El grupo Dau al Set. Por Lourdes Cirlot

 

 

 

 

 

 

 

Este y otros ensayos son resultado de una exposición en la SALA MUNICIPAL DE EXPOSICIONES DEL MUSEO DE PASIÓN, realizada del 11 de diciembre de 2008 al 11 de enero de 2009. El mundo de Dau al Set (Ayuntamiento de Valladolid, 2009), pp. 59-65.

 

 

 

 

 

 

 

 

El grupo Dau al Set

Lourdes Cirlot

 

 

La aparición del grupo Dau al Set en 1948 fue de gran trascendencia para la renovación del arte, no sólo en Cataluña, sino también en el resto de España, pues Dau al Set efectuó una aportación inmediata y eficaz en un periodo en que se daba el arte de vanguardia por liquidado y se predicaba un «retorno al orden» que, en realidad, consistía en el reflorecer de todas las tendencias reaccionarias. Dau al Set demostró que era posible continuar la trayectoria vanguardista a la que precisamente España había dado tan grandes valores como Picasso, Miró y Dalí en un determinado periodo. Esta acción de Dau al Set llevada a cabo por sus pintores, mientras que alguno de los escritores integrados en el grupo se aplicaba a escribir seriamente sobre el surrealismo, la abstracción y otros temas que hasta el momento no tenían representación en la bibliografía hispánica, hizo madurar no sólo en Barcelona, sino también en Madrid y en otros lugares, un arte que, dadas las circunstancias, se lanzó a inicios de la década de los años cincuenta por la vía del informalismo, aunque también se trabajase en otras trayectorias de vanguardia.

Si bien al principio todos los componentes del grupo Dau al Set fueron incomprendidos e infravalorados, tanto por el público en general como por la crítica, lentamente fueron aumentando los adictos al nuevo tipo de arte. Entre los críticos que desde los inicios decidieron apoyar al grupo hay que mencionar a Alexandre Cirici, Sebastià Gasch, Juan Antonio Gaya Nuño y Rafael Santos Torroella.

Resumiendo, pese a las diferencias entre los artistas de Dau al Set, la acción de este grupo pudo ejercerse contra gran parte del arte anterior al suyo y, proponiéndoselo, en mayor o menor grado, resultó a la vez una pintura innovadora y contestataria que dio sus frutos mucho más adelante.

 

 

Formación del grupo Dau al Set y fundación de la revista

 

Los miembros de Dau al Set comenzaron a ponerse en contacto de la siguiente manera: Joan Ponç se hallaba un día de 1946 comprando en una farmacia. Allí vio un libro olvidado por alguien sobre el artista Henri Rousseau, conocido como «El Aduanero». Este pintor naïf que había sido ensalzado por el poeta y crítico Guillaume Apollinaire en 1908 en una conferencia pronunciada en el Salón de los Independientes en París, era un personaje proscrito y completamente ignorado en España. En cuanto Ponç tuvo ocasión de vislumbrar ante qué tipo de artista se enfrentaba, se interesó profundamente por la obra del mismo. De la pintura de Rousseau emanaba ese misterio que tanto habría de obsesionar a los pintores de Dau al Set.

Gracias a la intervención del farmacéutico, un joven llamado Caldés, interesado en temas diversos de carácter intelectual, Ponç tuvo ocasión de conocer al propietario del mencionado libro sobre el pintor francés. Éste no era otro que Joan Brossa.

El contacto entre Ponç y Brossa pronto desencadenó una serie de consecuencias, entre las que destaca la fundación de una revista, Algol. En ella colaborarían, aparte de sus fundadores, Enric Tormo, Arnau Puig, Jordi Mercadé y Boadella. El círculo de personas interesadas por cuestiones relacionadas con el arte del siglo XX pronto se vio ampliado. Tanto Brossa como Ponç se pusieron en contacto con el poeta J.V. Foix, quien, más tarde, colaboraría en algún número de la revista Dau al Set. El propio Ponç decía que los domingos, en lugar de ir a misa por las mañanas, se daban cita en casa de Foix en Sarriá que durante algún tiempo fue un auténtico refugio en aquella época de clara represión franquista.

Fue precisamente Foix quien en 1947 realizó el texto de presentación para la exposición en Els Blaus de Sarriá, sede de un centro excursionista. En ella tomaron parte los pintores August Puig, Joan Ponç y Tort, así como el escultor Boadella. Tuvo muy pocos visitantes, pero lo importante fue que entre éstos se encontraban dos jóvenes pintores, muy interesados por todo lo nuevo. Se trataba de Antoni Tàpies y Modest Cuixart.

