El arte de la contemplacion. Por Gabriel Jiménez Emán

 

 

 

 

El arte de la contemplacion

 

Gabriel Jiménez Emán

 

 

 

Versiones y traducciones

 

Es interesante observar cómo se comportan los idiomas cuando se ven enfrentados a la interpretación o a la creación de un mundo, cuando intentan aprehender parte de aquél mediante la observación de los fenómenos naturales o de los fenómenos humanos. En cada tradición existe un conjunto de elementos configuradores de esa realidad y de la lengua oral o escrita, pero sobre todo de aquello que conocemos con el nombre de lenguaje. La apropiación de esa realidad o de ese mundo mediante un constructo verbal, se trate de sensaciones, imágenes, sentimientos o pensamientos suscitados a partir de la imago: desde una simple ráfaga de viento, el vuelo de un insecto, el olor de una flor o el canto de un pájaro, el lenguaje aspira captar o aprehender todo ello y transformarlo mediante un proceso sensitivo-intelectivo. El ser humano no se conforma con experimentar: aspira llevar a cabo una representación plástica, auditiva o sígnica empleando todos los recursos posibles a fin de acercarse a esas experiencias; éstas, una vez expresadas, quizá puedan ser recibidas por un conjunto de personas. De esta manera se produce la invención de un lenguaje, la cristalización de una forma vertida en éstos signos frágiles llamados palabras, acaso los más complejos que el ser ha inventado para llevar a cabo la relación de su peculiar circunstancia.

El lenguaje, entonces, se convierte en vehículo de interioridad, encarnando en sí los advenimientos o expectativas dentro del lapso de un existir o de un sentir, o en el de un pensar o interpretar. Cada cultura posee un modo específico de mirar y cada lengua –como vehículo de esa cultura- posee un modo específico de mirar, mediante la creación de un mito, un símbolo, un sonido, un trazo, una talla o la marca en una piedra. Los pueblos occidentales lo harían de un modo y los orientales de otro, estos últimos mediante un lenguaje ideográfico donde sintetizan imagen y signo al unísono. Se trata de un proceso complejo, quizá el más difícil de cada realización humana.

En la tradición occidental, tanto en las lenguas anglosajonas como en las romances, cada idioma en particular posee una tradición literaria, donde se han visto plasmadas estas expresiones: en las lenguas orientales de China o Japón, cifrando en ellas simbiosis de imágenes y sonidos, produciendo así significados distintos a los de las lenguas occidentales. Sin embargo, podemos percibir mensajes diversos, como traducciones o versiones de aquellos, valiéndonos de herramientas lingüísticas para acercarnos a los textos originales. Aun cuando cada idioma posea una plasticidad y una sonoridad distintas, podemos ofrecer ideas aproximativas, haciendo una versión castellana, pongamos por caso, de un poema inglés, francés o italiano y valiéndonos de los recursos propios de cada lengua, aunque nunca será igual si ya conocemos los rasgos de ese idioma, experimentándolos en directo en su lengua original.

Podemos acercarnos a estos fenómenos mediante recursos creativos de la pieza a traducir, del lector que realiza la versión de aquella, a otra. En el castellano tenemos varias ventajas, pues la lengua española presenta verdaderas cualidades en el momento de afrontar el reto de traducir no sólo desde lenguas occidentales, sino también para esbozar versiones de lenguas ideográficas, como el chino o el japonés.

 

 

Cadencias japonesas

Una de las expresiones más logradas de la poesía japonesa se encuentra en la tradición del haikú iniciada en el siglo diecisiete, cuando una serie de poetas comenzaron a usar una forma de diecisiete sílabas escritas en tres versos de cinco, siete y cinco silabas respectivamente, en una variable llamada clásica, la cual luego se modifica. Estos segmentos de sonido son denominados en japonés moras o jion, unidades usadas para medir estos segmentos de sonido, que sirven de referencias a nuestras silabas en lenguas occidentales, mas sólo como referencias.

