La ciudad levantaba sus párpados. 100 años del Estridentismo. Por Diana Del Castillo Bonequi

 

 

 

 

La ciudad levantaba sus párpados

 

Diana Del Castillo Bonequi

 

 

La ciudad es más que un espacio transitable, en donde muchedumbres indistinguibles habitan. Es un organismo vivo que moldea y afecta a todo aquel que recorre sus avenidas. Para alguien que no conoce una vida fuera de calles enmarañadas y coches que marchan con neurosis, es difícil comprender cabalmente la agitación que una ciudad, como es la de México, puede provocar a ojos de una sensibilidad que la desconoce. En siglo XX el proceso de modernización se aceleró debido a la integración de las economías latinoamericanas en el mercado internacional, la exigencia por un progreso se aferró a la urbanización de la ciudad; su expansión fue acompañada por la electrificación y pavimentación de sus calles—del centro de la ciudad hacia sus bordes— que sirvieron como proteína para atravesar la membrana colonial. La iluminación permeó los hábitos nocturnos de los ciudadanos todavía desconfiados de ella—pues había en torno a su introducción temidas creencias y mitos desfavorables por parte de la población—. Ruedas motorizadas comenzaron a plagar las calles de cemento, reemplazando los viejos modos de traslado, superando antiguas velocidades de desplazo. La ciudad mexicana, transformada, se mueve y respira diferente para 1905, habiéndose situado como una de las más avanzadas en América[i], en cuanto a su modernización. En la actualidad, ha alcanzado densidades inimaginables… ¿Era esta la ciudad que imaginaban los poetas estridentistas?

Manuel Maples Arce, Salvador Gallardo, Germán List Arzubide y Arqueles Vela formaron parte de la población rural que se integró al crecimiento orgánico del cuerpo urbano mexicano. Dejando atrás un pasado engendrado por las convenciones y tradiciones oxidadas de la historia, el grupo estridentista abrió un camino hacia lo actual. De provincia a la ciudad. Movimiento anaeróbico fluctuado por las mareas de la tradición literaria, resistente a los merolicos exegísticos con nombramiento oficial de catedráticos. Actual número 1. De hecho, el título mismo de su manifiesto, es un manifiesto por sí mismo. Vemos en este inicial grito estridente el rompimiento amoroso con el pasado y la indiferencia encarecida hacia el futuro.

Nada de retrospección, nada de futurismo. Todo el mundo, allí, quieto. iluminado maravillosamente en el vértice estupendo del minuto presente: atalayado en el prodigio de su emoción inconfundible y única y sensorialmente electrolizado en el "yo" superatista, vertical sobre el instante meridiano, siempre el mismo y renovado siempre. Hagamos actualismo.

Sin necesidad de disculpar nuevamente al estridentismo ante la supuesta relación edípica con futurismo italiano, cabe mencionar que, en el primer esbozo del movimiento se enuncia la tajante línea que lo separa a las andanzas fascistas de Marinetti. Se asoma el devenir máquina del modelo humano-inhumano que sacrifica el cuerpo con alegre expresión, trastocando una frase que es posible confundir con las palabras amorosas de un amante, A tu merced me encuentro… ¡Tómame! (Marinetti F. T.); engullido por la máquina sensible. Futurismo sin futuro, autodestructivo, abandona de sí como serpiente que devora su propia cola, se dispone a una ruptura entre el cuerpo, la sensación y la emoción: “Admitimos la posibilidad de un número incalculable de transformaciones humanas y nos aventuramos a declarar que un par de alas duerme en los costados del hombre” (Marinetti F. , 1978).  La velocidad futurista se estampa contra las palabras antivirales de Maples Arce; en su rebote, se encarnan en la piel, desgarra los objetos externos que el futurismo adora y alimenta los deseos de la carne para introducir un maquinismo profano de índole “emocional y cambiante”[ii]. Todo tiembla, se amplían mis emociones[iii]. El automóvil, los edificios, las calles encementadas, no eliden el calor de la piel; lo integran: el medio se transforma y su influencia lo modifica todo[iv]. No se puede sino apreciar estas diferencias. En nada se asemeja la velocidad futurista a la estridentista, cuando una es polifónica y adopta los ruidos que devoran la vida, la otra son varias, y suscita la danza polirritmada de cuerpos vivos. El humano no se relaciona parasitariamente con la ciudad, o viceversa, no buscan la aniquilación o la muerte, atienden a una simbiosis no valorativa, más bien pre-estructurante. Caminan por la acera.

