El último manifiesto: Tentativas de apertura, de Jimena Alba (Bilbao, 1986)

 

 

 

 

 

 

 

Edición en papel

Formato: 12 x 16,7
Páginas: 133
Peso: 0.1 Kg
ISBN: 978-84-17987-73-2
Año: 2019

 

El libro puede adquirirse en el siguiente enlace.

https://www.trea.es/books/el-ultimo-manifiesto

 

 

 

 

 

La presente publicación de aforismos forma parte del libro El último manifiesto (Trea, 2019), de Jimena Alba (Bilbao, 1986), del cual publicamos el primer capítulo, “Tentativas de apertura”.  Julio César Galán (Cáceres, 1978) es una las voces poéticas contemporáneas más productivas y prolijas, su estudio alrededor de las poéticas del siglo XXI lo han llevado a realizar estudios teóricos y críticos. Esta muestra es un ejemplo de ello.

 

 

 

 

 

 

 

 

Jimena Alba (Bilbao, 1986)

 

 

 

Tentativas de apertura

 

 

 

KongTu apuntaba —como punto de partida— en una carta del siglo IX hacia una tradición crítica en la que la propia crítica es literatura a la vez: «[…] que sea próxima sin ser superficial, y se expanda a lo lejos sin límite: sólo entonces se puede hablar de excelencia más allá de la resonancia» (KongTu citado por Galán, 2011). Combinar la razón y la imaginación, el razonado desorden de los sentidos y el de­lirante equilibrio de la razón. Una tradición poética en la cual la propia crítica es poesía al mismo tiempo.

 

 

 

 

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Poesía de la lectura. El distanciamiento, no el reflejo de lo personal mediante la transformación de lo leído en poesía. Fusión de crítica y poesía. Desde este punto de vista, la poe­sía se convierte en una ruptura constante del propio texto y en mediación entre autor y lector. Intrapoesía podría ser el término más adecuado para nuestras intenciones porque el ajuste del prefijo intra- expresa ese adentramiento de lo lírico en lo analítico.

 

 

 

 

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Esta poesía se manifiesta como una comunidad de lecto­res y de textos, como una enorme glosa interactiva, como una expansión de nuestras lecturas y de la propia lectura. En otras palabras, en Umbrales (2001), Gérard Genette habla de los paratextos como unidades que acompañan a un texto para presentarlo y reforzarlo en su significado. De acuerdo con el título de Genette, los paratextos cons­tituyen el «umbral» o el «vestíbulo» de toda creación; y amplían las opciones interpretativas: «es un discurso fun­damentalmente heterónomo, auxiliar, al servicio de otra cosa que constituye su razón de ser: el texto» (Genette, 2001: 16). Desde aquí estas alternativas se subordinan al discurso primordial y con funciones muy diversas. Identi­dad y texto se asemejan en su construcción, pero también en sus desmembramientos.

 

 

 

 

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Desde la creación de la crítica como poesía, analizar y admirar pueden ser un modo de construcción poética. «Mis dioses están en la tierra, no en otro lado», decía Julio Cortázar. A partir de aquí, un poema alza el vuelo por un discurso que pronostica sus circunstancias de elaboración para ajustarse a modelos textuales existentes (analizables) y a sus condiciones de recepción: marcos literarios y no literarios que requieren no sólo de dos modos distintos de ser configurados o formulados, sino que además estándestinados a ser recibidos o leídos de maneras diferentes, precisamente por sus distintas condiciones de produc­ción y recepción. La poesía se convierte en un proceso de interpretación y de ruptura de otros textos (también propios).

 

 

 

 

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Si entendemos la poesía como transposición de una crítica literaria, como análisis de otra creación artística, como acto de lectura, llegamos al poema basado en el análisis, el jui­cio y la evaluación. Este tipo de poetización se basa en la abstracción sensitiva o intuitiva, esto no significa caer en el oscurantismo, se pretende una línea en que la investigación y la lírica se entrelacen.

 

 

 

 

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La crítica como imposibilidad analítica objetiva, es decir, entendida y convertida en ficción, se compromete a pasar al plano de la estética. En este punto podemos aducir que nuestra pretensión se asienta en que la poesía se transforme en la invención de la obra que se analiza.

 

 

 

 

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Nos aseguran: «La crítica legítima tiene que adelan­tarse a las obras que ella critica: prácticamente tiene que inventar las obras que sea capaz de criticar. Y si es lo suficientemente productiva, a buen seguro habrá com­positores que escriban tales obras» (Hamm, 1971: 11). La intrapoesía inventa la obra. Si la crítica es el sentido de la obra, esta poética del afuera refleja la ficción de la misma. Primero, la crítica y después el poema. Fusión y reescri­tura de ambas.

 

 

 

 

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Antecedentes ejemplares y próximos a esta propuesta poé­tica: desde un punto de vista metapoético está Ricardo Defarges desde «Las fresas salvajes (Ingmar Bargman)» en Muere al nacer el día o Azorín dentro de «Carrera, carrera»; el prólogo en verso, entre muchos de los poemas de Carta entera, de Luis Rosales; Aullidos de Allen Ginsberg; o el proyecto para la beca Guggenheim de Eduardo Espina, entre otros autores.

 

 

 

 

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La poesía debe ser como un buen documental: tiene que narrar la imagen y la conversación de otras obras, de otras personas, de otras realidades.

 

 

 

 

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Apunte de vuelta: el poema resulta a partir de una super­posición de textualidades analíticas (y asimismo de su des­trucción); pirámide de significados: ¿el sentido objetivo? Aproximar la poesía ¿a lo objetivo? Esta poesía crítica, esta intrapoesía, esta poesía de la lectura, expresa la función subjetiva del pensamiento interpretativo.