Tratándose de un texto tan breve, el haikú tiene el reto de decir o sugerir muchas cosas a la vez de forma muy lacónica, lo cual lo convierte en un ente expresivo muy difícil de lograr: su brevedad puede ser una trampa. Si no se logra su efecto, puede resultar lo opuesto: un fracaso verbal, si el texto alcanza a funcionar como un organismo viviente (planta, animal, persona) y no sólo eso: el haikú se convierte entonces en vehículo que aspira encarnar en sí mismo aquello que denota o aspira ser; no sé si se pudiera llamar a esto una quimera o una utopía verbal. En este sentido, algunos estudiosos han querido presentarlo como un texto que aspira recoger un medio circundante o evocar una estación determinada (primavera, invierno, otoño…) y, en una segunda parte, sugerir la presencia de un elemento movilizador que implicaría una interacción entre el paisaje y el ser, de un ente que revele comunión con la naturaleza: tal ente puede ser animal o humano, sin añadir a este escenario elemental un sentimiento o pensamiento expreso, sino más bien ser capaz de captar el tiempo y el espacio conjugados en una sola imagen. Esta imagen, a su vez, debe aspirar ser abierta y sugerente: dentro de ella no debiera notarse una segunda intención, la intervención de un juicio o de una razón premeditada. Un buen haiku debe obrar como una suerte de milagro, de modo que éste contenga en sí mismo tales elementos, sin coaccionar al lector a llegar a conclusiones; ni siquiera haciéndolo mediante una voluntad previa, sino valiéndose de una completa libertad, donde el oficiante (el poeta) se confunde (y funde) a la imagen presentada, o sencillamente desaparece detrás de esa imagen.

Quienes leímos haikús desde los años sesentas del siglo XX de la mano de Octavio Paz –uno de sus primeros grandes divulgadores-y autor él mismo de hermosos haikús, descubrimos por él luego a otro poeta mexicano, José Juan Tablada, introductor de esta forma en el idioma español. Pudimos apreciar después a otros autores españoles e hispanoamericanos; así como también algunas traducciones de la obra del gran poeta japonés Matsuo Basho (1644-1694), máximo representante de esta forma poética. De ahí en adelante, se le han otorgado al haikú las más variadas similitudes y comparaciones, como aquella de ser un “organismo poético” o “pequeña capsula cargada de poesía”, “transmisor de la imagen desnuda”, “expresión iluminadora” y otras tantas. En todo caso, siempre ha estado asociado a la emoción, la sensación, el asombro, la presencia de la naturaleza; más en todas estas, el denominador común es la contemplación.

Frente a la quiebra general de las religiones y de la filosofía en la sociedad global contemporánea, cuyos líderes y gobernantes no escuchan a sus pensadores, poetas ni profesores, ni tampoco a terapeutas, maestros ni a depositarios del saber popular ancestral, se ha tenido que acudir a las prácticas individualizadas de la fe, la religión o la ciencia, y en este sentido el Tao Te King y otros libros sagrados como el  I Ching o libro de las Mutaciones se han venido utilizando como libros de enseñanza oracular y también como obras terapéuticas. China y Japón, aun en medio de su producción económica de modelo capitalista, usan estos libros y los de Confucio para poder avanzar más en el ámbito de la ética y de una praxis política más sana, basada en el humanismo.

Un ejemplo del Tao como fuente de conocimiento superior mediante el uso de imágenes lo tenemos en un texto como el siguiente en palabras de Lao Tsé:

 

Antes de que el cielo y la tierra existieran

Había ya un ser

Invisible y perfecto

 ¿Cuán profundo e inmaterial es!

Se basta a si mismo

Y es inmutable-

Está en todas partes,,

Libre de toda limitación.

Es la madre misteriosa,

Base y raíz

Del cielo y de la tierra.

 

Bueno es aclarar que tanto Lao Tsè como Confucio son chinos y que Lao era más viejo que Confucio como unos cuarenta años aproximadamente, y cuando Confucio fue a conocerlo el maestro Lao Tse le pareció casi inasible, algo así como un dragón que se disipaba en las nubes, inatrapable. Recordemos que ambos basan sus enseñanzas en filosofías diferentes: Confucio opera desde unas leyes morales precisas y Lao lo hace de distinto modo, por una vía mas libre y sin normas. Recordemos que también el chino se maneja con signos ideográficos.

Un ejemplo de dos haikús de Matsuo Basho en Sendas de Oku:

 

El mar ya en sombra,

Los gritos de los patos

Son casi blancos.

 

Lirio púrpura,

Te miro y crece en mí

Este poema.

 

Aquí en este texto último, el poema imita el crecimiento de un lirio.

