Franco la cual tuvo un periodo de duración de 36 años, 1939-1975.

García Montero nace en 1958, en ese año el franquismo ya llevaba casi 20 años de opresión. La Historia constituye un hecho literario como sucede con regularidad. Este autor afirma en el ensayo señalado que “la poesía es una experiencia de meditación, un equipaje”, el equipaje ético representa a cualquier ser humano, incluso al propio Franco. Bajo tal supuesto, cualquiera podría pensar en la literatura de formación, supuesta la idea del viaje y el proceso de constitución del personaje mismo que se desarrolla a lo largo del acto de escritura, aunque este no es el caso. La poesía como equipaje refiere a un espacio de contemplación, en otros términos, es el oficio del poeta que piensa e imagina la vida de los otros con la finalidad de lograr una conciencia humana y, con ello, el ideal moral se liga, mediante el lenguaje, a una comunicación más inmediata y directa con los lectores. El procedimiento para alcanzar dicha teleología es el tratamiento hecho al lenguaje (postulado 2). La actividad del poeta, como oficio ético, alcanza un planteamiento estético (postulado 4).

El oficio del poeta es, en primer lugar, un estado social, y, después, estético. Ambas funciones se encuentran alrededor del lenguaje. El primero, lo social, deriva del sentimiento moral, que permite adquirir la imaginación y consciencia humanas como condición necesaria para sentir al resto de la humanidad, pues la compasión, al ser un rasgo ético es, al mismo tiempo, un modo de pensar poético. Los seis postulados lo confirman. El segundo rasgo, lo estético, principia en algo tan elemental, la elección de las palabras al momento de componer el poema cuyo propósito es ser claro y tener alcance para el mayor número de personas (postulados 2 y 4). En suma, la poesía de la experiencia tiene mayor interés en ser comprendida y, para ello, su prescriptiva, independiente de la forma y estructura líricas, requiere de un lenguaje sencillo, cercano a la gente de tal modo que, me parece, la poesía sí tiene utilidad, salva a la gente. El propósito moral es doble: por una parte, la poesía debe ser compasiva y, por otra, útil, práctica para la vida.

Sin embargo, esto no siempre fue así. A partir del Romanticismo,[1] al arte se le ha atribuido rasgos sobrenaturales; la poesía moderna rompe con el naturalismo y realismo, incluyendo el principio de realidad en la novela, a favor de la polisemia y el esmero en expresar mayor importancia al sentido que al significado. Los propios poetas de la tradición francesa e inglesa modernos construyeron el modelo del poeta como el pequeño dios, así lo sostuvo Vicente Huidobro en su acta poética (1916)[2] e igualmente otros artistas. Entonces la poesía no era para el común de la gente sino exclusiva para unos cuantos, en especial en esa época, entre el siglo XVIII y XIX, el arte, en general, se volvió burgués. Y los seis postulados de García Montero buscan invertir este hecho cultural.

Justamente Schiller es heredero de este planteamiento. En el libro señalado, el autor distingue entre poesía ingenua y poesía sentimental. La primera de estas se caracteriza por su espíritu joven e insensible; el poeta ingenuo no yerra porque su imitación o representación literal de la naturaleza lo hace así, pues el autor obra como unidad, es un todo autónomo y completo, y representa al hombre en su realidad, de acuerdo con su pleno contenido. Estas nociones están muy cercanas a los planteamientos que García Montero establece en El oficio (poesía y conciencia). La segunda, la poesía sentimental, se distingue por la búsqueda de la Naturaleza y su sensibilidad; al poeta sentimental le estorba la naturaleza por sus límites, pasa de un estado de imitación a otro de infinitud. Lo que hay en común en ambos principios es la transfiguración de lo real en ideal; dicho ideal se hace consciente en el ser humano en su condición de necesidad por lo perdido o extraviado, la denominada edad de oro por algunos poetas románticos. Esto se caracteriza por un hondo dolor que altera sus estados, haciéndolos sensibles y vulnerables para alcanzar una paz. Esta condición debe ser representada como objeto de armonía moral. En esto radica el programa estético del Romanticismo. Solo un estado de paz sensible es objeto de representación para la armonía moral. El estilo de García Montero, en este caso, se parece más al modelo del poeta ingenuo, pues, en contraste, eso llamado infinito propio del poeta sentimental se asocia a la construcción de un lenguaje hermético, metafórico y/o rebuscado el cual significa más allá de lo que las palabras refieren, y este supuesto va en contra de la poesía de la experiencia,[3] (postulados 2 y 4). La vida como móvil para activar la historia, así pues la poesía al alcance de todos, si es posible, significa la compasión y el impulso moral como ideal para transformar a los seres humanos y a las sociedades (postulados 2, 5 y 6).

