Ensayo

La poesía amorosa árabe y su influencia en al-Ándalus. Por Mar Gómez Renau

 

 

 

 

La poesía amorosa árabe y su influencia en al-Ándalus

 

Arabic Love Poetry in Al-Andalus

Mar Gómez Renau, Universidad de Valladolid

 

 

 

Resumen: El objetivo de este artículo es presentar una visión general de la poesía árabe porque es la más antigua manifestación literaria de los árabes, mucho antes de que existiera la escritura. Esta poesía nació, en tiempos muy antiguos, en las estepas desérticas de la Arabia Central y Septentrional y en ella el amor ocupa un lugar principal, y, a través de unos versos hermosísimos, la mujer fue, unas veces sublimada y otras amadas apasionadamente.

Palabras clave: poesía árabe, mujer, Al-Andalus.

Abstract: Tje aim of this paper is to present an overview of the Arabic poetry as it stands as the oldest litarary witness that predates writting. This poety came to light in the desertic plain of Northern and Central Arabia and love is the main topic in it. Through its lines we learn that women sometimes were sublimated and another times they were deeply beloved. Keywords: Arabic poetry, women, Al-Andalus.

 

 

 

 

La poesía es la más antigua manifestación literaria de los árabes, mucho antes de que existiera la escritura, ya que surgió, en tiempos muy antiguos, en las estepas desérticas de la Arabia Central y Septentrional; esta poesía refleja la vida pobre y ruda de unas tribus nómadas errantes por los desiertos de Arabia cuyos poetas supieron cantar con una gran belleza y plasticidad los más hermosos versos amorosos, dedicados a la mujer que aparece unas veces sublimada y otras amada apasionadamente.

Esta concepción del amor es conocida en la literatura árabe como amor udrí. Para comprenderlo es necesario estudiar el carácter tribal y clánico de estos hombres beduinos que obedecían, sin servilismos, a la autoridad de un jefe, sayyid, libremente reconocido, ligados por una solidaridad de sangre o asabiyya, que constituye la ley fundamental del desierto. El pastoreo y la guerra son sus ocupaciones principales, el caballo y el camello constituyen su compañía cotidiana, las armas su instrumento necesario y la poesía una necesidad vital done expresar sus sentimientos más íntimos, que plasmaban en unos versos para acompañar la andadura de sus camellos.[1] Para los árabes posteriores la lengua poética de la Yahi-liyya ha sido un modelo inigualable, cuya tradición ha pesado extraordinariamente sobre el desarrollo de la vida literaria de todos los tiempos. La beduinidad no es un arcaismo sino una inmersión en la conciencia eterna de los árabes. El amor mueve el mundo y es el tema principal de todas las culturas y de todas las épocas.

El amor es una realidad que nunca ha dejado de excitar el genio creativo de pueblos y culturas y cada tradición cultural desarrolla un clásico exponente de lo más sublime y elevado que considera expresable en el ámbito del amor humano. El amor se expresa en árabe con la palabra isq que indica a la vez ‘amor/pasión’ y que es el sentimiento más común que los poetas árabes han plasmado en unos versos de gran belleza estética y sensual.

Una característica de la mentalidad de los beduinos de la época preislámica es una frenética adoración por la belleza física de la que se sienten arrastrados y sólo pueden defenderse de sus efectos corrosivos, estilizándola. En árabe la belleza se expresa con las palabras Husn y Yamal y como dice Puerta Vilchez «estos son los términos con más claras evocaciones estéticas al recoger los sentidos tanto absolutos como particulares, éticos y estéticos con que nosotros nos referimos cotidianamente a los mismos».[2] El término belleza isq en árabe significa igualmente ‘amor/pasión’ y es la belleza física la que hace arrastrarse a los amantes hacia ella en levitación irresistible, y de una forma arrebatadora e irremediable.[3] El amor ya era un tema de debate en la literatura árabe de los siglos IX y X. El poeta árabe Ibn Qutayba (828–899) decía que el amor «es lo que más atrae el corazón del hombre»;[4] otro autor Sukri Faysal, dice que el amor «es el tema principal de la poesía árabe y las pasiones son las que suscitan, en el alma del poeta, los otros asuntos, pues el amor es la fuente principal y la fuerza motora».[5] Y por último Al-Yahid (776-868) dice que el amor «es el sentimiento que las mujeres evocan en los hombres y que tiene preeminencia en sus valores vitales».[6]