La amistad entre ellos se fortaleció en los frecuentes encuentros que tenían lugar en La Campana, pequeña taberna, situada en la calle San Eusebio del barrio de Gracia de Barcelona, conocida por Joan Ponç. Allí tuvieron ocasión también de conocer a un pintor de origen dominicano que, durante años había vivido en París, y que tuvo una cierta influencia en el arte de Dau al Set. Su nombre era Jaime Colson. En ocasiones este artista hablaba de temáticas relacionadas con el arte del siglo XX. Consideraba que el cubismo era una tendencia que podía entroncar con el clasicismo, mientras que las restantes vanguardias posteriores a él se apartaban claramente de todo lo clásico.

En cuanto a Joan-Josep Tharrats entró en contacto con los pintores del grupo –Cuixart, Ponç y Tàpies– y con el escritor Arnau Puig a través de Enric Tormo. También le presentaron a Joan Brossa. Al poco tiempo de conocerse comenzaron a reunirse en casa del propio Tharrats que era el único que por aquel entonces estaba casado y poseía un piso propio. Fue durante los meses del verano de 1948 cuando surgió en una de las reuniones en casa de Tharrats la idea de publicar una revista. En un pequeño libro titulado Antoni Tàpies o el Dau modern de Versalles, publicado en Barcelona en 1950 en el seno de Dau al Set Tharrats explica lo siguiente: «Fou en una d’aquestes innombrables vetllades on sorgí la idea de publicar Dau al Set. Ho varem consultar a Joan Prats, a ell li va semblar molt bé, i aixó sol, que no era poc, va servir d’estímul per a tirar endevant. Varem quedar que al primer número de la nostra publicació hi sortiria un dibuix d’en Tàpies…».

Fue la convocatoria del primer Salón de Octubre en 1948, fundado por Sucre, Mercadé, Fornells Plà, López Obrero, Imbert y Vidal de Llobatera, la que precipitó la aparición del primer número de la revista Dau al Set el mes de septiembre de ese mismo año.

Tharrats, por su parte, conocía desde hacía algún tiempo a Juan-Eduardo Cirlot que en aquella época estaba sumamente interesado por todo lo relacionado con el surrealismo, sobre todo en lo concerniente a la técnica poética. Además estaba escribiendo un libro –el primero en España– sobre Joan Miró para Ediciones Cobalto que aparecería a principios del año 1949. Así, en cuanto Cirlot se enteró de la existencia del grupo y de la revista Dau al Set, se adhirió al mismo; su primera publicación en Dau al Set data del mes de junio de 1949 y se trata de Sueños.

Todos los miembros del grupo, tanto los cuatro pintores como los tres escritores, tenían inquietudes intelectuales comunes. Leían a Nietzsche, Kant, Hegel y Sartre; su música preferida era la de Wagner, Strawinsky, Alban Berg, Webern y Schoenberg, aunque también se interesaban por el jazz. Por supuesto, el cine y el teatro, así como todas las tendencias artísticas de vanguardia del siglo XX eran cuestiones de interés para todos ellos. Lo cierto es que de todos los ismos vanguardistas el que más atrajo su atención fue el surrealismo.

Dau al Set fue posible gracias a que en un determinado momento confluyeron personalidades muy diversas, pero con muchos puntos de contacto. De todo ello surgió un arte y una literatura que fundamentalmente giraba en torno a una estética magicista.

 

 

La exposición de 1951

 

El número de la revista Dau al Set correspondiente a octubre de 1951 presenta unas características un tanto especiales que lo diferencian de los restantes números. En realidad se trata de una especie de catálogo de presentación para una exposición. Ésta se celebró en la sala Caralt de Barcelona y fue la única vez en que los miembros de Dau al Set expusieron juntos y efectuaron, por tanto, una actividad de grupo.

En el texto introductorio podía leerse lo siguiente: «El grupo Dau al Set se formó en septiembre de 1948, en Barcelona. Tiene sus poetas: Brossa y Cirlot. Sus pintores: Tàpies, Ponç, Cuixart. Su aprendiz de filósofo: Puig. Y, por último, tiene a Tharrats, con sus actividades múltiples: pintor, escritor, impresor. La personalidad de todos ellos es diversa, pero coherente dentro del grupo, por tener como común denominador el cultivo de todas las conquistas plásticas y poéticas contemporáneas. Al principio, acaso haya tenido más puntos de contacto con el surrealismo que con otras tendencias. Como grupo, es el más definido y consecuente de los aparecidos en Cataluña en los diez años últimos.