La figura de Matsuo Basho nos inspiró hace a muchos de nosotros con su libro Sendas de Oku una verdadera espiritualidad; lo estuvimos frecuentando por largo tiempo. En una ocasión, hice una traducción para la revista Poesía, (Valencia, Venezuela) de un libro de viajes suyo titulado Una visita a Villa Sarashina, donde el poeta, después de haber obtenido la jubilación por su trabajo de maestro, se dedica a visitar s amigos suyos que vivían en diferentes regiones del Japón, y aquello me pareció algo muy hermoso, un gesto de un poeta extraordinario que yo siempre quise imitar. Aún estoy a tiempo.

En los siglos XX y XXI, el uso del haikú en idioma castellano se popularizó mucho; de este modo logró despertar interés real entre los jóvenes. En Venezuela leí los primeros poemas breves impregnados del espíritu japonés escritos por Reynaldo Pérez-So (Para morimos de otro sueño, Tanmatra) y de Edda Armas (Roto todo silencio, Cuerdas de serpiente) Actualmente, un sinfín de jóvenes  beben de las fuentes de esta literatura Japonesa, y reconocen el aporte de Salih, como maestra del género en Latinoamérica.

 

 

El arte de la contemplación

 

Pero la poeta entre nosotros más fiel en este sentido, ha sido la escritora Wafi Salih, quien ha volcado en esta difícil forma lo primordial de su hacer poético. Desde muy joven, percibió el llamado de la vocación lírica y de la constante lectura. De padres libaneses, estos le dieron los nombres árabes de Wafi (fidelidad) y su apellido Salih (lealtad). Transcurrió parte de su infancia en las ciudades de Cabimas, Ciudad Ojeda, Lagunillas en el estado Zulia, y también pasó un tiempo durante su adolescencia en las ciudades de Barquisimeto (Lara) y Yaritagua (Yaracuy), donde poco a poco se fue conectando con grupos de escritores e intelectuales de la izquierda y la vanguardia política de entonces, en los años setentas. Cursó estudios en  Barquisimeto, y luego se trasladó a continuar formándose en la ciudad de Trujillo en el núcleo de la ULA saliendo egresada de Literatura Latinoamericana. Actualmente culmina Doctorado en producción Intelectual, en Lara. Viajo   al Líbano por más de un año en su infancia, y actualmente radica en Barquisimeto, donde también se ha desempeñado como docente en educación primaria y secundaria, y diversas universidades.  Wafi no deja de perfeccionarse y profundizar en sus conocimientos de literatura , por su afán de saber participa constantemente en Seminarios en diversas universidades entre ellas: Universidad de los Andes y la Universidad Yacambú, no deja nunca  de prepararse en filosofía,  y arte en general, al tiempo que se entrega por completo a delinear su búsqueda poética, haciendo uso de una casi innata capacidad de síntesis en clave de haikú, en un corpus de libros que incluye  entre otros, los títulos  Los cantos de la noche (1990), Las horas del aire (1991), Pájaro de raíces (2002), El Dios de las dunas (2005), Caligrafía del aire (2007), Cielos descalzos (2009), Vigilia de huesos (2010), Honor al fuego (2018), Con el índice de una lágrima , Consonantes de agua (2018), Sojam (2018), la antología Cielo avaro (2018) y Serena en la plenitud (2020), además de varios libros de cuentos y ensayos.

Se trata de una autora que ha sido fiel al llamado de su voz primigenia, articulada con un lenguaje donde una imago convoca no sólo a una puesta en escena de un haikú renovado, valiéndose de una profunda indagación en el acto mismo de la contemplación; mas no como lo haría un japonés, sino como lo hace, en efecto, una venezolana ante su paisaje. En efecto, Wafi es una poeta con un profundo conocimiento del haikú, pero sus piezas no responden enteramente a esta forma; en su caso, la contemporiza y adapta a su personal modo de decir o nombrar. En este caso, tendríamos que tomar en cuenta los influjos de la cultura árabe en nuestra escritora, especialmente de la jarcha, esa modalidad tan importante. también incorporada a los elementos culturales americanos y venezolanos. De este modo, podemos afirmar que Wafi Salih ha logrado el milagro de concebir una poesía en clave de haikú y dentro del espíritu de esta forma, sometiéndola a una constante renovación en cada uno de sus libros.

 

 

Un compás de interpretación

 

Partiendo de este principio o premisa, abriremos un compás de interpretación que ofrece numerosas dificultades conceptuales, siendo la primera de ellas su naturaleza contemplativa, difícil de atrapar desde una exposición racional, donde los contextos históricos o culturales se captan muy tenuemente o simplemente se esfuman. Su poesía ha sido objeto de numerosos estudios, donde resaltan también enfoques que renuncian casi de inmediato a explicar o describir, con otras palabras, lo que ocurre en el interior de las poderosas imagos de la poeta, entendiendo aquí por imago a una estructura estética donde concurren imágenes de diversa naturaleza, actuando de modo simultáneo en la conciencia del lector.