Para comprender esta poesía es necesario comenzar haciendo una pequeña introducción de lo que los términos ‘belleza’ y ‘amor’ significan en la cultura árabe.[7]

Para el autor árabe Al-Rayib «la belleza es el cúmulo de hermosura y puede ser de tres clases: una belleza específica del ser humano, de su espíritu, su cuerpo o sus acciones». También en el Corán se dibuja el concepto platónico de que la belleza es la generadora del amor, y para Ibn Hazm de Córdoba el ideal de la perfección comprende tanto la belleza física como intelectual y dice textualmente «el poder de atracción que tiene la belleza y la capacidad del amor para trastornar la razón son una constante en la teoría del amor y la estética».[8] Este concepto polivalente del amor y belleza es aplicado en el mundo medieval árabe tanto al sexo femenino como al masculino.[9]

Dentro del corpus literario árabe se distinguen varias concepciones y tratamientos del tema amoroso, agrupables en tres aspectos principales a través de los distintos periodos históricos: a) amor natural, deseo de perfección que experimentan los seres y que en el caso del afecto humano puede exacerbarse en pasión e incluso sublimarse en adoración; b) amor intelectual, consistente en la aspiración a contemplar la belleza y perfección del ser amado; c) el amor divino, o más precisamente la aspiración a él.

Comenzaré con la poesía amorosa de la época preislámica porque responde a parte de las concepciones citadas y porque es la base de toda la cultura literaria del pueblo árabe. La poesía preislámica podemos definirla como «la expresión unilateral y estilizada de la primitiva sociedad árabe antes de que llegara el Islam y le diera un nuevo rostro y una dinámica fe».[10] Si bien, hoy día, es ininteligible para el vulgo y comprensible, sólo en parte, por las personas cultas, vulgo y élite siguen viendo en ella un título de nobleza y un blasón de espiritualidad de la antigüedad árabe al que se sienten apegados sentimentalmente. A través de esta poesía habla la Yahiliyya[11] que es la ignorancia o barbarie del pueblo árabe antes de que viniera a iluminarlo y civilizarlo el profeta Muhammad.

Si el elemento nómada es importante en la cultura árabe tanto a nivel histórico como imaginario, no lo es menos el elemento urbano tras la expansión del Islam, en cuyo primer siglo se va a recopilar una poesía de amor que no es sólo la introducción de una qasida sino algo más profundo que abarca toda ella. Esta poesía tiene dos formas una beduina y otra cortesana, ambas cultivadas posteriormente en Al-Andalus.

Esta poesía primitiva presenta difíciles interpretaciones, derivadas de las diversas interpolaciones que recibió cuando fue compilada, a partir del siglo II de la hégira (siglo X d. C.), es decir lejos ya de su contexto original, casi un siglo después de la eclosión del Islam.[12]

La poesía preislámica fue divulgada y memorizada, por medio de la transmisión oral, de generación en generación y más tarde escrita y reelaborada y las primeras recopilaciones que se hicieron de ella recibieron el título de Mu’allaqa, ‘colgadas’ y que la tradición dice que están escritas en letras de oro y colgadas en la ka’aba, pero esto responde a una idealización. En esta primera recopilación están recogidas la quintaesencia de la antigua poesía árabe. Dicha poesía estuvo viva en todos los órdenes de la cultura como referente del pensamiento estético y se convirtió en la fuente inagotable de imágenes y en el punto de referencia inexcusable de la cultura árabe islámica. Quién las lee se queda suspenso.[13]

Se canta en unos versos del género denominado qasida, que es un poema monorrimo, siempre en consonante y de métrica cuántica, donde el poeta traza el retrato de la mujer amada con más o menos detalles de gusto y de decencia. La qasida tiene tres partes: una primera que es un prólogo y se le llama Nasib, es una elegía amorosa, dónde el poeta recuerda sus amores, siempre frustrados, ante los restos que ha dejado la tribu de su amada en su vida nómada. La segunda parte es conocida como Rahil en la que el poeta describe el deambular por las zonas desérticas y la tercera Madih que es una elegía o sátira al personaje al que va dirigida la qasida. En toda la poesía se reflejan los sentimientos del árabe beduino, nómada, pastor de camellos, en un medio hostil, con los rígidos códigos tribales, por lo que el sentimiento amoroso les eleva a unas cotas altísimas de pasión y sensualidad. Las qasidas se recitaban para fortalecer a la juventud de la tribu respectiva y educarla en el dominio de sus pasiones.