Siguen siete páginas en colores distintos, cada una de ellas dedicada a los siete miembros del grupo. Los textos fueron escritos por Joan-Josep Tharrats y las fotografías de los miembros que aparecen junto a tales textos fueron realizadas por Enric Tormo.»

 

 

La revista Dau al Set

 

Las características especiales de la revista Dau al Set hacen de ella en la actualidad una auténtica joya bibliográfica. Dau al Set comenzó a publicarse en el mismo momento en que se consideró fundado el grupo, es decir, en septiembre de 1948. La realización técnica de la revista pudo llevarse a cabo gracias a que Tharrats poseía una pequeña máquina Boston de imprimir, regalo de su padre. Así, podía imprimirla personalmente; de no haber sido de este modo la revista jamás habría podido ver la luz, pues en aquella época había de ser una publicación clandestina, ya que la mayor parte de sus textos estaban escritos en catalán.

Las tiradas de la revista eran muy reducidas y el número de ejemplares oscilaba entre los cien y los ciento cincuenta. Raras veces llegaban a agotarse. Lo cierto es que la acogida que tuvo Dau al Set en la época en que se publicó fue marcadamente minoritaria. Esto ayuda a comprender, en cierta medida, el contexto artístico de aquella época. El arte de vanguardia interesaba a muy pocos. Por lo general suscitaba desconfianza. No obstante, Dau al Set contaba con un cierto mecenazgo, ya que en Barcelona había una serie de personas que, desde sus inicios, protegieron y facilitaron la publicación de la revista. Entre sus protectores se encontraban: Prats, Casadevall, Foix, Illescas, Gomis, Samaranch, Gudiol y algún otro.

Los primeros números de Dau al Set se vendían al precio de siete pesetas, pero los mecenas llegaban a pagar hasta veinticinco y, en ocasiones, compraban varios números. El formato de la revista fue siempre el mismo: 22,5 × 18,7 cm. Sus páginas eran pliegos sueltos y nunca se cosían.

Una cuestión íntimamente ligada con la publicación es la que afecta a lo que podría entenderse como disolución del grupo como tal. Si bien la fecha de inicio quedó claramente establecida en septiembre de 1948 –cuando se forma el grupo se funda la revista– la fecha final de la revista hay que situarla en 1956 que es cuando aparece el último número. Sin embargo, los artistas como grupo habían dejado de funcionar hacía ya algún tiempo, pues, por ejemplo, Joan Ponç se había marchado a Brasil en 1953. Tàpies había emprendido su camino en solitario en 1952 en el seno del informalismo y Cuixart lo haría dos años después.

De todos modos, la frecuencia con la que salió la revista en los últimos tiempos no fue la misma que la de su primera época. Los números se espaciaron mucho. Así, si en 1952 se habían publicado cuarenta y tres números, entre 1953 y 1956 sólo se publicaron once números más.

La revista Dau al Set nunca fue dirigida por nadie. Por lo general, cada número era realizado por uno o dos de los miembros del grupo, por lo general, un pintor y un escritor; pero en alguna ocasión también se encargó a alguna persona invitada la realización de la misma. Por este motivo sus temas son muy diversos, pues siempre se actuaba con total libertad y en la más absoluta independencia.

Un factor que acentúa el valor actual de la revista lo constituyen las irregularidades inherentes a su impresión efectuada a mano. En los números concebidos como montajes, basados en el empleo del collage para la realización de las portadas se advierten diferencias de calidad entre los papeles empleados o incluso en la coloración de los mismos.

La aparición de la revista Dau al Set en Cataluña a finales de los años cuarenta se produjo como resultado de una actitud planteada tiempo atrás, ya que existen otras revistas que pueden considerarse como verdaderos antecedentes en el ámbito de las publicaciones catalanas.

Una de tales revistas fue Ariel que se publicó a partir de 1946. El primer fascículo de esta revista se dedicó al estudio de obras de Sunyer y Manolo. Como señaló Alexandre Cirici, fue a partir del segundo número de Ariel cuando se apreció la relación del mundo cultural catalán de aquel entonces con artistas que desde antes de la guerra civil española no se habían vuelto a tener en consideración, como pudieran ser Picasso, Miró y Dalí.