Estas tesis son irreductibles a temas, se trata, en realidad, de procedimientos lingüísticos. Los poemas de García Montero no son plenamente sociales, revolucionarios o políticos, más bien está presente una preocupación, de manera constante, a través del lenguaje natural e inteligible por erradicar el modelo del poeta moderno, que durante mucho tiempo permeó el campo intelectual. Un ejemplo a continuación de la valía de la realidad por encima del aspecto grandilocuente se presenta en este poema que funge como acta estética:

 

Poética

 

Ya sé que otros poetas

se visten de poeta,

van a las oficinas del silencio,

administran los bancos del fulgor,

calculan las esencias

los saldos de sus fondos interiores,

son antorchas de reyes y de dioses

o son lengua de infierno.

 

Será que tienen alma.

Yo me conformo con tenerte a ti

y con tener conciencia.

(García Montero, 11-12)

 

La influencia de la obra de Wordsworth en la de García Montero es más directa y notable que la del propio Schiller. El autor de las Baladas líricas contiene en el prólogo a estas una serie de afirmaciones por demás análogas a las que después se desarrollarían El oficio (poesía y conciencia).

Así pues, el poeta deseará acercar sus emociones a las de la gente cuyas emociones describe, o mejor, introducirse a sí mismo, quizás durante cortos espacios de tiempo, en una completa ilusión e, incluso, confundir e identificar sus propias emociones con las de ellos, modificando el lenguaje que de esta manera se le insinúa teniendo en cuenta solamente que él describe con una intención concreta: la de producir placer. (Wordsworth, 44)

 

Esta hipótesis literaria resumiría los seis preceptos de la poesía de la experiencia: supresión de la frontera entre lo público y lo privado, la manipulación del lenguaje como comprensión del otro, la compasión del prójimo como placer, la importancia del lector en el esquema de comunicación, el tema del amor, y la conciencia-transformación del mundo efectuada por el poeta. Utilizar el lenguaje de la gente en la poesía no se reduce a un recurso retórico ni exclusivamente estilístico, sino a un hecho compasivo, es decir, de entendimiento hacia el prójimo. El fenómeno lingüístico como artificio para trasmitir las emociones es en el fondo un precepto moral. El compromiso cívico se vuelve un hecho estético en el procedimiento de la lengua, tal como Schiller lo asumió en sus tesis sobre la poesía ingenua y la poesía sentimental. Aquí también puede encontrarse el impacto de lo real. La gente en la vida diaria utiliza un lenguaje natural, cristalino y aunque el lenguaje en sí mismo ya es una metáfora, el peso de lo referencial es más relevante que la construcción metafórica; el propósito central trata de que en los poemas estén presentes los “hechos y situaciones de la vida ordinaria y relatarlos o describirlos todos, hasta donde fuera posible, mediante la selección del lenguaje que la gente utiliza en la vida real” (Wordsworth, 25).

En suma, la genealogía de la poesía de la experiencia se halla en la lírica romántica aunque su fuente más inmediata sea la teoría del poeta inglés. Esta afirmación pareciera temeraria pero el riesgo que tomo para concluir esto me lo constatan los seis postulados definidos en El oficio (poesía y conciencia). Wordsworth y Schiller corresponden al mismo tiempo y por ello sus tesis son semejantes. Una manera de ampliar este estudio sería revisar las similitudes entre la poesía del Romanticismo con la obra de Antonio Machado, Rafael Alberti y Federico García Lorca quienes son la influencia más inmediata en nuestra lengua de García Montero.

 

 

 

 

 

 

Bibliografía

 

García Montero, Luis. Poesía completa, 1980-2015. Barcelona: Tusquets, 2015. Luis García Montero. Web. 5 de octubre 2018.

--- . “El oficio (poesía y conciencia)”, en Calderón Alí y Gustavo Osorio de Ita, Reinventar el lirismo. Problemas actuales sobre poesía. México, Valparaíso, 2016. Impreso.

---. Una forma de orgullo. Bogotá: Universidad Externado de Colombia. 2017. Impreso.

---. “Alguien dice tu nombre”. Luis García Montero. Web. 5 de octubre 2018.

---. “La otra sentimentalidad”. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Web. 5 de octubre 2018.

Huidobro, Vicente. Obra poética. Madrid: conaculta-fondo de cultura económica. 2003. Impreso.

Mainer, José-Carlos. Prólogo, en García Montero, Poesía completa, 1980-2015. Barcelona: Tusquets. 2015. Impreso.

Moga, Eduardo. “Poesía ante la incertidumbre. Antología (nuevos poetas en español)”. Letras Libres, número 156, pp. 86-88. Impreso.

Sánchez García, Remedios. El canon abierto. Última poesía en español. Madrid: Visor. 2015. Impreso.

Schiller, Friedrich. Poesía ingenua y poesía sentimental. Madrid: Verbum. 1994. Impreso.