Los poetas eran muy numerosos y pertenecían a todas las tribus y a todas las condiciones sociales porque el encundio de una tribu estaba en la elocuencia de sus poetas. Cantaban fundamentalmente al amor de su amada y como dice Sobh, «creían que en la mujer existía una potencia mágica y unas ondas que influían en el alma y en el cuerpo simultaneamente».[14]

La temática de la poesía amorosa preislámica es muy amplia: encuentros entre los enamorados que se producían generalmente en los pozos, cuando iban a sacar agua, al mismo tiempo que cuidaban de los rebaños; citas también en las dunas, idilios bajo el cielo, amargas despedidas por las partidas de la tribu amada, constituían la parte esencial de esta poesía. Se repetían constantemente los obstáculos que existían entre los enamorados, la dificultad de la separación, las aventuras galantes, las alusiones a las vicisitudes de la pasión, la ruptura entre los amantes, los adioses sin retorno etc..todo ello envuelto en metáforas.[15]

La poesía de amor llamada udrí se caracteriza fundamentalmente por una gran pureza de sentimientos y por una decencia estética en la expresión, exaltada por la renuncia y el dolor y refleja unas relaciones entre dos amantes en el cuadro de la vida nómada. Se dice que «cuando ellos aman, mueren», mueren de una amor idealizado más que sexual, desprotegido de todo aspecto carnal y donde la sensualidad llega a los más altos niveles. Los hombres de esta tribu morían de amor por renunciar al goce de la amada:

Cuando llena de su embriaguez, se durmió, y se durmieron los ojos de la ronda, me acerqué a ella tímidamente, como el amigo que busca el contacto furtivo con disimulo. Me arrastré hacia ella insensiblemente como el sueño; me elevé hacia ella dulcemente como el aliento. Besé el blanco brillante de su cuello; apuré el rojo vivo de su boca. Y pasé con ella mi noche deliciosamente, hasta que sonrieron las tinieblas, mostrando los blancos dientes de la aurora»[16]. (Ibn. Suhayd de Córdoba (992–1034))

Esta configuración del amor encontrará, más tarde, desarrollos en la mística musulmana que influirá en la occidental, y también el denominado amor platónico.[17] La existencia de este género de amor udrí surgió en Iraq en la tribu de las Banu Udra que habitaba en el Hiyaz y se conoce genericamente por esta denominación a todo aquél amor que reviste las mismas cualidades de sinceridad y pureza, aunque este no se haya desarrollado en esta tribu ni en esta época antigua. Casi todos los poemas de este grupo de poetas son parecidos tanto en los sentimientos como en la expresión, hasta el punto de que sus versos pueden atribuirse indistintamente tanto a unos como a otros. La gran mayoría de estos poetas son hijos del desierto, hombres cuya estructura tribal se conserva en ellos viva. El poeta beduino refleja sus estado de ánimo y sus sentimientos alterados solamente por la convención poética de la vida tribal.

En esta poesía, esencialmente intuitiva, el poeta debía resolver el problema entre la forma y el contenido. Así como en griego la palabra poesía sugiere trabajo, elaboración, forma, en árabe Si’r indica conocer y/o sentir, es decir «percepción afectiva». Para un beduino la poesía es una cosa que se agita en su pecho y que sus labios profieren.

La famosa qasida de Imru-l-Qays, el más importante poeta de la Yahiliyya es la que mejor muestra la visión estética de la Arabia preislámica, y hoy día se exhibe en las paredes de algunas facultades por su universalidad.