La otra revista que puede considerarse como precedente directo de Dau al Set fue Algol. El nombre es el de una estrella cambiante, dado por los astrólogos árabes y es una alusión directa al demonio. Sólo se publicó un número de la misma. En ella aparecieron textos de Joan Brossa y de Arnau Puig. En la página final se citan todos los colaboradores, entre los que se encuentran: Mercadé, Boadella, Joan Ponç y Enric Tormo. Así pues, Algol reunió a tres de los futuros miembros de Dau al Set: Brossa, Puig y Ponç.

Tampoco hay que olvidar uno de los precedentes lejanos como pudo ser la revista D’ací i d’allà, cuyo número de Navidad de 1934 estuvo dedicado por completo al arte contemporáneo. Lo importante fue además que por primera vez en Cataluña en ese número se pusieron en contacto obras de arte de vanguardia con creaciones primitivas o de épocas pasadas, siguiendo claramente la tradición iniciada por Kandinsky en el famoso Almanaque de Der Blaue Reiter, surgido en 1912 en el seno del expresionismo alemán.

El contacto de Dau al Set con el mundo germánico resulta evidente, sobre todo por la influencia que los textos de Nietzsche tuvieron en los miembros del grupo catalán. Además la estética del expresionismo alemán, fuera pictórico o fílmico, también desencadenó un acusado interés en los artistas de Dau al Set. Del mismo modo, el interés que todos los miembros del grupo manifestaron por la música, en especial por la alemana, así como por la de los componentes de la Escuela de Viena determinó algunos contenidos de la propia revista Dau al Set. Así, por ejemplo, a la muerte de Arnold Schoenberg –que tanto había intervenido en el Almanaque de Der Blaue Reiter– el número de septiembre de 1951 se dedicó íntegramente al músico vienés. Juan-Eduardo Cirlot escribió un poema de homenaje al admirado maestro, mientras la portada –un retrato de Schoenberg en el más puro estilo expresionista– fue realizada por Joan Ponç.

De todos modos, el grupo Dau al Set no sólo se dejó influir por la estética expresionista, sino también y mucho por el surrealismo, así como por el dadaísmo. Un ejemplo claro de ello fue el número dedicado a Francis Picabia en 1952, poco antes de la muerte de este artista que tanto tuvo que ver con la penetración de la vanguardia en Cataluña al vivir en Barcelona en 1917 y publicar la revista 391 en dicha ciudad.

La relación especial con el surrealismo se establece sobre todo a partir del interés por ciertos temas como pudieran ser la magia y el esoterismo. No se trata, desde luego, de una prolongación del surrealismo francés, sino de una nueva interpretación de las claves surrealistas. Más bien se trataba -tal y como lo calificó el crítico José María Moreno Galván- de un «surrealismo tardío con cierto grado de autoctonía indiscutible».

Lo que resulta evidente es que Dau al Set constituyó el punto de arranque necesario para la renovación del arte en aquellos años. Fue un soplo de vanguardismo que facilitó la entrada de las nuevas tendencias artísticas vigentes por aquella época en el resto de Europa y en Estados Unidos.

 

 

La estética Dau al Set

 

¿Es lícito hablar de una estética propia de la pintura efectuada en el seno de Dau al Set? Creo que sí. Sobre todo en una primera etapa, es decir, aquella que cubre el periodo de 1948 hasta 1952-1953. A pesar de las diferencias existentes entre las manifestaciones creadas por Tàpies, Cuixart, Ponç y Tharrats durante esos años, se perciben no pocos elementos de carácter común.

Dau al Set planteó desde los inicios un arte completamente distinto del que predominaba por aquel entonces en Cataluña que grosso modo se inscribía en una tradición, más o menos modificada, que entroncaba con el impresionismo, el fauvismo y un cierto esquematismo picasiano. Los contenidos eran neutros e imperaba un fondo meramente naturalista, sin que preocupasen para nada aspectos espirituales e instintivos.

Así, aparte de la gran influencia de Joan Miró, la pintura daualsetiana muestra una inclinación profunda hacia la pintura de Paul Klee o Max Ernst.

El contenido se hallaba íntimamente relacionado con la finalidad de expresar un mundo interior a través de escenas de carácter fantástico desarrolladas en una atmósfera mágica y surreal.