Para las vanguardias artísticas y literarias, su modo de expresión, de ruptura, con el objetivo de abrirse un espacio en el impenetrable cauce de la tradición, se dispuso del manifiesto. La denominación de vanguardia suda el sentido de la lucha, el frontline, tiene como propósito existencial ser el primero en línea que recibe a un contrincante. Sin él, se pierde el sentido, la posición heroica que hace de una guerra una causa justificada. Vulnerable también, el frente entiende que su supervivencia depende de la estrategia que logre someter al enemigo primero; con cuello expuesto, salta ante la posibilidad de victoria, combate al enemigo. En ese acto de ataque, Carla Zurián habla de una creación del oponente que se erige por la negación del otro, acusa al manifiesto por ser “un arranque egocéntrico” partiendo del “yo” odioso[v]. En el manifiesto de Maples Arce, es cierto que existe un ataque a las figuras nacionales y literarias de la tradición, pero, aquello que se siente con mayor estupor y que se entiende menos, es que ese acto heroico solo puede conseguirse a través del desmontaje y desacoplamiento del yo y su escritura. Todo el mundo ahí, en el minuto presente, todo el mundo congregado en el yo superatista que todo lo siente. Pues es siempre el mismo y renovado siempre que gira sobre su propio eje, en cada vuelta un yo otro, un murmullo[vi] que se desdobla en nuestra lengua, diferente en cada roce. A mi izquierda, Un par de dedos rígidos se deshielan con la luz.

 

 

La ciudad corre por mis venas;

en los vagones de escape hallamos la bella necesidad de vislumbrar la ciudad que Arqueles Vela desnuda en los primeros renglones de la Srita. Etc

LLEGAMOS a un pueblo vulgar y desconocido. Todos los pasajeros habíamos urdido esa fugaz amistad de calceta provisional que se urde durante el ocio de un camino vertiginoso de hierro. Por un accidente inesperado, tuvimos que dejar un momento los vagones y asaltar la primera estación del itinerario. La ciudad estaba a obscuras. Los huelguistas habían soltado un tumulto de sombras y de angustias sobre la turbia ciudad sindicalista.

Caminábamos un poco medrosos y el frío nos hacía más amigos, más íntimos, más sensibles…

Yo compré mi pasaje hasta la capital, pero por un caso de explicable inconsciencia, resolví bajar en la estación que ella abordó. Al fin y al cabo, a mí me era igual… Cualquier ciudad me hubiese acogido con la misma indiferencia. En todas partes hubiera tenido que ser el mismo… (Vela, 1985)

Nos adentramos a la sensibilidad construida en y por la ciudad, zambullido en el andamio interior que palpita en Arqueles Vela. Es el movimiento metabólico de un afuera a un adentro lo que toma importancia, no tanto de donde provengas, más hacia dónde te diriges… Y el impacto que esto genera. LLEGAMOS, la primera palabra de Vela escrita en mayúsculas, una bofetada de agua fría al cadáver solitario, despertamos in media res como un cuerpo múltiple, conectado afectivamente a través del espacio en el que se interna, acariciado por los objetos férreos que los conjuntan. Llegamos a un pueblo sin nombre, sin descripción alguna, una ciudad imposible de conocer con la vista, de tocar con las manos, de oler con las fosas nasales. Necesitamos su dislocación, la vida sinestésica. Entumecido ante las sensaciones físicas acordadas, el sentido emocional es la brújula en mano. Aunque después se conoce que el relato toma lugar en la Ciudad de México, no es la parte de México lo que le da su valor, sino la ciudad misma y la transformación de las personas por su inmersión en ella.