«Deteneos y lloremos en memoria del ser amado y una morada, sobre el declive de la duna, entre ad-dajul y hawmal…», en esta poesía está representado uno de los modelos más claros de la visión estética de la Arabia preislámica.[18]

Los principios estéticos de la poesía preislámica han sido estudiados tradicionalmente partiendo de uno de sus temas capitales que es el de la mujer y la belleza femenina. En ellos están recogidos los prototipos de belleza femenina que son las representaciones de un ideal estético y donde el poeta expresa su nostalgia hacia una mujer de noble estirpe, alejada de toda ocupación, que aguarda al poeta, y que cuando este la contempla no puede sino quedar atrapado en su belleza.[19] Uno de los poetas que mejor expresa la concepción del amor udrí es Yamal Ibn Ma mar, en cuya poesía se funden los elementos platónicos en una renuncia total del amor corporal, pero donde la sensualidad alcanza los más altos niveles.

Los poetas de este género evocan el perfume de su amada y van recitando en sus versos las características que debe tener la mujer amada, tendida en un lecho de almizcle y durmiendo ociosa hasta el mediodía. La amada aparece esencialmente en la lejanía y no está al alcance de la mano, y, por tanto, de la caricia. No es algo que se acaricia y de que se goza, sino algo de que se está dolorosamente separado y que se echa de menos.

La mujer amada ha de ser Blanca como la aurora, para indicar que vive retirada y oculta:

 

Tan blanca es su cara, que cuando contemplas sus perfecciones, ves tu propio rostro sumergido en una claridad (Ibn Rabbihi de Córdoba (860–940).[20]

 

Su talle ha de ser gracil:

 

Su talle flexible era una rama que se balanceaba sobre el montón de arena de sus caderas y de la que cogía mi corazón frutos de fuego (Ibn Taliq)[21]

Y pasé con ella la noche, mientras la noche dormía y el amor despertaba entre la rama de su talle, la duna de sus caderas y la luna de su rostro (Al Marini)[22]

Tan quebradizo y fragil es su talle como opulenta y pingüe sus caderas[23]

 

Ha de ser esbelta, blanca, prieta y de busto bruñido como un espejo; su cabello negro como un carbón, su espalda garbosa y sus piernas como finos y frescos tallos de palmera; sus ojos lánguidos comparados a la mirada de una gacela. Sus dientes como brillantes, los labios como el vino:

 

Sus miradas eran de gacela, su cuello como el del ciervo blanco, sus labios como el vino y sus dientes como burbujas» (B. Jafaya de Alcira (1058-1138)).[24]

 

Sus caderas han de ser como las dunas, lo que provoca emociones voluptuosas de gran sensualidad:

 

Diríase que sus caderas eran un montón de arena sobre el que se cimbreaba la caña del talle (B. Hani de Elvira (m. 973).[25]

 

O la de otro autor Al Marini que dice:

 

Y pasé con ella la noche, mientras la noche dormía y el amor despertaba entre la rama de su talle, la duna de sus caderas y la luna de su rostro.

 

El poeta Hazim al-Qartayanni nos pinta el ideal de la mujer en una de sus más bellas poesías que empieza así:

 

Si la describes de arriba abajo es una luna sobre una rama, sobre un montón de arena, Y, si la miras de abajo arriba es un montón de arena sobre el cual se yergue una rama, sobre la cual luce una luna entre las tinieblas.[26]

 

Efectivamente el contraste entre la cadera pingüe y el talle frágil constituía la suprema belleza femenina, y sobre el cuerpo ondulante, envuelto en lujosas túnicas de colores bordadas de oro, surgía el rostro, bello y blanco como la luna, y donde los dientes blancos de la sonrisa parecían los pétalos de las margaritas.[27]

Para los especialistas estos poemas representan una estética determinada por una metaforización sucesiva que agrupa ciertas partes concretas del cuerpo femenino con adjetivaciones próximas a la percepción de los sentidos. Predomina la estética del contraste y de manera fundamental el carácter luminoso de la mujer, que se convierte en un elemento imprescindible de la estética yahilí, como vemos en este verso del emir de la poesía yahilí Imru l-Qays: «mi amada ilumina las sombras de la tarde como lámpara de un monje brillando en la noche». Este autor hace extensiva la imagen lumínica de la belleza corporal más allá del ámbito femenino. El resplandor en la mujer expresa la belleza y se relaciona con la idea de fertilidad, mientras que aplicado al hombre suele simbolizar inteligencia creadora y poder.