Hablar de la existencia de un arte Dau al Set es sobre todo lícito desde el punto de vista de que puede considerarse en neta oposición frente a las fórmulas artísticas que dominaron la Península desde el final de la guerra civil hasta el año 1948.

Cada pintor supo desarrollar de modo peculiar sus inquietudes tanto en dibujos como en obras pictóricas. Desde luego, poco tienen que ver las composiciones de Joan-Josep Tharrats con las de los otros artistas, pero, pese a ello, también Tharrats sucumbió a la influencia de Klee y por ese motivo ya posee un nexo en común con los demás.

Joan Ponç fue el que muy precozmente inició un tipo de dibujos y pinturas en las que las imágenes de lo maligno con un pulular constante de seres monstruosos –dentro de la tradición de Bosco, Brueghel y Ernst– se asocian a una peculiar ironía dando lugar a obras verdaderamente inquietantes.

Modest Cuixart, en cambio, se inspiró más en Miró y en el expresionismo alemán para resolver las imágenes cargadas de fantasía que se desarrollan en sus dibujos y telas.

Por su parte Antoni Tàpies puso sus dotes de dibujante al servicio de la creación de imágenes evasivas en el seno de atmósferas oscuras y luces fosforescentes –a la manera de Paul Klee y Franz Marc– cargadas de sorprendente energía contestataria.

A pesar de las diferencias existentes entre todos ellos, es obvio que durante unos años trabajaron unidos porque poseían como común denominador una tensión airada que se alzaba contra las imposiciones restrictivas del momento.

Les preocupaban fundamentalmente cuestiones de orden metafísico: todas las preguntas que se formula el ser humano cuando se halla frente al mal en todas y cada una de sus posibles manifestaciones suponían para ellos un auténtico acicate que les obligaba a responder mediante sus creaciones. Sólo las imágenes cargadas de incógnitas, a la vez que de figuras o rasgos expresivos de dolor y de furia, apaciguaban sus imaginaciones, evidentemente estimuladas por el ejemplo de los grandes predecesores como Miró, Klee o Ernst.

Se comprende que un arte de técnica refinada, de colores expresionistas y una temática basada en dragones y seres monstruosos –demonios, decapitados, mutilados y seres deformes– al irrumpir bruscamente en un panorama artístico que se pretendía mantener en el cauce indiferente de los paisajes, los desnudos y los bodegones, causara una revolución, cuyo eco no sólo no se ha extinguido aún, sino que se considera el punto de partida en España para avanzar en dos sentidos. Desde un punto de vista subjetivo, sirvió para ahondar en el análisis del inconsciente; mientras que objetivamente contribuyó a la búsqueda y hallazgo de nuevos horizontes artísticos.

A modo de síntesis, puedo afirmar que en las obras de los pintores del grupo Dau al Set, en la etapa que pertenecieron al mismo, predomina lo misterioso, lo oscuro, lo intermitente. Sean las extrañas caligrafías de Tàpies, las figuras de juegos de naipes de Cuixart, los paisajes de Ponç o los esquemas radiantes de Tharrats, lo agresivo se muestra sutil y no abiertamente. Es un arte más estático que dinámico y parece transmitir sus mensajes en la calma de un silencio similar al de la luna. Tàpies en algunas obras monumentaliza formas aisladas que parecen vistas desde el fondo de un mar reposado y cristalino, mientras que Ponç miniaturiza sus escenografías y, en realidad, se enfrenta con sarcasmo propio de su don visionario.

La influencia de los artistas del grupo Dau al Set pudo ser mayor de lo que fue; sin embargo, se frenó por dos motivos. El primero de ellos está directamente relacionado con la disolución del grupo y el segundo lo constituye el hecho de que la pintura española de vanguardia, tras un periodo de vacilaciones, se lanzó por la vía del informalismo, cuyo auge se produjo a finales de los años cincuenta. De todos modos, hay que tener en cuenta que, tras las etapas informalista y conceptual, en Cataluña en los años ochenta se revitalizó de nuevo la estética daualsetiana y fueron muchos los artistas de recuperaron el lenguaje figurativo magicista y fantástico que tanto la caracterizó.

