¿Cómo fue posible el poema en prosa? Por Fernando Salazar Torres

 

Autor: Salvador Dalí.

Título: Idilio atómico y uranio melancólico.

Descripción: litografía sobre papel BFK Rives firmada en plancha y numerada MCXX/MM a lápiz. Sello seco del editor en el ángulo inferior izquierdo. Editada por Atelier Jobin, Paris 1984. Medidas sin marco 50x65 cm. Obra en buenas condiciones.

 

 

 

 

¿Cómo fue posible el poema en prosa?

 

 

Fernando Salazar Torres

 

 

 

El ritmo es condición del poema,

en tanto que es inesencial para la prosa.

Octavio Paz

 

 

 

En algún momento de la historia del pensamiento humano, la prosa como el verso estaban claramente delimitados y separados. Cada uno poseía una forma y estructura propias. Cada uno, por su parte, obedecía a una serie de estándares, por ser operaciones lingüísticas ajenas. La prosa, originalmente, se asocia a un discurso descriptivo, narrativo y conceptual, trata una historia. El verso, en cambio, es imagen, ritmo, metáfora y medida silábica. Prosa y verso tienen una estructura definida y particular. Por tanto, la prosa se opone al verso, no al poema, tanto en su ritmo, temática, pensamiento y discurso. La prosa puede ser poética, el poema también puede incluir rasgos de la prosa, entonces, ¿cómo saber la causa y características del poema en prosa?

El poema en prosa es un híbrido, una conjunción de prosa y poema, que romperá la medida silábica a causa de la libertad de pensamiento. El primer y principal rasgo, me parece, es su ruptura con la métrica. La liberación del verso obedece a una liberación del pensamiento subjetivo. Este es el elemento primario, que hizo posible el poema en prosa como género literario moderno: la subjetividad. El sujeto inaugura un nuevo momento histórico: la Modernidad. El sujeto es la figura que va a ordenar el mundo y la vida del ser humano. Ya no es un orden griego ya dado, ni un orden medieval creado por Dios, sino construido por el sujeto. El fundamento y principio del mundo es el individuo. Esta categoría creada por René Descartes, posteriormente desarrollada por David Hume y Emmanuel Kant, abre y comienza una manera diferente de entender el proceso del conocimiento como una totalidad que intenta dar respuestas. La relación sujeto-objeto, cuyo resultado es el conocimiento, después servirá al arte, en general, para permitirle al artista asociar ideas, emociones, que proyectarán su visión íntima y confesional; es decir, la idea de libertad será determinante para que el ser humano conceptualice la conciencia. Al percatarse de este hecho epistemológico será autoconsciente. En suma, antes de cualquier resultado estético fue preciso un movimiento del pensamiento, un desarrollo en la teoría del conocimiento, porque toda emoción que sustenta la obra artística tiene su base en alguna idea.

Aunado a esto, la exaltación de los sentimientos y la búsqueda de la unidad entre el microcosmos y el macrocosmos, es decir, entre el ser humano y la Naturaleza, formarán parte de los rasgos estéticos, pertenecientes al romanticismo. Los escritores románticos hicieron del sujeto y de la libertad los vehículos para la confesión emotiva y el ser individual, que tiene derecho a hacerse una visión personal del mundo. La expresión de todo este fenómeno se encuentra en la obra Las confesiones de Jean-Jacques Rousseau. Los rasgos menciones en torno al sujeto  permitirán que el poema en prosa sea resultado de la existencia previa del fragmento, de la novela y del cuento romántico de carácter simbólico y alegórico, además de variadas modalidades prosísticas afines, tales como la brevedad, subjetividad, confesionalismo, autoconsciencia y exaltación del yo. Igualmente, las técnicas pictóricas influyen en el poema en prosa, dotándolo de las primeras características que le van a dar su naturaleza: descripción y anécdota.