Wood, James. Los mecanismos de la ficción. Madrid: Gredós. 2009. Impreso.

Wordsworth, William. Prólogo a las Baladas líricas. México: Universidad Nacional Autónoma de México. 2005. Impreso.

 

 

 

 

 

[1] La libertad es el eje de la razón en el Romanticismo, pero una libertad moral la cual no aleja al ser humano de la verdad y la necesidad de la naturaleza. Esta libertad es un instinto que tiene parentesco con la capacidad poética. El instinto moral no es instinto fisiológico o natural propia del organismo que tenga que ver con el funcionamiento de la naturaleza misma, sino un instinto de la conciencia. La naturaleza hace lo suyo a este respecto liberando al ser humano artificioso y moderno de la cultura; la labor de ella se encuentra en reestablecer su relación con el genio poético. (Schiller, 28-30).

[2] El poema Arte poética termina con el verso “El Poeta es un pequeño Dios” (Huidobro, 2003: 391). Esta aseveración es constante en el poeta chileno a lo largo de su obra poética y manifiestos. Esta idea también la desarrolla Gustave Flaubert. “Un autor en su trabajo debe ser como Dios en el universo, presente en todas partes y no visible en ninguna”. (citado en James Wood, 42-43). Alrededor de estos planteamientos, la Filosofía y la Teología del idealismo alemán han servido como modelo. Ciertamente esta es una manera poética que tuvo, por lo menos, 200 años de producción.

[3] Ciertamente los rasgos  que pudieran comprenderse entre la estética romántica y la de la experiencia responden más a aspectos sociales, culturales y morales que a alguna intención verdaderamente consciente por seguir un programa poético. García Montero recupera un hecho y acto culturales de relevancia para todo pueblo: la necesidad de recuperar la paz y la armonía en un contexto en el que la violencia, la opresión y la ruina de los escrúpulos han hecho de una nación la derrota de la identidad y el pensamiento humanos. En la cita que sigue, se explica el estilo de la poesía ingenua y la poesía sentimental. A partir de estas características es más fácil inferir las similitudes antes señaladas entre las poéticas.

 

Pero si el poeta ingenuo aventaja por un lado al sentimental en la realidad de su objeto y puede dar existencia sensible a aquello para lo cual el sentimental sólo puede provocar un vivo anhelo, el sentimental tiene a su vez sobre el ingenuo la gran ventaja de que está en condiciones de dar al anhelo un objeto más grande que el que el ingenuo ha logrado y podía lograr. Sabido es que toda realidad se queda a la zaga del ideal; todo lo existente tiene sus límites, pero el pensamiento es ilimitado. Así es que de esa limitación, a que toda cosa sensible está sometida, padece también el poeta ingenuo, mientras que la absoluta libertad de la ideación viene a beneficiar al sentimental. El uno cumple pues su cometido; pero ese cometido es ya de por sí de alcance limitado; el otro, aunque ciertamente no cumple del todo el suyo, tiene por misión un infinito. También en este punto puede ilustrarse a cada cual su propia experiencia. De la lectura del poeta ingenuo pasa uno fácil y gustosamente a la efectiva actualidad; el sentimental siempre nos predispone, por unos instantes, con la vida real. Esto proviene de que la infinitud de la idea dilata nuestro espíritu, por decir así, más allá de su diámetro natural, de suerte que nada de cuanto existe puede ya llenarlo. Preferimos sumergirnos contemplativamente en nosotros mismos, donde para el anhelo excitado encontramos alimento en el mundo de las ideas, en lugar de tender hacia objetos sensibles proyectándonos fuera de nosotros. La poesía sentimental es fuente de recogimiento y silencio, y a ello nos invita; la ingenua es hija de la vida, y a la vida vuelve a conducirnos. (Schiller, 74-75)

 

 

 

 

 

 

 

Fernando Salazar Torres: (ciudad de México). Poeta, crítico literario, ensayista y gestor cultural. Licenciado en Filosofía por la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa (UAM-I). Maestría en Teoría Literaria (UAM-I). Estudia el Doctorado en Literatura Hispanoamericana en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) con estancia de investigación en la Universidad de Salamanca (Usal). Ha publicado el poemario Sueños de cadáver y Visiones de otro reino. Su poesía y ensayos se han publicado en distintas gacetas y revistas literarias impresas y electrónicas. Su poesía ha sido traducida al inglés, italiano, catalán, bengalí y ruso. Director de la revista literaria Taller Ígitur Coordina las mesas “Crítica y Pensamiento en México” y “Diótima: Encuentro Nacional de Poesía”. Dirige el Taller Literario “ígitur”. Colabora en la revista literaria “Letralia. Tierra de Letras” con la serie de poesía mexicana “Voces actuales de México” y “Poesía española contemporánea”. Es miembro del PEN Club de México.

 

 

 

 

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