La ciudad es sindicalista, el individuo se desintegra y no en un proletariado, sino en un tipo de trabajador[vii], los ciudadanos pierden su nacionalidad. Aquí la nacionalidad es tan oscura como la iluminación que menciona, “la ciudad estaba a oscuras. Los huelguistas habían soltado un tumulto de sombras y angustias sobre la turbia ciudad sindicalista” lo que une a los pasajeros no es un lugar de origen sino el momento en el que se encuentran, las sensibilidades que se perciben, que se conectan; sentir el frío los abraza a un mismo acontecimiento. Y a pesar que el tiempo verbal recoge una narración ofrecida en pretérito, carga con una fuerza poderosa del momento que es tangible desde cualquier presente. Los estridentistas vieron no sólo un lugar habitable, sino un organismo sensible y moldeable.

Asimismo, hoy en día LLEGAMOS de diferentes ubicaciones en un mismo paisaje, ciudad sensorial[viii],  con lenguajes múltiples y a veces desconocidos entre sí, sin habernos conocido en el tránsito físico, nos reencontramos en la mirada virtual del otro, en nuestros caminos cruzados, en donde cuerpo a cuerpo todavía no converge, pero en su múltiple alma ya trazada, advierte.

 

 

Desde el sintaxicidio de unos cuantos renglones desgarrados

 

“Un arte nuevo requiere de una sintaxis nueva” (Cabrera, 2021) Esta aseveración queda en proporción con el poema de Maples Arce “Al margen de la lluvia”

Pero más que todo esto, en el sintaxicidio de unos cuantos renglones desgarrados de adioses: ¡oh su carne amarilla! ¡mis dedos retroactivos!

No se está en la lluvia, nos encontramos en un espacio resguardado, humareda olor a café, acogedora calidez, zona de nadie en donde se reúnen para escribir. Pero están dormidos, en lugar de estar creando. Es ahora que todo coincide en los relojes: mi corazón nostálgico ardiéndose en llamas. En un momento, en el presente mismo, como fuente de ignición, enciende un corazón, lo libera del sueño atolondrado. La chispa suspendida de Sor Juana retuerce los dedos retroactivos de Maples Arce y activa a la nueva sintaxis, incinerando la vieja. Un ladrillo se quiebra los dientes

El juego entre sintaxis y suicidio podría llamar a un mal incurable, pero refreno a verlo de tal manera; la muerte de esta sintaxis, histérico sacrificio, como potencia o abertura a una nueva sintaxis busca sólo la muerte con una intuición vitalista. El lenguaje llevado a su límite en Foucault, lenguaje transgresor, muestra el aroma de su huella, la muerte se vuelve necesaria para la continuación de este, y más, de su desmontaje.

Pero Ud. no se entiende a sí mismo: quizá es Ud. todavía un imbécil; Ud. tiene talento. Ahora se ha extraviado Ud. en los pasillos vacíos de su imaginación. Y Ud. tiene miedo de sí mismo. Usted equivoca la salida y no puede encontrarse. Detective. Fantomas lo cita a Ud; para el Hotel Regis. Voronoff reclama glándulas de mono y el estridentismo ha inventado la eternidad. Pero usted no entiende una palabra. (anónimo, 1922)

Posición estratégica a nivel emocional. El anonimato de este fragmento de Irradiación inaugural aporta todavía un peso mayor a su declaración. El sujeto en la oración se afloja tenuemente, y hace soltar su penoso agarre, a través de la reiteración de afirmaciones del Usted, del Yo, que comienza a perder sentido como cuando repetimos nuestro propio nombre a tal punto de desconocerlo. La condición individuo, faceta estancada, comienza su descomposición en las estridencias de la aliteración. No entendemos lo que se nos dice, pero podemos augurar su porvenir.

 

Pergolero diáfano deja que la sombra escape

A las imitaciones de adioses que aún no encuentran su partida

Un murmullo de olas persigue marca indeleble

de la explosión con encuentros torcidos

Continuos                                     Masticado

Callados

Olvidados

Embarazados                            Perdidos

Más atrás de mi misma

Más allá de si misma

 

 

 

 

Bibliografía

 

anónimo. (1922). Irradiación inaugural. Irradiador. Revista de vanguardia.

Cabrera, S. G. (2021). La velocidad Estridentismo. Fractal(90).

Marinetti, F. (1978). El hombre multiplicado y el reinado de la Máquina. En Manifiestos y textos futuristas (pág. 77). Barcelona: Ediciones del cotal.