La poesía de amor udrí refleja, pués, un amor casto y único, libre de deseo, la sensualidad forma parte de su amor lo mismo que la fidelidad. «Aunque estaba pronta a entregarse me abstuve de ella y no obedecí a la tentación» como recita Ibn Faray. Esta concepción del amor repercutió en la Córdoba califal y Ibn Hazm, el más grande dahirí español, codifica este amor en su delicioso libro Tauq al-Hamama o El Collar de la Paloma, en el que nos pinta el amor, sus aspectos, causas y accidentes y cuanto en él o por él acaece. También el poeta granadino Ibn Mutarrif de Granada, en el siglo XIII se confiesa todavía conquistado por el amor de Iraq y nos canta un verso que denomina profesión de amor udrí’:

 

Yo soy como quieres y deseas, un amante apasionado, un poeta ilustre, noble y genero[1]so. El Iraq me ha amamantado al pecho de su amor; Bagdad me ha conquistado con su mira[1]da. Cuando el dolor se prolonga, cuando la vigilia se apodera de mis párpados, mi propio sufrir me sirve de descanso. Método que fundó Yamil y cuya rigidez aumentaron los que, como yo, vinieron después.[28]

 

Y un fragmento del murciano Safwan B. Idris recuerda el poema del beduino Hamza B.Alí Daygam, en que unos amantes pasan la noche juntos, detrás de las tiendas, bajo un perfumado manto, abrevados de casta retención, habiendo apenas calmado la sed del alma entre los labios.

Durante tres siglos todo el Islam, desde Bagdad a Murcia cantó y sistematizó el amor udrí.

Cuando la vida en el desierto va emigrando hacia las ciudades, florece una nueva poesía en el Hiyaz, en la franja occidental de Arabia, donde se encuentran La Meca y Medina, que aunque ciudades santas son, a pesar de ello, lugares de placer; los hombres mayores son piadosos, dedicados a la oración y al estudio, pero la generación de los jóvenes se manifiesta con una plena libertad de vida y de satisfacción de todos sus placeres.

La qasida conserva su forma a lo largo de toda la Edad Media pero sufrirá también continuas evoluciones, especialmente en su contenido que sirve de vehículo a los poetas de un medio cultural muy diferente al de los pastores de los camellos de las altiplanicies arábigas, Expresa las nuevas concepciones del amor en un escenario distinto en el juego amoroso, ya entre la homosexualidad. El Nasib la parte de la qasida dedicada al amor es el que mejor se presta a ser cantado. Nace una nueva poesía de tipo amoroso, de temas galantes como la de Abu Rabi’a, alrededor de amores imposibles, donde el desdichado amante muere de amor. Es una poesía con muchas connotaciones con el amor beduino y responde ya al juego galante de la poesía cortesana. Es el amor cortés árabe nacido a caballo entre el Hiyaz y Bagdad.

Cuando el Califato pasa de las manos de los omeyas, enamorados de la vida nómada, aristócratas beduinos de la vieja escuela, a la de los abasíes, déspotas del Oriente antiguo, encerrados en torres de autoridad, la poesía tradicional pierde un tanto su razón de vivir. El amor de los poetas ya no es el de una beduina libre y de magnífica belleza, sino el de las esclavas y cantoras encerradas en el gineceo, de amores difíciles e inmorales. Los poetas ya no conocen el sol ni el desierto sino las callejuelas, los palacios y los harenes.