A esto último se suma el nacimiento de las ciudades modernas. Lo moderno comienza a extenderse en todos los niveles y es tema de los escritores. Un género igualmente nuevo que nace con la Modernidad es la crítica literaria, actividad que formará parte en el desarrollo del poema en prosa, dadas sus condiciones de análisis, reflexión, subjetividad e interpretación. La parte integral de la crítica como actividad intelectual fue, también, el trabajo de la traducción. Los recuadros de descripción que servirán para las pinturas impresionistas son la antesala de la crítica literaria. El sujeto después de ser libre, se hace crítico.

Ahora bien, los rasgos descritos hasta ahora obedecen más a un proceso epistemológico e intelectual, que a la práctica real del poeta, que es escribir; no obstante, antes de la ruptura verdadera de la escritura del poema en prosa respecto a las concepciones canónicas del verso y la prosa, hubo necesidad de otros cambios previos, mismos que ya fueron abordados.

La escritura del poema en prosa tiene a Charles Baudelaire como el precursor inevitable, sin embargo, el propio poeta reconoce en la obra Gaspar de la Nuit (1842), de Aloysius Bertrand, como un modelo que le inspiró escribir El Spleen de París, obra que suma 50 poemas en prosa, publicados póstumamente en 1869. La tradición del poema en prosa deriva de Francia. Dicha tradición francesa la continuaron Arthur Rimbaud con Iluminations y Une saison en enfer; Sthephame Mallarmé con Igitur ou la folie d’elbehnon, la pipe, Le nénufar blanc, entre otros, pero es mediante Un coup de dés, que conquista la absoluta liberación del verso para convertirlo en una suerte de partitura y balbuceo del pensamiento, sin ataduras verbales ni redes silábicas de la métrica; e Isidoro Ducasse con Les chants de Maldoror. En el caso del poema en prosa en lengua española, sin duda alguna puede hablarse de Gustavo Adolfo Becquer y Rubén Darío como primeros exponentes. La lista es demasiada extensa, pero cabe destacar igualmente a Vicente Huidobro, Octavio Paz y Julio Torri, por mencionar algunos.

Respecto a Darío es imprescindible hablar de Azul, serie de poemas y cuentos escritos entre 1886 y 1888, finalmente editados en este último año. Cabe señalar la gran relación que encuentro entre la mencionada obra y Les oiseaux bleus de Catulle Mendés, igualmente publicado en 1888, especialmente por la temática parnasiana, los elementos preciosistas, adornados, que fabulan mediante las historias los acontecimientos y hechos humanos.

 

 

 

 

Fernando Salazar Torres: (ciudad de México). Poeta, crítico literario, ensayista y gestor cultural. Licenciado en Filosofía por la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa (UAM-I). Maestría en Teoría Literaria (UAM-I). Estudia el Doctorado en Literatura Hispanoamericana en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) con estancia de investigación en la Universidad de Salamanca (Usal). Docente en la Escuela de Escritores (Madrid). Ha publicado los poemarios Sueños de cadáver, Visiones de otro reino y el libro de artista Ghazel en conjunto con el artista plástico y poeta Fernando Gallo. Su poesía y ensayos se han publicado en distintas gacetas y revistas literarias impresas y electrónicas. Su poesía ha sido traducida al inglés, italiano, catalán, bengalí, serbio y ruso, y publicada en varias antologías. Director de la revista literaria Taller Ígitur. Coordina las mesas “Crítica y Pensamiento en México” y “Diótima: Encuentro Nacional de Poesía”. Dirige el Taller Literario “ígitur”. Colabora en la revista literaria “Letralia. Tierra de Letras” con la serie de poesía mexicana “Voces actuales de México” y “Poesía española contemporánea”. Forma parte del equipo de colaboradores de Caravansary. Revista Internacional de Poesía (Colombia), la cual forma parte del sello Uniediciones. Es miembro del PEN Club de México.

 

 

 

 

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