Su obra ha merecido variados enfoques, debidos a autores como Luis Alberto Angulo, José Pulido, Adolfo Segundo Medina, Leonardo Bustamante, Carlos Montesinos, Tomas Martínez Sancho, Soledad Vásquez Armella, José Miguel Navas, Roger Herrera y otros; además la autora ha concedido numerosas entrevistas y realizado lecturas en escenarios de Venezuela y el exterior, donde ha venido consiguiendo cada día más lectores. En mi caso, me limitaré a realizar breves observaciones acerca de unos cuantos poemas, exponiendo así, fragmentariamente también, una serie de puntos, renunciando desde un principio a desarrollarlos. Mi opinión, en este caso, es que no es posible racionalizar de manera crítica los poemas de Wafi Salih, sino apenas disfrutarlos o contemplarlos también; a lo sumo se podría parodiarlos, pero ni siquiera describirlos. Apenas realicé notas breves entre paréntesis, a manera de glosas mínimas. Tenemos frente a nosotros una obra coherente, unificada en cuanto a lenguaje, fiel a su espíritu originario de síntesis; rica y bifurcada una y otra vez, labrada desde el haikú y el tanka japoneses con influjos del espíritu árabe, pero también permeada del espíritu occidental, pues la autora se ha declarado admiradora de una serie de poetas venezolanas y latinoamericanas donde resaltan los nombres de Alejandra Pizarnik, Enriqueta Arvelo Larriva, Ida Gramcko o Ana Enriqueta Terán, Olga Luzardo, Luisa del Valle Silva. También debe haber bebido de la tradición mexicana de esta forma breve, como los ya mencionados José Juan Tablada y Octavio Paz.

No intentaré, ni por asomo, emprender una revisión crítica de los libros de Salih, lo cual sería una empresa titánica, o bien un esfuerzo prolijo que en mi caso conduciría a una especulación interminable o abstracta; desde mi perspectiva, la contemplación también sería un método de observación. Ya dije que la imago es el modo de hacer suyas las imágenes para conducirlas a una síntesis, y de este modo llevar a cabo un proceso lingüístico que invita a los organismos vivientes a ser captados por el ojo, luego por los demás sentidos, y finalmente por el ánima íntima. Tales conceptos pertenecen al orbe occidental: sería difícil desglosarlos si se los somete a una mirada racional, a una crítica demasiado metódica o epistemológica que tendría poca utilidad en este caso, si nos atenemos a las consideraciones esgrimidas al comienzo de este ensayo, cuando nos referimos a las traslaciones a otros idiomas u otras tradiciones de una lengua determinada.

Renunciaré, entonces, a considerar desde un principio que se trata sólo de haikús, centrando mi acercamiento en ciertas imágenes concentradas en cada vocablo y sin someterlas a un examen de la razón crítica, sino más bien operando mediante una expansión sensible, donde el método sintético vendría a ser el dispositivo a través del cual podrá realizarse una lectura no intelectiva, sino, en este caso, más bien sensitiva. Elegiré solo unos pocos textos, y aun en estos corremos el riesgo de suprimir su significación prístina; su expresión inmanente quedaría despojada de misterio.

 

 

 

Poemas al azar

 

Leemos:

 

La nieve

en el papel del cielo,

un poema.

 

(Concebir el cielo como un gran espacio para esperar que llegue la nieve, hace aquí de instrumento (lápiz, pluma) para construir la voz que traducirá el sentimiento humano en un solo signo: el acto poético nunca estuvo mejor sintetizado que en este poema.)

Algo similar ocurre en “En el lago”:

 

En el lago

A mis pies miro la estrella

Sin alzar los ojos.

(Si lo vemos mediante el método poético: el lago es un espejo de cielo donde se refleja el asombro ante el cosmos)

 

Anochece,

Los sueños del ermitaño

Andan lejos.

(Un hombre solitario despierta en medio la noche. Sus sueños lo salvan.)

 

En el viento

Escriben las hojas secas

El lenguaje del bosque.

(El lenguaje de la naturaleza se personifica en el bosque. Lenguaje que sólo se activa con el viento)

 

El pensamiento

De la joven esposa, salta

De nube en nube.