La vida refinada de los abasíes va a influir en la poesía, que muestra el más enérgico esfuerzo de renovación y evoluciona de una manera amplia, reflejando una vida de música, canto y amor, llena de orgías y voluptuosidades. Los poetas se entregan a la buena vida entre música, cantos y dulces melodías.[29] Fue tanto lo que el canto influyó en la poesía amorosa que los poetas tuvieron que aligerar la forma, el ritmo y el contenido de sus versos a estas nuevas corrientes.[30]

La concepción del amor se aparta bastante de la castidad del ‘amor udrí’ y permite la realización plena de la sexualidad al mismo tiempo que establece una rígida separación de los sexos; ya no va a responder a las características de ese amor platónico en que la belleza es la generadora del amor. Los versos son más versátiles y se diferencian del anterior por el tono galante, malicioso y realista de su concepción del amor hacia la amada. Son versos que rezuman sensualidad, impregnada de una dormida lujuria. Los máximos exponentes de esta poesía fueron Ibn Burd de Basora y sobre todo Abu Nuwas de Bagdad, el poeta más erótico e impúdico del mundo árabe, cuya poesía tuvo un enorme influjo en la poesía andalusí;[31] ambos fueron muy conocidos por los andalusíes desde el siglo IX.

El objeto de esta poesía sigue siendo el de las mujeres, pero el de las llamadas coperas o cantoras que representan un papel muy importante en la sociedad cortesana de esta época. La mujer se convierte en un ser inasequible e inalcanzable, en un personaje de la imaginación, más que en un ser real, y el amor, en deseo no satisfecho. Aparecen las esclavas a las que transfieren la sublimación del amor al ser damas inasequibles y libres de aceptar o rechazar el amor. De ahí que la amada sea llamada ‘mi señor’ igual que en el amor cortés provenzal. Este juego de no conseguir lo deseado, de «la mórbida perpetuación del deseo» como lo define García Gómez, sólo es concebible en la élite de una sociedad refinadísima, que tiene sus necesidades resueltas, como era la bagdadí.

Toda esta cultura llegó a al-Andalus y los primeros poemas árabes que se escuchan en la Península Ibérica son aún el canto del camellero. Desde la época preislámica la poesía había estado vinculada al poder como elemento de propaganda de los príncipes, como parte de su prestigio. Los soberanos ejercían un mecenazgo sobre los literatos a cambio de que les dedicasen sus poemas. Así es como se mantuvo la antigua qasida en Al Andalus.

De los ocho siglos de dominación musulmana en España apenas tres de ellos podemos considerarlos de vital apogeo de la poesía. La primera generación de poetas está formada por la aristocracia, como el emir Abd al-Rahman I que utiliza la vieja qasida en sus poemas:

 

Su talle flexible era una rama que se balanceaba sobre el montón de arena de su cadera, y de la que cogía mi corazón frutos de fuego.[32]

 

El apogeo de la influencia oriental lo marca la entrada del músico Ziryab , que revolucionó la vida social y cultural de Al Andalus. [33]Con él la sociedad cordobesa aprendió a peinarse el flequillo, a comer espárragos, usar vajillas de cristal y manteles de cuero, y fue el mismo el que difundió la poesía amorosa de Bagdad por medio de las esclavas cantoras que vinieron con él desde Oriente entre las que destacan Qamar y Ayfa.

La lírica arabigo-andaluza no logra su plena importancia hasta el siglo X, coincidiendo con la proclamación del califato. Aparecen autores como Ibn Rabbihi, Ben Faray de Jaén, al-Ramadi y sobre todo, el más grande conocedor del concepto amoroso como fue Ibn Hazm de Córdoba que nos deleitó con su hermosa composición de El Collar de la Paloma, donde aparecen los más bellos párrafos apasionados del amor:

 

Te amo con un amor inalterable, mientras tantos amores humanos no son más que espejismos,

Te consagro un amor puro y sin mácula: en mis entrañas está visiblemente grabado y escrito tu cariño,

Si en mi espíritu hubiese otra cosa que tú, la arrancaría y desgarraría con mis propias manos.

No quiero de ti otra cosa que amor; fuera de él no te pido nada,

Si lo consigo, la Tierra entera y la Humanidad serán para mí como motas de polvo, y los habitantes del país, insectos.

 

El periodo más floreciente de la poesía es el de los Reinos de Taifas. Cada rey tiene su especialidad poética. Si Córdoba se convirtió en una pequeña Bagdad, las capitales de estos reinos se convirtieron en pequeñas Córdobas, donde brillará la poesía en su más importante manifestación.

