Gustave Flaubert: estupidez y grandeza. Por Víctor Manuel Mendiola

 

 

 

 

Este artículo se publicó originalmente en el suplemento Laberinto del diario Milenio el día 23 de abril 2021. Nuestro lector puede leerlo en el enlace siguiente: https://www.milenio.com/cultura/laberinto/gustave-flaubert-estupidez-y-grandeza

 

 

 

Gustave Flaubert: estupidez y grandeza

 

Víctor Manuel Mendiola

 

 

 

Gustave Flaubert (1821-1880) es, para el lector contemporáneo, Madame Bovary. Con esta novela, según la crítica, la prosa alcanzó la altura de la poesía, tanto por su grado de perfección formal como por su fuerza metafórica. Sin embargo, quizá podríamos afirmar que este libro no puede concebirse en el plano de la creación poética sin entender las otras novelas del autor y, sobre todo, aquellas donde Flaubert representa, en una operación lírica compleja, a un “no Flaubert”.

La gran pieza, vista aisladamente, es el retrato narrativo devastador de los deseos frustrados y el diagnóstico “clásico” de las ilusiones perdidas. Madame Bovary, asidua a las novelas románticas como Don Quijote lo había sido a las de caballería, fantasea con una vida amorosa plena, pero sólo halla una horrible monotonía. Cada gran decepción desemboca en la enfermedad y, al final, en el suicidio, como ocurre también con su homólogo Lucien de Rubempré en la historia de Honoré de Balzac. Pero si al lado de Madame Bovary ponemos La educación sentimental, “Un corazón sencillo” y Bouvard y Pécuchet y oponemos, al otro lado, a Salambó, La tentación de San Antonio y “Herodías” surge una crítica feroz a la metafísica de las costumbres de la sociedad burguesa y una poderosa imagen en contrapunto y limitación.

Frente a la ordinariez y melindres de Bovary replica la forma áspera, casi viril de Salambó. En una, los sentimientos memos; en la otra, la pasión decidida y lúcida. Y lo mismo observamos al comparar La educación sentimental con La tentación de San Antonio: la veleidad “profunda” de Frédéric Moreau, en medio de la revolución de 1848 —crisol del lema “un fantasma recorre Europa”—, se agrava frente a la depuración de todas las ideas, visiones y experiencias en la ascesis de San Antonio. En su rigurosa narrativa, Flaubert crea un claroscuro entre el presente y el pasado, entre la vulgaridad mercantil y el refinamiento premoderno, entre el conocimiento como vacua acumulación y la hondura y el dolor del saber. El escritor parisino, que vivió casi toda su vida junto al Sena en la casa familiar, no construyó un enorme fresco a la manera de Balzac o Émile Zola. Le bastó con elevar una contraposición de una medida reducida, pero de un efecto incalculable —igual que Baudelaire. En este juego de opuestos, lo interesante radica en que, si bien es cierto que nos amenaza la estupidez de Bouvard y Pécuchet o el corazón ridículo de Felicidad, podemos adivinar una metáfora más compleja cuando pensamos, al mismo tiempo, en las pasiones enormes de Salambó, San Antonio o San Julián.

En el alma miserable del hombre actual —enferma de aburrimiento, ruido, cínicas verdades a medias o tonterías groseras y maliciosas—, Flaubert no sólo exhibe la desaparición del espíritu sofisticado sino muestra la transformación de circunstancias absurdas y patosas en una aporía, en un enigma sin solución. Por ello, en esta extraña limitación de lo pequeño por lo enorme, todos somos de alguna forma Bouvard y Pécuchet o, mejor aún, la patética madame Bovary.

 

 

 

 

Víctor Manuel Mendiola. Nació en la Ciudad de México en 1954. Ha publicado, entre otros, los libros de poesía: Vuelo 294 (1997, FCE); Papel revolución (2000, Ediciones sin Nombre); Tan Oro y Ogro (antología, 2003, UNAM); Tu mano, mi boca (2005, Editorial ALDUS); y Selected Poems (Shearsman Books 2008). Los ensayos: Xavier Villaurrutia: la comedia de la admiración (2006, FCE); El surrealismo de Piedra de Sol, entre peras y manzanas (2011, FCE); y “El ángel que acompañó a Tobías” (ensayo histórico literario sobre “La suave Patria” de Ramón López Velarde) en La suave Patria de Ramón López Velarde (2013, Ediciones el Tucán de Virginia). Fue becario del Centro Mexicano de Escritores bajo la dirección de Salvador Elizondo y Juan Rulfo. Fue escritor residente en el Centro de Artes de Banff, Canada, 2001. Es editor de Ediciones El Tucán de Virginia. Ha sido becario del Sistema Nacional de Creadores. Obtuvo el Premio Latino de Literatura 2005 por el libro Tan oro y Ogro, que otorga el Instituto de Escritores Norteamericanos de New York. En el año 2010 obtuvo el Primer lugar en el Certamen Internacional de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz con la novela 4 para Lulú, reeditada por Alfaguara en 2012. Actualmente escribe la columna “Poesía en Segundos” del suplemento Laberinto del periódico Milenio.

 

Fotografía: © Pedro Meyer

 

 

 

 

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