(La alegría de la joven mujer, feliz de estar recién casada, es infinita)

 

Mi casa sola

Me crecen dentro

Todos los años.

(El recuerdo aumenta al visitar la casa solitaria de la infancia)

 

Pompas de jabón

Mientras lavo los platos

Zurzo mis sueños.

(La cotidianidad puede producir un elemento que des-aliena al ser de lo rutinario)

 

Se precipita

Una hoja de agua

Hacia mí mismo.

(La naturaleza humana a veces se humaniza, pero casi siempre el ser humano se refugia en ella)

 

Llora un niño

Y esta rosa que cae

Dos abismos.

(Este poema es imposible de traducir en prosa. El llanto de un niño mientras una rosa cae por dos abismos es una imagen absoluta, imposible de discernir)

(W. S. ha escrito por lo menos dos mil poemas de este tipo, cuya evaluación sería infinita, y se resuelve a menudo en la propia lectura, sin necesidad de acudir a una interpretación critica posterior.)

 

 

Una prosa dramática

 

Siempre me ha interesado el poema en prosa. Me parece que es una de las formas más atrevidas y sugerentes para manifestar las pendulaciones o zigzagueos del alma; una forma donde se dan cita los más sutiles movimientos de las palabras en libertad, en la consecución  del espacio lírico, desde el mismo instante en que se usó como forma consciente en la literatura europea del siglo diecinueve en las obras de Rimbaud, Baudelaire, Laforgue y luego durante las vanguardias europeas –desde Apollinaire hasta Breton, Eluard o Aragon hasta Cernuda- e hispanoamericanas, el poema en prosa reveló aristas expresivas innovadoras que fueron cultivadas también en Venezuela por escritores de varias generaciones, desde J. A. Ramos Sucre, -padre de la creatura-- hasta las experimentaciones surrealistas (me gustan especialmente las piezas de Antonia Palacios, Juan Sánchez Peláez, Francisco Pérez Perdomo y Juan Calzadilla) vieron en el poema en prosa un medio ideal para abordar imágenes, ritmos, músicas y osadías kinestésicas de alto tenor creativo, elementos sobre los cuales he insistido a lo largo de varios ensayos míos en todos estos años. Yo mismo escribí un libro de poemas en prosa, Narración del doble (1978) donde intenté acercarme a tales búsquedas.

También Wafi Salih en su libro El dios de las dunas ha utilizado esta forma del poema en prosa (que nunca va a aceptar la absurda denominación de “prosa poética”) para asomarnos a otra de sus facetas creadoras. Veamos sólo un texto de este magnífico libro donde Salih dialoga con los dioses del mundo árabe, se hallan tejidas las imágenes más ceñidas con las intuiciones más desmesuradas, en una prosa de enorme potencia en la imago:

Noche en dos pedazos, Dios mutilado por la distancia, bajo la lluvia, moja su cuerpo la saliva gris de lo difunto, lo hace otro en lo vasto. Siglos y minutos, desde el minarete regalan su vértigo, la castidad del santo sobre la cal del muro.

Eleva al amado el ardor de su inocencia. Ligera y simple contempla en los relieves del rocío el pájaro no visible que en el silencio repite: “Los caminos de Dios son infinitos”. ¿El pasado me encuentra? “En él había una vez una piedra, un tizón y fue la piedra, piedra. Sobre la alfombra desliza un mundo la eternidad derrotada del insomnio.

¿Cuál óxido hizo carne mi fe? Escarcha la luna un no sé qué de cicatriz planetaria, negro grito de los apartados, la sangre, rubí sin matices, dimensiona un retórico esplendor suicida. Inexhausta la noche, cuenta dos menos dos son uno en el sin fondo. Silabea en los ojos un cementerio judío.

Advertimos aquí cómo la prosa narra, detalla, describe, sin perder el poder inmanente de sugestión de la poiesis.

 

 

Examen sintético

 

En la poesía de W. S. el sujeto se funde al objeto del canto.

En la poesía de W. S. los referentes sociales son secundarios

Se trata de una poética de las imágenes, fundamentalmente.

La sintaxis en los poemas breves de W. S. no es sucesiva, sino quebrada y fragmentada.

La suya es una poesía intemporal, no requiere del tiempo histórico para originarse.

Es una poética de los elementos y la intuición, no de las certezas.