Todo es poesía, en gran parte artificial y falsa, pero en la que no dejan de aflorar de vez en cuando los más nobles y eternos sentimientos humanos.

El siglo XI es el gran siglo de la literatura y su capital es Sevilla, con el rey Al Mu’tamid con quien la poesía formará parte de la vida política y privada hasta llegar a confundirse realidad y ficción. Al Mu’tamid personifica la poesía en tres sentidos: compuso admirables versos, su vida fue pura poesía en acción y protegió a todos los poetas de Al Andalus. Canta los más hermosos versos de amor a su esclava y después esposa Rumayquiyya.

Pero el más grande poeta y contemporáneo del anterior fue B. Zaydun, que es conocido como «el poeta del amor» por antonomasia. Tiene versos dedicados a la princesa Walada en los que llora su ausencia y desdén, principalmente su famosa qasida en Nun:

 

Alejados uno de otro, mis costados están secos de pasión por ti, y en cambio no cesan mis lágrimas. Al perderte mis días han cambiado y se han tornado negros, cuando contigo hasta mis noches eran blancas. Diríase que no hemos pasado juntos la noche, sin más tercero que nuestra propia unión, mientras nuestra buena estrella hacía bajar los ojos de nuestros censores: Éramos dos secretos en el corazón de las tinieblas, hasta que la lengua de la aurora estaba a punto de denunciarnos.[34]

 

Este poema, para los críticos es el más bello poema de amor de los musulmanes españoles y uno de los más famosos de la literatura árabe universal, imitado incluso hasta nuestros días. Dice García Gómez que «ningún sentimiento amoroso impregna el poema de mayor angustia lírica que la ausencia, la muerte del ser querido recluye para siempre al poeta en la desesperada cárcel del recuerdo».[35]

Cuando B. Zaydun habla de amor sabemos que no es una convención y que la mujer a la que canta no es fantasmal ni artificiosa sino una mujer de carne y hueso.

Con los almorávides la poesía tiene que adaptarse a otros nuevos tiempos. Aparecen las más importantes Antologías: la Dahira de Ibn Bassan de Santarén, y Los Collares de Oro de B. Jaqqan, escritos en una prosa rimada deslumbrante. Surgen poetas como B. Jafaya con versos deliciosos de descripciones de jardines donde se producen idilios maravillosos, insinuantes y de gran belleza. Su sobrino B. al-Zaqqaq supo transformar las metáforas en formas nuevas para los oídos, comparable a Góngora. Ambos poetas representan el apogeo de la lírica levantina durante la dominación musulmana.

Con los almohades lo que más destaca es el florecimiento de la ciencia con Averroes, Ibn Tufayl, Avenzoar etc. pero la poesía sigue destacando y es tal la afluencia de versificadores que el califa Yaqub al-Mansur tiene que pedir a los poetas que no le reciten más que los dos primeros versos de cada poesía.

En Granada surge una pléyade de poetisas, entre las que destaca Hafsa, con sus amores con Abu Yaafar b. Said y cuyos versos recuerdan los poemas que Mut amid dedicó a su amada Rumaykiyya.

Y ya para terminar están las qasidas de Ibn Zamraq, conocidas por todos pues inundan y decoran las paredes de la Alhambra.

La lírica arábigo andaluza aún está a falta de antologías y de críticas literarias, a pesar de la gran obra de García Gómez, quizás por su dificultad, la complejidad de los metros, la opulencia del léxico, la riqueza de alusiones, la artificiosa metáfora o las perífrasis que hacen ininteligibles en castellano sus versos.

Y voy a finalizar con una cita de D. Emilio García Gómez que hace referencia a una sentencia de la antigua retórica árabe que dice: «a veces unos cuantos versos muestran mejor el alma de un pueblo que largas páginas de historia» (García Gómez 1967: 55).

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA CITADA

 

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[1] Abd l-Jalil, op. cit., 18-20.

[2] Ibídem, 81.

[3] Ibn Hazm, «Tawq al-hamama», Rasa ‘il I, 130-131.

[4] Mahmud Sobh, «La poesía árabe, la música y el canto», Anaquel de estudios Árabes, Ser[4]vicio de Publicaciones de la Universidad Complutense, nº 6, Madrid 1995, 149-184, p. 150.