 

 

 

 

 

 

 

 

Lourdes Cirlot (España). Catedrática de Historia del Arte en la Universidad de Barcelona, donde imparte clases desde 1974. Ha sido Vicedecana de la Facultad entre 1995 y 1998. Ha sido Directora del Departamento de Historia del Arte en dicha Universidad entre 1999 y 2005. Vicerrectora d´Arts, Cultura i Patrimoni entre 2008 y 2011; y Vicerrectora de Relaciones Institucionales y Cultura desde 2011 hasta diciembre de 2016. Investigadora principal del grupo de investigación “Arte, sociedad y nuevas tecnologías” que obtuvo una beca del Ministerio de Educación y Ciencia; en la actualidad, investigadora principal del grupo “Arte y arquitectura en la sociedad digital”, proyecto financiado por el Ministerio de Educación y Ciencia. Obtención del “Grup de Recerca Consolidat” otorgado por AGAUR. Ha publicado diversos libros sobre arte contemporáneo como: La pintura informal en Cataluña, ed. Anthropos, Barcelona 1983; El grupo Dau al Set, ed. Cátedra, Madrid 1986; Las claves de las vanguardias artísicas del siglo XX, ed. Ariel, Barcelona 1988; Últimas tendencias pictóricas, ed. Vicens Vives, Barcelona 1990; Las claves del Dadaísmo, ed. Planeta, Barcelona 1990; Últimas tendencias en “Historia Universal del Arte”, ed. Planeta, Barcelona 1993; Primeras vanguardias artísticas. Textos y Documentos, ed. Labor, Barcelona 1993; Primeras vanguardias artísticas. Textos y Documentos, ed. Parsifal, Barcelona 1999 (edición revisada y ampliada); Últimas Tendencias, ed. Planeta, Barcelona 1994; Arte español e hispanoamericano del siglo XX, Círculo de Lectores, Barcelona 2000; Andy Warhol, ed. Nerea, Guipúzcoa 2001, Dalí, ilustrador de Cellini, ed. Planeta de Agostini y Fundación Gala-Salvador Dalí, Barcelona 2004; Planells surrealista, Fundació Àngel Planells, Blanes 2004-2005; Dalí, ilustrador de Montaigne, ed. Planeta de Agostini y Fundación Gala-Salvador Dalí, Barcelona 2005. Los inicios de las vanguardias artísticas en Cataluña en Las raíces del arte contemporáneo en la Fundación Francisco Godia, Fundación Abertis, Zaragoza 2006. Los Caprichos de Goya, ed. Planeta de Agostini, Barcelona 2007. Ilustraciones de Picasso para “La Celestina”, ed. Planeta de Agostini, Barcelona 2007. Eduardo Chillida. Dibujos, collages y gravitaciones. ed. Planeta, Barcelona 2008. Mon cher Theo. Comentarios de las cartas y dibujos de Van Gogh a su hermano, ed. Planeta, Barcelona 2009; Antonio Saura ilustrador de Gracián, ed. Planeta 2010; Joan Miró: Homenaje a Gaudí, ed. Planeta 2012.

Se ha hecho cargo de las ediciones de las obras de Juan-Eudardo Cirlot, De la crítica a la filosofía del arte, ed. Quaderns Crema, Barcelona 1997 y  Tàpies, Ediciones Omega, Barcelona 2000. Ha publicado numerosas obras de carácter monográfico sobre artistas como: Daniel Argimon, Will Faber, Viladecans, Eugenia Tusquets, Josep Novellas, Albert Gonzalo, Josep M. Subirachs, Xavier Medina-Campeny, Kjell Pahr-Iversen.

Ha publicado numerosos artículos en revistas científicas y en revistas de divulgación. Ha colaborado en revistas como: D´Art, Estudios Pro Arte, Cuenta y Razón, Diagonal, Metrónom, Las Nuevas Letras, Batik, Revista Musical Catalana, Revista de Catalunya, Quaderns de “La Caixa”, Idees, Historia y Vida, Materia, Revista del Col.legi de Doctors i Llicenciats de Catalunya, Pandora, Scriptura. También ha colaborado en diversos periódicos como: La Vanguardia, El País, El Mundo, La Razón, ABC, Avui, El Periódico. Ha comisariado exposiciones, entre la que destaca Informalisme a Catalunya en el Centre d´Art Santa M nica, encargada por la Generalitat, Barcelona 1990. Realizó el catálogo de la muestra.  Ha sido miembro del Consell de Cultura del Ayuntamiento de Barcelona; del Consell de Cultura de la Generalitat de Catalunya. Es miembro del Patronato del Museo Picasso de Barcelona.

 

 

 

 

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