Vive de las interrogantes y del misterio, no de la tradición.

Los animales y la Gran Natura marcan el camino al ser humano.

El poeta es un ser apersonal (no impersonal), un individuo expectante que se funde al observador.

En esta poética la naturaleza se humaniza a veces, aunque casi siempre ocurre que el ser humano se sobrecoge y se refugia en ella.

Los pensamientos, en la poesía de W. S., hablan con imágenes.

Los textos de W. F. no son propiamente haikús, sino poemas que han sido sembrados hace siglos en un espíritu japonés que aspira a lo universal.

Los textos de W. F. no se sustentan rítmicamente en una base musical: atrapan el vaivén del aire, el fuego, el agua, el viento o la tierra, y al fin se dirigen a alimentar un manantial de vocablos, frente al cual el ser humano se halla sentado esperando a que ocurra algún milagro.

La puesta en escena del peculiar haikú de Wafi se produce en tierra caliente, (un país llamado Venezuela) donde su naturaleza feraz brilla con un esplendor cegador. Tiene, entonces, un topos propio.

Los libros de Wafi Salih son un solo libro que puede leerse comenzando por cualquier parte, sin necesidad de cronologías sucesivas.

Si le aplicáramos los parámetros de la filosofía occidental moderna a la poesía de W. S. sería en el orden de una hermenéutica, es decir, dentro de una teoría de las sensaciones, tal y como las planteó el filósofo alemán Hans Georg Gadamer:  llegar al conocimiento humano a través del arte.

Si tuviera que relacionar la poesía de W. S. con alguna filosofía china, seria con la de Lao-Tsé, que en extraordinario libro el Tao Te King, dio en el siglo 604 antes de Cristo las mejores enseñanzas para alcanzar la serenidad.

Me uno pues al reconocimiento de la obra de Wafi Salih que han emprendido tantos investigadores en vários países y desde distintas perspectivas, a una autora que ha conseguido una obra redonda y abierta a tantas posibilidades. Ella me permitiría hacer una glosa desprendida de una imagen de un verso del maestro Matsuo Basho, de inmensa sugerencia en cuanto a correspondencias secretas con un cuento mío y otro de Julio Cortázar.

Intenté hace cincuenta años alcanzar la síntesis en el cuento, cuando escribí mi colección de relatos breves Los dientes de Raquel. No sé si lo conseguí, pero aun puedo imaginar al personaje de uno de ellos “Un pez arrepentido”, Frank Tor, llorando inútilmente por la humanidad, en el fondo de una pecera: el único hombre pez que  ha existido nunca. En esto mantiene como referente un poema de Matsuo Basho, donde unos peces lloran. Y también al Atxolotl, el pez del famoso cuento de Julio Cortázar, que antecede al mío pero no sé parece en casi nada, pues en el suyo se habla desde una primera persona. Dice en alguna parte:

"A veces una pata se movía apenas, yo veía los diminutos dedos posándose con suavidad en el musgo. Es que no nos gusta movernos mucho, y el acuario es tan mezquino; apenas avanzamos un poco nos damos con la cola o la cabeza de otro de nosotros; surgen dificultades, peleas, fatiga. El tiempo se siente menos si nos estamos quietos".

Mientras el mío reza:

 

"Frank Tor lloró tanto que se convirtió en pez. Después se arrepintió tanto de haber llorado que odió ser pez (sus lágrimas no tienen valor en las profundidades del mar) y así de tanto llorar de ser pez, Frank Tor es hoy el único hombre-pez que existe y se cree que jamás podrá ser encontrado para preguntarle porque ha llorado tanto."

 

El poema de Basho:

 

Las aves tristes,

se va la primavera

Los peces lloran.

 

Los peces lloran porque se va la primavera. Los peces conocen las estaciones? Y si lloran quién puede distinguir una de sus lágrimas en medio del caudal de un río? Entonces cómo nació el mar? Quizás surgió de varios peces llorando porque se había marchado la primavera?