 

 

 

 

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Autoplagios: Este tipo de poetización se basa en la abs­tracción sensitiva o intuitiva, esto no significa caer en el oscurantismo, se pretende una línea en que la investiga­ción y la lírica se entrelacen. Y aquí viene T. S. Eliot y nos dice: «La poesía no es un dejar huir la emoción sino una huida de la emoción; no es la expresión de la personali­dad sino una huida de la personalidad» (Eliot citado por Marí, 2011: 123).

 

 

 

 

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Ponga en su batidora un poco de culturalismo, algo de me­tapoesía, unos granos de poesía didáctica, según se mire, más análisis textuales, ya sean cinematográficos, históricos, musicales, fotografías, etcétera, y entonces nos acercaremos a nuestra tentativa.

 

 

 

 

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Recree y reviva en sus poemas la intuición y la vibración textual del autor analizado. Nunca, su emoción. Con esta propuesta poética nos distanciamos de nuestros sentimien­tos y de nuestras sensaciones identitarias. La vida propia en lejanía. La distancia del yo (arma de la poética) para no verlo morir.

 

 

 

 

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El poema como la crítica literaria tiene que ser «un error sistémico que genera nuevas dimensiones de acierto». El poema crítico: «selección válida para definir lo imprescin­dible de un libro» (Mora, 2010).

 

 

 

 

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A partir de este enfoque, el poema aparece como un ensayo sensitivo (la emoción se piensa); aparece como una «estruc­tura lógica, donde la lógica se pone a cantar». Este tipo de poesía representa una fusión de lo poético y lo argumen­tativo, pero sin privilegiar ninguno. «Preferir lo imposible verosímil a lo posible increíble». (Aristóteles, 2002:178) ¿Aristóteles como lazo entre este tipo de creación poética y la heteronimia? Propósito: lúdico-literario, el de siem­pre. Una poesía alimentada por el dialogismo y la voluntad de interpretación. Esta invitación: didáctica, explicativa, y, hasta cierto punto, perifrástica.

 

 

 

 

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Julio Cortázar nos guiña un ojo. La creación poética puede ser una polémica de ausencias. Además y desde nuestro enfoque, muestra el resultado de un encuentro cultural que se realiza casi siempre por un contacto directo con el autor-refundidor. El acto amanuense que poco a poco va cambiando el original, al reproducirlo, y que con el paso de las manos resulta otro texto, otro poema.

 

 

 

 

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Mi memoria recoge este apunte de Juan Goytisolo: «Aban­donemos de una vez el amoroso cultivo de nuestras señas de identidad». Y nosotros añadimos: la reescritura y la versión como acto creador y como ejercicio de distancia­miento identitario.

 

 

 

 

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La desvinculación del «yo» autoral para convertirnos en el «tu» textual. Acercarse al texto tanto en posición de crí­tico como de poeta. Que el resultado de nuestro trabajo dé lugar a un texto nuevo, en una traducción creativa de su significado y su sentido (desmontando a E. Pound).

 

 

 

 

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Hacer del poema leído múltiples poemas (para nosotros el poeta es un versionador). Un poema como punto de fuga: ¿una nueva crítica? Esta manera de crear supone una va­riante de la heteronimia, puramente textual, de despoja­miento, de testigo de otra creación, de despersonalizarse para ser la obra ajena, para dar otra dimensión sonora a la creación artística sobre la que reflexionamos.

 

 

 

 

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Guillermo Carnero nos comenta «invertir / el proceso creador; no de la emoción al poema, / sino al contrario» (Carnero, 2010: 130). El escritor no debe hacer alusión a su sentir personal (en su finalidad). Este aspecto resulta ex­tremadamente importante por diferenciador con otras co­rrientes poéticas como el culturalismo en sus cuatro esta­dios. Observación: esta propuesta no pertenece a ninguna de esas cuatro vías culturalistas.

 

 

 

 

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Está claro que otros autores han vislumbrado este quehacer poético en algunos fragmentos, casi en algún poema, en alguna estructuración libresca, en algún aspecto formal. Un primer ejemplo lo tenemos en las glosas medievales. Esta poética del afuera se manifiesta como una actualización de ese glosar.

 

 

 

 

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Para José Emilio Pacheco los textos no poseen amo. La im­portancia no está en el autor porque «tan sólo transcribe lo que otros ya han escrito. Esta apreciación apunta hacia un enmascaramiento infinito entre autores y textos» (Ruelas, 2010: 51). La escritura como acto de lectura. En este tipo de acto escritor, el poeta refleja la construcción de una voz propia desde la ajena, del origen de la escritura: la lectura.

 

 

 

 

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Poema: Proyecto de lecturas. Testimonio y análisis. Evolu­ción más que renovación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Jimena Alba (Bilbao, 1986) realizó estudios de economía en la Universidad de Granada, estudios que no terminó y que cambió por los de arte dramático en la Universidad Nacional de las Artes (Buenos Aires), carrera que decidió terminar en Stella Adler Academy of Acting and Theatre. Actualmente reside en Los Ángeles y realiza su investigación doctoral sobre la obra dramática de Sarah Kane. Forma parte del consejo de redacción de la revista de poesía El juego de los putrefactos. Es autora del libro de poemas Introducción a la locura de las mariposas (2015). Como ensayista destacan sus Ensayos fronterizos. Entre el poema y la heteronimia (2017), en coautoría con Óscar de la Torre y Julio César Galán.

 

 

 

 

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