Marinetti, F. T. (s.f.). La canción del automovil.

Vela, A. (1985). La señorita etcétera. En L. M. Schneider, El estridentismo: México, 1921-1927 (pág. 91). UNAM.

 

 

 

[i] Véase la presentación Revisitar Estridentópolis: La ciudad que encontraron los estridentistas. Los años 20 del siglo XX de Yair Esparza (2020). “La modificación en los hábitos nocturnos de los capitalinos fue el logro más notable que alcanzó el alumbrado eléctrico proporcionado por la CMGLE”.

[ii] Anuar Jalife señala en la obra de Salvador Gallardo la diferente aplicación del maquinismo que distingue al estridentismo del futurismo; alejándose de la idea subordinada del hombre a la máquina que tiene el futurismo, menciona: Los objetos de El pentagrama eléctrico no poseen un carácter meramente escenográfico, sino que suelen crear un vínculo con los habitantes de la ciudad o con la voz del poetaFuente especificada no válida.. La evolución del ser humano a la máquina sensible en el futurismo contrasta con el ser estridentista que transforma sus afectos a partir de los objetos que le rodean.

[iii] Fuente especificada no válida.

[iv] Ídem.

[v] El manifiesto de vanguardia, como acto de provocación y polémica, recurre a la descalificación, combatiendo no sólo doctrinas ideológicas sino grupos culturales o personajes específicos. En un arranque de egocentrismo se vale del “yo” o del “nosotros” para contraponerse con el “ustedes”, sin darse cuenta que, en el afán de negar y criticar, se da a la tarea de construir al otro.Fuente especificada no válida.

[vi] Michel Foucault distingue dos tipos de literatura: la literatura como murmullo, ser de lenguaje, y la literatura como poder (y) del yo; el filósofo vira de la primera noción que concibió de literatura. En su primera versión, la toma como un ser de lenguaje, un eco lejano que resuena hasta cruzar todo límite, creando un espacio donde la experiencia de la escritura ocurre. Toma de la multiplicidad su potencia. Esta literatura funciona como escape, asirla es imposible ya que trasgrede todo obstáculo. Por lo tanto, es irrealizable ubicarla como esencia, ya que escapa de toda determinación, de cualquier intento de captura, dejando tras de sí apenas una huella indefinida. En cambio, la literatura de poder intenta retener una esencia. La constitución del yo refiere al sujeto, el nombre que se distingue de cualquier otro nombre; ese algo inamovible que cierra paso a cualquier ambigüedad. Cada murmullo y cada eco recibe un nombre propio que otorga hegemonía sobre los demás. Su unidad se erige por una violencia a lo múltiple. La literatura pierde inocencia y libertad, se ve constreñida en redes institucionales que impiden esa libre reproducción natural del ser de lenguaje. Aquí, el Yo en el estridentismo se desdobla con la primera noción de literatura de Foucault.

[vii] Para el escritor Ernst Jünger, el proletariado está conformado por una agrupación de “individuos sufrientes”, Los burgueses crean necesidad del carácter individual. Necesidades ficticias que derivan en la exigencia por ser una entidad única y original, distinguible de otro. Para Jünger el burgués y el individuo cesan de existir y sólo habitan como una máscara detrás de la que se ocultan inconscientemente un tipo de trabajador, la masa segmentada, un estilo de vida que va más allá de la ocupación para dar paso a la uniformidad y subyugación disfrazada de la libertad del individuo “el trabajador es el representante de una alteridad, de una dimensión nueva que debe sobrepasar la revolución como fue preparada por el pensamiento burgués. “Un nuevo modo de subjetivación; nuevo modo de existencia”.

[viii] Así se refiere el filósofo Salvador Gallardo Cabrera a la ciudad creada por los estridentistas.

 

 

 

 

 

Diana del Castillo Bonequi (Ciudad de México) Escritora. Actualmente se encuentra cursando la licenciatura en literatura y creación literaria en Casa Lamm. Es estudiante e instructora de Kung Fu y Tai Chi. También ha escrito artículos para la revista de música Gunk Magazine. Ha participado en diversos proyectos como integrante de la colectiva multánime.