 

 

 

 

Gabriel Jiménez Emán (Caracas, Venezuela, 1950) ha repartido su vocación literaria entre el cuento y la novela, la poesía y el ensayo, así como entre una labor de antologista y editor que le ha merecido un reconocimiento crítico en varios países. Estudió Letras en la Universidad de los Andes, ULA (Mérida, Venezuela, 1970-1974), donde fue profesor entre 1983 y 1986. Profesor invitado de la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela, UCV (Caracas, 1980). Trabajó como docente en la Casa de la Poesía de la Universidad Yacambú (Barquisimeto, Venezuela, 2000-2002) y en el Centro de Estudios “Orlando Araujo” de la Universidad de los Llanos Ezequiel Zamora, (Barinas, Venezuela, 2001-2003). Diplomado Internacional en Participación Ciudadana (Unesco, Ginebra, 2004). Ha impartido conferencias y charlas y lecturas en la Universidad de la Sorbona (Paris), Universidad de Oporto (Portugal), Universidad de Salamanca (España), Casa de la Diversidad Cultural de Madrid (España), Marymount Manhattan College de New York (USA), Asociación de Escritores de Santiago (Chile), Universidad Nacional de Tucumán (Argentina), Palacio de las Naciones Unidas (Ginebra), Asociación de Escritores de Atenas (Grecia), Parlamento Amazónico y Fiesta Internacional del Libro de Quito y Guayaquil (Ecuador), Encuentro Internacional de Minificción de Buenos Aires (Argentina), Encuentro Internacional de Minificción de Neuchatel (Suiza), Congreso Internacional de la Lengua Española en Zacatecas (México), Festival Mundial de Poesía (Venezuela), Feria del Libro de La Habana (Cuba), Festival Mundial de Poesía de Medellín (Colombia), Casa de la Poesía José Asunción Silva de Bogotá (Colombia) y Feria Internacional del Libro de Venezuela.

Entre sus libros de cuentos destacan Los dientes de Raquel (La draga y el dragón, 1973), Saltos sobre la soga (Monte Ávila, 1975), Los 1001 cuentos de 1 línea (Fundarte, 1982), La gran jaqueca y otros textos crueles (Imaginaria, 2002), Relatos de otro mundo (Seleven, 1988), Tramas imaginarias (Monte Ávila, 1990), El hombre de los pies perdidos (Thule, España, 2005), La taberna de Vermeer y otras ficciones (Alfaguara, 2005), Había una vez… 101 fábulas posmodernas (Alfaguara, 2009), Divertimentos mínimos (Parada creativa, 2011) y Consuelo para moribundos y otros microrrelatos (Rótulo, 2012).

Sus principales novelas son Una fiesta memorable (1991), Sueños y guerras del Mariscal; esta novela sobre la vida de Antonio José de Sucre ha merecido tres ediciones en Bruguera, (Caracas, 2001), Campaña Nacional Eugenio Espejo, (Quito, 2009), Editorial Arte y Literatura (La Habana, 2012); Paisaje con ángel caído (2002), Averno (2006), Limbo (2016), Hombre mirando al sur (2014), editada ésta en España con el título El último solo de Buddy Bolden (Menoscuarto, Palencia, 2016) y Ezequiel y sus batallas (Centro Nacional de Historia, 2017). Monte Ávila Editores editó su obra poética bajo el título Balada del bohemio místico (2010), así como una amplia selección de sus Cuentos y microrrelatos (2012).

Su obra poética está compuesta por los libros Narración del doble (Fundarte, 1978), Materias de sombra (Monte Ávila, 1984), Proso estos versos (1988), Baladas profanas (1993), Historias de Nairamá (Fondo Editorial del Caribe, 2004), Balada del bohemio místico (Monte Ávila, 2010), Solárium y otros poemas (Casa Nacional de las Letras, 2015), y Los versos de la silla rota (Fábula, 2018).

En el campo del ensayo sobresalen Diálogos con la página (Academia Nacional de la Historia, 1984), Provincias de la palabra (Planeta, 1995), Espectros del cine (Cinemateca Nacional, 1994), Una luz en el camino. Fundamentos de ética para adolescentes (Ministerio de la Cultura, 2004), El espejo de tinta (Ambrosía, 2007), El contraescritor (2007), Escrito en la retina. Crónicas de un adicto fílmico (Universidad Experimental de Yaracuy, 2010), La palabra conjugada .Literatura, música y cine (Fábula, 2016), Gustavo Pereira. Los cuatro horizontes de una poética (Fábula, 2014), Ser, dolor y utopía en César Vallejo (Fábula, 2017) y Tenebrismo y psiquismo en la poesía de Elías David Curiel (Fábula, 2018). De su obra de antologista pueden citarse Relatos venezolanos del siglo XX (Biblioteca Ayacucho, 1987), Mares. El mar como tema en la poesía venezolana (Ateneo de Caracas, 1990), El ensayo literario en Venezuela (La Casa de Bello, 1989), Noticias del futuro. Clásicos literarios de la Ciencia Ficción (2010) y En Micro. Antología del microrrelato venezolano (Alfaguara, 2010).