[5] Ibídem, 150.

[6] J.M. Puerta Vilchez, op. cit., 507.

[7] Para expresar estos conceptos hemos recurrido a la obra de J. M. Puera Vilchez, Historia del pensamiento estético árabe. Al Andalus y la estética árabe clásica, Ed. Akal, Madrid, 1997, 55-64.

[8] Abd l-Jalil, Brève histoire de la Littérature arabe, París, 1944, 200.

[9] J.M. Puerta vilches, Historia del pensamiento estético árabe. Al Andalus y la estética árabe clásica, Ed. Akal, Madrid, 1997, 505

[10] F. Gabrielli, Storia della letteratura araba, Milán, 1953, 25.

[11] Este tiempo de la ignorancia es considerado por los musulmanes como la Edad de Oro del arabismo, aquel en que las virtudes alcanzaron un desarrollo más decisivo y donde radica el alma esencial del pueblo árabe «Arabiyya», en Enciclopedié de l’Islam, 1965.

[12] F. Corriente Córdoba, Las Mu’ allaqat: Antología y panorama de la Arabia Preislámica, Madrid, 1974, 20.

[13] E. García Gómez, Poemas Arábigoandaluces, Espasa Calpe, Madrid, 1940, 13.

[14] Mahmud Sobh, op. cit., 151.

[15] F. Corriente, op. cit., 39.

[16] Traducida por E. García Gómez con el nombre de Orgía, en Poemas arabigoandaluces, ed. Espasa Calpe, Madrid, 1940, 112.

[17] El mayor místico de Al Andalus, y uno de los mayores del Islam, Ibn al-Arabi de Murcia, utilizó la riquisíma tradición erótica árabe para expresar el amor divino. También los teólogos dahiríes encontarron en el amor udrí o platónico un sustitutivo del amor divino que su doctrina les negaba. La primera sistematización poética del amor udrí la encontramos en el teólogo dahiri Ben Dawud de Isbahan, en su libro Kitab al.Zahra, que más tarde, en Al Andalus, B. Faray de Jaén emuló en su Libro de Las Suertes.

[18] F. Corriente Córdoba, op. cit., 60,73-74.

[19] Al Taymur, Al-Hubb wa l-yamal inda l– arab, El Cairo, 1971, 62-68.

[20] Traducida por E. García Gómez, op. cit., con el nombre de La tez blanca.

[21] Ibn Taliq ‘el amnistiado’, apodo con el que se conocía al Príncipe omeya Marwan B. Abd-al-Rahman (m.1009). Traducción de E. García Gómez, op. cit. 106.

[22] Ibn al-Haqqaq, Poesías, Madrid, 1956, 35.

[23] Traducción de E. García Gómez, op. cit., p. 162, con el nombre de Escenas de amor.

[24] Ibídem, p. 102, con el nombre de Qasida de las estrellas.

[25] Ibídem, p. 102, con el nombre de Qasida de las estrellas.

[26] La riqueza en metáforas es sorprendente pero la belleza de estas poesías se percibiría me[26]jor si se pudieran leer en árabe.

[27]

[28] E. García Gómez, op. cit., 141.

[29] Mahmud Sobh, op. cit., 150.

[30] 0 La importancia de la música como lenguaje universal pudo ser el vehículo de transmisión de la poesía hispano-árabe al mundo de los trovadores, lo mismo que fue la herencia más visible de la cultura de Al Andalus al N. de África que desde hace siglos canta al modo andalusí.

[31] Mahmud Sobh, op. cit., 172.

[32] Traducción de García Gómez, op. cit., con el nombre de La hermosa en la orgía, 41.

[33] Ziryab fue invitado por Al Hakam I (796-821) a venir a Al Andalus desde Bagdad, y tras su muerte le contrató Abd al-Rahman II como músico de la corte de Córdoba. Al Gazal fue expulsado de la crte de Abd al-Rahman II por haber escrito una sátira contra este personaje.

[34] E. García Gómez, Qasidas de Andalucía, Madrid, 1940.

[35] E. García Gómez, El collar de la Paloma de Ibn Hazm de Córdoba, Madrid.