Ha preparado ediciones de los escritores venezolanos Luis Fernando Álvarez (Antología poética, Monte Ávila Editores, 1984), Víctor Valera Mora Antología, (Fundarte, 1987) y Nueva antología (Monte Ávila Editores, 2004; El perro y la rana, 2007 y Biblioteca Las ventanas mas amplias,2012); Salvador Garmendia, El inquieto Anacobero y otros cuentos (Monte Ávila Editores, 2004), Adriano González León, Uno y otros cuentos (Monte Ávila Editores, 2007), Ludovico Silva (Clavimandora, Academia Nacional de la Historia, 1990); Crucifixión del vino, (Fundarte, 1988), y El combate por el nuevo mundo (Fábula, 2016). De su padre Elisio Jiménez Sierra ha editado y prologado Estudios grecolatinos (Premio Nacional del Libro, 2004) y La aldea sumergida (Fundación Elisio Jiménez Sierra, 2007); de Juan Antonio Pérez Bonalde, Vuelta a la patria y otros poemas (Clásicos de la poesía venezolana, El perro y La rana, 2006) y de otros escritores como Vicente Huidobro, Altazor o el viaje en paracaídas (Monte Ávila Editores, Caracas, 1993 y 2018), Brian Patten (traducción y selección, Fundarte, 1978 y El perro y La rana, 2008); John Lennon y Bob Dylan, Dos trovadores del siglo XX (Fundarte, 1980 y 2010) y de sendas 25 Canciones de John Lennon, Paul McCartney y George Harrison (traducción del inglés y prólogos, Fábula Ediciones, 2018). Editor fundador de las revistas literarias Rendija (San Felipe, Yaracuy, 1974), Talud (Mérida, 1972), Imaginaria (Caracas, 1985), Fábula, (Coro, 2008) y jefe de redacción de la revista Imagen, en el Ministerio de la Cultura de Venezuela. Ha traducido al castellano obras de los poetas Bob Dylan Canciones, (Arquitrave Ediciones, Colombia, 2015), Sonetos de William Shakespeare, poemas de Ezra Pound y otros poetas norteamericanos e ingleses.

Ha recibido el Primer Premio de Poesía "Francisco Lazo Martí" de Calabozo, estado Guárico, (1979) por su obra El encantado terrestre, Premio Municipal de Narrativa del Distrito Federal (1993) por su obra Tramas imaginarias. Finalista en el Premio de Novela Miguel Otero Silva de Editorial Planeta (1995) por su novela Mercurial, Premio Monte Ávila de Poesía (1982) por la obra Materias de sombra, Premio Romero García de Narrativa del Consejo Nacional de Cultura (1988) por el libro de cuentos Relatos de otro mundo; Premio de Relato Histórico de la Fundación Gran Mariscal de Ayacucho por su novela Sueños y guerras del Mariscal (1995); Mención Honorífica en la Bienal Latinoamericana de Literatura "José Rafael Pocaterra" (Valencia, 2000) por los cuentos de La taberna de Vermeer; Premio Nacional de Ensayo Solar de Mérida (2007), por su obra El espejo lúcido; Premio Nacional de Narrativa Orlando Araujo (1994) y Premio Nacional del Libro de Venezuela (Ministerio de la Cultura, Centro Nacional del Libro, 2004).

Ha sido reconocido con la Orden José Joaquín Veroes en su Primera Clase del Estado Yaracuy (2007) y el Botón de Oro de la Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado (2016), Orador de Orden en la Alcaldía del Municipio Peña, Estado Yaracuy, Yaritagua Capital del Libro, 2018. En 2012 Ediciones Imaginaria editó una valoración múltiple de su obra con el título de Literatura y Existencia, donde 40 autores vierten sus valoraciones sobre el escritor.

Cuentos y poemas suyos han sido traducidos al alemán, francés, italiano, árabe, inglés y ruso, e incluidos en antologías de todo el mundo, impresas y digitales. Organiza en Coro (Estado Falcón) el Festival Internacional de Poesía Palabra en el Mundo desde el año 2012 y dirige las Ediciones digitales y la revista Fábula (donde coordina una biblioteca de literatura fantástica y de ciencia ficción) en Coro, Estado Falcón, Venezuela.